Viernes creativo: escribe una historia

¿Escribes una historia para esta ilustración de Adam S. Doyle titulada Departure?

 

 

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56 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Sobremurientes

    Empezamos a escucharles cómo salían de los nichos, rompían piedras, levantaban sepulturas, y echaban a caminar. Y también ese sonido de la piel al resquebrajarse y caer seca al suelo, sin un solo ay.
    Después llamaron a las lápidas, también a la nuestra y, aterradas, nos cogimos fuerte las manos en nuestro ataúd de hermanas pobres, abrimos los ojos y nos hicimos un poco las vivas. Para que nos dejaran en paz, para que no nos despertaran de nuestra muerte, tan dulce.

  2. Actor

    Desencajado, abre la puerta de su ático. Cierra todas las ventanas. Se desnuda y se tumba, a oscuras, en el diván. Entre lágrimas, rememora, una por una, las palabras amargas que, juntas, han servido para despedirlo como un vulgar don nadie. Aturdido, siente que se empequeñece, que se esfuma como un sueño roto y que regresa a su pueblo. En la plaza, escucha, de nuevo, las carcajadas, las burlas a su aspiración de artista, la alegría hacia su fracaso, y rompe a llorar como un niño. Cada lágrima que derrama se le clava en lo más hondo del corazón y le certifican que ha envejecido mal, que ya no es donjuán, que sobreactúa, que su mirada no embelesa, que es uno más del montón… Y como cuervos, las desdichas negras le picotean en su ego, en su ánimo, en su ser, hasta que se levanta, y a tientas, agarra el abrecartas que se clava con saña, una y otra vez, como había ensayado para su último papel, minutos antes de que el teléfono se desgañite y ya no pueda felicitarte por su nominación a los Goya.

    • Qué malo eres, Nicolás, con este pobre personaje 😉 No sé por qué he pensado en José Coronado, quizá por lo de don nadie… aunque a mí me encanta ❤

      • ¡Gracias, Ana, Elena, por vuestros comentarios!

        La verdad es que no pensé en ningún actor en concreto, y sí en la paradoja que lleva acarreada la profesión/pasión de artista en general, tan sensible y expuesta a la crítica como al halago y al reconocimiento. Supongo, que llegado a un nivel de autoexigencia alto, sentirse por debajo de esa margen debe ser mortal.

        A seguir escribiendo viernes, sábado, domingo…

        Abrazos colectivos.

  3. SUEÑOS AZULES

    Por la manera que la abuela te miraba, supimos que había algo diferente en ti, en tu manera de ser y de moverte por el mundo. Al preguntarle, ella nos dijo que eras el cumplimiento de un sueño. Y nada más quiso añadir.
    No nos sorprendió que te despidieras, no sé por qué. Pero dijiste: Madre, he de marcharme. Ella se levantó de la silla, te abrazó con una sonrisa indefinible, con una mirada que expresaba tantas sensaciones que nosotras no supimos ni qué decir.
    Marchaste hacia el balcón y lo abriste. Una brisa dulce, cargada de aromas comenzó a envolverte y de tu cuerpo surgieron nubes con formas de palomas, sueños azules, aromas tristes, músicas verdes. La brisa fue desvaneciendo tu cuerpo hasta el último aliento, hasta el último sueño visible de la abuela.

  4. EL HADO DE LOS DIOSES

    Forjan de cuervos mi vientre, de gorriones mi pelo, de jilgueros mi corazón. Águilas extenuadas sitúan donde mis brazos al viento. Garras prensiles e hirientes en lugar de mis pies. Y en el instante mismo en que mi pico de buitre les devora los ojos, esa última parte humana de mí asiste sin pestañear al espectáculo.

