Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto de Gina Vasquez? No se trata de que cuentes lo que se ve, sino de que inventes una historia en la que encajar esta imagen. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

It takes an ocean

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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113 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Soltó el globo relleno de pez y el helio lo hizo ascender sin miramientos. El pobre animal boqueaba asustado y, distorsionada su vista, pedía auxilio a la niña que lo había sacado de la tienda de mascotas. Ella, con la crueldad propia de su infancia, le decía adiós con una lágrima curiosa pero cínica que caía con rapidez por su moflete sonrosado.
    El globo estalló y miles de fragmentos naranjas la cubrieron.
    – “Mamá”, dijo llorosa – “¿me compras otro?”
    La adulta, absorta en el buceo a través de las teclas de su móvil, asintió con evidente desinterés.
    – “No sé por qué te duran tan poco las mascotas”-, le respondió. “Es que se te mueren volando”.
    Sin despegar la vista del aparato, se levantó y le tendió una mano para salir de aquel remanso de tortura.

  2. El mar en sus pies era una sensación extraña, lametones frescos que lograban que su cuerpo se encogiera pero sin apartar su mirada de aquel extraordinario globo. Le pregunté sobre el pez que habitaba aquella pecera insustancial. Giró su rostro hacia mi, tranquila; tras el velo de su cabellera me contestó: “Ha muerto y deseo que vaya al cielo”

  3. Metamorfosis
    ——————
    Él con su perro y ella con su pez, más o menos a la salida del sol y siempre en la frontera de hasta aquí llego. Él con unas agallas incipientes que ya le tatúan el cuello y ella con cinco dedos perfectos en cada pie. Se miran sin hablarse, que ya no queda casi nada, se dicen, y pala en mano comienzan a perfilar el castillo de para siempre.
    Él se esfuerza por escamarse la piel mientras a ella se le va haciendo pátina.

  4. El pez volador no consolaba la tristeza de la niña. Aunque le dijeron que era verdad, que existían, que había peces que volaban. Ella no daba crédito, les miraba con incredulidad, le tomaban por tonta, pensaban que aún era esa pequeña que vio un dibujo de un pez volando en un cuento. Nunca le entendieron, nunca entendieron que no quisiese decirles nada, que no musitase ninguna palabra desde que nació. Y aquella tarde cuando se lo llevaron allí para demostrárselo, en aquella playa en donde le gustaba estar sola, oyendo el oleaje, sintió pena y lástima por ese pez que habían metido en un globo, por ese encierro en el que estaba aquel pececillo, y que representaba toda la opresión que ella sentía, esa pesadez y ahogo que nadie entendía, y esas ganas de no vivir que tuvo desde el principio.

  5. La sirena

    Llevo horas esperando. Conservo mi parte pez en el globo que me regalaste el día del circo. Tú deberías guardar tu parte pájaro en la jaula de red que anudé para ti. Y tendríamos que encontrarnos aquí, entre el mar, el cielo y la tierra.
    Si atardece sin que aparezcas sacaré el alfiler del vestido, pincharé el globo y volveré al mar. Y no habrá pájaro ni trapecista capaz de rescatarme.

  6. Fe

    Para dibujar una sonrisa en tu semblante triste te regalé un globo, con su pez naranja y su agua dulce. Esto es imposible, dijiste mientas sujetabas con fuerza el cordel. Y tras pronunciar esas palabras te quedaste sola en la orilla, sin globo, sin pez y sin mí.

  7. PISCIS
    Puedes tocar el océano con la punta de los dedos, pero temes que quiera tragarte. ¿Acaso no anhelas ser feliz? Prefieres desalar la esencia de un pez y atraparla en otras aguas; muy dulces para ti, muy amargas para él. Es hora ya de soltar la congoja que te ata, pero antes debes dejar libre al astro que vela tus sueños. Y bucear entre las olas de su estela. Y nadar a contracorriente. Y mojar la almohada. Sólo así sabrás, que de alguna manera, todos pertenecemos al mar.

  8. Había conseguido reunir el mundo en un globo. Agua, para la vida. Una mijita de aire, para ensanchar horizontes. Una pequeña criatura, para amarla siempre. Luego se sentó a la orilla del mar, solo esperando, hasta que llegara alguien con quien poder compartirlo.

