Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para este video de Is tropical? ¿Qué pasa después? Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

P.D. Por cierto, si quieres saber cómo continúa la historia en el video de Is tropical, pincha aquí.

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13 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. El discreto encanto de la burguesía
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    Mi padre me mataría si se enterara, y mi madre se moriría del disgusto. Cómo iban a imaginar que lo que menos me importa son los cincuenta francos que me da por limpiarle la piscina, si además son amigos desde la universidad y hasta veraneábamos juntos en Cerdeña, y me han visto crecer junto a su hijo como si fuéramos hermanos. Pero ya es tarde para pensar en eso. Soy casi mayor de edad, y a mí me gusta, y yo le gusto, y me dice que antes el sexo no tenía sentido, que conmigo ha descubierto el verdadero significado del placer, de los orgasmos, que toda su vida marital es un desierto comparada con un solo roce de mi lengua sobre su piel. Y ahora ella se ha ido, por fin, y cuento los minutos para que llegue Monsier Blanchard y abandonarme por completo entre sus brazos, aunque él insiste en que cuando estemos solos le llame únicamente Philippe.

  2. EL POETA DE LA BRAGUETA BAJADA

    La primera vez nunca se olvida, y aunque el transcurrir de los años le revela que no estuvo a la altura, Bruno guarda la experiencia inicial en el rincón de su memoria más apreciado. La disfrutó con dieciocho años, la tarde en que la Estrada, la vecina de enfrente, se presentó en su casa y su madre reclamó su presencia ante las dos. Bruno, avergonzado, se temió lo peor y ya preparaba su defensa, cuando sus sueños más húmedos se le presentaron al escuchar de boca de la mujer del pecado, que necesitaba ayuda en su piscina y que si él quería…, ella lo contrataba.

    No le hizo falta que lo guiaran por el palacio del deseo y ni que le indicaran su cometido, Bruno supo cómo actuar. Se descalzó de sus bambas rojas, se despojó de toda timidez y se tumbó desnudo en la hamaca. La Estrada sonrío, y cómo en sus mejores fantasías, le indicó que cerrase los ojos para disfrutar. Así, ella, se situó en su posición y empezó a trabajar de lo lindo con su aparato reproductor, a dirigirlo, a incitarlo con palabras lascivas y a solicitarle que cambiase de posición para conducirlo por lugares prohibidos siempre que él le correspondiera con poesías de amor. Recitó mal y sin rima, pero con voluntad hasta que la voz sensual de la experta le provocó la explosión de vitalidad. Cuando abrió los ojos, Bruno comprobó cómo la Estrada lo había grabado, irremediablemente, como el bufón del amor. Y con picardía le besó en la frente para darle la bienvenida al otro lado.

  3. Tareas veraniegas
    Cuatro horas, cuatro. Para fisgonear, beber, fumar y cascármela. A la piscina, que le den. En diez minutos la ventilo. Muy fina, la lencería de la señora Moreau. El tacto de sus bragas me excita. Dudo entre ponérmelas o no. Me las pongo. El roce con la fría seda me estremece y una erección asoma por la entrepierna de la braga. Arriba y abajo. Abajo y arriba. Más a prisa, más suave… Cuando estoy a punto para estallar, un ruidito en la piscina me sobresalta. Adiós erección, esto me va a doler. Bajo y todo parece en calma, pero unas extrañas ondas recorren la superficie del agua. Me acerco, intento ver el fondo. Algo se ha movido. Doy un paso atrás del susto. Me vuelvo a acercar, esta vez armado con la red. Sacudo el agua, espero. Nada. Entonces me miro y me doy cuenta de que llevo puestas las bragas de la señora Moreau. Me río de mi mismo y me vuelve la excitación. Otra vez, arriba y abajo, suave, deprisa. Se me doblan las rodillas. Caigo de rodillas al borde de la piscina y ¡zas!. Algo rojo y caliente me escurre por las manos. ¿Rojo?… Si rojo.

  4. “La noche de los descubrimientos”

    Apenas te enteras de lo que te encarga, pero cuando ella se va, te apuras para quedar con tus amigos y organizar una noche, de jolgorio y placer.

