Viernes creativo: escribe una historia

 

¿Te atreves a escribir una historia a partir de la situación que te proponemos?

Al preparar una mudanza, encuentran su vieja cámara polaroid. Ella quiere que se hagan una foto, pero a él, por alguna razón, no le apetece.

Ahí te dejo un conflicto; manéjalo sin precaución, deja que te explote en las manos, pero no te olvides de recoger todo cuando acabes 😉

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en G+, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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22 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Polaroid
    En el fondo del armario, olvidada, encuentra una polaroid vieja. Ella ni sabía de su existencia. Corre a enseñársela, pero él chasquea la lengua en un gesto de desagrado y le dice que la deje, que no funciona bien. Ella insiste en probarla. Y él que no, que no quiere, que no funciona. Pero le convence y él pone el papel, la mira por el visor, y dispara. Sale perfecta, deslumbrante, mucho mejor de lo que se la ve esa mañana con las bolsas de los ojos cargadas y las patas de gallo. Entonces ella se empeña en hacerle una foto a él, y él se niega pero, como siempre, lo consigue; más después de verla en la foto, que parece que fuera del día en que la conoció y se enamoró de ella. Entonces ella hace la foto, espera, se revela, pero no sale nada, la pared del fondo, la estantería, los libros; él no aparece. Al verla, él se enfada tanto que ella no tiene tiempo de decirle que es imposible que sea invisible, que una cámara no puede discriminar figuras. Después, cuando pasa por delante del espejo se ve más joven y guapa; cuando le mira a él, ve como se desdibuja.

  2. Polaroid 2
    Terminan de vaciar el viejo armario del trastero. Casi veinticinco años sin mover ropas, libros, recuerdos de dentro del cajón de madera. Hoy preparan sus maletas para irse a la residencia donde sus hijos les llevan. En el suelo del mueble una caja de cartón con el rótulo POLAROID les llama, insistente. Ella la recoge y la abre. “Mira”, le dice, “tu vieja cámara instantánea”. Él la mira con tedio. Ella se la muestra y, pícara, le hace una proposición. “Desnudémonos y hagamos un reportaje erótico privado.” Él se niega. “¿Tú nos has visto? Todo arrugado y colgandero… No, me niego a pasar a la posteridad hecho una pasa”. Ella se sorprende. “¿Dónde quedó tu afán aventurero, tu libertinaje, tu desinhibición?” Dirige él su mirada acuosa por encima de las gafas y, certero, le responde. “Donde quedó nuestra juventud”. Ella no puede asimilar lo que le dice su compañero de viaje, así que coge la cámara, se mira en el espejo del armario y, a pesar de él, comienza a desnudarse.

  3. El pasado

    A la ardua tarea de embalar los recuerdos se le une una novia curiosa, y él, que es de todo menos diplomático le espeta: «¡Te quieres estar quieta de una puta vez!». Y ella como si oyera llover continúa a lo suyo y extrae del fondo de la caja en que se puede leer “Basura” una antigua cámara de polaroid. «Cariño, mira lo que he encontrado ¿te acuerdas de ella?», le dice sonriente y sin esperar respuesta se coloca en posición de disparar mientras sigue hablando. «Gracias a ella nos conocimos. Tú me sorprendiste a la salida de mi trabajo. Pretendías hacerme una foto con ella y yo bromeándote grité “policía”. ¡Qué cara pusiste! Incluso levantaste las manos. Nunca te lo he preguntado, ¿bromeabas, verdad?…». «Quita y déjate de tonterías. ¡Qué pareces boba!», le suelta él mientras se apodera de la cámara ante el asombro de ella. «No te enfades David, que te pones muy feo. Anda bomboncito hazme esa foto que siempre te he pedido y tú nunca has querido». Y él la miró y después a la cámara, temblando y balbuceando «no puedo, a ti no», justo antes de lanzarla con violencia por la ventana.

