Viernes creativo: escribe una historia

¿Escribimos una historia para este fragmento de un video de Shenja Berline ?

El video completo lo tenéis aquí.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

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53 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Partir

    Son las seis, estoy sentada en el borde de la cama con la maleta sin hacer y, con sinceridad, creo que este viaje lo haré sin nada que llevar. Iré sin pesos, los dejaré todos aquí, junto a las telarañas de las esquinas.
    Este viaje será diferente, lo sé, seré otra como tantas veces, pero esta vez voy a elegirme antes de partir. Voy a mirar todo con ojos nuevos, voy a renacer en esa ciudad y nadie podrá pararme. La que se angustia y llora se queda aquí. Luego volveré y la abofetearé para que despierte.
    Pero hoy no, hoy me voy, así, desnuda.

  2. Son jóvenes y aunque muy delgadas,son muy fuertes. Son muchas horas de entrenamiento,fuera de casa,ni siquiera para el entierro de la abuela. El entrenador no nos permite ni una hora de ocio, ni reir.
    En la piscina, el día de competición el mundo está lleno de color pero detrás de eso ¡Todo es tan negro!
    Hoy hay una exhibición muy especial, todo está preparado. Hoy el entrenador será atrapado en una red acuática, hoy será alimento de una araña de piernas valientes y firmes, dispuestas por fin a ser libres.

  3. Un nido de arañas amenaza con invadir el mundo, en irremediable estado letal. Un mar de mercurio, en profundo gris polvo, me devora sin piedad. Le ofrezco mis brazos, siguiendo un ritual divino, y me dejo engullir por las cálidas aguas oleaginosas. Cae la noche.

  4. Cada vez que tengo algún evento importante mi estómago se desespera. Es el encargado de señalarme el grado de confianza en mí misma: algún que otro cruaaaaak (pronúncialo con la boca apretada y déjala que se expanda al llegar a las “a” y si inclinas la cabeza, apretando un poco la garganta, creo que te saldrá bastante parecido a mi timbre estomacal) indica que no debo preocuparme mucho, estoy en camino de salir airosa, salvo que algún oído ajeno escuche semejante sonoridad. Si en cambio percibo que se retuerce con la fuerza de un nudo marinero, estoy perdida; deberé hacer uso del pastillero para que mis manos no tiemblen y no suden mis axilas. Y es así, con las pastillas, que logro tomar el poder de esta viscera, entonces la hundo… la ahogo… la silencio… la duermo… la apago.

  5. Complejos

    Desde hace tres años, una década o un siglo se repite la misma escena. Me siento delante de la hoja en blanco con una idea magistral en mi cabeza y negociamos entre todos los que me acompañan. Historias de amor, de pasiones rotas, surrealistas, de hoy en día, costumbristas, guerras, asesinatos, terror, ciencia-ficción, humor, poesía… Me las niegan por mucho que insista. Defienden ellos que son tramas recurrentes, manidas, mil veces escritas que nada han de aportar… Al final, derrotado por sus críticas, desisto. Aunque otras veces, por pura necesidad vital, acepto y escribo la nota de suicidio que me sugieren, eso sí, impregnada de amor, surrealismo, prosa poética, ficción y sí, repleta de tópicos, que siempre acaba en el cubo de la basura contra su voluntad.

  6. La profesión va por dentro

    ¿Qué hacer? No veo nada ¿Cuándo se han apagado las luces? ¿Dónde se esconde el Sol cuando lo necesitas? Estaba tan concentrado ¿Qué hacer? No se oye nada en la platea ¿Seguirán ahí? Tienen que seguir, pero, tanto silencio. Tal vez ellos tampoco me puedan oír a mí ¿Qué hacer? No puedo parar pero ¿puedo seguir? Yo quería un piano blanco, los negros no traen buena suerte. Y ahora mira. Esta negrura, él la ha contagiado al aire. Nunca más un piano negro. Y aún me quedan tres movimientos pero ¿dónde voy?, si no me veo ni pensar. Una tecla más ¿Cómo diferenciar las blancas de las negras? Una más, solo una más, pero ¿cuál?