    Te despiertas y tienes unas bragas por sombrero. Las guardas en el bolsillo de tu pantalón. Bajas al salón, se han ido todos. Recoges botellas y vasos por doquier. Tu primera vez ha sido impresionante, aunque vagamente recuerdas con quién. Tampoco te acuerdas de una llave en la cerradura y una puerta que se abre, ni una mano que te agarra, y te lleva a la habitación de arriba… pero sí que te elevaban al séptimo cielo.
    Sales de la casa. Te sorprende… (¿no te dijo que hasta ésta tarde no volvería?) encontrártela tomando el sol en la piscina. Y te avergüenzas al recordar que no has cumplido con el encargo que te encomendó. Rojo como un pimiento, a la espera de un descomunal rapapolvo y dando por hecho que ya habría llamado a tu madre, se acerca a ti, y sellando con dos dedos tus labios, te entrega un sobre con dinero al tiempo que señala algo, rojo, que sobresale por el bolsillo de tu pantalón. Azorado sacas la braguita y ante tu asombro, te la quita diciendo…
    “Llévate otra, esta quiero conservarla, me recordará que la práctica y el tamaño en un hombre no lo es todo, su entrega, delicadeza, pasión, sí”

    Rosy

  5. Las alas del deseo

    “No te preocupes, querida”, había asegurado su madre a la señora Robinson, “Fede vendrá mañana a ayudarte con lo de la piscina, todavía está de vacaciones”. Luego, su padre: “Ten cuidado con el marido, me da que ese tío oculta algo”. La abuela desde la cocina exageraba: “¿Estará solo en la casa?, entonces, alguien tendría que acompañarlo ¿Y si resbala y se da un golpe en la cabeza?” A lo que su hermana respondió: “No te preocupes abuela, la tiene más dura que la bola de Miley Cyrus. (¿Cuántas veces te habrás tragado su vídeo, hoy, niño? Estoy de I came in like a wrecking ball hasta el culo)”.

    Y así fue como en casa de la atractiva señora Robinson, se levantó un vertiginoso castillo de aire, mezclando una bola de derribo, la curiosidad de un niño y, por supuesto, una imprescindible dosis de esfuerzo personal. Por lo que respecta al agua de la piscina, tenía una agradable temperatura.

  6. Nunca llega el momento

    Hoy tampoco la asesinarás. Te limitarás a imaginarla muerta en cada rincón de la casa y a ti con el cuchillo, la podadora, la sierra eléctrica, o la pistola que su marido guarda en el cajón. La mejor escena es cuando ella te explica lo de la piscina y tú la asfixias con un cable, y después la dejas caer al agua, mientras observas como su cuerpo se hunde. Te excita pensar en su cuerpo amoratado en el agua. Pero hoy volverás a limpiar la piscina e irte, como cada sábado.

  7. Misterios de las piscinas.

    Nunca creyó que la dueña de aquella casa le llamara a él para limpiar la piscina. Había algo en esa construcción que le hacia pararse siempre que pasaba camino del instituto. Su amigo Tomás se reía contemplado su cara de absoluto arrobamiento al avistar aquella fachada que le recordaba la proa de un barco. Si lo viera ahora no se reiría y escucharía atónito toda su historia. Es lo único que lamenta, que no lo volverá a ver, pero sabe que es la mejor decisión que ha tomado. El navío pirata surgió del fondo de aquella piscina eclipsando todo a su alrededor, majestuoso entre la espuma de las olas. Al escuchar los canticos atronadores que surgía del interior de la nave tuvo la certeza de que venía en su busca. No recuerda como trepó hasta la cubierta, ni le importa, es feliz surcando los mares y cantando junto a su nuevo amigo John Silver El Largo. No se puede pedir más gozo de una piscina, él tiene todo lo que quiere: el viento jugando con su pelo y el horizonte infinito.

