Viernes creativo: escribe una historia

¿Escribimos una historia para este mural del duo polaco Etam Cru?

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

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41 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Confitura de fresa

    Preparaste cava y fresas. Nos sumergimos en el más delicioso placer durante toda la noche. El trino del gorrión me despertó al alba en el instante de sentir el aroma del café recién hecho. Su seducción me espabiló. Pero amargo como su esencia fue verme triturada en el pan tostado, untado de mermelada, que engulliste sin piedad. Lo auguraba tu sonrisa burlona al decirme: nena, estás para comerte.

  2. VOYEUR
    Soy paciente. Me gusta observarte desde el resquicio, mientras te empeñas en derretirte encerrada en tus viejos lastres y heridas. Te regodeas en tu recipiente de cristal porque te gusta sumergirte en tu propio fluido de recuerdos. Me distraen; pero no te preocupes, esperaré a que termines con lo que te has propuesto, para ir a posarme en tus párpados. ¿No dicen que los pájaros son los primeros en sacarnos los ojos?
    Tranquila, yo me acunaré entre tus manos, te volaré hasta donde quieras…Porque el hilo de tu respiración me atrapa.

  3. Mi corazón

    San Valentín ya lo avisó y nadie le creyó. Se había hartado del dulce aroma del amor, del rosa chillón, de los regalos caros, de las cenas con orquesta, de los postres con merengues, de las tunas, de los escaparates y de El Corte Inglés, de los candados, de los puentes, de las novelas románticas, de los Tom Hanks y las Meg Ryan, de los emoticones, de las paredes tatuadas con versos, de los fotomatones, de las postales con angelitos… y, sobre todo, de las metáforas poéticas más apasionadas. Así que el 14 de febrero, desde primera hora hasta su conclusión, el mundo se atestó de parejas rotas, besos perdidos, enamorados colgados de los pies, te quieros huérfanos, amantes muertos, de fallecidos vestidos de novios, de bodas de sangre, de cantautores fusilados, de hogueras sentimentales… Solo se salvaron —tanto hombres como mujeres—, los despistados, los resignados, los solteros, los viudos, los alérgicos del amor, los desarraigados, los ególatras, los infieles, los misántropos, los polígamos, las ninfómanas, las brujas, las embarazadas y todo aquel enamorado que decidió, aun celebrándolo, que ese día era uno más. Como se puede comprobar me salvé, no así Adriana. Ella fue portada, días después, de muchos periódicos que la fotografiaron inerte dentro de un tarro gigante de mermelada de fresa, recordándome las veces que me susurraba lo dulce que le sabía mi piel. Desde entonces no me he recuperado, pero lo haré con la promesa, por si acaso, de no repetirle a nadie te doy mi…

  4. CONSERVAS

    Se acoda en la barra del bar, busca lunas en el fondo de los vasos. Da lo mismo si son de anís, ginebra o pacharán. Por mucho que beba, por mucho que se emboten sus sentidos, no consigue que el dolor desaparezca. Se siente culpable, sin serlo. O quizá, tal vez lo fuera. No lo sabe. Por mucho que beba, por mucho que lo piense, jamás llega a una conclusión razonable. No supo conservar lo que tuvo, no supo retenerlo. Por eso busca lunas, por eso bebe. Para conservar en alcohol su recuerdo.

    • Hola Nicolás. Me ha gustado mucho, sobre todo porque te vas AL negativo (no a LO negativo) de la historia (ese san valentin crudo carente de todos los clichés que se el atribuyen). Además la forma que has escogido (baqueteando con idea tras idea tras idea) para llegar me resulta muy atractiva. Las enumeraciones largas sobre una misma idea no son fáciles y tú te has regalado dejando claro que una vez que te pones no vas a parar hasta que el lector levante las manos y diga que se rinde. Podría ser una ultra-enumeración y poco más pero al final conectas la historia con la foto (a mi juicio de una manera muy original) y te queda un relato en conjunto que para mí vale lo que pesa. Enhorabuena 🙂

  5. Taladrada

    Me enamoré de un fresador. Labraba mi cuerpo con cuidado, hacía molduras en mis piernas y sacaba virutas metálicas de mis entretelas. No quedó un solo resquicio de mi piel sin perforar por su amor a las formas, y solo si se le agotaba el ánimo, me fundía y volvíamos a empezar.

  6. Sin remitente
    Quería darte una sorpresa por San Valentín, por eso me perfumé con esa colonia que te gustaba tanto, sí, esa con olor a fresas salvajes. Me sumergí en este frasco de cristal que imita a los de mermelada, te encanta. Para ocultar mi desnudez me empaqueté en una gran caja de cartón, no daba ninguna pista del contenido, sólo llevaba un cartel con tu dirección. Me hice expedir por correo postal y aquí estoy, en una estantería del archivo de los envíos no reclamados. No se me ocurrió poner el remitente. Quién podía imaginar que ese día decidiste largarte para no volver jamás.

