Viernes creativo: escribe una historia

Esta semana dejamos los vídeos y te proponemos un juego diferente. Escribe una historia que se titule:

Las abuelas ciegas

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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19 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. La abuela ciega
    Mi abuela perdió la vista hace años, poco a poco, alejándose de nuestro mundo. Sin embargo, caminaba como si viera, como si la mano del abuelo, la tía Clotilde o Martita la guiasen por el pasillo estrecho. Cada día desaparecía un poco más. Hasta que una mañana fuimos nosotros los ciegos. De ella.

  2. Las abuelas ciegas
    ——— ~ ———
    «A las once en casa, y nada de drogas, ni alcohol, y a ese noviete tuyo no quiero ni olerlo, y a ver la falda que te pones, que te estoy vigilando con cuatro ojos». Y cuando llegamos él ronca la resaca en el sofá, y subimos sin ruido a mi cuarto, hasta que te escapas con el desayuno: la mesa puesta, mamá tuerta y las abuelas, ciegas.

  3. Las abuelas ciegas

    Llegan en tromba, como tormenta de verano. Se arremolinan en torno a nosotros, nos aturden con sus gritos, nos empujan, desbarajustan y arrancan y desgarran todo a su paso hasta que se salen con la suya. Las abuelas, ciegas en su mundo, no respetan ni la más elemental cola del súper.
    FSusano

  4. LAS ABUELAS CIEGAS

    Son tres y siempre andan juntas de un lado para otro, aunque nunca cruzan la frontera que delimita su calle con el ayuntamiento. Por las mañanas venden cupones a los labriegos que se cruzan con ellas y aprovechan las compras de pan, carne o alguna fruta para ofrecer sus cupones. Después de la siesta, llueva o luzca un sol abrasador, siempre se las encuentra sentadas en su puerta, pues viven juntas aunque no revueltas, y desde esa posición se percatan de toda la vida del pueblo. A veces por lo que oyen, otras por aquello que les cuentan, y sino porque lo adivinan o se lo inventan. La cuestión es que no hay noticia que suceda en Arramolinos que ellas no sepan al instante y se encarguen de difundir. Y lo curioso es que según consta en la documentación oficial que suelen mostrar cada dos por tres, sufren una deficiencia visual total. Aunque esto no hay Dios que se lo crea y a nadie se le escapa que las tres marujas, que llegaron hace mil años al pueblo sin saber cómo ni por qué, ven mejor que tú y que yo. Convencido estoy que estas brujas nos entierran a todos.

  5. Las abuelas ciegas
    Desde que ha regresado al pueblo, Paula no deja de agarrarse el vientre. Lo cobija entre sus manos intentando protegerlo. Las noches las pasa en duermevela, con miedo. La tía Elvira y la abuela cuchichean y fijan su mirada ciega en la ventana desde donde ella las observa, mientras, con una calma pasmosa, le retuercen el cuello a un pollo.

  6. Las abuelas ciegas

    A las abuelas ciegas las colocan en el centro de la sala, vestidas con colores chillones. Los demás no se fijan, pero están más animados, comen mejor y lloran menos.
    A las sordas las meten en la sala de música los viernes por la noche, con rocanrol a todo volumen. Entonces las ciegas se levantan y caminan hacia la sala; bailan como si no hubiera mañana. La luz se refleja en la bola de espejos e ilumina sus vestidos como confeti. Los abuelos, esa noche, se ponen los anteojos.

  7. Las abuelas ciegas
    A pasitos llegan al comedor, sin necesidad ya de que nadie las guie. Las dos llegaron el mismo día a la residencia, y las dos esperan poder pasar en breve de la primera planta a la segunda, de la planta de las habitaciones compartidas, a la de las individuales, con televisores de esos tan grandes y estrechos que parecen cuadros.
    Se sientan a la misma mesa, y dicen al unísono un “que aproveche” que, hoy, no recibe contestación.
    Matilde se limita a sonreír, pero Engracia, a la que nunca se le dio bien el cálculo mental, murmura, mientras busca con la mano una especie de inmenso babero.
    –¡Qué bien!, pronto nos tocará!

  8. Las abuelas ciegas

    ¿ Qué contar de esos seres?…las llaman las “abuelas ciegas”, y tiene su razón de ser…Hace años , muchos años, tantos que se pierde en la oscuridad de la memoria…cuentan,que “ellas” dedicieron no “ver” lo que pasaba a su alrededor, aislarse de su entorno, vivir asomadas sólo a su mundo interior…ajenas al paso del tiempo, tanto humano como divino…y cometieron el acto por el cual consiguieron su nombre….se arrancaron los ojos….Quizá alguna vez te hayas cruzado con ellas…sin saberlo…

  9. Por cierto, el mío:

    Las abuelas ciegas
    Tony el babas cierra despacio la puerta de casa de su abuela y baja las escaleras a saltos. En su bolsillo tintinea una medallita que pronto será caballo.
    En el sofá su abuela deja de hacerse la dormida y llora en silencio.