  9. AMOR A PRIMERA ORILLA

    Nos conocimos una tarde de penumbras habilitadas para el tacto, en una playa cómplice y sordomuda. Caminabas con tus huellas ansiosas de arena húmeda y olvido, con tu vestido de volados cargados de eternidad, con tu mirada serena, azul, infinita. Yo había sacado a pasear mis miedos sin bozal, mis huesos moldeados en claustrofobia, mi mirada pequeña, escurridiza y huérfana.
    Nos miramos directamente a las ausencias y supimos que éramos el uno para el otro. Nos acercamos, me regalaste una astilla de tu mundo, te ofrendé la vastedad de la independencia que me quedaba holgada, y nos sujetamos con uñas y branquias y desvelos y silencios.
    Ahora nos movemos al unísono, a veces reptando, a veces planeando, mirando de reojo a la realidad, al poniente en penumbras, a las huellas del destino ansiosas de arena húmeda y olvido.

  10. EL PODER DE LA PLAYA

    Se descalza, se desmelena y se sienta en la orilla. Las olas vienen y van, vienen y van, vienen y van… y en su cabeza una cantinela.
    El informe es para hoy. Tenemos que hablar de lo nuestro. ¿Cobraremos este mes? Ingresamos ayer a mamá. Debe usted dos cuotas del coche, señorita. Es posible que estés embarazada. Cari, Germán es un cabrón, ayer me pegó. Tiene cincuenta mensajes por leer. Hoy despiden a Camilo. ¿Me escuchas o estás en babia?
    Una niña sonriente se acerca y le devuelve a la arena. Cuando la tiene delante, pregunta.

    —¿De dónde sales?
    —De aquí.
    —¿Y qué haces en esta playa tú sola?
    —Jugar.
    —¿Con el globo? ¿Es un pez lo que lleva dentro? Qué bonito es. ¿Me lo cambias?
    —No, el tuyo pesa mucho y es feo.
    —Cuánta razón tienes, casi no puedo con él.
    —Pues yo te ayudaré.
    —¿Cómo?
    —Pínchalo e inflaremos otro con un arcoíris dentro que te devuelva la sonrisa. Es fácil, solo hay que soñar.

  11. ¡Nada!, ¡Libre!

    Mientras lo soltaba en el agua, seguía sin entender, cómo le había tocado en la tómbola… ¡un pez!
    Siempre que sus padres compraban boletos, y desde que ella recordaba, les habían regalado de todo: Una manta, dos perritos de peluche, aquel orinal para el abuelo, un osito de plástico, hasta una lavadora y dos sartenes, pero jamás un pez, de carne y hueso… digo… espinas.
    ¿Acaso se podía regalar una vida?

    Rosy

  12. O si, o si…

    Si ustedes son curiosos probablemente se estén preguntando qué hago en la orilla de la playa. Las respuestas las dejo a su elección. Aunque confieso que nadie ha acertado nunca la verdad. Piensan, sin razonar, que soy una sirena convertida en mujer por la fuerza del amor a un Ulises cualquiera. O una niña con querencia al mar. O que vengo a cantarle a Alfonsina. O si soy la loca del puerto esperando sin esperanzas. O si, o si…
    La verdad es que la verdad no es siempre lo que parece. A la verdad no se le concede crédito cuando parece inverosímil. ¿Quién puede creer que soy una espía? ¿Quién va a creerme si les digo que lo que ven atado a mi mano no es un globo? ¿No es irrisorio pensar que el pez que llevo conmigo se llama Rodolfo y trabajamos juntos? Y, ¿no es menos divertido saber que les estamos espiando a ustedes y grabando sus reacciones mientras nos están mirando?

  13. Karma cabrón
    No disimules. Sé que disfrutas teniéndome aquí encerrado, que así te vengas de todo lo que te hice y que crees que bastará soltar la cuerda para que yo desaparezca de tu lado. Te confundes, amor: siempre estaremos juntos porque, por muchas vidas que nos inventen, nunca podremos abandonar los límites de esta fotografía.

