Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para este video? No se trata de que cuentes lo que pasa, sino de que inventes una historia en la que encajar esta escena. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

Como decía la tele de mi infancia, si no has imaginado nada, a lo mejor deberías ver menos la tele.

Anuncios

15 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Requiem
    Fue mamá la que nos dijo que la música siempre podría salvarnos. Tenía canciones para todo, de la mañana a la noche entonaba casi cualquier melodía. Aquella que me cantó cuando María besó a Ernesto (y no a mí) en el juego de la botella. La del funeral de papá (a capella), aunque nadie entendiera que fuera tan alegre.
    Y yo, que siempre odié esa manía suya de ponerle música a la vida. Que nunca me ha servido para nada ni el más leve tarareo.

    PD: Si quieres arreglar esa rima que se me queda entre podría-melodía, te dejo que juegues a tu gusto (y borra el anterior que estaba peor aún)

  2. Rosa Martínez:

    MACHACONA

    Otra vez se ha instalado en mi cabeza y se repite hasta la saciedad. Y por mucho que intento recordar el nombre, o como continua, sólo acierto a tararear machaconamente el estribillo. Hablo con la panadera, mejor dicho, no hablo, canturreo y le pido por señas una barra de pan. La mujer me mira con cara de susto y me despacha rápidamente para que abandone el local. El camarero del bar de la esquina, me ha sacado de la solapa y me ha amenazado con partirme la crisma si vuelvo a asomar por allí. Mi mujer, harta ya de la dichosa cancioncilla, me ha preparado una tortilla de somníferos, para que pueda descansar en paz.

  3. Jesús Fabregat

    Lobotomía
    —— ~ ——
    Tampoco ayer pudo dormir; la jodida cancioncita martilleándole la cabeza, ese estribillo absurdo que no logra sacarse de encima, que le recuerda a ella y que como ella le ocupa hasta el último de sus pensamientos. Y ya no hay vuelta atrás, y aunque el espejo le dice que lo deje, es esa musiquita demencial la que guía la sierra, la que circuncida el cráneo en una línea perfecta, y por fin ve cómo se escapan ella y el martirio sonoro, y cuando la última nota vuela por el techo del baño se coloca de nuevo la tapa, se cerciora de que las grapas lo cierran todo y sonríe, y da saltos de alegría, y se pone a bailar al ritmo de la cancioncilla que se cuela por la ventana del patio.

  4. Carlos Gismera

    Da lo mismo hacerlo una y otra vez, ver una y otra vez como la nieve se cubre de rojo y volverle a enterrar, una vez más, bajo la tierra húmeda de este claro del bosque. Sé que el próximo sábado volverá, entrará de nuevo por la puerta del Stones y ella le volverá a sonreír, mientras en la máquina de discos suena otra vez, como siempre, esa canción que no logro quitarme de la cabeza.

  5. Fernando Vicente

    Régimen de visitas
    Y con quién dejas a los chicos si no es con tu madre. Que sí, que está mayor, que no te hace caso, pero los vecinos del edificio no entran en casa, que a lo que vuelvas igual hasta a tus niños les han dado crack. Así que coges a los críos, bajas por la escalera de incendios para que nadie sepa que dejas la casa vacía, recorréis tres manzanas empujados por el viento helado que llega desde el lago Michigan, cogéis un autobús y media hora después llegáis a casa de tu madre. «Mamá, no les dejes ver la tele: que jueguen a lo que quieran, pero que no vean la tele… Ah, y gracias, mamá».
    Cuando regresas, agotada del viaje largo, del sexo rápido y los besos ansiosos, tu madre abre la puerta silbando esa melodía y sabes que, aunque ahora está apagada, han estado viéndola. Y besas a tus niños y observas que se han hecho pistolas de cartón. Otra vez se te olvidó decirle a tu madre que a eso tampoco te gusta que jueguen.

  6. Desintegración
    La última vez que fui abducido por un agujero negro me llevó a un mundo donde todavía no existía vida. Aquello era el nirvana, todo silencio. Solo se escuchaba la brisa haciendo bailar la hierba y el arrullo constante de las olas al acariciar la arena. En mi interior rezaba por quedarme allí, quizás esta vez el maldito agujero se olvidara de mí y pudiera ser habitante de este orbe sin ruidos. Tan contento estaba que empecé a tararear World of wonderful.
    Ahora entiendo que nunca me dejen cantar y me acusen de tener mal oído. Solo espero que nunca me descubran. Era un planeta muy bonito.

  7. LA CITA
    Me precede mi fama de ser hombre de recursos. No quiero pecar de arrogante al afirmar que lo soy, amén de sagaz, excelente estratega y de pensamiento rápido y certero; también he de mencionar que me encantan los retos; por eso acepté sin titubear aquella cita extraña a la afueras de la ciudad firmada por el más enconado de mis enemigos de la infancia. Sonreí ante la perspectiva de encontrarlo: ¿seguiría con su aire de gallito?, ¿exhibiría aún su altanería y esa mirada desafiante?.. Y así estoy, de rodillas con un arma apuntando mi sien, intentando encontrar uno de mis milagrosos recursos para salir de esta situación, pero mi mente sólo trae a mi memoria la estúpida canción que le hice cantar veinte años atrás postrado ante mí, mientras me comía su bocadillo de chóped.

  8. Nieve
    Me gusta la nieve. En los países nórdicos le dan mil nombres, pero no la disfrutan como yo. Me gusta porque lo hace todo más fácil. En unos minutos no quedan huellas.
    Me gusta la nieve. Por eso soy nómada. Persigo al invierno y le dejo regalos bajo tierra para que no se vaya, para que me deje quedarme aquí un poco más. Pero no hay manera. Dicen que es cosa del cambio climático.
    Me gusta la nieve. No hay que limpiar la sangre ni preocuparse de otros mil detalles desagradables. Ella lo hace todo. De repente miras atrás y vuelve a ser un plácido y bucólico terreno nevado.
    ;Me gusta la nieve, aunque le he descubierto una carencia. Es silenciosa. Demasiado silenciosa y no consigue quitarme esa estúpida cancioncilla de la cabeza.

  9. Es siempre la misma pesadilla. Empieza en blanco y negro, y termina con banda sonora y con el triunfante color de la sangre empapando mis sábanas. No es música de suspense, sino una tonadilla pegadiza y estúpida que se ha metido en mi cabeza y que no puedo dejar de oír, ni despierto ni dormido. Lo único que ahoga esa canción es la sangre. Por eso cuando despierto siempre hay sangre en mis camisas, en mis manos, en mi boca, en mis cuchillos de cocina.
    ***
    Me falta título y mi duda está en si dejar ese “cuando despierto” o quitarlo, por fa, opiniones.
    Feliz viernes creativo!!!

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s