Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto de Giuseppe Colarusso? Os recomiendo que paséis por la página de este autor y echéis un vistazo a su colección Improbabilità. Encontraréis un buen puñado de imágenes imposibles, al estilo de los binomios mágicos, que seguro que encenderán vuestra chispa creativa.

Como de costumbre, no contéis lo que se ve, sino inventad una historia. Sed imaginativos, no caigáis en los clichés.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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49 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Mudanza

    No, no me dejes aquí; llévame contigo adonde vayas. Prometo no ocupar sitio en tu vida, ser silencioso, no molestar. Si alguna vez traes algún chico a casa, no me pondré celoso. Bastará con que cierres mi caja y, en la oscuridad, mi memoria de pez se borrará. Cuando al día siguiente abras de nuevo, ver tu rostro será como contemplar un amanecer.

  2. El circo de los peces

    Papá era el mejor mago que tuvo el circo. Hacía desaparecer a las bailarinas, rescataba trapecistas de la red y convertía los cuchillos en mariposas. Mamá se daba cuenta de dónde aparecían después, pero entonces papá la convertía en pez y la colocaba en una caja. Ella hacía como que olvidaba todo y guardaba los cuchillos. Hasta que llegaba la siguiente bailarina.

  3. Mis queridas Majestades
    ————— ~ —————
    Naricilla respingona y un cuerpazo de escándalo, que tampoco me importa si de cintura para abajo es más pez que mujer o que cabra montesa, que de sobra sabéis que no ejerzo, pero que no me vuelva loco como la del año pasado, que no me pida paraísos imposibles ni se pase el día anotándome errores en una memoria descomunal. La quiero sencilla, pequeña, casi volátil si se puede, que flote por la casa y apenas recuerde tres minutos de lo que acabe de vivir, que a golpes pequeñitos sí me sé capaz de satisfacerla.
    Y roja, si se puede elegir.

  4. SIN SENTIDO

    Me encontré una caja de cartón en medio del salón. No parecía llena, tampoco vacía. Solo un pececito anaranjado flotaba en la nada junto a una nota de despedida. «Llego mi hora, amor. Cuídalo», me dejó escrito Ariel.

    Desde entonces, ni el silencio que me regaló, ni la soledad en la que me sumió, ni el pececillo que aún no habla han podido explicarme por qué se fue si nos queríamos tanto, tanto, tanto dentro de nuestro cuento de amor.

  5. Sé que me estáis mirando con sorpresa, claro que lo sé… Es que hay muchas cosas que ustedes, los humanos, aún no habéis aprendido. Por ejemplo, que vale la pena soñar, plantearse metas más allá de lo posible, y luchar…

    Ya veis, yo lo he conseguido.

  6. ATAÚDES

    Puso el pez en una caja de cartón. Los cachorrillos que acaba de parir su perra, en la pecera rebosante de agua. Y a su hijito —¡ay por qué su querido hijito!— en un pequeño cajón de madera.

  7. Estaba de buena suerte, acababa de encontrar nuevas paredes para su “casa”, allá en el pasadizo subterráneo de Azca, y además también tendría algo de cena. Sin duda, se notaba que el año nuevo había comenzado y su suerte había cambiado.

  8. Zooilógico

    A los monos los pusimos en peceras. Tigres y leones, atacaban desde el aire rebaños de ballenas que pacían libres por la pradera. Un koala y un perezoso saltan de una liana a otra haciendo cabriolas y deleitando al público que les observa desde las ventanillas del batiscafo del profesor Jacques- Yves Cousteou, mientras este hablaba incesante en la jerga que usaban las ovejas. Los últimos en engrosar las filas del zoo han sido las carpas naranjas llegadas desde los montes del Japón. Para ellas hemos dispuesto cajas de cartón reciclado llenas de aire frío y ya se sienten como en casa.

