Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para este video?

En esta ocasión, vamos a dar un paseo por los recuerdos de una casa abandonada. No se trata de que cuentes lo que pasa en este video, sino de que cuentes alguno de esos recuerdos. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

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20 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Olvido
    Lo dejamos todo allí, las motas de polvo sobre los muebles, el osito de Lucas, los cubiertos sin fregar, los gritos y las dudas. Dejamos el odio y el rencor, las promesas incumplidas y tu ropa en las perchas. Nos dejamos un poco, también, a nosotros; porque era el único precio posible. Teníamos que empezar de nuevo, o terminar.

  2. “Tiene infinitas posibilidades”, remarca la agente inmobiliaria con machacona insistencia. Miro alrededor mío: el jardín descuidado, las contraventanas caídas, el suelo carcomido. La cocina inexistente y el salón desnudo terminan de convencerme. No hay nada en esta casa.
    “No gaste más saliva, me la quedo”. Firmo, entrego un cheque y hago que los operarios entren las cajas desde el camión de la mudanza. Terminan la descarga en un par de horas y los despacho más rápido aún.
    Cuando se van, atranco la puerta con una madera de las que hay por ahí y me siento en el suelo del salón, solo, a abrir la primera de las cajas. Vacía. La segunda; igual.

    Saco el sobre del hospital del bolsillo derecho de mi pantalón.
    Principio de Alzhéimer.
    Principio del fin.

    Fulgen

  3. La bailarina

    Recuerdo una melodía. Una caja, ahora desvencijada, en la que una muñequita ejecutaba sus infinitas vueltas de una manera magistral. Ya no puede mantenerse recta, muchos grados la separan de la vertical. Los años debilitaron sus huesecillos de plástico, curvándola y degradándola hasta que dejó de bailar.

  4. Recorrer la casa vacía, desordenada por la lucha con sus moradores, por la búsqueda de botín, es la parte con que más disfruto cuando termino un trabajo.
    Una vez me he deshecho de los cadáveres y he puesto a buen recaudo sus pertenencias más valiosas, me encanta observar cada habitación, imaginarlos en sus quehaceres cotidianos, íntimos, en esa casa que apenas una hora antes era un hogar para ellos.
    Visualizarlos desayunando juntos, o eligiendo la ropa para esa mañana, mirando la tele, cocinando, haciendo el amor, viviendo sin pensar que su suerte estaba ya echada, que les quedaba un suspiro, y que sería yo, yo, quien se lo arrebataría.

  5. Atrapada

    Primero, los jilgueros, los topos, la casita de Luc, los chopos y el triciclo de los domingos entre otras cosas que campaban por el jardín. Luego, el jardín entero con los rosales blancos. A continuación, la lámpara del salón, los cuadros de colores y el mobiliario minimalista. Toda la habitación, también. Le sigue la lavadora que gira al revés, el fregadero repleto de platos, las cacerolas de barro, los guisos de la abuela…, la cocina entera. La escalera que sube al piso de arriba —tampoco se salva— ni el abuelo que bajaba, los adornos de Navidad y el reloj de pared. La sala de juegos, el osito de peluche, el tren y las muñecas de la madre, el póster de ET, las literas de los niños y la cunita con el bebé dentro; también sucumben. Y en la habitación principal ante el grito desconsolado de unos arrinconados Mulligan, la cama, el crucifijo, el armario empotrado, el despertador en forma de balón y el perchero; se evaporan. Y por último, el padre pelirrojo, la madre cuidosa, los gemelos y la abuela encantadora son abducidos, junto al resto del mundo feliz en el que habitan, por esa reprimenda enérgica que se los lleva a la nada.

    —¡Esto no me sirve, Laura! Quiero otra historia de zombis y no la casa de la pradera que me has escrito. Así que ya sabes…

    Se promete que lo intentará, aunque las voces de los Mulligan sigan monopolizando su memoria.