  7. La fórmula
    No creas que ha sido fácil dar con ella, me ha llevado meses de observación y análisis: He apuntado los efectos de iguales caricias a diferentes horas del día; si provocaban un efecto piel de gallina, muy habitual al rozar las nalgas, o propiciaban un leve escalofrío, más común en el caso de susurros al oído. He analizado alguno de nuestros besos más húmedos, resolviendo que una abundante insalivación de Ph ligeramente ácido, aumentaba tres veces nuestro deseo. Si a ello le multiplicamos una frecuencia cardíaca elevada al cubo mantenida a base de una fuerte hiperventilación, conseguimos casi a la vez, tocar un cielo rojo, brillante y húmedo como campos de fresas.

  8. Porque creen que voy distraída por la vida, porque creen que de nada me entero, que nada me importa, me dicen que vivo en un frasco de mayonesa.
    ¿De mayonesa? Están locos ¿Como se les ocurre? ¿A quien se le puede ocurrir? ¡Que feo! ¡Mayonesa! Puajjjj.
    Mi mundo es más bien como un frasco de mermelada de frutas y flores. Y a través de mi frasco de lo veo todo, absolutamente todo, solo que un poquito más dulce, un poquito más intenso, un poquito más agradable pues…
    Y no, no es por distraída, es por propia y soberana voluntad.

  9. Elixir de pasión

    Él se fue acercando a vos de manera sigilosa. Te acechaba en los atardeceres, hasta que comenzó a frecuentar tu balcón en las madrugadas. No le fue difícil ganarse tu corazón. Ahora me doy cuenta de que lo que él quería de tu músculo vital era la sangre que bombeaba, no sus nobles y románticos sentimientos. Tampoco le interesaba tu porte de damisela frágil con bellas y lánguidas piernas. Sólo tu sangre, tan roja como las frutillas que mezcló con ella, componiendo un elixir que bebió cual nosferatu.
    Voy a extrañar tus piernas.

  10. Computa

    Tu familia nunca me tragó. A pesar de que tú siempre lo negaste, tan solo me toleraban por ti, nunca llegaron a aceptarme, ni siquiera a respetarme. Esas sonrisas de plexiglás de tu madre, ese besar de tu hermana a dos centímetros de mi cara, esos comentarios sobre el pasado que solían deslizarse de la boca de tu hermano mayor mientras miraba cuánto dinero llevaba en la cartera, el Pretty woman de Roy Orbison que siempre silbaba el pequeño, esas risas cuando salía del comedor. Y tú que siempre estabas atrincherado en otra parte. Y yo tan sola en esa casa que era territorio enemigo.
    ¿Y ahora, qué? Ahora sí quieres saber dónde estoy. Ahora hasta tu madre se pone al teléfono y me dice querida y pone voz de amiga de la infancia para pedirme que vuelva. No vengas a buscarme en un descapotable blanco, no volveré, nunca me encontrarás.
    ¿Quieres hablar con tus hijos? Te los paso.

  11. Baño maría

    Estoy recogiendo en un bote las gotas de este amor que se desangra.

    Quedaban en él los restos de una compota de fresas que te salió demasiado dulce.

    Son rojos todos tus recuerdos y tienen tanto azúcar, que amargan.

    No endulza tampoco mi obsesión de conservarlo todo, de esperar que los sentimientos duren para siempre.

    Misión imposible en este frasco donde entra todo el aire que dejamos correr entre nosotros y para el que no encuentro una tapa que cierre.

  12. Dulzura

    Le pedí que me invitara a comer en su casa para alardear de mis habilidades en la cocina. Ella se burla y, cómo en un concurso, me reta a superarla. Le preparo un plato exquisito que degusta con satisfacción pero no se da por vencida. Se desnuda, cubre su cuerpo con mermelada de fresas y con picardía me invita a probarla. Parezco un pajarito nervioso frente al cristal de la ventana y reconozco que he sido vencido por el postre.

  13. Placer

    Como cada mañana mi sensual cuerpo desnudo se sumerge, en una dulce mermelada y escuchando el canto alegre de un pequeño gorrión, puedo concentrar un pensamiento eludiendo la realidad y con gran intuición rompen a llorar algunas fresas. Mis manos notan el fluido y percato un gran aroma. Dejándome ensimismada y solo con un maravilloso pensamiento.