  8. Ni nadar ni guardar la ropa

    Siente un gran deseo de quedarse solo en aquel chalé de lujo y sin embargo, cuando Eugenia sale de la casa atravesando el jardín, no puede evitar que al cerrar la puerta un escalofrío recorra su cuerpo. La luz crepuscular que se abre paso a través de la cristalera, llena la piscina de sombras de mil colores, igual que fantasmagóricos peces debatiéndose en una desesperada búsqueda de alimentos. Acaba de cumplir los diecisiete y no piensa dejarse intimidar por una sensación de miedo propia de un crío. Cuatro horas son tiempo suficiente para disfrutar de esta oportunidad que se le ha presentado llovida del cielo y no piensa desaprovecharla. Desordenadamente deja su ropa sobre una de las tumbonas. La cúpula acristalada, las columnas de mármol, el vaho que emana de la superficie del agua y su cuerpo desnudo empapado en sudor le hacen creerse un moderno Trajano entrando en sus termas. Aún receloso vence sus temores y en picado rompe la calma cristalina. Un violento chapoteo acalla los gritos y el color rojo conquista este ilusorio Nilo.
    Con la precisión de quien está acostumbrado a realizar un ritual, Eugenia regresa de la mano de Marcel cuando el tiempo estipulado se ha cumplido. Ella recoge la ropa mientras su marido pone en marcha la depuradora para dejar completamente limpio el acuario de su pequeño.

  9. Iniciación
    Cuando la mujer se va, Danny suelta el aire de golpe. Mira el reloj: el reto es aguantar hasta la tres de la tarde en la casa. No todos los chicos del instituto lo han logrado y algunos de estos han tardado semanas en volver a clase. Deambula por las habitaciones con cuidado de no tocar nada. Por todas partes hay pequeños letreros de cartulina que dicen «ábreme», «tócame», «cómeme», «bébeme».
    Ahora empieza a entender por qué un rato antes de entrar en la casa la vecina, una vieja chocha que llaman Alicia, le ha gritado desde el porche que el truco es no caer en las tentaciones, que si lo haces pasan cosas. No ha dicho más y se ha quedado mirando al cielo.

  10. COMO UTILIZAR LA IGNORANCIA

    2:13 horas de la madrugada , él entra al salón directo, se tira en el sofá y pone la TV la oigo de fondo mientras pienso: da igual a la hora que vengamos, da igual si la película esta terminando, da igual todo, puffffff que rabia le tengo a esa manía suya, si pusiera música, la luz tenue y me esperara con una copa o irnos directamente juntos y un rato de charla en horizontal, solo son tres años que estamos juntos…eyyy creo que me llama – .

    – Dime,

    – Nena mira que ocurre, esta película que hablan en francés y la traducción viene en ingles, ¿me ayudas? , – intento solucionarlo, pero no hay manera, no se que hace con su mando viril luego me tocará configurar durante un buen rato hasta que lo arregle -.

    – Lo siento cariño, no es momento, mañana tranquila lo arreglo – presto atención a las imágenes y la conversación y pienso me la voy a inventar, de todas formas no se va a enterar –

    – Creo que la he visto, si quieres te la cuento, y por esta noche apagamos la TV.

    – De acuerdo, ¿aquí o en la cama?

    Vámos hacia la cama y comienzo a inventar inventar….

    9:45 de la mañana, noto la luz y sin moverme recuerdo con sumo placer la escena que le conté de la piscina.

  11. Travesti

    Corrió por las escaleras, hasta subir a la buhardilla. Allí, se encontraba la maleta, tapada y escondida. La arrastró hacía él con gran esfuerzo. Tuvo que pensar unos segundos cual era la contraseña, pues hacía tiempo que no había vuelto a abrirla.
    Sus ojos eran como platos. Qué alegría volver a ver aquellos zapatos de tacón, y la boa de colores. Siguió rebuscando en el fondo de aquella maleta, y encontró unas pestañas postizas; que tanto gustaban a su amigo York, y que su madre odiaba.
    El vestido de lentejuelas color fucsia, aún pasado el tiempo estaba intacto. Se desnudo, y fue poniéndose cada uno de las prendas. Cuando acabó de vestirse: bajó hasta el baño para mirarse al espejo, y así, poder pintar sus labios color carmín.
    Se oyó el ruido de la llave en la cerradura, Pool miró el reloj, y ya había agotado todo su tiempo, y aún no había limpiado la piscina. Con los zapatos de tacón empezó a bajar las escaleras, tropezando hasta llegar a caerse. De nuevo en pie, pudo llegar hasta la zona de la piscina: olvidando en todo momento su vestimenta.
    Perpleja y paralizada se quedo Mery al ver a Pool, vestido de aquella manera. No era la única vez, pero a ella no le gustaba nada

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