  10. Las abuelas ciegas.
    Las dos abuelas ciegas mataron a un hombre y le arrancaron los ojos. A cada una de ellas le tocó en suerte una órbita ocular. Desde entonces visionan fútbol, ingieren cerveza, dan la vuelta a sus braguitas y les encanta espiar en cueros a la hija de la portera.

  11. Consecuencias de ciertos tipos de “té”

    Las abuelas ciegas por el lagrimeo no paraban de reír. Se atropellaban las palabras unas a las otras incapaces de seguir una conversación coherente. Palmoteaban con fuerza en la mesa camilla y eran tan enérgicas sus carcajadas que parecía que en algún momento se caerían hacia atrás con su silla.
    —¡Ay, Palmira! Me tienes que decir la marca del té, ¡es buenísimo!, el mejor que he probado —exclamaba una de ellas, riendo entre lágrimas.
    —¡Ni idea, Fulgencia! No tengo ni idea… —respondía Palmira, tartamudeando entre carcajadas.
    —¡Vamos, Palmira! No seas así, tienes que decirnos la marca, a partir de ahora es el que me pienso comprar… —gritó otra de las abuelas, intentando sin éxito mantener la vertical.
    —¡Qué no, leñes! No sé cómo se llama. Se me despistó comprar y rebuscando por toda la casa encontré un bote con hierbas en la habitación de mi nieto. Debe ser uno extranjero que compra para él, cuando lo pille me va a oír ¡mira que no ofrecernos nunca! ¡Ay, que dolor de barriga! No puedo parar de reír ¡Madre mía! —prorrumpía Palmira, agarrándose con ambas manos el abdomen.
    —¡Ay, Palmira! Este nieto tuyo es un tunante, ¡mira que esconderse el té para él solo! ¡Cómo no nos diga la marca no le vuelvo a hablar! —clamaba, Fulgencia, hablando entre hipidos.
    —¡Si no nos morimos antes de la risa! ¡Ay, Dios mío, me duele la mandíbula de tanto reír! —gritaba Palmira, palmeándose las mejillas sin parar.

  12. Las abuelas ciegas.
    “Eran otros tiempos”, eso repiten hasta la saciedad. Hoy es mi tiempo, hoy vivo en penunbra, acechada por miradas ocultas. He pecado, he amado; como si sentir fuera el más atroz de los crímenes, me han condenado. La abuela Fina se fugó con un desconocido, la abuela Petra se casó embarazada. “Eran otros tiempos”. Dejo los hábitos.

  13. Las abuelas ciegas
    Se subían a los tejados, hacia las dos o las tres de la madrugada y esperaban la lluvia. Elevaban la mirada hueca hacia el cielo, imaginando el resplandor. Al oir la algarabía de los niños abajo, gritando: ¡ya viene, ya viene!, alzaban las manos, palpaldo el aire, intentando atrapar una estrella de las miles que caían.
    Cuando la alegría desaparecía de la plaza, bajaban, resignadas los brazos, descendían de los tejados y volvían a sus casas. Cada vez quedaban menos abuelas que creyeran en aquel milagro de Agosto que le devolvió la vista a Palmira.

  14. Las abuelas ciegas
    Cuando se hacían mayores todas decidían adentrarse en el bosque. La leyenda decía que pasaban a otra dimensión. Lo cierto y verdad es que sabían que sin vista no eran útiles a su poblado y por eso se adentraban allí donde los espíritus las recogían. Pasando las décadas la leyenda se fue retrasando y los nietos disfrutaron de las abuelas. Ya todo quedó en cuentos para ir a dormir y cuando llegaba el final, sabían que al menos habría unas manos a las que cogerse hasta pasar el umbral.

  15. LAS ABUELAS CIEGAS
    Todas las tardes se reúnen alrededor de la misma mesa camilla. Juntas suman varios siglos. Han sobrevivido a dos guerras y cinco maridos. Tienen nueve hijos y diecisiete nietos. María fue la primera en perder la vista. Fueron unas fiebres. Eso dijeron. Años después Sofía tuvo aquel accidente. Una semana después Sofía se cayó por las escaleras con la misma mala suerte. Al menos, eso les dijo a todos. Lo que más le cuesta es ver cómo María sirve el café calculando con el dedo dentro de la taza. Pero es que ella es la que tiene más experiencia.

  16. Después del éxito de la propuesta del viernes pasado, tenía mis dudas de lograr tanta participación y de tanta calidad. ¿Qué decir? Que habéis superado cualquier previsión idealista que hubiera hecho. Estoy emocionado. Por eso, Ana, Jesús, Ful, Nicolás, Rosa, Dominique, Maria, Montaña, Elysa, Yashira, Arrimados, Nani y Puck

    ¡ ¡ ¡ M I L G R A C I A S ! ! !

    El viernes que viene, más propuestas creativas (si os apetece algo en especial, pedidlo)

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