Viernes creativo: escribe una historia

Hoy, a sugerencia de una asidua de los vienes creativos, Ana Vidal, cambiamos de juego: ¿te atreves a escribir una historia a partir de algo que estés leyendo estos días? Puede ser el último micro que hayas leído, una novela que tengas entre manos, la factura del gas… ¡Pero no te olvides de decirnos en qué te has inspirado!

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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12 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Basado en el relato “Eufemismos” de Dominique Vernay de su libro “No te quites la costra que te quedará marca”
    El relato tiene tres personajes principales, los tres mujeres. Dos de ellos llevan el peso de la historia y el otro pasa casi de puntillas, sin hacer ruido por ella. Ella ha sido mi inspiración.

    MÁS DE LO MISMO.

    La tía Remedios y Liz, Liz y Remedios. Se creen que no me doy cuenta, que no veo como se parecen la una a la otra. Liz no parece hija mía. Desde el mismo día que asomó su cara por mi entrepierna, comenzó su transformación. Toda la mala baba que destila la tía, Liz se la va encontrando por el camino, enredándose en ella creando su madeja, su propia concha de caracol. Cuando encontré muerta a la tía, cosa que esperaba, Liz terminó su transformación. La tía Remedios ganó la partida. Encarnada en Liz sigue amargándome la vida, dejando su reguero por el suelo de arrastrar la pierna y mala baba.

  2. LECTOR ATRAPADO
    De repente me hallé en una isla pérdida rodeado de indígenas recubiertos de tinta; piezas de ajedrez animadas; familias desestructuradas; una beata impostada; 150 rosas; blogueros de antología; unos cuantos justeros armados con lanzas venenosas en forma de comas y tildes; y de escritores con su boli naranja Bic. Todos estábamos sentados en torno a un fuego, como si de una hila imaginaria se tratase mientras esperábamos a que se cociera la sopa de caracol que nos debía alimentar. Y cuando me decidía a encontrar el final de esta historia, me extrajo del mundo imaginario el estridente quejido del reloj. Eso sí, al despertarme en mi cama, a un lado, aún seguían allí en forma de libros.

    Este microrrelato está basado en la lectura combinada y continuada de los diferentes libros que han pasado durante estas últimas semanas o aún siguen en mi mesita de noche. Entre ellos son: “Viaje imaginario de al Archipiélago de las Extintas” de Susana Camps; “Cruentos ejemplares y otras minificciones” de David Vivancos; “Linaje oscuro” de Isabel Martínez Barquero; “Tango sin memoria” de Elena Casero; “150 Rosas” de varios autores; “DeAntología: la logia del microrrelato” de Talentura; y “Sopa de caracol” de Marta Bertomeu. Y además también de la participación en los concursos o espacios como: “X Edición de las Microjustas”, “Viernes creativo” y “II Concurso de Relato Breve de Leonardo Barriada”.

  3. Amor dictatorial

    Lo nuestro ha sido siempre de tú dices y yo callo, tú mandas y yo hago. En mis intentos de sublevarme han surgido amenazas de destierros o fusilamientos, y pese a que he creído que podría hacer las maletas y terminar con todo, tus fronteras siempre han estado protegidas. Harta de esperar a que muriera tu amor opté por la única opción que me quedaba: asesinarte; créeme cuando te digo que los límites de esta cárcel son mucho más amplios.

    Basado en el título del libro de relatos de Ernesto Ortega Garrido «La dictadura del amor» que acabo de empezar.

  4. Hoy sin tiempo, pero por no dejar de participar he escrito algo. Entre otros estoy leyendo el libro de Alena Collar: El chico de la chaqueta roja y ha salido esto. Alena si lo lees espero que no me des muy fuerte.

    Perseguidor

    Lo persigo, vive en la periferia de mi visión. Se escurre entre las siluetas de personas anónimas que circulan por las calles. Todas en tonos grises, él, alcanzo a ver que es un chico, es la única nota de color, el de su chaqueta roja. El chico de la chaqueta roja sería un título para una novela, tiene algo de cotidiano y a la par de intrigante. Si me quedo quieto lo veo, pero apenas empiezo a seguirlo se vuelve sombra fugaz y todas las líneas del argumento que mi imaginación está creando se deshacen. Estás pensando lo mismo que yo, lector. No puedes dejar de leer, igual que yo no puedo dejar de seguir al chico. Ambos tenemos la certeza de que no lo voy alcanzar, de la misma manera que tú no puedes parar de deslizar tus ojos sobre estas letras. Esto se acaba aquí, ahora eres perseguidor y perseguido. ¿Cómo te sientes?

  5. Esto es una adaptación del comienzo de una distopía que empecé hace unos meses en un taller de escritura. Al leerla a mis compañeros, me dijeron que les recordaba a 1984, de Orwell. No había leído la obra. Lo estoy haciendo ahora. Bueno, más que leer, la estoy devorando.

    Ver cómo encoje mi guitarra hasta desaparecer es lo más sorprendente y cruel que me ha ocurrido nunca. Y sé que no es más que el primer paso de la tortura que me espera. Alguien me ha delatado. Desde que la Dominancia considera que la música es el arma que utilizamos los “anónimos” para derrocarlos, el mundo se ha convertido en un lugar triste, gris y callado.
    Sus medidas comienzan a dar sus frutos: “Todo aquel que atesore, intercambie, suba o baje a la red ficheros musicales, será perseguido. Igualmente perseguidos serán aquellos que posean instrumentos, que compongan canciones, que las tarareen o silben”.
    La gente va por la calle enfundada en sus abrigos, la cabeza gacha, sin mirar, casi sin saludar, por miedo a ser delatados por algún vecino.
    El Cuerpo Silencioso de Obediencia no tardará en apresarme: primero la tortura, luego el arresto, luego,…Mi oficio de panadero no engaña a nadie. Todo el mundo sabe que también soy compositor. Tengo que huir, que desaparecer. Irme a las comunidades rebeldes, con la Resistencia, antes de que esfumen mi casa y a mí con ella.

