Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto? No se trata de que cuentes lo que se ve, sino de que inventes una historia en la que encajar esta escena. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

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Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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29 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Todos los días pasaba por delante, cada día la misma imagen, los pequeños encaramados en ese muro absurdo, tratando de divisar lo que al otro lado estaba sucediendo. Cada día me hacía la misma pregunta, ¿qué estarían mirando? Pues una tarde que no llevaba demasiada prisa decidí parar y preguntar a uno de los, que por edad, altura y medios, no había logrado trepar hasta lo alto de aquel mostruoso y horrible muro. El pequeño no quería responder, pero insistí, le prometí unos caramelos y unas pocas monedas. No había manera de que me dijera que es lo que sucedía al otro lado. Los mayores, desde lo alto le gritaban para que no dijera nada, ¡¡qué tontería!! no tenía más que dar la vuelta, callejear un poco y me daría de bruces con la entrada a la parte trasera del, que desde entonces, odiado muro.
    Les dejé inmersos en su travesura y me dispuse a coger el coche, retroceder unos cuantos metros y buscar la entrada o una parte abierta para descubrir que sucedía en ese interior.
    Me dediqué a bordear el fatídico muro pero no encontré una puerta, no había por donde acceder, nada, ni el más mínimo indicio de entrada. Di varias vueltas y después de la pérdida de tiempo, me marché a casa. No paraba de pensar, cómo lograr entrar o acaso que se escondía en su interior. Comenzaba a agobiarme, las gotas de sudor, resbalaban por mi frente, imaginaba a esos pequeños abalanzándose sobre mi, pisoteándome, empujándome, invitándome a que me marchara. Ese territorio era de su propiedad, de la pequeña pandilla que lo frecuentaba.
    Sonó el despertador; de nuevo la misma pesadilla, la repetida e invencible pesadilla de cada noche.
    Me dispuse para levantarme, pero ese mal cuerpo que queda no se borraba tan fácilmente, cada día se repite como un disco rayado.
    Me incorporé, mi habitación seguía cerrada, ¿sería la hora del desayuno ya?
    Un tímido rayo de sol se hacía hueco por mi ventana, el de cada día, el de cada mañana.
    Al poco tiempo, llegó la celadora con la bandeja del desayuno; “prepárate y desayuna con rapidez, la doctora te está esperando”

  2. El circo de los sentidos
    ———— ~ ————
    Hombres y bestias, niños y máquinas: docenas de mujeres de buen querer os esperan a este lado con los brazos dispuestos, con las bocas ávidas, con cuentos y nanas jamás escritos, los pechos reventones de lubricante para cadenas.

  3. Campaña capitalista

    Se revoluciona el poblado con la luz cegadora que del cielo ha descendido para recorrer sus calles y arrastrar consigo a los imantados lugareños con los que se topa. Por una extraña razón solo los adultos quedan atrapados como zombis bajo su haz mientras los niños —desvalidos—, nada pueden hacer por ellos, únicamente llorar y seguirlos, algunos en sus bicicletas. En el campo de fútbol se detiene la guía resplandeciente con todos los mayores de dieciocho años que ha captado, impidiendo mediante una fuerza magnética invisible el paso a la chiquillería. Estos, detrás de los muros del recinto deportivo, se las ingenian para vivir en primera persona el misterioso suceso y contemplar, entre aturdidos y excitados, como cada uno de sus mayores van desapareciendo en el interior de la luz para brotan por el otro extremo con un cigarrillo en su boca y una botella de güisqui en la mano mientras cantan “Born in the U.S.A.”.

  4. Huérfanos
    Dicen que al otro lado puedes ver madres. Rollizas, de pechos grandes, mejillas hinchadas y labios carnosos. De besos tiernos y abrazos cálidos.
    Los niños hacen cola para subir a la tapia; por la noche, cierran los ojos en el suelo y consiguen dormir.

  5. Los niños trepan para huir de su realidad. Sus tuctucs quedan en el olvido y, mientras ellos corren hacia un mundo de color, las máquinas lloran sus ausencias y se oxidan con lentitud en el fondo de su memoria.

  6. Al atardecer, de una en una, nos íbamos desnudando.
    Estais solas , no temais, concentraos en los movimientos.
    En los muros enormes que rodeaban las fuentes de bambú
    nuestro maestro había pintado hermosas aves polinesias.
    La sensación de soledad y aislamiento era total.
    Solo un leve rumor de voces infantiles nos turbaba unos segundos.
    Pero enseguida volvíamos a nuestro ritual, hasta quedar en paz, desnudas,
    tumbadas sobre el suelo, fija la mirada, esperando a las estrellas.

