Viernes creativo: escribe una historia

¿Escribes una historia para esta ilustración del artista polaco Bartosz Kosowski?

 

 

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34 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Siempre

    ¿Qué significa siempre, cuánto dura? Siempre fue el instante en que dijiste que me querías; hasta siempre, el momento en que te marchaste, porque aquello no podía ser, porque no te venía bien. Y yo que te querría siempre, pero tú nunca volvías, y siempre, cuando aquel chico del barrio me sonrió, habló conmigo, me pidió el teléfono y lo apuntó en su agenda —y no en un papel, como hiciste tú—. Entonces pensé que siempre significaba otra cosa. Quizás, a veces, no entendemos las palabras cuando las decimos.
    Allá voy, a mi primera cita con otro, con el vestido que siempre me decías que te gustaba tanto, que me quedaba tan bien, y veo a dos enamorados en el Mc Donalds, las manos entrelazadas, y un anillo de para siempre. Y otra vez, como siempre, pienso en ti.

  2. Se conocieron en Mac Ondo, hace ya treinta años; cuando la soledad aún tan sólo era un nombre de mujer; cuando el sol y la edad aún no habían ajado sus manos ni sus recuerdos.
    Hoy se vieron de nuevo. Aún no saben si fue real o tan sólo el reflejo del espejo.

  3. Last food

    Aturdida, arriba a Callao y se detiene frente a la cristalera del McDonald´s. Dentro, en una mesa, junto a la ventana, están sentados ella y él, otra vez. Como si no hubiesen pasado quince años, él le sonríe enamorado y le acaricia las manos a la espera de encontrar el momento adecuado, mientras ella solo le presta atención a su helado de vainilla. Fuera, la recién llegada contempla la escena con la esperanza contenida y, como si le fuese la vida en ello, inicia un cántico susurrado en forma de ánimos: «dile que sí, dile que sí, dile que sí…», hasta que una mano congelada se posa en su hombro y le anuncia:

    —Hoy, él no se declarará. Ya he conocido a otra mujer y en cinco, cuatro, tres, esta ilusión tuya de volverme a enamorar cada vez que te hieren el corazón desaparecerá en dos, uno. ¡Adiós!

  4. ¡ME LOS COMO!
    Llevo un par de semanas a dieta. Me muero de hambre, me muero por esas patatas fritas con ketchup.
    Cuando me eche en cara a la dietista, le voy a sacar los ojos.
    ¡Pero, ¿qué veo? Si es ella la que está ahí con… con… si, con mi novio!. La muy lagarta, así que quería matarme de hambre.
    Y mientras yo estoy que me caigo. ella se lo monta con mi… con esa sabandija que me está traicionando.
    Ahora mismo paso al Mac y les voy a dar más que a una estera.
    Voy a coger la mayonesa, y el tomate frito y se los voy a rociar por el pelo.
    ¡Ay! pero qué a gusto me he quedado.
    Señorita, por favor: Un McMENÚ.

  5. Ruta 66
    Nuestras manos se encontraron sin querer, se rozaron, se estrecharon, se sintieron cómodas juntas y permanecieron así un buen rato. Nuestros ojos sin embargo evitaron tropezarse. Tampoco supimos que decirnos. Al ver a los viajeros aglomerarse ante el ventanal tras el que desayunábamos, apuramos los cafés y nos levantamos a la vez. Nos despedimos deseándonos un lacónico buen servicio. Salimos cada uno buscando su destino, ella escoltada por quienes se dirigían a Springfield, yo seguido por los que querían llegar a Chicago. Y seguimos nuestra ruta en sentido contrario.

  6. La otra

    La chica había soñado con un determinado tipo de hombre desde que adquirió uso de razón. El mandato cultural del príncipe azul seguía más vivo que nunca. Imaginaba que lo encontraba en el lugar y el momento menos pensado: al dar vuelta en una esquina, o en esa mesa del local de comidas rápidas en el cual trabajaba.
    Y ahí estaba, precisamente en esa mesa, sólo que así no era; la escena ante ella no era como tenía que ser. Esa “zorra” que le tomaba las manos no se parecía en nada a ella.

  7. FAST FOOD

    Su mano sudaba temblorosa entre las mías. “Me dirá que no está preparada” pensé. Al fin y al cabo, acabábamos de reencontrarnos después de 20 años. Sin embargo, ya no éramos los mismos chiquillos de entonces. Saqué el anillo que guardaba en el interior de la chaqueta, el de los super poderes que me había tocado en el Happy Meal de su noveno cumpleaños cuando anunció que se mudaba, y se lo puse en el dedo. Y rápidamente desapareció.
    A veces puedo sentirla observándome a través del cristal mientras me tomo solo mi hamburguesa.

  8. I’m loving it
    1
    Un día, regular como los demás, comentó que no le gustaban las mujeres con sobrepeso. A pesar de su cerebro, con todo su gran corazón, ella empezó una draconiana dieta. Hoy van a una fiesta. Al pasar frente a un McDonald’s, los ojos de Concha se escoran. Él le recrimina que no deje de pensar en la comida: “Vas a ponerte como una foca otra vez”. Ella se suelta la mano y, con el cerebro aplaudiendo y el corazón en un puño, le aleja por medio de un gesto muy potente.

    2
    Tan absortos están en su cálida discusión que no ven a la mujer que se ha detenido a su vera, pero por el otro lado del cristal. Se diría que está observando la mesa, aunque su mirada parece muy ausente. Quizás la haya hipnotizado el vuelo libre que las manos de la pareja van describiendo. Las patatas fritas que comparten se han enfriado y el refresco al revés.