  14. Soy libre… de ti.
    Marrón. Puedo ver tu cabello, aliado de tu rostro que no quiere mostrar su tristeza, sabes bien que estás cometiendo un error, pero jamás lo admitirías.
    El globo explotará en cualquier momento, lo sé. Es la pecera más débil que me has dado. No sé por qué haces esto, yo no te hice nada. O tal vez sí. ¿Por qué no me respondes? ¿Es que ya no me quieres? Qué estoy diciendo, nunca me quisiste. Sólo soy una gota naranja que nada en la soledad del agua del mar.
    Te pones de pie, me miras por última vez. Llegó la hora. Siento cómo tus dedos abandonan el hilo y tus ojos miran mi partir. Me elevo. Subo alto, alejándome cada vez más de tus manos, mi refugio. Cierro los ojos y dejo que me lleve el viento. Al fin eres libre de mi.

  15. EL PASEO
    Mientras se preparan para salir, la niña observa los agiles movimientos del pequeño que nació en la pecera, sus ojitos parecen decirle que también quiere ir. Prepara un globo con agua y lo coloca dentro, es posible que sus padres se opongan, pero ella sólo quiere llevarlo para que conozca el mar.

  16. En la pecera

    Tenías todos tus sueños flotando en el mar de tus ojos. Yo también estaba en ellos, encerrado en una pecera, la mascota que por costumbre no te olvidabas de cuidar. Era tu pececillo, daba vueltas en círculos, me observabas con curiosidad, y yo te miraba, boqueaba ante ti, deseaba que tus labios se posaran en el cristal y anhelaba acercarme a besarlos. Pero pronto perdías interés en mí y acudías a esos otros que bailaban hasta el amanecer en tu playa bulliciosa. Me alimentabas de gambitas secas, pero jamás me echaste ni una miaja de sonrisa ni una pizca de te quieros. Me conformaba con eso, con el sabor a bollo recién hecho que quedaba en las gambitas cuando las tocaban tus dedos.
    Muchas veces me preguntaba por qué estaba yo ahí, en tus sueños, si no me deseabas, si nunca había significado nada para ti. Un día me respondiste: “Porque no soy yo la que te sueña, sino tú el que está soñando que yo sueño contigo”. Esas palabras rompieron la pecera, se escapó el agua de ella y yo casi me ahogué con ese aire tuyo de alta montaña. Ahora sobrevivo en el charco de mis lágrimas mientras tú chapoteas en él y me clavas muy profundo el arpón de tu indiferencia.

  17. Iniciación a la fantasía

    Así que era verdad. La historia de la abuela sobre los carpines y los niños. Tenía prohibido, o había prometido no contárnosla. A ella también le cerraron la radio el día de “La guerra de los mundos”. La dejó escrita en un cuaderno. Pero, ¡Ay abuelita querida! al relato le faltaban páginas, una sí y una no. No había quien comprendiera. ¿Quién las arrancó? ¿Por qué? ¿Qué miedos? Por aquellos días casi no quedaban autónomos, La fábrica era insaciable. Ahora, al ver salir a la niña del mar, “con el vestido completamente seco” comprendo. Se lo cuento a ustedes, para que la verdad no muera. Me voy, díganselo a mis padres, por favor. Pero antes de salir para entrar, debo hacer una última comprobación. La niña abre aquí mismo su bolsito, menos denso que el aire, y, sí, me entrega el relevo. No es la partitura de “I’d rather be high”. Al fin sonríe. Como si empezara a percibir que el viaje continúa mejor después de haber viajado algo.

  18. Ella había encontrado un amigo. Era de su misma edad, al parecer. Desde el primer momento compartieron sonrisas y correteos. Se atrevió a alejarse de sus padres para jugar con su nuevo amigo. La playa no le gustaba, hería sus pies, y el mar le daba miedo, se la podía llevar en cualquier momento. Pero mientras jugaba con su nuevo amigo, nada de eso consternaba su mente.

    Un momento después, cuando buscó a su madre para que le infundiera un poco de seguridad (así son los niños pequeños) y no hallarla, se soltó a llorar. Su amigo huyó a los brazos de sus padres, pero ella se quedó ahí, soblemente abandonada.