  6. La casa deshabitada

    Casi ha anochecido, el agua te cala los huesos y buscas refugio en la casa deshabitada. Un perro te ladra cuando te acercas a la verja. Puedes estar tranquilo nunca mordió a nadie. Pulsas el interruptor pero hace tiempo que cortaron la electricidad, aunque las últimas luces del día todavía te permiten ver lo que sucede en el interior. Abres y cierras los armarios de la cocina, buscando algo de comer, una lata de alubias, un bote de conserva, un caja de galletas, mientras nuestra madre empana filetes para cenar. Entras al salón, gotas de lluvia corretean por los cristales de la ventana, mi abuelo dormita en un sillón de terciopelo y nosotros vemos la tele. No te preocupes, no molestas. Sobre la mesa corretean las hormigas y en suelo se acumula la basura que dejaron otros que vinieron antes que tú. También hay un peluche. Lo coges. Está demasiado sucio, pero es agradable acariciarlo. En la habitación del fondo descubres una cama. Si pegas la oreja a la pared, podrás escuchar los gemidos de mis padres haciendo el amor y el breve crujido de un colchón de muelles en la habitación de al lado. Te quedas dormido. Quizás cuando te despiertes, ya nos hayamos marchado.

  7. DESOLACIÓN

    Transito los recuerdos. Me paseo por ellos, intento buscar la solución a algo que no la tiene, que quizá nunca la tuvo. Mis ojos nublados permanentemente por las lágrimas, como ventanas mojadas por la lluvia, miran mis manos vacías de caricias, vacías de tus manos, vacías de tu cuerpo. Mis labios antes sonreían y besaban y pronunciaban palabras llenas de ternura y amor. Ahora, cuelga de ellos una mueca invertida, una sonrisa triste, unas palabras huecas, que al pronunciarse, resuenan en un intento desesperado de encontrarte. Camino por las estancias, arrastro los pies, me encorvo, cargando sobre mi espalda todo el peso de la culpa.

  8. ¡Hemos sido tan felices en ella!.
    ¿Para eso la formamos, para desarticularla? ¿porqué a los novatos no nos informan, que no siempre es para siempre?.
    Tu padre a Londres yo a California, tú conmigo, ella con él.
    Creo que lo llevamos todo, pero no mires atrás, que no se quede con nuestras caras, igual nos visita de nuevo, es un poco despistada, la felicidad a veces repite.

  9. El regreso

    La había visto pasar demasiadas veces, ayer con determinación, para no creer que vendría. Fue así. Bajó del coche y cruzó el jardín. Mientras subía las escaleras, como la luna sube galaxias (la quiero), se fue desabrochando la blusa y se descalzó. También cayó la falda y, finalmente, las braguitas y el sujetador se quedaron prendidos en el pomo de la puerta. Luego, se pegó a mí como un caracol y, muy lentamente, fue redescubriendo cada centímetro de piel hasta que me reconoció. “Tú eres mi casa” dijo. Abrió las ventanas y los pájaros revolotearon (y sus voces) por las estancias.

  10. Estación Termini
    ———— ~ ————
    Termino de fregar y estoy contigo. Acabo de acostar a Lucas y la noche, aunque tormentosa, no parece poder despertarlo. Me falta recoger un poco los cuartos, no sea que luego digan: que lo dirán. Y estoy contigo.
    Seis años cumpliría él mañana; cómo no lo vas a recordar si nacisteis el mismo día, si cuando te me moriste tú él y yo dejamos de vivir.
    Termino de arreglar el salón, barro el patio y la entrada, que es lo primero que se encontrarán, me deshago del tubo de pastillas y vamos para allá, que la casa, al menos, queda hecha.

  11. OLOR A TORTILLA
    ” Esta noche preparando la cena he caído en la cuenta de lo que dijiste ayer, no recuerdo las palabras exactas, hablabas por teléfono con alguien y le preguntabas por sus vacaciones, en ese momento pensé que se trataba de algún amigo al que preguntabas por el resultado de unos días de asueto, pero hoy vino a mi mente otra idea: ¿Planificabas un viaje? ¿Con quién hablabas?”.

