Viernes creativo: escribe una historia

No artificial sweeteners es un cortometraje de The Madame  que ha ganado el premio al corto más sexy en los FPA 2014 (Feminist Porn Awards).

Lo que os traigo no es ese corto, sino su video promocional (apto para todos los públicos). ¿Escribimos una historia que encaje en él?

 

 

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20 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. ¿Vencido o vencedor?
    Hace mucho calor, y ese café me ha alterado, creo que te voy a enseñar mis tatuajes.
    En cada centímetro de mi cuerpo tengo grabadas las batallas ganadas.
    ¿Dónde quieres que plasme la que me recuerde a ti?

  2. Lineas
    Una amiga me dijo que la única manera de no cansarte de un tatuaje es que cada dibujo, cada línea, cada gota de tinta, tenga una razón, traiga un recuerdo.
    Por eso decidí tatuarme tu nombre cada vez que me dijese «no volverá a suceder».

  3. La cazadora

    Él se fue acercando a ella con sigilo. Desde la primera vez que la vio le habían llamado la atención sus tatuajes. Su cuerpo era una verdadera obra de arte. Su semblante transmitía esa sensación de seguridad que proyectan los espíritus libres. La quiso, la deseó, no aceptaría una negativa como respuesta a su demanda.
    Desplegó toda una serie de tácticas para acceder a ella. Creyó seducirla, pero la verdad es que fue él quien quedó atrapado en la red de esa cazadora.
    La chica, que se hacía llamar Condesa de Liouncort, era una dominatriz; fue ella la que lo atrajo a su juego dulcemente perverso. Pese a ello, él nunca se quejó.

  4. Tatuando la vida
    Entre las arrugas de su piel que el tiempo ha tallado en su cuerpo, se encuentran los recuerdos de cada uno de los hombres de su vida. Eligió tatuar cada centímetro de su dermis, para no olvidar ni un instante de lo vivido con ellos. Ahora que se enfrenta al capítulo final de su existencia, pasa sus dedos con placer por cada inscripción y sonríe al comprobar que en la balanza donde hace el cálculo entre lo excelente y lo infumable, lo que más pesa es el amor que consiguió compartir. Cada tatuaje que la decora es un cuadro hermoso, cada uno de ellos le dice que se ha bebido la vida a grandes tragos, saboreándola y sin perder ni una gota.

  5. Cebra

    Desenvuelvo sus fauces y me asomo. Salgo. Él duerme. Mientras me alejo observo la cama deshecha. Sobre las sábanas descansan mis bragas, exiguas, todavía heridas por sus dentelladas. Me asomo. Tras la ventana está la nada. Oscuridad y una luna que riela su reflejo de charco en charco. Llueve. El frío del cristal hace que añore su calor. En reposo no parece el león tan fiero. Vuelvo a su lado para acurrucarme, pero antes recojo del suelo mi pijama. Blanca y negra, blanca y negra. Restauro cada lista y lo doblo con esmero. Cuando llegue la noche se convertirá en mi piel y, una vez más, volveré a ser devorada.

    Juancho Plaza

  6. Conquista

    La conocía por fuera. De haberla fotografiado para una campaña de champú. De haber quedado prendado por el rojizo de sus cabellos y el azulado de sus ojos. Por haber fantaseado con su cuerpo ondulado. La conocía por fuera, repito, y me atraía. Por eso, la invité a mi casa y cuando ella aceptó, disparé al aire estrellas de fogueo, por pura felicidad.
    Entró en mi salón y lo iluminó de primavera. Le sonrió a mi cara asombrada y se sentó con elegancia estudiada. Aceptó un té y, calmados entre cojines en el suelo, hablamos. Ella me relató, como si nos conociéramos de toda la vida, sus miedos, sus ilusiones, sus nostalgias, sus aspiraciones y, hasta me confesó que roncaba. Cuando llegó mi turno y me preguntó, ya hacía horas que me había enamorado de ella, y solo alcancé a pronunciar «I love you» como si hubiese olvidado mi lengua madre. Ella volvió a sonreír, para aturdirme aún más, y me lanzó con picardía un beso desde su posición, que recogí y saboreé como la dulce agua para un náufrago. Y ya no hubo marcha atrás. Anhelaba conocerla más profundamente. Le retiré el vestido de seda que recubría su cuerpo. Arranqué sus prendas íntimas, su vergüenza y, descubrí extasiado el mapa tatuado que recorría su cuerpo. En su vientre, junto a su ombligo, se representaba la Tierra de Fuego, donde al norte dos montañas se erigían firmes, otorgando su sombra al manantial que se situaba en el sur, recubierto con una recortada vegetación. Como un explorador, me detuve en todos sus recovecos y fronteras. Disfruté con la humedad, el sabor, el calor, la pasión que desprendía. Y recuerdo que, en un momento de lujuria cuando ella cabalgaba sobre mí, me sentí dichoso y me felicité por haberla conquistado. Qué ingenuo. Cuando se marchó y me abandonó en el séptimo cielo, descubrí que me había dejado marcado en mi piel, para siempre, mil tatuajes con sus medidas, su rostro, su alma, para recordarles a todas las amantes que viniesen después quien fue mi reina. Desde entonces, no puedo extraerla de mi cabeza ni arrancar su fragancia de mi piel. Vive en mi corazón.

  7. De pago

    Le contraté porque algo de él me recordó a ti, no sabría decirte si las constelaciones de pecas en su espalda o la mirada llena de preguntas. Pero no eras tú, y por eso tuve que contratarla a ella también, lo más parecida a mí; porque yo no me sentía capaz de besar a otro hombre. Les di instrucciones: que él le pintase mapas en el cuerpo de los lugares a los que nunca fuimos; y que se hicieran fotos de viajes a islas sin nombre, desnudas de nuestros recuerdos. Yo les miraba a través de una cortina ligera, sin ser vista, sin hacer ruido. Era solo un juego, pero me enganché, y les invitaba a venir a casa todas las semanas. Cuando empecé a tener problemas para pagarles, me dijeron que no importaba y les di unas llaves. No tardé en hacer una maleta e irme de allí, no necesitaba ver más para saber que de alguna manera, por fin, existíamos.

  8. No es lo que parece

    Que no eras goloso. Que nuestra relación no necesitaba de edulcorantes añadidos, me repetías. Y yo como una tonta dejándote todas las tardes con ese bombón. Que para qué quería yo una licencia de armas, decías. Ahora ya sabes para qué.

  9. Aditivos

    Tomas el café muy caliente y sin azúcar. Te gustan poco los tatuajes y mucho los ojos verdes. La comida natural, poco especiada. Las mujeres, poco maquilladas. Dices que te encantan los alimentos con su sabor, sin aditivos. La vida, sin edulcorantes artificiales.
    En la mesa te he puesto sacarina, azúcar blanco y moreno, miel, cuatro tipos diferentes de galletas. Nada de eso vas a tocar.
    Sabes arrancarme sonrisas con tu labia fácil y se me olvida el pequeño fracaso del despliegue de dulces. Me gusta cómo mueves los labios mientras hablas y pienso en lo poco acostumbrados que están a la dulzura.
    Ahora miras con disimulo el tatuaje que llevo justo encima del escote. Te preguntas si mi piel estará demasiado salada con tanta tinta.

  10. No, no me gusta el café , gracias necesito tomar aire, abre la ventana que me refresque, mejor, me iré con el sabor a tinta entre los labios , y un borrador en los ojos para destruir los grafitis de tu cuerpo , aun no entiendo las pag. escritas en tus piel , no me dicen nada.

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