Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto de Rolland András Flinta? No se trata de que cuentes lo que se ve, sino de que inventes una historia en la que encajar esta imagen. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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19 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. El hilo

    El hilo acaba rompiéndose. De tanto estirarlo, de sentarte encima de él, de comérselo los pájaros. Un día desaparece y te encuentras flotando sobre una mentira azul. Después, si tienes suerte, encontrarás otro hilo sobre el que mantenerte erguida. Casi siempre, un espejismo de hilo.

  2. _Tendal sombrío_
    Se me murió el pájaro que despertaba mis mañanas. Cayó estampado contra el suelo expirando en la línea del amanecer. Ahora vivo colgada en las noches, tendida de esa cuerda insomne que ni el pijama, la almohada y tus caricias pueden recoger.

  3. Verdades y mentiras

    Tu mentira te mantiene cómodamente sentada, erguida en tus apariencias, con la mirada perdida y a la espera de que te alcances a ti misma en la carrera hacia la realidad. Mientras, la verdad habrá muerto en algún rincón pintado de olvido. Por debajo de la fina línea que la separa de la mentira, sepultada bajo sueños con forma de plumas azules y llenando tu vida con el aroma de los vuelos que nunca serán.
    Se pudrirá la verdad bajo el trinar silenciado…

  4. CONCIERTO

    Las mañanas tristes donde el corazón vence a la razón, ella se sienta en el alféizar de su ventana y, en silencio, clama por su regreso. No tarda en recibir respuesta. A su llamada siempre acude un jilguero azul que le trina como los ángeles y le extrae una sonrisa dulce. Y es entonces cuando se reconocen y juntos interpretan piezas de Verdi, Puccini, Bach, Strauss… Que nosotros, los viandantes curiosos, recibimos, ya no como una locura, sino como un acto de amor que ovacionamos a su final, cuando el jilguero se pierde en la inmensidad del cielo y ella se esconde y regresa a su soledad.

  5. – “Menuda pájara estás hecha”-, me dice cada mañana mi jilguero favorito.
    – “Calla, pajarito, y sigue picando. Pica y canta como solo tú sabes”-, le respondo, inocente y fresca, recién amanecida.
    – “Sí, sí, ahora me dices que me calle, que solo cante, pero anoche bien que me decías…”
    – “¡Te he dicho que calles y piques, so plumífero”.
    Las vecinas, oído avizor, se asoman levemente a los balcones.
    – “Calla y pica”, pronuncio con firme voz.
    El jilguero refunfuña, se da media vuelta y obedece mis órdenes. Susurra, aunque le oigo, un nuevo “menuda pájara”. Mi mirada azul bisturí le hace cerrar el pico antes de que termine la frase. Las vecinas se esconden y comienza el rosario de bisbiseos de cada mañana. Sé que critican nuestra relación, pero sé que a nadie le importa lo que yo haga para llenar mis veladas noches.

  6. Como genuflexo pajarillo de beso postrado y sin sobrepasar la raya limítrofe impuesta: ahogado, sometido, preso y humillado. Así murió. Asfixiado de placer en la efervescencia del volcán que custodiaba al final de sus infinitas piernas la despiadada diosa a la que adoraba.

    *L* (Palabras Al Viento)

  7. Mira, el gorrión nos avisa. Su muerte anuncia que la nuestra está próxima. Haz como yo, no respires o respira poco; así, despacio. De esta forma el último soplo de vida llegará algo más tarde. Sí, ya sé, cinco minutos o a lo sumo diez… Al final, se cargaron el planeta.

  8. Me impresionaba verla sentada sobre el alféizar de la ventana. Ella tan blanca, tan etérea, tan inanimada, como si aguardase un soplo de viento que la llevara lejos. Cada mañana, a eso de las diez se sentaba a esperar. Nuestra vista se habituó a su presencia, como un elemento más de la decoración de la fachada de la finca. Permanecía horas inmóvil, detenida en su tiempo.
    Un día un jilguero azul se detuvo a su lado. Muy cerca, inmóvil. Días después me pareció observar que la piel de la mujer iba adquiriendo tintes cerúleos. Mis sospechas se confirmaron a las pocas semanas. La mujer se posó sobre el alféizar, agitó las alas y un soplo de viento la elevó hacia el cielo. El jilguero quedó inerte junto a su ausencia.