    Los recuerdos, como las viejas paredes, se han derrumbado. Sin darme cuenta he vuelto a revivir el comienzo de nuestro final. Ese día, esa cocina, esa casa, nuestra casa. Han pasado tantos años, no sospechaba que rememorar tuviera olor, pero hoy huelo a tortilla de patatas mientras pienso en tu conversación al teléfono, mientras recuerdo la cuidadosa planificación de tu huída, mientras te veo alejarte con tu amante.

  12. Espejismo
    Vine a buscarte. En el instante de cruzar el umbral cierro los ojos y un intenso olor a café inunda el recibidor. Te imagino en la mesa de la cocina, planificando el día y compartiendo risas con los niños. Te has vuelto a cortar afeitándote y llevas en la barbilla una de esas ridículas tiritas infantiles. Me miras y sonríes, las noches cómplices nos vuelven bobos a los dos. Aún puedes hacerme sonrojar después de tantos años, sólo cruzando una mirada. Abro los ojos, al fin, deseando encontrarme con los tuyos, pero sobre la mesa solo hallo los restos de una salida precipitada. La estancia huele a vacío y un dolor cerval me dobla las piernas. Ya no estás. Ahora se que nunca regresarás a este lugar. Nuestra casa quedó sin vida el mismo día que te perdimos.

  13. Me gustan las mañanas de domingo. Aunque no tengo que madrugar, si me levanto pronto puedo desayunar con papa, y aún jugar un rato con él en el jardín antes de que se encierre en el garaje con sus cosas, no me dejan entrar en el garaje si papa está con sus cosas. Mama está de mejor humor los domingos, le da palmaditas en el trasero a papá y le dice al oído cosas que no entiendo, aunque me acerque mucho. Incluso algunos días, como hoy, canturrea mientras lava y viste a Carlos. Cuando acabe me pondrá la ropa nueva y nos iremos a donde los abuelos. La abuela siempre me da galletas a escondidas; yo no digo nada, sobretodo porque, si no lo sabe, el abuelo también me da. Pero hoy, antes de salir de casa ha sonado el teléfono, y eso ha sido raro.

  14. La acabamos de comprar, por fin, volvió a ser nuestra. Ya hemos pensado las reformas externas, por dentro la cosa se simplifica, por mucho que cambie el mobiliario o renueve tubos, cables etc. , pretendo conservar la esencia que sigue vigente en mi.
    Tantas reuniones familiares, acontecimientos celebrados, penas lloradas…y mis primos, que recuerdos¡¡ jugamos y jugamos desde el comienzo que yo recuerde de mi vida, su casa junto a la nuestra, siempre juntos ellos venían a Mi casa y nosotros a la suya, entre medias había un lugar con muchas cañas de azucar muy altas , le llamábamos el “sitio de las pulgas” infinidad de ellas nos asaltaban pero igual nos daba, el escondite, ahora una selva y nosotros nos dividíamos en raza humano o animal…
    Oíamos una voz desde la ventana: – ya está bien, venir a merendar luego seguís-
    y en esa cocina amplia y destartalada cambiamos los siete…

  15. Ana, Ángeles, Fulgen, Daniel Rose, Nicolás, Ernesto, Rosa, Desdemipinar, Glòria, Jesús, Maria Sur, Miguel, Theres, Yashira: muchísimas gracias. Semana a semana me volvéis a sorprender con vuestra respuesta y el nivel de vuestros cuentos.
    La semana que viene otro viernes creativo, con una pequeña sorpresa 😉

  16. Que sepas que ya empieza a excitarme esto de los viernes creativos… Muy buena iniciativa, una gozada leer los textos y un privilegio participar. Gracias.

  17. Gracias a ti, Fernando, por esta propuesta semanal, que hace que siga escribiendo al menos un poquillo aunque esté en pleno dique seco. A ver con qué nos sorprendes el próximo viernes.
    Rosa.

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