Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto cuyo autor desconozco? Mira la foto, cierra los ojos y cuéntame qué ves.

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Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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36 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Dominio y sumisión.

    Estoy susurrándote al oído las palabras que te excitan, que hacen que tus pezones se endurezcan. Pezones erectos que se me clavarán en mis palmas, pezones que pellizcaré y estiraré hasta el dolor, que no podrás verbalizar. Pezones que culminan esos pequeños pechos que tanto me gustan, senos que puedo acariciar por completo como frutos que recolecto. Pechos que amasaré con fuerza y fruición cuando introduzca el pene que llevo amarrado a la cintura, y arqueas tu espalda en busca de mi cuerpo, que te domina, y que deseas que siga siendo así, aunque también deseas que no me demore, que avance más rauda hacia el orgasmo que te llegue explosivo. Pero yo disfruto tanto viéndote desear lo que yo te puedo dar que no puedo más que alargar tu agonía. Disfruto tanto dándote como tú recibiéndome. Te musito al oído, que te partiré en dos con la tranca que te entrará por detrás con la violencia y daño que añoras sentir, quizás incluso sientas la humedad de la sangre deslizarse por la entrepierna en el desgarro doloroso, y tu piel se eriza de pensar lo que te anuncio venidero, pero no será ahora, no serán aún las embestidas que anhelas de un daño orgásmico. Aún queda mucho juego para tu deseo, para mi deseo, mi sumisa, sabes que no hay amor que solo es sexo.

    Un saludo.

  2. Reflejo

    No te gusta que hable mientras follamos, que te susurre al oído; dices que con mis gemidos te basta. No me miras nunca a los ojos, ni siquiera cuando me llevas hasta casi el final y me dejas agónica, cuando sacas tus dedos empapados de mí y los devoras. Tampoco dejas que te acaricie, que me llene con tu olor. Te mantienes lejos, me miras en el espejo y al final, me borras.

  3. Placer desgarrador
    Si pudiera elegir el instante preciso para morir, sería ese segundo perfecto y eterno donde tu orgasmo me roba el aliento y follar contigo se convierte en cuchillo por el que podría incluso matar.

  4. Invitación a comer

    Un contacto de una conocida del pueblo los unió en una publicación de Internet. Dos comentarios después, Sara y Vanesa eran amigas del Facebook. Durante seis semanas compartieron fotos, vídeos, poesías, experiencias, secretos… hasta que un fin de semana se les presentó la ocasión de encontrarse cara a cara. Fue en el piso de soltera de Vanesa a la que Sara acudió mintiendo a su marido por esa desgana de descubrir su intimidad. La primera impresión fue mágica. El azul de los ojos de Vanesa se clavaron en la sonrisa de Sara, las palabras del abecedario común aparecieron y la química hizo el resto. Sentadas en el sofá recordaron sus conversaciones interminables, las madrugadas sin sueño, sus confidencias… y, a los pocos minutos, sus bocas ya no hablaban sino que saboreaban besos en la cama. Desnudas de vergüenza, ambas confesaron que era su primera vez, pero también que habían fantaseado nueve mil veces con experimentarlo. Sara entonces se dejó lamer sus orejas, sus labios, sus pezones… y en ese último puerto no dejó marchar a esa lengua húmeda hasta que la excitación los endureció hasta doler. Después la lengua siguió recorriendo cada milímetro de Sara, cada rincón hasta perder el sentido cuando los dedos de Vanesa se introdujeron en su manantial de pasión y con maestría la condujo a placeres desconocidos. Recobrando el conocimiento, Sara se sorprendió al encontrarse atada de manos y pies, y con una mordaza en su boca. Quiso gritar, desatarse, volar, desaparecer… pero Vanesa ya lucía el traje de vampiresa y sus ojos azules se habían posado con ansia sobre su yugular.

  5. Esta noche te he soñado, húmeda, desgarradoramente bella. Mientras me comías la oreja… ¡cómo sabes que haciendo eso me vuelvo loca! introducías tus dedos en mí, y deseé que no acabaras nunca de poseerme. El cacharro que me sobresalta todos los días ha vuelto a hacerlo, y al ver que en tu sitio estaba él, he decidido hacer mi maleta, no quiero seguir viviendo esta mentira, aunque sé que olvidándole, le mataré.