  9. Reflejos

    Encima de mi vestido las manos desnudas y quietas
    mis dedos inertes se buscan con sus ojos espesos
    encima de mi vestido de colores pálidos
    se reflejan pensamientos rojos

    Sentada con las piernas juntas
    los pies descalzos sobre la cantera mojada
    mis manos encima de mi vestido
    que refleja transparencias

    La espalda erguida sigue perfecta la línea recta
    del respaldo de una silla que no existe
    y que abraza con suavidad
    los hombros plateados

    Ojos verdes de brillos
    mirando cerca y lejos
    la respiración esparciéndose lenta
    encima del vestido que llora

    Suspiros amarillos, secretos confundidos
    yo sentada de piernas juntas en silencio
    alguien sabe que mi corazón no sonríe
    y decide morir por mí
    L.Ruiz

  10. La imposibilidad de los parques

    Hay bellezas que pueden enamorar con tan solo su visión fugaz. Bellezas que obnubilan, que enloquecen, por las que se pierden imperios y se cruzan océanos. Pero solo ella tiene la belleza azul y melancólica de la muerte.
    No la verás paseando por un parque. Los estorninos y gorriones huyen en bandadas cuando la sienten cerca y los pájaros cantores, arrebatados, caen muertos a su paso sobre los parterres con el sonido de gruesos goterones.
    Solo su sonrisa impide que el jardín parezca un cementerio.

  11. Por un simple pajarillo

    Para recuperar el equilibrio, me apunté a clases de yoga. La meditación me ayudaba mucho; después de algunas sesiones, lograba salir de mi cuerpo, me elevaba sobre la sala, y me quedaba sentada en el platillo de una balanza, completamente centrada. Desde allí observaba todo, con los ojos cerrados. En un platillo de la balanza estaba yo y en el otro, el mundo. Y el mundo ni me alzaba a las estrellas ni me hundía en el abismo aplastándome con su peso. Permanecíamos cada uno en su sitio, en paz y armonía. El problema surgía cuando se me acercaba ese pajarillo revoloteando, se posaba en mis pies y comenzaba a picotearlos. El peso de ese diminuto ser me hundía en la añoranza de volver a sentirme rodeada por tus brazos.

  12. En el límite
    Y el pico pertinaz del pájaro azul vuelve a derribar el muro, sobre el aparente vacío, que se reconstruirá en cuestión de segundos. Es, precisamente, en este límite donde están las cosas que ella escribiría si fuera, como el escritor, escritora.

    Bluebird
    Al borde de la existencia, allí donde giran las cosas inauditas, espera al pájaro azul. Solamente su pico audaz hace manar la miel de sus henchidos labios.

  13. Por un capricho;

    “Ahora que soy mujer quiero volver a ser pájaro. He vendido mi alma al diablo creyendo que así podría volar más alto. Qué desengaño. Ahora no sé qué hacer. Se me ha quedado cara de tonta. He vuelto a encaramarme en lo alto de mi alambre por si Satán se digna a pasar por delante y me da al menos la oportunidad de alquilarla con opción a compra… pues le he pedido hombre a poder ser “

  14. ALTA TENSIÓN

    Mariela tiene una arriesgada obsesión por las alturas que la lleva, día tras día, a tentar a la gravedad. Vive continuamente en la cuerda floja, sin temor a caer.
    Como los pájaros, ella también sabe de tejados, de cornisas, de barandillas de balcón y de tendederos.
    Como los pájaros, Mariela ha decidido posarse hoy en el cable de la luz.

  15. DEPENDE DE LAS MIRADAS // UNIDAD

    Fui educada en la mirada horizontal , esta es analítica, racional. Donde se intenta explicar todo literalmente. Es la mirada de un mundo que sólo comprende la existencia de otros seres que pueden analizarse en la descomposición.
    Es la mirada de la ciencia moderna…

    Observé con el tiempo que no estaba conforme con esta única mirada y añadí otra sin conocer su denominación en su momento. Es la mirada vertical imprescindible para mi existencia, es simbólica no literal, es cualitativa, ella me hace contemplar las realidades más allá de los fenómenos.

    Es una mirada que comprende que no soy ajena a lo que me rodea, que formo parte de la misma materia que contienen las estrellas y la esencia de ángeles, que no hay diferencia entre lo visible e invisible llegando así a un conocimiento de la Unidad.

    Y así, sintiéndome muchas veces peculiar, en ese andar encontré a Humberto Dib escritor, me enseñó la mirada plasmática y entendí y ¡entiendo tanto¡ ahora la UNIDAD.

    Necesidad vital que exista de ella para nuestro BIEN.

    “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro”

    Platón

  16. Y UN DÍA VOLÓ

    Marta comenzó a subir al tejado en la adolescencia. Huía allí de su confusión, de las broncas en casa, de no estar segura de qué pasaba con su cuerpo.
    No dejó la costumbre cuando llegó a la universidad (antes de los exámenes, cuando suspendía, cuando estaba confusa por algún chico).
    No tiene claro porqué acabó casada. Pero continuó en aquel piso; sus padres se volvieron al pueblo. Así que continuó subiendo allí, igual de perdida cada vez.
    En todas las ocasiones coincidía con un pájaro azul, al que subía algo de alpiste.
    Hoy subió por última vez. Llevaba una pequeña mochila. Nunca bajó. Algunos juran haber visto un enorme pájaro azul con una mujer encima.

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