  19. No es oro todo lo que reluce

    Las 3:33. Maldita luz. Todas las noches la recurrente pesadilla hace que me despierte a la misma hora 3:33, ni un minuto antes ni otro después. Luce en el despertador como un faro en noche de tormenta. 3:33, parpadea, como guiñándome un ojo, recordándome que desde hace un mes, cada condenada noche, vienes a torturar mis sueños, a pavonearte en ellos, mientras paseas mi cuerpo ingrávido atado a tu mano cual globo de feria. Y yo, como pez fuera del agua sólo boqueo, hasta que sin aire, consigo abrir los ojos y ver. Las 3:33.

  20. Hay cosas complicadas. Hay momentos complicados y urgentes, Incluso en la más romántica de las citas, caminando a la orilla del mar, de la mano de príncipe más azul, esos momentos ocurren. Urgencias impostergables. Que secan en nuestra boca todas las palabras. Y secan todos los pensamientos de nuestra cabeza. Momentos que hacen sordos nuestros oídos incluso a los versos más dulces que jamás se hayan dicho.
    Hay una urgencia, y hay que resolverla pronto, pero con estilo. Siempre con estilo.
    Por se explica que ella se soltara de la mano de su bien amado y se sentara en la orilla del mar, donde las olas iban a morir. ¡Qué imagen más romántica y dulce!
    ¿Quien diría que una pregunta que hiciera en su primera infancia, volvería a su memoria justo a tiempo para salvar el momento?
    Así, nuestra heroína meó tranquilamente sentada en arena mojada, mientras el agua del mar lo disimulaba todo. Y sonreía con una sonrisa de placer, que al tonto príncipe le resulto encantadora.
    Ella, mientras, recordaba con gracia haberle preguntado a su abuelo, frente a la pecera, si los pescaditos también meaban. ¡Claro que sí, pero no nos damos cuenta porque no se ve!

  21. CONFESIONES

    Me acuclillé hasta quedar a la altura de la pecera y pegué mi oído al cristal transparente. La carpa roja se acercó boqueando y me susurró: “Quiero volar”. Entonces inflé un globo, metí el pececillo dentro con un poco de agua, y me lo llevé hasta el mar. Ya en la playa, al amparo de ese cielo inmenso que todo alguna vez se lo lleva, lo solté. Por suerte el viento de levante facilitó las cosas y el globo se elevó rápidamente hacia el interior, para luego perderse muy lejos entre las montañas.

    Ahora solo espero que cuando el globo explotase (los globos siempre explotan), lo hiciera al pasar justo encima de un regato de agua.

  22. La chica con los pulmones rotos

    Érase una vez una niña que cayó al mar y tragó tanta agua marina que le explotaron los pulmones. Por eso necesita estar cerca del mar. Cuando se aburre, saca un globo del bolsillo, lo hincha con agua y aire, y antes de atarlo mete un pez.

    (escrito al dictado de mi hija Alejandra)

  23. ¡MI NIÑA¡

    Y te llena, rebasa, inunda .
    Sobrepasa,
    no sabes como sacarla.

    Descubres que allá
    en ese fondo de tu mar,
    en esa cueva de las profundidades
    allá, lo más lejos posible,
    llegó otro cargamento.

    Al caer remueve
    y tú no quieres recordar.
    Llevas tiempo luchando
    para que no suceda,
    has puesto contrapuertas,
    de agua, viento y madera.

    Aprietas los puños
    y entrelazas tus manos
    buscas aliento
    reconoces de sobra
    ese comienzo:
    “frunces labios,
    a la altura del pecho entra un temblor
    y tus ojos mientras tragas ,
    al sentir un nudo en la garganta
    se fruncen y entrecierran por el dolor”.

    No, te dices:
    no, no, no quiero
    y de nuevo te hablas,
    balbuceas: papá, papá, pa pá…
    ya nada es igual.

    Hace años que no está,
    ya no dirás: ¡mi niña¡
    y en esa tristeza
    se suma a su ausencia
    otra nueva.

    Te sumerges,
    buscando la entereza
    no quieres llorar.
    Miras al cielo, imploras ayuda
    a las almas , al infinito, al más allá.

    Notas una energía,
    y tu mente proyecta con total nitidez
    lo que él, dijo tenías que hacer.