    Antes de venir aquí, hablaba con Rosa sobre la mentira y el olvido, el final de esta “cosa” que aquí os dejo, es culpa de ella. Rosa si me lees, ríete anda, aunque tampoco te pases…!!! 🙂 🙂 🙂

  6. EL FOTÓGRAFO
    Ronronearte con deleitada lentitud, era uno de tus mayores placeres. En aquella sesión, el fotógrafo se empeñaba en que yo mirara hacia la cámara, pero yo habitaba los significados del lenguaje de tu cuerpo. Sabía que temblabas bajo mis manos y, como aporía ensimismada, te derramabas entre mis piernas. Él disfrutaba pensándose parte esencial del triángulo. No sabía, que fui yo la que sugerí amordazarte porque cada vez que te decía que iba a comerte como fruta ignota, gemías más que cuando él te hacía el amor cada noche.

  7. Deseos cumplidos

    De espaldas a la puerta, siento tu llegada. La cálida luz de las llamas en la chimenea y la música suave crean la atmósfera perfecta. Un escueto camisón apenas cubre mi cuerpo. Estás más cerca. Tu aliento arrulla mi oído y un escalofrío de placer recorre mi espalda. Tus manos acarician mis senos, sabes como hacerlo. Conoces mi cuerpo como si fuera el tuyo, conoces mis debilidades. Una de tus manos llega a mi cuello y me obligas a mirarte, a ofrecer mis labios a tu boca que ávida la cubre de besos, de tu lengua. Sujetas fuerte mis caderas, rozándote contra mi cuerpo.
    Eres preciosa, me dices. Te deseo…

    Gimo, gimo y no me arrepiento. Cansada de besar sapos, ahora beso princesas

  8. Fóllame

    Sin poder poner remedio a lo inevitable. Descalzas, para no hacer ruido, desnudas, a escondidas, sin quimeras, sin engaños.
    Tras días chateando en Internet, nos encontramos como lobas hambrientas, con las maletas cargadas de deseo por explorar, de verdad por ofrecer.
    Nos vimos a contraluz, en blanco y negro, como una fotografía antigua. Follamos como salvajes, como si no hubiera un mañana, como si fuéramos conscientes de que no volveríamos a vernos. Tus responsabilidades envolvieron las mías, colgando un cartel en un armario de “cierre por derribo”.
    Con la sombra del engaño apuñalando nuestros cuerpos, nos despedimos en la estación. Un tren para ti, otro para mí. Una vida incómoda, otra más para mí.

  9. Sentimiento oculto

    La fantasía desbocada lleva rienda suelta en mi pensamiento a galope de un deseo inconfesable. Estar contigo. Acude el ensueño puntual, cuando pienso en ti, porque activas mi sexo que se abre al sentir y mis pezones se yerguen con tu caricia. Es nuestra la desnudez. Me rodeas por la espalda mientras susurras palabras y el aire de tu aliento eriza mi piel hasta la entraña. Pero mi boca, acostumbrada a los silencios, permanece sellada. Crecí en la represión y me atormenta no haber aprendido a ser libre.

    Saludos

  10. Onanista
    Nuestros cuerpos unidos por siempre, nada nos podrá separar, eres mía, puedo acariciarte los pechos, sentir tu espalda en los míos, tu gozo es el mío, tú tortura la mía. Bendigo la ley que nos permitió vivir, maldigo las que nos hacen sentir culpables de nuestro amor.

  11. También nos pasa a los demás

    No miramos la foto porque haya una mujer desnuda, ni siquiera porque sean dos las mujeres desnudas. No miramos porque una pellizque un pezón a la otra hasta el límite de la elasticidad humana o porque esta ahogue un grito en la mordaza ceñida que le han colocado. No observamos sin pestañear porque una de las mujeres nos mire desafiante desde su rostro escondido entre sombras y cabellos, ni porque nuestra vista se ancle en el punto blanco y profundo que hay en el ojo de la mujer que nos reta. Tampoco porque la foto esté hecha en un blanco y negro sucio y granulado de reportaje periodístico, ni porque todo ello logre que la foto nos parezca más real que la realidad.
    Miramos porque todos queremos ser esa mujer. Cualquiera de las dos.