  4. Agujero negro

    Aparqué mi “yo” por ella. Pero hoy, ha vuelto.
    Encontró la Polaroid en el fondo del armario, cuando intentaba poner un poco de orden en el caos. Se empeñó en hacerme una foto. Sabe que nunca quiero, sabe que no me gusta. Pero a base de su sonrisa, de toquetéos sensuales, de besos en el cuello, de manos en mi cintura y de roces varios, accedí. En el momento que sonó el clik del disparo, me arrepentí. Vi sus ojos, la expresión de terror en ellos y la negrura infinita de aquella instantánea al caer de sus manos al suelo. No tuve más remedio, mi “yo” volvió. Y ella desapareció tragada por él.

  5. ¿Pero es que no te acuerdas que al revelarse las fotos en la Polaroid, por un momento se me veían las alas?
    Lucifer reprende suavemente a Lua que, ensimismada, acaricia la vieja Polaroid encontrada en el armario.
    Me dan escalofríos solo de pensarlo, que se quedaran fijas para siempre, con la de años que nos ha costado…

  6. Polaroid
    —— ~ ——
    Ojalá se acordara de los momentos buenos, pero igual que tú los escupía en segundos y a otra cosa; igual que tú los disfrutaba sin guardar copia del momento, sin acumular; y lo mismo eras capaz de sonreírle a mi lado como de echar a correr de inmediato a los brazos de la de turno, y hasta fotografiarte también con ella, sabedor de que no habría más que un papel que diera fe de lo cabronazo que fuiste, mi amor, así que llévatela tú, que yo soy más de carrete, de negativos, de acuérdate cuánto nos quisimos.

  7. ¡NO DISPARES!

    Cuando tomé la cámara del fondo de aquella maleta vi transformarse su cara. Como si de una pesadilla se tratase, su rostro se transmutó en terror y con la boca abierta intentaba decir algo que no llegué a entender. La posicioné en mis manos para dispararla, él calló de rodillas ante mí, sollozando. Así no lo podía fotografiar. Me arrodillé junto a su cuerpo tembloroso y le abracé. Cuando por fin se relajó, volví a tomar la cámara y esta vez me gritó que ni se me ocurriera usarla. Le miré perpleja mientras me la quitaba de las manos y la disparaba contra la almohada. Una nube de plumas nos envolvió.

  8. Máquina de eterna juventud

    Todas las mudanzas acaban igual, ella lo ha aceptado y aunque a veces desearía asentarse y descansar le fascina conocer lo que sucederá cuando ellos encuentran la vieja polaroid. Desde aquel lejano 1938 han pasado muchos hombres por su vida, a todos les da por lo mismo cuando encuentran la cámara: comprobar si funciona haciendo una foto del momento. Siempre se repite la misma escena: sonrisas, gestos payasos y tras el fogonazo del flash el golpe seco de la máquina al caer al suelo. Ella consigue volver, emergiendo de las fotografías; con menos arrugas, con mejor color y una calidez de la que carecen las instantáneas que guarda en su caja fuerte. Es una lástima que en todas las imágenes que conserva de sus novios aparezcan con esa mueca de pánico.

  9. -Norman, ¡atento!, mira al pajarito. Anunció Elisa, apoyando la polaroid en su mejilla.
    Al instante Norman tapando con la mano el objetivo, dijo:
    -Por Dios Elisa, ni se te ocurra, esa maldita máquina inmortalizó la muerte en los Balcanes. Todavía sufro pesadillas rememorando ese conflicto.
    -¿Cuándo serás capaz de olvidar aquello?
    -Cuando regresen a la vida aquellos muertos.
    Esa polaroid que después de tanto tiempo apareció en aquel olvidado cofre donde Norman guardaba su material de trabajo, se desintegró estrellada en el suelo fragmentándose en decenas de piezas.
    Ambos se miraron y sin decir nada, se fundieron en un reconfortable abrazo.

  10. La vieja Polaroid continúa habitando el mismo rincón del armario desde hace diez años. Los mismos que lleva sin hacer fotos a nuestra Anita. A los dos nos recorre un escalofrío por el cuerpo pero es mi mujer la que, difuminando el pasado, insiste en fotografiarme.
    Sonrío a desgana. Sabe que nunca salgo en las fotos. Laura dispara la cámara. Parece temblorosa. No quiero que ella se entere pero ya es tarde. Quizá sea mejor así. La instantánea revela mi dolor. Se llama Anita y sonríe feliz sobre mis hombros.