  14. Champán y fresas

    En una clase de educación sexual para adolescentes, les preguntamos acerca del ambiente y los elementos que consideran necesarios para un coito perfecto. Se les divide por grupos para que pongan en común sus sugerencias y la propuesta de uno de los grupos es la siguiente: nada mejor que champán y fresas para acompañar el mejor polvo. Alguien pensará que han visto la película nueve semanas y media, pero no, son demasiado jóvenes, ya no está de moda. Al escucharlos también a mí me parece la combinación perfecta: sexo, champán y fresas, se me hace la boca agua solo de pensarlo, solo de pensar en mí vestida de fresas y tú comiéndolas sobre mi cuerpo y mordisqueando como quien no quiere la cosa mi vientre bajo ellas. Y tus dedos que ofrecen a mis labios el delicioso fruto y tu boca frotándose sobre la mía para exprimir el jugo de la fresa, para robármelo después con un beso largo, mientras tu lengua se convierte en burbujas de champán que cosquillean el hueco de mi boca… Y se derrite mi mermelada entre mis piernas y tu lames ansioso esa mermelada sin hartarte nunca… El timbre que anuncia el final de la clase me saca de la ensoñación y en el revuelo adolescente de libros que se cierran, gritos y empujones para salir del aula, me siento como un tarro de mermelada abandonado en la despensa, que alguien ha olvidado abrir.

  15. Desgarro

    –¡Sonríe!– la instó el pardillo con barba y bata blanca, la primera vez. –Ya eres mujer–. Tenía doce años y a partir de entonces, durante esos tres, cuatro o cinco días de cada mes, nunca le resultó fácil sonreír. Resistía. Especulaba con que la sangría que la llenaba de incomodidades y dolor, que se llevaba el hierro y la dejaba sumida en una insoportable fragilidad, tuviera un fin.

  16. El cielo de cristal

    Vivirás en un mundo de almíbar. Seré el pajarillo que te traerá alegre cuanto necesites, día tras día. Eres mi luz. Sólo existiré para colmarte. Nada te faltará mi reina. Tus amaneceres serán de fresas mientras estés conmigo. Nadie te querrá nunca como yo. Lo sabes. Ah, y cuidado con llevarme jamás la contraria.

  17. Peor el remedio que la enfermedad
    Por prescripción facultativa, me recetaron una crema a base de fresas salvajes. Yo, para que no quedara ni un poro de mi piel sin tan delicioso ungüento, opté por meterme dentro del tarro.
    Tras varios ejercicios de contorsión, he adaptado mi cuerpo al envase, y lo que sucede ahora es peor. Tengo dislocados todos los huesos y creo que me está dando un lumbago de primera categoría.
    No me puedo mover. Y encima este pajarito, que sólo está aquí para recordarme que él es libre.
    Esperaré a que llegue el gato.
    Lo peor será que lleguen las moscas, o las avispas…
    Señor, señor, aleja de mí estos malos pensamientos.
    Pero ¿Quién me mandaría a mí…?

  18. Espera
    “Espera”, me dijiste. “Vuelvo de inmediato”.
    Y aquí te espero, en el parking trasero de tu vida, mientras mi cuerpo fermenta y se diluye en fresas agrias y lágrimas azules.

  19. Mi mundo almibarado.
    Lo difícil no era salir del tarro cuando el cocinero introducía en el menú alguna salsa de frutas del bosque o un postre de fresas, lo realmente complicado era atravesar la sala sin recibir alguna mordedura o el latigazo inquisitivo en la mirada de alguna esposa que entraba en brote.
    Vivir en mi mundo almibarado no siempre fue tarea fácil, algunos dulces terminan amargando. Y la verdad, las lágrimas de azúcar escuecen demasiado.

  20. Confitura de fresas
    Odio la mermelada. Sobre todo la de fresas. Nadie comprende por qué rechazo la tarta de queso, evito los crepes con confitura o declino el postre si este se contiene la famosa Sacher. Y sin embargo, todo tiene su explicación.
    Desapareciste de la misma forma que habías llegado, áspera y abrupta. Y me quedé sólo, sin saber qué hacer con tu recuerdo. Lo arrinconé en la despensa, en la estantería de los tarros de las conservas, junto a las compotas.
    Allí lo encontré meses después, dentro de un frasco de confitura, empapado en el sirope dulce de la mermelada de fresas. Me sonreía desde su altura Lilliputiense y sin embargo, lejos de encontrarme feliz y satisfecho, yo me sentía un Gulliver torpe y rudo junto a tu copia endulzada. Como un elefante en una cacharrería o un gorila enamorado de un alma desnuda y delicada.
    Pasé horas bajo la lluvia y escaldé mi piel con baños ardientes para menguar. Compré tu amor con golosinas y bombones. Todo para no perderte de nuevo. Pero una vez más desapareciste dejando sobre el suelo las huellas pegajosas del sirope de fresa en que te había reencontrado y un familiar vacío en mi pecho.

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