  12. Al principio estaba yo sola, luego la trajo a ella. Encerradas en aquel sótano desde los quince años, nos violaba por turnos una noche sí y otra también. Clara era rebelde, en cuanto aparecía, saltaba sobre él y trataba de patearle los cojones. Y gritaba, vaya si gritaba. Eso lo ponía fuera de sí y la golpeaba, la forzaba con una violencia que yo no soportaba ver, pero nunca consiguió doblegarla. Por eso la mantenía atada. Como tenía miedo de que la oyeran, también la amordazaba. Yo me dejaba hacer, muda e insensible, con los ojos clavados en las manchas de humedad del techo. A veces me gritaba: ¡Cierra los ojos, zorra loca, ciérralos que me aflojas la polla…! Yo obedecía y entonces, en la oscuridad de mis ojos cerrados, me creía muerta y eso me alegraba, pero cuando él terminaba y volvía a abrirlos me encontraba desgraciadamente viva otra vez.

    No bajaba con nosotras más que un rato por las noches, el resto del día debía pasarlo fuera. Cuando llegó Clara todo fue más fácil, tener a alguien con quien compartir tu miseria hace que la miseria se divida por dos. Y tener a alguien que te abraza, que te roza con suavidad, que restriega su rostro mudo por tu cuello y te acaricia los senos, que viste tu cuerpo de un deseo enamorado, invita a sobrevivir. Si él no nos hubiera reunido, no la habría amado. A ese hijo de puta le debo mi media vida amada y la otra media odiada.

    * * *
    Fernando, con estas dos protagonistas, ya no estoy tan segura de querer ser una de ellas…

  13. AFICION
    Los dos hombres y sus respectivas esposas están clavados frente al televisor, ninguno de los equipos ha anotado. Las mujeres intercambian miradas y como otras veces, encuentran un pretexto para dejarles solos en el salón. Cada partido les da la oportunidad de inventar sus propios juegos. En una habitación se desnudan y una se deja amordazar, no porque sea sumisa, lo hace para aprisionar los sonidos de placer cuando siente su teta atrapada por una mano que la frota mientras es tocada entre las piernas con la otra. Esta vez se han dado cuenta que no eran necesarias las precauciones, sus gemidos no podrían superar al grito que se coló por la puerta y que ellas identificaron como: ¡gooolll!

  14. MISTERIO
    Cómo he llegado hasta aquí, no sé. Describía una quimera, un deseo, pensaba que un día, que quizás, que si el cielo. De pronto, en la penumbra de la habitación, un latido felino en el arco de mi espalda, y las palabras que perdí, amor, tu fugaz aliento las rezuma y empuja. Bálsamo y veneno sobre la piel, profundamente abierta, ebria.

  15. Fantasías equinas
    En mis sueños más vívidos, esos que me despiertan con los muslos húmedos, represento ser tu yegua. Me enjaezas a tu antojo, con cintas de colores brillantes que alegran mi pelo. Cabalgas apretando fuerte el estribo sobre mis costillas. Tiras con violencia del bocado que ahoga mis palabras mientras susurras, humedeciendo mi oreja, todos los vocablos malsonantes y lúbricos que me encabritan y me hacen relinchar. Te deslizas, como la amazona que eres, sobre mi lomo dejando el rastro pastoso de tu deleite. Me deshago en un ardor que se ahoga en mi garganta, hasta que rompes el momento, con tu maldita manía de hacerme comer todo el heno.

  16. GOZA MAS

    .
    Como era habitual cuando algo le intranquilizaba madrugó, llegando al despacho ubicado en la planta vigésimoquinta del HSB Turnig Torso casi hora y media antes, allí encontraba el silencio y soledad para reflexionar, mientras disfrutaba de esa panorámica que le ofrecía Malmö y ese mar Báltico.