  5. FABRICANDO CIELOS

    Un día sin tiempo, mirándote a contraluz, descubrí que estás hecho de pinceladas grises que se destiñen en tu sonrisa, que se te transparentan los pasos hacia el pasado, y que a tu silencio pasajero se le agrietan todas las aristas cada vez que te aletean, entre los barrotes del pecho, los miedos ajenos a tu cargo y esos besos libres que atesorás en la humedad de tu boca.
    Descubrí que a veces sos simple y conciso, y otras, una oración que quita el aire, pero que siempre te vuelves la bocanada que ensancha las costillas y me llena de desvelo el alma. Porque te encontré mío, enamorado y dispuesto, todo el tiempo, a llenar mi vacío con tus vuelos.

  6. El hombre de los pájaros

    El día que llegó el hombre de los pájaros, los niños que jugábamos en el parque nos volvimos hacia él, igual que autómatas a los que les hubieran dado cuerda a la vez. Fascinado por aquella aparición y ensordecido por los graznidos de las aves que lo acompañaban casi no oí la voz de mi madre. Sentí la urgencia de sus palabras mientras su mano me arrastraba fuera del círculo de chavales. Mamá, no quiero irme, le dije. No me importa, nos vamos, me contestó, lloraba sin disimulo. Me callé y la seguí. Solo cuando cerró la puerta de casa me atreví a preguntar ¿por qué? La primera vez que vi a ese hombre fue el día que mi hermano desapareció, respondió. Aquella noche mamá se sentó en mi cama agarrando con fuerza mi mano y no dejó de hacerlo hasta el amanecer. A la tarde fuimos al parque, pero no encontré con quien jugar. Apenas quedaban niños y el cielo bullía de pájaros.

  7. Extras

    La noticia saltaba por los aires, entraba en los túneles, corría por las calles, cruzaba muros, etc. : los comediantes habían llegado. De todos era sabido que se iba a representar “Los pájaros (bobos)” y que haría falta un número considerable de extras. Yo fui el primero en llegar.

  8. Litio
    Hay días en que me siento lleno de palomas y otros, lleno de cuervos. En esos días le digo a mi madre que me encierre con llave en la habitación y no me deje salir aunque grite o suplique; aunque le haga promesas, aunque le diga que me siento lleno de palomas; aunque, entre sollozos, le pregunte si de verdad me quiere.

  9. Cuervos

    Desde adolescente venía abrevando en las letras de Edgar Allan Poe. Leer los versos de “El cuervo” le teñía el alma de negro. Una sensación de melancolía, soledad y tinieblas inundaba todo su ser moral.
    Un atardecer, a su ser moral se sumó su ser físico. Todo su cuerpo fue invadido por esa fuerza oscura; cada parte del mismo fue cuervo, muchos cuervos, que volaron al cielo, y él desapareció.

  10. Demasiada pluma

    Tenía la cabeza llena de pájaros. Los ojos de búho, su nariz era un pico de águila. Su cuerpo erguido como un flamingo. Sus manos eran garras. Lo desplumé. Estaba hecho un pajarraco.

  11. Vivir la vida
    Como pájaros se escapan los suspiros que van enganchados en los engranajes de la vida.
    Consumo mi tiempo, dejando que vuelen mis deseos, y veo alejarse la posibilidad de hacerlos realidad.
    Para que no se disuelvan mis sueños el el aire, trataré de amarrarlos con hilos transparentes.
    No quiero desaparecer sin haberlos visto realizados.

    • Los sueños son plumas arrancadas al pensamiento dormido, y de cadapajaro silvestre, me quedo con la añorada libertad de un preso, de cada jilguero me pego al tono de su cantar, de cada cisne me apuntó a su elegancia, y de cada gaviota mas alta que la lluvia cale, y ser madre de los patitos,al mas feo le pago un lifting, de guapo se cae,? pero estos píos ,píos? estos pájaros piones hicieron su Agosto, huracas ,cuervos y buitres amigos montaron el negocio; desplumaron a las inocentes aves, mil palomas alzaron el vuelo ,!inocentes!, que culpa tengo yo espantapájaros de la llanura, veniz a mi posar en mi hombro, pero no me debéis ciego.

  12. Esquizofrenia

    Cuando hay sol soy completamente normal y tengo mis pájaros a buen recaudo. Lo peligroso viene en los días grises y con niebla. Entonces, no hay donde esconderse y me picotean. Ni con las pastillas soy capaz de acallarlos.