  9. Return to Sender
    ———— ~ ————
    Te empeñaste en buscarme más allá de las olas, me soñaste mujer, o casi, removiste universos lejanos para dar conmigo, y un día por fin te rendiste a lo que decían todos, que cómo va a existir una sirena que flote en el aire, que se transforme de día en pez y quepa casi en un bolsillo, que te hable sin que los demás la podamos escuchar. Te faltó apenas una décima de fe, la caja ya casi cerrada y los sellos pegados por fuera; faltaba tu dirección, tu decisión, y desde entonces vago en este espacio seco y etéreo, olvidada en la trastienda vacía de una oficina de correos ultramarina.

  10. Encajado

    Recogiste los pedazos de nuestra vida juntos y los tiraste al mar del olvido. Guardaste tu corazón en una caja y la precintaste con cinta de embalar. La subiste al altillo. En las noches en las que el viento arrecia y la lluvia llora en tus ventanas, se oye al corazón golpearse contra las paredes de la caja. Tú te haces el sordo y sigues con tu vida como los peces naranjas de las peceras. Sólo comes y nadas.

  11. COSAS DE LA NATURALEZA

    En esta cárcel de excusas cotidianas, invento una pequeña ventana de cartón, frágil y rancia. Y tras los barrotes de nada, desparramo un mar que se cubre los hombros con un río liviano y dulce, de horizonte naranja. En esa pecera infinita convergen algunos pájaros que emigran, varios peces endurecidos de escamas y silencio y tu mirada de arena, tus ojos claros y blandos de arena. Es entonces cuando me sumerjo en las olas y nado hasta la orilla y me arrodillo ante tu vientre y te beso las entrañas con mis caricias errantes.
    Y siempre vuelvo húmeda de llanto a mi prisión con aberturas, a mi ventana sin postigos, a mi imposible sin tus huesos.

  12. -La Cajita-
    Sin música, sin olas, sin cuerda. Gira y gira al compás de un aire envuelto en silencios; no le hace falta mecanismo danza por pura inercia. Hace ya tres semanas que no cierran la tapa, comienza a tener sueño a estar muy cansado, quizá ya esté muerto, quien sabe, mientras haya luz él seguirá bailando.

  13. Pesadumbre
    Érase una vez un pez que soñaba con ser doctor, todos los demás peces se burlaban de el, lo tachaban de loco y fue tal el impacto de esas burlas que perdió la razón, murió en el psiquiátrico tumbado en una esquina agitándose violentamente como un hombre cuando se asfixia dentro de una caja, eso comentaban los peces en la pequeña pecera. Su dueña, una niña, tenía fe en el, lo metió en una caja grande para enterrar a un ser pequeño con una imaginación tan basta como un océano.

    Final alternativo: Su dueña, una niña, lo ha metido en una caja para dormir. Ella al despertar lo encontró en sueño profundo.

    —Blanca Rivera—

  14. Superman

    Quizás si hubiera dado más vueltas y más deprisa, cada vez más deprisa, casi a la velocidad de la luz, dejando una estela blanca tras de mí, podría haber convertido este apartamento gris en un hogar, una pecera redonda y transparente para ti y para mí. Y quizás si lo hubiera hecho en sentido contrario, habría podido volver atrás en el tiempo hasta el momento en que decidiste dejarme solo.

  15. Pervivencia
    Siempre tuvo pequeños despistes —ponerme dos cucharadas de sal en el café, guardar en el congelador mi mejor corbata, marcar mi número para hacer el pedido al carnicero— que a mí me enternecían. Por eso tomé a broma que empezara a llamarme Gabriel en lugar de Cipriano. El día en que se fue sin avisar recogió meticulosamente todas sus cosas, incluso la pecera que me regaló cuando nos conocimos, pero se olvidó del ciprino dorado.
    No me va usted a creer, pero el pez sigue allí desde entonces, boqueando desesperado dentro de una caja de cartón, de esas que se usan para las mudanzas.