    Rememoras:

    Mientras se acercaba, él, supo ver en ese globo parte de mi alma:

    – ¡Mi niña¡, cuanto te entiendo y lo siento, sabías que llegaría el día en que habría que marchar.

    – Esta isla es como tú: bella, rodeada de horizontes, abierta y con un volcán, como aquel que anida en tu corazón.

    – Las cañas de bambú, las palmeras, las rocas negras, las montañas verdes, los caminos llenos de flores, las plataneras, tú por encima de las nubes, todo eso siempre estará en ti.

    – Cuando estés triste, regresa en tu memoria donde aprendiste a amar, nada te perturbaba y la naturaleza apartará en breve tiempo ese malestar.

    – Cuando te sientas sola, abandonada…recuerda que eres y de quien formas parte y suavemente la sonrisa volverá, la armonía de la Naturaleza te envolverá en el abrazo más completo y de nuevo tu espíritu entenderá…

  24. Y al pez le dijeron sus padres que jamás podría tener una mascota humana. Que tendría que sacarla a pasear fuera del mar y que cuando fuera mayor se cansaría de ella. De momento parece que aguanta.

    (J.A. Álvarez)

  25. QUIMERAS
    Ella siempre había soñado con tocar las llamas. En invierno, bajo la atenta mirada de un adulto, solía contemplar durante horas cómo el fuego recorría los troncos, devorándolos a su paso.
    —No puedes —la regañó su madre, un día que la sorprendió tratando de meter su mano en la chimenea.
    —Pero, ¿por qué?
    La niña, que no atendía a razones, nunca quedaba satisfecha con la respuesta de la mujer.
    —Veamos… —caviló. Estaba cansada de explicar que se heriría—. Tú no puedes tocar el fuego, al igual que un pez no puede volar, ¿entiendes?
    Lucía asintió, reflexiva.
    Cuando consiguió que el animal se alzase sobre su cabeza, apenas había pasado una semana.
    Sonrió para sí misma, satisfecha. Estaba preparada para cumplir su deseo

  26. Sé que vengo a destiempo, es mi sino, pero es que este lunes me iría muy bien que volviera a ser viernes. Ains!

    Simbiontes

    Aunque te guste jugar en la orilla, creyendo que así me castigas, paseando por el filo, asomándote al abismo. Sabes que no te sería tan fácil desprenderte de mí. Que en cierta manera soy lo único que te ata a una difusa noción de realidad. Que no puedes soltar sin más el fino hilo que nos une, a ti y a mí, tu pececito grillo. Que caerías irremisiblemente en un mar de incertidumbres. Y de eso es de lo que me aprovecho.

  27. ESTO NO ES UN RELATO

    Todos somos peces de colores en nuestro globo suspendido en el espacio. Boqueando, con nuestros tres segundos de memoria que se pierden en la historia. Creyendo tener visión periférica de lo que nos rodea cuando lo único que vemos y vivimos es sólo una parte ínfima y distorsionada de lo que debería ser nuestra existencia.
    Y mientras tanto, la mano firme de la madre Naturaleza sujeta el hilo, para que no nos arrastren las olas de la locura…

  28. El pez de colores
    Laura tenía un barbo rosado, un hermoso barbo rosado. Se lo habían comprado sus amigas cuando se suspendió la boda. Intentaban que olvidara, que se consolara, que… ¿Quién sabe lo que querían? Laura, sin embargo, no podía olvidar. Cada vez que miraba al barbo rosado recordaba a David. Pasaba las horas contemplando sus juegos. Llegó a imaginar que, por un extraño sortilegio, David se había metamorfoseado en pez. Así no se le escaparía.
    Un día, el barbo morado amaneció muerto. Laura no perdió el tiempo. Unas horas después, ya había comprado otro barbo morado: resultaba ridículamente fácil sustituir un pez por otro. El nuevo era, quizá, un poco más grande que el primero, pero para Laura seguía siendo el mismo barbo rosado. No podía dejar de mirarlo.
    A veces, se sorprendía hablándole, contándole problemas del trabajo o planeando con él las vacaciones de verano. Encontraría una forma de que el barbo le acompañara a la playa.

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