  7. Pequeñeces

    Desde pequeño, Fermín, miraba aquel apéndice que colgaba de su cuerpo con curiosidad. A veces, se sorprendía a media noche cuando adquiría vida propia y se empeñaba en crecer y crecer. Bueno, crecer, lo que se dice crecer, no lo hacía mucho. Era más bien pequeño y algo esmirriado. Aquello no importó hasta que su cuerpo se empeñó en ir por un lado y el apéndice, por otro. Fermín, se casó. Encontró a una chica que no había conocido varón. Que ni siquiera había visto una fotografía de ningún otro apéndice. Durante un tiempo, funcionó. El apéndice de Fermín se sentía feliz y satisfecho y, hasta grande y ufano. Pero, no duró mucho. Su mujer empezó a quejarse, a informarse y a comprender que aquello que colgaba entre las piernas de Fermín no era lo que ella necesitaba, que más bien, ella necesitaba más, mucho más. Ahora lo miraba con recelo y hasta con furia y le reprochaba los años de engaño. El apéndice de Fermín se acomplejó, tanto, tanto. que ni a solas levantaba su cabecita. Hoy, frente al espejo y con el cuchillo cebollero de la mano, Fermín, ha cortado con él para siempre.

  8. Creer en uno mismo
    (Versión ampliada)

    De niño destaqué por el caudal copioso de mi imaginación. Por eso escogí la profesión de escritor.
    Siempre he sido el protagonista de mis cuentos, creando personajes inverosímiles, invencibles superhéroes con gran poder de persuasión, que no se amilanan ante los obstáculos, que encuentran solución a todo conflicto, con carisma, capaces de enamorar a cualquiera con elegante sello de seducción, (aprendido en las películas clásicas con Cary Grant), etc.
    Recuerdo el personaje autobiográfico que más éxito me ha dado, además de pingües beneficios, que a día de hoy aún obtengo, el legendario “Supermanta”, el de la capa roja.
    Este personaje, en el mundillo literario, desató muchas envidias, fruto de la rivalidad. En los inicios nadie te lo pone fácil, por poner, te ponen zancadillas y has de ser fuerte para sobrevivir. Los rivales se agrupan, se mueven en círculos cerrados, se publicitan entre ellos, son una piña. En mis inicios nadie me dejó entrar, sin embargo después del éxito de “Supermanta”, todo el mundo me rondó como las moscas del panal de rica miel.
    No tengo enemigos, bueno, a decir verdad el único enemigo que tengo soy yo mismo.
    El día que deje de creer en mi, desapareceré.

  9. La realidad distorsionada me posee. Me hablas desde la exquisitez formal de tu belleza, y me derrito entre la poesía de tus palabras. Soy tan real que apenas te percibo, tan real que el cristal de tus sonidos se diluye en el charco de mi inexistencia verdadera. Tu metáfora, rompe los pilares de mi fortaleza.

  10. Parásitos
    Salid malditas, se qué estáis ahí. Os siento dentro de mi ser aferrándoos como garrapatas a la masa encefálica. Os oigo arañando mis neuronas, pero ese no es vuestro lugar. ¡Salid de mi cabeza!, no soporto cómo os arrastráis por todos mis pliegues y os filtráis dentro de mí invadiéndome. Conseguiré sacaros y que os busquéis otras víctimas a quienes contagiar. Sois peligrosas, malditas ideas, buscaros a otro anfitrión.

  11. Viejos amigos
    Fue desde aquella siesta tonta de domingo. Debiste penetrar por el oído, sí. Sentí una punzada. Leve. Después, el hormigueo que me rondaba por la nuca y subía hasta la coronilla. A continuación los mareos, la ceguera. Siseos impertinentes que distraían mi concentración. Coros de voces retorciendo mi voluntad. Fiebres, temblores, rencor. Locura, determinación, cadáveres, muerte. Años de zozobra. Remordimiento, resignación, alivio. Viejos amigos.
    Pero hoy, en cuanto ha sonado el timbre y he abierto la puerta, has olvidado las charlas, los monólogos, el compadreo. Has hecho mutis por el foro. Te ha entrado el canguelo a ti, rey de la arenga. Y creo que incluso te ha salido una risilla procaz mientras nos colocaban las esposas.