    3
    Cuando parecía que iba a dirigirse calle arriba, da un quiebro y entra. Pide una ensalada, a la que añade, después de una inquietante duda, una ración de patatas con mucha sal. Prudente, se acerca a la mesa ocupada por una persona que le ha recordado no sabe bien a quién. Es una anciana menuda, tocada con un turbante del color de la lluvia. Con un mínimo gesto de las pupilas acoge a Concha. Ella, a punto de perder el equilibrio de los trastos, se sienta. En algún momento aparece una pluma. “Me la regalaron hace siglos”, dice la extraña, “y no supe por dónde empezar.”

  9. EL ENVOLTORIO
    De papel colorado, brillante y satinado, con esas curvas que dan ganas de coger el envase y no soltarlo jamás. Ese tacto suave, resbaladizo y puro. La sonrisa de los objetos. No importa el sabor, ese aroma falso ni el picor justo en la garganta al tragarlo. Lo que importa está fuera, no hay más que verlo.

  10. Momento Basura.

    El cristal del Mc Donald´s se oscureció en su campo de visión tan pronto Julia identificó aquellas manos que jugueteaban en caricias
    tras las cristaleras buscando otras manos que no eran las suyas. Ajenos a la presencia exterior cuyo mundo se derrumbaba, disfrutaban ambos de la compañía sin percibir el huracán de frustración y desespero que se estaba formando a escasos metros de ellos.
    Le había estado observando durante días. El comportamiento de David hacia ella hacía meses que se tornó gélido y distante. Todo en ellos había cambiado, eso era algo evidente. Julia únicamente esperaba el hasta cuando, y ese día ya había llegado.
    Una única duda le asaltaba y era la de sacar o no su Taurus 85 de 5 tiros y poner fin a la vida de aquel desgraciado diablo que tanto la había hecho sufrir. Pero se lo pensó mejor y decidió no complicarse más la vida al menos por el momento…..

  11. Te dejará. Igual que a mí. Te disfrutará un rato, dos momentos, tres instantes y, despues de que tu salsa se derrame por su boca, te dejará.
    Lo sé.
    Porque es lo que yo le enseñé a hacer.

  12. “M”

    Ya sabía que no duraría para siempre, claro, que más pronto (para mí) que tarde (para ti) elegirías tu propio menú, por mucho que me doliera, eso lo tenía asumido, no soy una cría. Aunque volvieras de vez en cuando por tu ración de buena comida casera, triste consuelo de una vez por semana. Pero de ahí a que te comas cualquier cosa, creí que algo habrías aprendido.

  13. GRAN TONTO
    Se esmera en la preparación de la comida, todo es orgánico. Ha engalanado la mesa con manteles y velas, él traerá el vino. La cena se vislumbra prometedora, solo falta un detalle, ir a recoger su vestido. Sale hacia la lavandería y en la cuadra antes de llegar, de pronto le ve detrás del cristal de un restaurante barato, sonriente y meloso al acariciar otras manos. En ese instante comprende que hoy comerá sola, se ha librado de un tipo que no distingue el amor saludable de uno chatarra.

  14. ¡Eran otros tiempos! Evidentemente, hace sólo unos días que estaban ahí, tras el cristal, celebrando su veinticinco aniversario. Los ojos de la mujer, con la luz mortecina de la tarde, parecían dos estrellas que acababan de salir a pasear. La mirada de él, de pasión, como la de un adolescente. Mis padres no habían dejado de amarse, los veo a diario y los contemplo con orgullo, con envidia. Lo mío con Julio no tiene nada que ver. Hace un año que somos pareja. Llevo mi vestido nuevo y mi corazón palpita de impaciencia,Hace dos meses que se fue a Londres por cuestiones de trabajo,, pero hoy, ni unas flores, ni una llamada al móvil para oir mi voz, nada, aunque no pierdo la esperanza hasta que llegue la noche. Voy a la tienda de regalos a comprarle cualquier chuchería.

  15. Películas
    En esto las películas dicen la verdad: nadie elige nacer con un don. Por lo demás, yo nunca me he sentido maldita, ni en el instituto me han marginado, ni mi don es una carga. Si acaso se convierte en algo incómodo cuando una amiga te dice que estará con su nuevo novio en el burguer de la estación, que se sentarán junto a un ventanal, que pases por la calle y le digas luego qué es lo que te parece. Luego te sientes incómoda al decirle que la vida con él será como estar atrapada bajo un edificio derrumbado. Sientes una amargor culpable cuando la ves tan abatida. Porque todo es mentira, claro, pero como dicen en las películas las personas con un don también merecen la oportunidad de ser felices.

  16. Moda primavera – verano

    He sacado a pasear tu nota de despedida. La llevo dentro de mi mano izquierda, bien apretada, no sea que escape algo de dolor. A falta de perro, la saco a ella y me pongo mi vestido largo, a pesar de que debería ser breve el paseo. Hacer las necesidades, estirar las piernas y dejar que se aireen las palabras amargas.
    Pero hoy no tiene prisa, tu lacerante literatura, en volver a casa, y me permite detenerme en todos los escaparates. Viene corta de faldas la moda de esta primavera y bajo en calorías el menú de los McDonald´s. Se llevan también las caricias tiernas y los ojos acaramelados.
    Sé que debería renovar el armario, pero le he cogido apego a las ciento treinta y dos palabras con las que me visto desde hace dos meses.

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