  7. Jjajajjajajaa, Gracias Yisus, es que no aprenderé nunca…ains, eso de ser de Calatayud marca (no sé ni colgarlo en el feis de Fer)…

  8. Como cada día, al otro lado del muro comenzaba el desfile : lujosos automóviles se detenían, y de ellos bajaban hombres elegantes, señoras guapísimas y angelicales niños y niñas, rubios todos, con grandes pelotas de goma de vistosos colores, al cuidado de sus institutrices. Los señores paseaban, cubiertos con sus canotiers, fumando olorosos cigarros, hablando de política. Las señoras, del último escándalo. Pero a los niños que curioseaban, nada de esto les importaba. Sus ojos solamente se fijaban en los niños, esos niños que tenían esas preciosas y enormes pelotas de goma, al otro lado del muro.

  9. Las bicicletas aparecieron muertas en la cuneta, al lado del cementerio. Buscaron a los niños, pero no los encontraron. A nadie se le ocurrió mirar tras las tapias.

  10. Exasperadas, las bicicletas intentaron impedir la escapada de los niños.
    – ¿ No véis las nubes?…se termina el verano; no podéis ir a ninguna parte.
    Pero ellos siempre han escalado las murallas del aire.

    • Adiós, pantalones cortos

      «Tonto el último» y todos nos lanzábamos a escalar la tapia en un desconcierto de voces agudas. El que llegaba el primero a lo alto se sentaba dejando colgar las piernas a cada lado, nos apremiaba a darnos prisa y terminaba por saltar al otro lado en un gesto de impaciencia.
      Ahora, si alguna vez coincido con alguno de ellos en el parque, mientras damos la merienda a nuestros nietos hablamos de ese muro que desde este lado sabemos inexpugnable.

      • Biai, Jesús, Carlos, Dalicia, Nicolás, Ana, Ful, Sara, Peña, Montse, Francisco, Rosa y Alena, muchísimas gracias por hacer que los viernes sean tan creativos.
        Os espero el próximo viernes 😉

  11. …..Y los niños vieron como las bicicletas saltaban la tapia y escapaban como animales libres y las echaron de menos,pero ese era su estado natural…LA LIBERTAD!!!!!!!

  12. ¡Eh, Fernando, que falto yo! ¡Pues si que cierras pronto el chiringuito!

    El mejor lado
    Cuentan que tras la tapia existen otros mundos, pero los niños se asoman y solo ven adultos con prisa y caras serias. Inmersos en su trajinar diario han olvidado lo que significa jugar, no recuerdan como se sonríe y mucho menos el delicioso cosquilleo de espiar por encima de una valla. Cuando los chavales se aburren de ese espectáculo vuelven a sus juegos y deciden que detrás del parapeto no hay nada que valga la pena. Piensan que si eso es crecer, mejor se quedan de este lado.

  13. Pues opino que aún llego a tiempo ¿Verdad?

    Olvido imprudente:
    En nuestra desesperación por ver lo que había al otro lado de la tapia, olvidamos la sensatez. Ella, cansada de esperarnos, se marchó en bicicleta. Desde entonces, y de esto ya hace algunos años, ni la hemos buscado, ni ha venido a nuestro encuentro.
    Seguimos siendo amigos, nos juntamos y contamos historias impensables; dicen que estamos algo locos, excéntricos y no se qué más. Sospecho que lo que envidan es sabernos capaces, cada año, de subir de nuevo el muro, animados y acompañados por nuestros nietos.

  14. Yo paso del tiempo..tanto mirar y al final..tarde..ainss!!

    La Tapia

    Todos creian que los niños hacian malabarismos extraños para subirse en las bicis y mirar lo que habia detrás del muro..pero no..no era así…lo que la gente ignoraba es que, los niños no miraban detrás de la tapia…lo que hacían era evitar mirar en “su lado”, donde estaban ellos.

  15. Traigo aquí el de mi amiga Ana Nuria

    Otros mundos
    Cuentan que si te asomas al otro lado de la tapia, puedes ver a los muertos que tanto has querido. Todos los días, mis amigos y yo nos armamos de valor e intentamos escalarla, pero cuando estoy a punto de sobrepasar el muro, el susurro de una voz repite mi nombre. No respiro. No trago saliva. Abro mucho los ojos. Y en un acto involuntario se me saltan las lagrimas. Entonces, es cuando la imagino, allí mismo, al otro lado de la tapia.

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