  12. SI/NO O SINO
    Me ahogo.
    Me estoy consumiendo.
    Me corta la respiración.
    Sucumbo.
    Lucho por emerger y sobrevivir.
    No puedo. GRITOOOO
    Me vence.
    Me rindo.
    Me he convertido en nada.
    No lo creas.
    Ya no estoy frente a ti. Estoy… dentro de ti.

  13. La colonización

    Lo vimos tocarse la cara en un claro gesto de alguien que no reconoce esa fisonomía como propia. Pese a ello, el experimento podría considerarse exitoso.
    Es cierto que el shock ante semejante situación hace necesario que se le dedique tiempo de adaptación al voluntario, pero lo importante es que hemos logrado implantar la conciencia de uno de los nuestros en un cuerpo símil humano creado especialmente en laboratorio.
    Una vez que consigamos que el voluntario acepte su nuevo cuerpo, la colonización de la Tierra dará comienzo.

  14. LA LETRA PEQUEÑA
    ¿Cuántas cláusulas borrosas tiene nuestro contrato? Me dan miedo tus llamadas. Dijiste que no querías compromisos y cada día me haces sentir más culpable porque no soy como quieres.
    Nunca entendí que querernos te daba la oportunidad de fagocitarme. No admito guías que me ciernan.
    Me asfixia la presión, no soporto los celos fulminantes, el deseo de esconderme. Prefieres desvirtuarme, deshacerme en agravios, arrastrarme a tu juego, hacer que acate tus principios… Antes de dejarme ir.
    ¿Cuántas alegaciones presentas a mi vida? Déjame decirte que, aunque no se decreten tablas, cuando se sigue avanzando hacia el fondo, puedes hacer un ataque doble de dama.
    Me fundes a negro pero la esencia de mí, horada un túnel tenazmente. No habrá recursos posibles.

  15. Taxonomía

    Las arañas no son insectos. En mi clase solo lo sé yo. La culpa es de los padres que a todo lo llaman insecto o bicho, y confunden a sus hijos. Mi madre, no. Mi madre respeta a las arañas. Nos ha enseñado que las arañas tienen ocho patas, no seis como los insectos o bichos, que no tienen antenas y sus ojos son simples, no compuestos. Además, mi madre dice que hace falta una cierta inteligencia para diseñar las trampas que tejen —fíjate, si hasta son capaces de hacerlas flotando dentro de una nave espacial— y también mucha paciencia para esperar que caigan en ellas sus víctimas, casi siempre insectos o bichos.

    Mamá sabe mucho de arañas. Papá no. Cuando papá nos engaña para hacer algo que no queremos, presume de ser como una araña y de habernos enredado en sus hilos. Una vez le pregunté a mamá si mi padre era tan listo como una araña. Sonrió y dijo que no, que no era más que un mal bicho.

    Mamá respeta a las arañas, pero no dice nada cuando aplastamos un bicho con el dedo.

  16. No, no voy a ceder a la tentación. Ni un poquito. Bueno, sí, un poquito tal vez. Pero no debería. Sé que no debería. Pero también sé que no es tan grave. No siempre, no todo el tiempo, pero de vez en cuando no es tan malo. Un poquitito, como para que afloje las ganas, nada más. Ok, es verdad, me prometí, me recontra juré que no lo iba a volver a hacer. Pero me juré a mi mismo, y a mi mismo me perdono si me fallo en mi promesa. Nadie va a enterarse. Además, no puede ser tan malo, no peor que esta desgarradora lucha interna. Que sí, que no, y que caiga un puto chaparrón. Así sería más fácil decidirme. Y de todas formas, ya se hizo tarde. Yo me quedo en la cama. Y el mundo, que reviente.

  17. Sobras.
    Mi cliente no está contento y no entiendo el motivo. Solicitó el anuncio más impactante que mi mente creativa pudiera pergeñar para su producto. Me sentí feliz, era un encargo fácil y muy lucrativo. Realicé un corto que muestra una cabeza humana reflejándose en una superficie negra, eso sí le ha gustado, lo encuentra muy apropiado para vender sus pastillas para la tos. Cuando le he dicho que también se tenía que quedar con lo que sobraba de material, el cuerpo sin cabeza, es cuando se ha enfadado.