  13. Rechazo

    Una vez, me dijeron que aquí hubo una estatua, donde se posaban las palomas. Una escultura de cobre, que se volvió cada vez más blanca por los purines y que un día desapareció. Otros afirmaron que era un hombre, que siempre daba de comer a los pájaros y murió de hambre, el pobrecito, pues las aves no le dejaban apenas moverse. También hubo quien aseguró que nunca existió la estatua, ni el hombre, ni nada parecido, pero que un buen día aparecieron unas aves volando en grandes círculos alrededor de la plaza, y se precipitaban sobre los árboles sin motivo aparente. Eran moreras, que daban sombra en verano, oí decir a algunos vecinos. No, eran castaños, y dejaban grandes hojas amarillentas en otoño, comentaban otros.
    Yo ya no sé si recuerdo todas estas cosas que os estoy contando, o son imágenes alimentadas por las historias que fui escuchando a la gente durante todos estos años. Sólo sé que aquí permanezco yo, solo, en medio de la plaza y que ya no hay estatuas, ni hombres, ni árboles, ni pájaros.

  14. Despertares

    Volaron los amaneceres que guarda colgados en un rincón de la memoria, las palabras que habitan sobre el papel de cien cartas olvidadas. Volaron las caricias fantasmas, los besos lanzados al viento, los “te quiero” nunca escuchados. Volaron, otra vez, hasta que el sueño derrote por fin a la vigilia.

  15. El canto del ruiseñor
    Despertar las noches de luna nueva con los caninos afilados me conducía a la ejecución del consabido ritual, con el despliegue de toda su parafernalia: la capa larga de cuello alzado, las alas de murciélago recortadas contra el astro blanco, el aleteo feroz que me transportaría como un rayo hasta mis víctimas. Pero si mi arte había llegado a la verdadera perfección en el cumplimiento de sus objetivos, no había sido por su práctica continuada durante siglos, sino gracias a la cuidadosa preparación en la que me afanaba durante las noches previas. Me travestía en un pequeño y delicado ruiseñor, que rondaba a las bellas mujeres hasta el amanecer. Al oírme cantar, ellas se asomaban a la ventana presas de un extraño deseo que vibraba en sus labios y les escalofriaba las entrañas. La excitación provocada en las damas iba en crescendo cada noche al compás de la luna. En el triunfo del plenilunio, sin embargo, no había canto, el silencio las oprimía de tal modo que la ansiedad secaba sus bocas ardientes, sus oídos anhelaban la voz del amado y sus ojos brillantes buscaban en la blanquinosa noche al amante soñado. Inquietas, desasosegadas, se acostaban, pero dejaban abiertos los postigos por si aquel ruiseñor regresaba a besar sus labios, sus pechos enfebrecidos. Por las ventanas abiertas de par en par penetraba mi alma joven y antigua al mismo tiempo y las tomaba en sus lechos de princesas o campesinas, en sus cuellos mis colmillos les insuflaban el amor eterno, mientras yo recolectaba la miel de su sangre fresca y absorbía la lozanía que alimentaba mi inmortalidad.

  16. “Para huir de ti,
    Me convertí en
    Ave migratoria.
    Para alejarme,
    Para no verte.
    Para, quizás
    Un día, volver
    Sin tu herida.

    Pero hoy aquí,
    Solo y sabiendo
    Al fin
    Que fue peor el
    Remedio que
    Enfermar de ti,
    No puedo ser
    Otra cosa, que
    Un pájaro de
    Mal agüero…”

    -Pulgacroft-

  17. Partida
    Escapa cada hora con un dolor de parto.
    Alzan las alas tensas y se pierden en vuelo.
    Horas tórtola, horas cuervo, horas paloma, horas azor, huyen dejando huella,
    cicatrices rosadas del hueco que anidaron,
    y también la sorpresa:
    el tiempo se desprende
    como si fuera un hijo.

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