    Un último vistazo, que no quedara ningún fleco sobre la OPA que la íntima amiga de su mujer y cliente Kerstin Bengtsson pretendía llevar a cabo.

    Llevaba cuatro días sin estar con su hija Blix Bengtsson, rápido su cuerpo reaccionó a su recuerdo para controlarse sabía muy bien que tenía que hacer , desde que ella le contara los motivos que tuvo para repudiar el apellido de su padre.

    Se sentó en su mesa y con gesto mecánico encendió su ordenador, ¡vaya¡ precisamente en su correo personal vió un e-mail de Blix, en asunto ponía: ¡¡para tí¡¡ abrió y le dio al archivo adjunto, la pantalla se llenó con la imagen, tardó en ver , tardó en leer y reaccionar ante esa firma que aniquilaba inclusive su apellido, absurdo, sí, pero eso pensó…

    Si un hombre me retase en alguna ocasión,
    me lo llevaría con amabilidad y misericordiosamente
    de la mano a un lugar tranquilo para después “matarlo”

    Mark Twain

    Tu esposa,

    Autora
    tRamos

  17. Las reglas del juego

    Has prometido no abrir los ojos, ni darte la vuelta. Es una cita a ciegas, ¿recuerdas? y mi voz grave posiblemente te ha confundido. Estás tan buena, que no he querido deshacer el equívoco.

    Me encantan tus tetas pequeñas, con esos pezones diminutos, que pronto se pondrán duros como piedras. Seguiré confundiéndote con mi voz y con mis manos hasta que tenga que arrimarme más.

    Entonces percibirás sensaciones que no esperas. Sabrás la verdad y espero que aceptes este pequeño cambio en las reglas del juego.

  18. Compañeras

    Te convenzo de cerrar los ojos para que no lo descubras en mi mirada. Tu boca ocupada para que no me despierte tu voz, te vuelves tan elocuentemente explicita cuando te excitas. Sentado en el sillón de orejas empiezo a imaginar que es tu compañera de trabajo, la del piercing en la nariz, ¿cómo se llama?, Clara creo, Clara, cómo puede ser Clara con esa mirada. Imagino que es Clara la que pellizca tu pezón moreno mientras me mira como cuando voy a recogerte los viernes, como intuyendo lo que pasará justo después de comer. Seguro que le has contado, con la pinta de niña buena que tenéis vestidas de oficina. No me extrañaría que hubierais escenificado más de un viernes, antes del medio día, lo que ahora estoy imaginando. Me tenso solo de pensarlo, sin ni siquiera tocarme, sin que me toques, sin que me toque, solo con su mirada. Necesito relajarme o esto acabará demasiado pronto, um, demasiado tarde.
    Las dos dibujáis un gesto de reproche, diría que fingido: ahora tenéis la excusa perfecta para seguir con vuestro juego. Me acomodo a disfrutar del espectáculo, quien sabe, tal vez pueda volver a entrar en el segundo tiempo.

  19. Dueña.

    Susurros ásperos en mi nuca provocan el temblor de mis prejuicios, la ruptura del miedo, la saliva entre mis muslos. Tus caricias duras me excitan. Vas a ser cruel y lo merezco, aunque tú no lo sospeches todavía.
    Me arrebataste un futuro que me pertenecía: un marido, una familia… Ahora voy a destruir todo aquello que amas. Desvelaré tu secreto turbio, descubriré tu perfil oscuro. Lo haré con placer duplicado. Venganza amarga.
    Oculta en un rincón la diminuta cámara nos graba, no se pierde detalle de nuestro encuentro.
    Aunque no lo creas la que domina hoy, soy yo.

  20. Un pulso
    Me miras desafiante, me retas con tus ojos de loba hambrienta.
    Crees que me voy a oponer, que voy a discriminar tu conducta.
    Nada más lejos. Sostendré tu mirada.
    Jamás seré yo quien primero desvíe la vista.
    Después cuando no puedas más… huirás de tu reflejo.

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