  11. Sola.
    La casa por fin va quedando vacía. Nuestras pertenencias se acumulan desordenadamente en cajas. En tantos años nunca pude hacerle entender a Meri que si guardábamos los objetos por categorías y marcábamos las cajas, luego sería más sencillo encontrar todo en el piso nuevo.
    Su caos fue uno de los encantos que me enamoró, y sin embargo pronto comenzó a fastidiarme. Pensaba que los opuestos se atraían, pero ahora entiendo que no, que al final todos buscamos un igual.
    Cuántos años hemos pasado en esta casa. ¿Podría añadir el calificativo “felices”? No lo sé. Quisiera creer que sí, que fuimos felices. Ella siempre lo ha parecido, incluso después de aquello. Yo… ya da igual.
    La oigo llamarme. Con la casa vacía es más difícil esconderse. Ha encontrado la cámara polaroid que compramos para nuestro primer viaje juntos, y quiere que nos hagamos una foto. Lleva toda la mañana intentándolo. La foto del último día en la Casa Omega, con la cámara del Viaje Alfa.
    La oigo subir. Cuando me encuentre ya no habrá solución, hará la foto y, entonces, descubrirá que no estoy, que vive con mi recuerdo, y mi recuerdo es incorpóreo.

  12. Recomenzar

    Poco a poco nuestras pertenencias se han ido acomodando en diferentes cajas. En un rato llegará la empresa de mudanzas, y será el fin de nuestra historia en esta casa. Sólo quedan los tratos del ático, que más valdría echar a la basura. Subimos con Miriam, con la idea de llevarnos un poco de ese halo de nostalgia, que envuelve esas cosas dejadas de lado, año tras año. Ella curiosea como una niña, aún sabiendo que la mitad de los objetos fueron depositados allí por sus manos.
    De pronto, tras unos libros llenos de polvo, aparece mi vieja Polaroid. ¡Torpe de mí! ¿Cómo pude dejarla a su alcance? Han pasado tantos años, que hasta yo había olvidado su existencia. Pero ya es tarde, la acaricia como un tesoro, y quiere que nos tomemos una foto. Pongo mil excusas: que ya es tarde, debemos terminar de empacar, está por venir el camión, la cámara debe estar rota, después de tanto tiempo… Su brazo se alarga, para lograr enfocarnos a ambos, su dedo que oprime el obturador…
    Es claro que nunca lograré liberarme de esta maldición. Esa máquina infernal me ha quitado a mis tres últimas esposas, y aunque intente sepultarla en el olvido, ella siempre se las ingenia para irrumpir de nuevo en mi vida.
    Tocan a la puerta. Son los empleados de la empresa de mudanzas. Comienzan a cargar, sin preguntarse por qué un hombre solo tiene tantos objetos. Trato de no pensar, bastante tendré mañana, con un nuevo comienzo, en una nueva casa.

  13. Ana, Ful, Nicolás, Rosa, Alena, Peña, Jesús, Yashira, Elysa, Cabopá, Sanordevil, Beatriz, Rose, Hugo y también a Montse, que escribió en facebook: ¡muchísimas gracias por participar! No os podéis imaginar lo que me ilusiona vuestra respuesta.

    La semana que viene más. Gracias de nuevo

  14. ESO ME SUCEDIÓ A MÍ..HACE 100 AÑOS.O QUIZÁS MENOS. A TI TAMBIÉN TE SUCEDIÓ
    EL TIEMPO CRISTALIZÓ AQUELLA OPORTUNIDAD NUESTRA LLAMADA VIDA Y EN UN SEGUNDO TODO HABÍA DESAPARECIDO.
    AHORA TENEMOS OTRO ROSTRO, OTRA CASA, OTRA OPORTUNIDAD.PERO TUS OJOS SON LOS MISMOS.Y SIEMPRE PODEMOS COMENZAR DE NUEVO.UNA Y MIL VECES SIN QUE A NADIE LE IMPORTE.
    NO ESTOY GRITANDO,.ES QUE EL TIEMPO SE ME ACABA.
    ADATH

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