  16. La memoria traidora

    Voy a poner en una caja mis tesoros. En el fondo pondré una pizca de la imaginación que heredé de mi padre, algunas porciones del amor incondicional de mi madre, parte de la complicidad que compartí con mi hermano, algo de lo que jugué con mi mejor amigo. También guardaré en esa caja el rastro de todas las personas que se han cruzado en mi vida, buenas o malas, todas me han hecho. Encima colocaré los amores malogrados junto con el regalo de mi amor verdadero. Y arriba del todo estará mi memoria traidora, la que al igual que ese pez que limpia los acuarios, se deslizará sin obstáculos borrando todos mis recuerdos.

  17. La última caja

    Nunca entendí lo que querías decir cuando me asegurabas que te faltaba el aire. Yo que te daba toda la libertad del mundo para entrar y salir de mi casa y de mi vida. Ahora que ya no queda ninguno de tus cuadros, has vaciado los armarios y las últimas cajas se van con la mudanza, noto que el ambiente está menos enrarecido y comienzo a comprender, muy a mi pesar.

    También ayuda que Piqui, a última hora, saltara de la pecera, sin que ninguno de nosotros se diera cuenta. Te lo envío dentro de la última caja, con un poco del aire que ninguno de los dos supisteis respirar.

  18. El pez en la caja muere

    Mi mascota favorita era un pequeño pez naranja. Lo veía nadar y me hacía feliz saber, o al menos imaginar, que él lo era también allí en el agua de su pecera.
    La relación con Viviana ya no andaba bien; para entonces, quería más al pez que a ella.
    Viviana me advirtió que se iría y que al hacerlo dejaría su huella.
    Yo pensé que se refería a que no me sería fácil olvidarla, pero me equivoqué.
    Cuando se marchó, desapareció también el pez.
    Un día abrí una caja que tenía abandonada en un rincón de la casa y supe cual había sido el destino de mi querido pececito naranja.

  19. Pensé que un cambio de aires me sentaría bien. Ahora me doy cuenta de que este cambio me matará con el tiempo, pero cómo volver a la vida de aquellos primeros aires?

  20. CUANDO UNO TIENE SED Y EL AGUA NO ESTÁ CERCA

    -Cada uno agoniza en el medio que quiere-me dijiste-, ¿no entiendes que todos nos estamos muriendo? Cada minuto es un paso adelante hacia la nada.
    Pero yo ya no aguanté más, opté por vivir, aunque eso conlleve un permanente riesgo de naufragio. Te dejé entre tus vasos de ginebra, recogí las cosas de los niños junto con el pez que me regalaste y esa misma tarde nos fuimos.
    Esa noche, él ya boqueaba entre sus últimos estertores. Compramos una tortuga.

  21. Fuera de lugar

    Recibimos hace unos días la caja con el robot. Lo montamos siguiendo las instrucciones, le pusimos la batería, apretamos el botón de encendido. Abrió los ojos, comprobó la hora en su reloj interno y nos saludó con un buenos días afable. Después miró por la ventana y alabó las vistas a la montaña, pero enseguida preguntó: “¿Dónde está el mar?”. Le contestamos que esto es un pueblo del interior, que la playa más próxima se encuentra a más de doscientos kilómetros.
    Como dice el manual, todos los días le servimos menú de tornillos y tuercas, toma baños de sol en la hamaca de la terraza para cargar las baterías, se perfuma y desinfecta con alcohol para mantener brillante su chapa exterior. Pero cada vez que mira por la ventana las bombillas se le empañan y aunque lo engrasamos a diario, sus articulaciones siempre chirrían. Mi hija dice que quizá deberíamos comprarle una pecera.

  22. INVOLUCIÓN
    Después de que se hubo saciado y comprobar que ya no quedaba nada, el hombre, en su casa de puertas cerradas, se volvió a vestir con su traje de pez para nadar en el vacío, intentando empezar de nuevo.