  6. Arena en los bolsillos
    ———— ~ ————
    A finales de agosto, mientras los veraneantes recogían con tristeza sus bártulos y se despedían entre lágrimas de los amores estivales, nosotros empezábamos a despertar. Primero era mamá, que aseguraba tener un reloj interno que ya quisieran los suizos, y después de papá, que tardaba horas en abrir los ojos, nos tocaba a los demás, por riguroso orden de edades. Cuando todos estábamos ya bien vivos y aseados, enfilábamos hacia la playa. Menudas carreras, y chapuzones, y partidas de palas sin dejar botar la pelota, y bucear con tubo hasta que nos sacaban del agua con los labios morados. Los mejores recuerdos de mi infancia viven en la arena de esa playa, y antes de regresar a la casa y prepararnos para dormir de nuevo, Mario y yo nos guardábamos un puñadito y lo escondíamos bajo la almohada, por si al año siguiente se nos olvidaba despertar.

    La idea ha surgido a partir del título del libro que estoy leyendo, “Sueño profundo”, de Banana Yoshimoto.

  7. La sugerencia de crear una historia a base de lo leído últimamente, o en alguna ocasión, me ha parecido fenomenal. Lo que han colgado aquí, las conclusiones a las que han llegado, después de lo leído, me ha dejado sin palabras. Fernando puede sentirse complacido.

  8. A conciencia

    Nunca dormía la siesta. No; él practicaba la narcolepsia programada. Ese era, de hecho, el motivo gracias al cual permanecía despierto incluso en las reuniones maratonianas del Sr. Soto, famosas por su facilidad a predisponer al sueño, posterior al aburrimiento, a la mayoría de sus asistentes.
    También resultaba imposible despertarlo durante sus sesiones programadas, pero, evidentemente, ese era un inconveniente nimio en comparación con las numerosas ventajas que le proporcionaba… bueno, hasta el día del simulacro de incendio.

  9. La última excursión del crucero o el regreso a casa

    Al recibir el violento manotazo del intruso, el bolso voló por los aires. Aquí y allá, llovían objetos que su marido, circular, podía entender que ella llevara encima permanentemente, por más que manifestara lo contrario. Pero una cajita metálica, al golpear el suelo, boqueó como un pez en tierra, y mostró lo extraño. Con un fulgurante puntapié, el marido mandó el escarabajo al mar. No obstante, el rayo que habían alumbrado sus ojos, seguía allí. Era miedo. Ella lo supo al instante y penetró la puerta de embarque siendo otra.

    Mi relato ha partido de un personaje de un cuento de Felipe Benítez Reyes. Un placer participar e ir haciendo camino! Gracias.

  10. Ya llego tarde, pero acabo de inspirarme en Purga de Sofi Oksanen para aportar esta pequeña historia.

    TRAICIÓN

    Ni los lazos de sangre, ni el amor fraternal, nada existe ante la supervivencia; ese sentido oculto bajo las entrañas, que nace, crece y se desarrolla solo. De pronto nos vemos abocados a realizar una acción atroz y cerramos los ojos al dolor.

    Sé que mi vida depende de su muerte, para mí no habrá perdón, pero sobreviviré a esta locura.

    He firmado su condena, he confesado mentiras que le llevarán a la horca pero a mí me convertirán en fiel seguidora del régimen. Amiga, ciudadana, compañera. Adiós querida prima, tu sombra me acompañará en las noches frías del invierno, me perseguirá durante el calor estival y en la soledad de mis sueños me despertará sobresaltada, tomaré un vaso de agua bien fría y encenderé una vela por tu alma, la mía ya está perdida.

  11. Inspirado en un relato de Quim Monzó, Sábado.

    Coge la pala y se dispone a cavar. A mitad de la mañana el hoyo que ha cavado es bastante profundo, aunque no lo suficiente. Pero ella sigue, es bueno dedicarse a algo obsesionadamente, porque así la cabeza no se le va a otro sitio. A la semana casi ininterrumpida de trabajo, a excepción de las horas de comida pues hay que coger fuerza, el agujero empieza a ser vertiginoso. Es inevitable que los pensamientos invadan su cabeza, por eso acelera su ritmo y se concentra en el filo de la pala y en el ruído que ésta hace abriéndose camino. Después de un duro mes de trabajo, el abismo es tan grande que da miedo asomarse. Con dificultad, pues tiene las manos en carne viva, saca las tijeras que lleva en el bolsillo del delantal y toma la foto que se tomaron muy poco antes de lo sucedido. Su marido sonrie claramente con la expresión ridícula al decir patáta, ajeno a todo. Encarna, está fuera de encuadre, pero con gesto decidido. Coge la foto y le pega un corte longitudinal, separando los dos cuerpos, como tantas veces a hecho con amigos con los que se había peleado. Arruga y tira el cuerpo del marido al insondable abismo. Después, se sienta en el monticulo de arena, se enciende un cigarrillo y al contemplar serena lo que queda de la foto, se da cuenta de que el brazo de Gregorio sigue agarrado a ella.

  12. Gracias Rosa, Nicolás, Ana (gracias por la idea), Elysa, Rosedo, Jesús, América, Nadaqueanadir, Glòria, Yashira, Ana Nuria.

    Confieso que tenía la esperanza de que algunos coincidierais en lecturas y comprobar cómo interpretabais de distinta manera lo leído, pero en cualquier caso el resultado ha sido mejor de lo que cualquiera pudiera desear. Muchas gracias otra vez por participar.

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