  18. Despertar

    Rogó a su mente que dejara de mortificarle las noches con el sueño de la máscara y ambos durmieron plácidamente hasta el día del juicio, con letrados y demás.

  19. Impulso
    Cuando algo te agobie, intenta echar toda tu energía para salir a flote.
    Aparta los miedos que te hacen sucumbir ante las adversidades, no olvides que un último aliento puede hacer cambiar un futuro muy negro.

  20. “¿La rosa? ¿La lila? ¿Corto o largo? ¿Invierno o verano? ¿Poco o mucho? ¿Blanco? ¿Negro? ¡No lo soporto más! ¡No me soporto más!”

    Son las seis, estoy sentada en el borde de la cama con la maleta sin hacer y, con sinceridad, creo que este viaje lo haré sin nada que llevar.

  21. Si a prióri empleara la palabra para devaluar la personalidad de mi transgresor diría, que siendo victimas del propio narcisismo que impera en nuestras vidas no es la verdad, sino, la relación que venimos manteniendo y,que conspira a fin de vivir una ilusión compartida, con la consecuente distorsión y paranoia, al tiempo de degradar la mera farsa de unas máscaras,.hechas a medida.

  22. CREO QUE ESTOY MUERTA
    Creo que estoy muerta, me crece el pelo como nunca antes lo había hecho, y mis uñas son fuertes y largas. Durante los velatorios de los fallecidos de mi niñez escuchaba a mis vecinas decir que a los muertos nunca para de crecerles el pelo y las uñas, y que cuando los sacan de los nichos tienen una melena larga pero enmarañada y despeinada, y que sus uñas son larguitas y finitas, como garras, para agarrarse a la vida, decían, o para defenderse de la muerte. No disfruto del aire ni del calor del sol. La brisa fría del norte no infla mis pulmones y las sonrisas apenas acuden a mi boca, me esquivan. Y recuerdo las palabras de mi abuelo cuando agonizando, con la mirada ausente, nos decía: Ya nunca más voy a poder sentir el aire frio de la sierra.
    El espejo me devuelve la imagen de alguien desconocido que se diluye bajo diminutos haces de luces y sombras, y no puedo recordar el sabor de la felicidad.
    …Aunque también puede ser que no esté muerta, sino que haya dejado de vivir.

  23. Me levanté con el día gris, acusadamente gris. Esos días casi es mejor no mirarse al espejo; comienza uno por escrutarse los ojos, las ojeras marcadas, la nariz, tan grotesca, sigue por las mejillas demacradas, resbala hasta la boca deformada por esa mueca de asco eterno y termina por zambullirse sin flotador en el yo profundo que le ahoga en el pozo de su angustia. Esa ansiedad que roe tu alma hacia adentro, como la carcoma agujerea el corazón de la madera, y lo deja atravesado de galerías de gusano vacías y oscuras, sin dejar apenas sustancia viva a la que aferrarse. Ese agujero que crece y se fagocita a sí mismo, replegándose hacia el interior, hasta que logra que desaparezca el más mínimo atisbo de tu persona o de esa persona que un día creíste ser, y el agujero se llena de lluvias negras y de fantasmas que regresan. De nuevo, sí, los fantasmas de siempre.
    ¿Cómo detendría el proceso incesante de la carcoma, cómo escaparía de los fantasmas, cómo saldría del abismo, del petróleo pegajoso de la lluvia negra? Mis propias manos me tenían atrapado, los dedos querían hacer una pelota ínfima de mí mismo y arrojarme a la basura; a veces la mano izquierda se esforzaba en rellenar las grutas agusanadas, pero la mano derecha se empeñaba en emponzoñarlo todo, me daba una cucharada de jarabe amargo y me ofrecía una cuerda para colgarme de la viga. Y el estómago devolvía en la taza del váter el contenido de mi vida y en esa vomitona me robaba la poca vida que aún quedaba en ese cuerpo flaco, escondido tras greñas lacias y sucias. Solo greñas quedaban en el espejo. Greñas y lluvia negra. ¿Dónde estaba yo? ¿Adonde me había ido?

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