  23. SÁTIRO

    Al principio era placentero para él. Después debía esforzarse para que le resultara medianamente satisfactorio. Ahora se siente pez sin agua y boquea, desesperado y agónico, en el calvario en que se ha convertido su mundo.

  24. Por más que he intentado explicártelo siempre vienes con razones necias.
    -Más vale malo conocido que bueno por conocer -dices mientras observas el paisaje verjurado de tu caja de cartón.

  25. ¡NO!

    ¡Vamos niño! date prisa, cambia ya de una vez el agua. Que mis branquias no están para muchos trotes. ¡No!, ¡no!… a la basura la caja no. ¡Ay! Que susto y que mareo. Y ahora estoy encima de la mesa. La última vez fue más divertido en el vaso de agua del abuelo, dando vueltas subiendo y bajando por la dentadura. ¿Y la próxima vez? ¿Dónde será?

  26. – ¿Qué hace el reloj en el congelador? ¿Y la plancha en la lavadora? ¿Por qué está el gato en la jaula del canario y el canario atado a la caseta del perro? Ay, abuelo, ¿el pez en la caja de cartón de Luis, que es su cohete? Un momento… ¿y Luis? ¿Dónde está el crío, maldito viejo chocho?

  27. Espinita

    Todos pensamos que es un pez raro. Con lo gracioso que se siente uno nadando: bocarriba, bocabajo, de lado, en zigzag. Espinita, en cambio, se pasa el día buscando maneras de salir del agua y de andar por el otro lado como los de las burbujeantes gafas. Empezó surfeando y hoy, ante el estupor de los presentes, y sin tener en cuenta que había alevines rondando por los alrededores, ha dado un salto y mientras gritaba “¡yupiii!” todos hemos podido ver cómo llegaba a las rocas transformada en una especie de diminuta pinguniña. ¡Dios santo!, espero que nadie le siga los pasos…

  28. Ayer nos dimos un beso y me dijiste Espera aquí.

    Y flotando me quedé en el mar que encontré detrás de la compuerta de tus labios, cuando me dejaste bucear en tu boca bailando con tu lengua…

    Hoy noto cierta sequedad en el ambiente, pero… seguro que son imaginaciones mías.

  29. CON TODAS LAS GARANTÍAS

    Cuando vio el anuncio de aquel pez en la tienda on-line, especificaba que no incluía accesorios, pero nunca pensó que ni siquiera incorporaran agua. Afortunadamente, solicitó el envío garantizado, así que el pez llegó sano y salvo.

  30. ¡YO!

    (breve relato de otro estúpido anónimo):

    “Cartón sin agua en una caja un pez,
    agua de caja sin cartón un pez,
    pez de agua en una caja sin cartón,
    caja sin agua de cartón un pez,
    un pez sin agua en una caja de cartón…
    … y cuando quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde.
    El futuro era presente. El tiempo se había agotado. Nunca
    se lo perdonaría. Había vivido una mentira. Espiró la
    última bocanada de ¡AIRE! y murió.”

    *sin ánimo de ofender.

  31. LLUVIA DE PECES
    Llovió un pez tras otro, hasta que el suelo se cubrió de un tapiz viscoso y resbaladizo. Conforme el sol se asomaba entre las nubes ellos iban desapareciendo, derritiéndose como claras de huevo mal montadas.
    Cogí uno como muestra, seguro que no me creerían si no lo veían, y lo llevé a casa. Lo alimentaba con gotitas de rocío que recogía antes de desayunar y lo mantenía resguardado del calor al abrigo de una fría sombra que encontré en un rincón de la cocina.
    Ahora estoy preocupada, el invierno acaba, las nubes se retiran y el sol brilla cada día durante más rato. No sé como ocultarlo de sus rayos. Y creo que él lo sabe, porque revolotea inquieto de un rincón a otro de su caja.

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