Viernes creativo: escribe una historia

Escribamos un cuento para este video de la fotógrafa Claudia Wycisk.

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18 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Observación

    Clara se pasa horas mirando sus gusanos de seda. Está hipnotizada, la efectividad que demuestran le impresiona mucho. Comen y cagan todo el día en un ciclo perfecto, crecen con rapidez y desde hace unos días han engordado y cambiado de color. Empiezan a trabajar con la seda, dura, elástica y formando los capullos que hilan desde dentro. Clara está tan fascinada que no se da cuenta de la fina capa que la recubre, de que la luz alumbra menos y de que se mueve haciendo círculos en un rincón, cada vez más pálida, más pequeña y con esas incipientes alas.

    (Para Raquel)

  2. Tu caricia me raspa el ánima, me enciende hormonas desconocidas. Tu piel penetra en la mía, me surca con los hilos de la locura, me traspasa al infinito del cosquilleo. Me atrapas con tu rugosidad de espíritu, con tu frialdad de tierra entre la que renacerás.

  3. Cara B

    Las pesadillas enmarañadas, la desorientación cada vez que salía de casa y, sobre todo, el ahogo a la hora de escribir me llevaron a la consulta de la psicoanalista. En la primera sesión, me tendió en el diván, me dejó que le explicase, me hizo preguntas cada vez más íntimas y, finalmente, me recetó paz interior. A partir de la segunda cita, me sentó en su mesa y me instó a escribir, sin pensar demasiado, sobre mi vida. «Empezaremos con la infancia», apuntó y me quedé en blanco. Fueron sus ojos inquisitorios los que me lanzaron al papel. No recuerdo qué escribí, aunque sí el dolor de muñeca al finalizar la hora de ¿terapia? En los siguientes encuentros, me adentró en mi adolescencia, en la juventud, en mi trabajo, en el amor, en la poesía, en mis relatos iniciáticos y no sé cuántos temas más, hasta que le dije basta. «Usted me cobra y yo cada vez voy a peor, ya ni siquiera puedo imaginar historias en mi cabeza». Entonces, sonrió como no figuraba que pudiera hacerlo, y con la suficiencia que proporciona una bata blanca y unas gafas postizas, me contestó. «Por fin, ahora pasaremos a la siguiente fase». Extrajo de su archivador una carpeta, la abrió y, de ella, me entregó una pila de folios. «Lee en voz alta, por favor». Eran mis ejercicios, todos. No me reconocí. Con cada palabra mi cuerpo se revolvió, sentí pellizcos en el corazón, temblé, y hasta lloré. No eran mis recuerdos, ni mis vivencias, ni tan siquiera mis expresiones. Por ejemplo, cabrón no formaba parte de mi léxico, así se lo hice saber. Me suplicó que continuase y, desencajado, abandoné la lectura cuando repasaba el tema de mis aspiraciones. Entonces, se acercó a mí, me abrazó y me besó en la frente como si fuese mi madre. «A partir de la semana que viene», me susurró, «debes permitir que trate al personaje que vive en ti, si no es así, estáis perdidos».

  4. COMIDA

    Hago memoria para recordar que he comido hoy a mediodía y, como tantas veces, no consigo acordarme. Seguro que de primero algo de verde, es fijo en mi dieta. Pero de segundo no lo visualizo, me confundo con otros días. Igual hipopótamo en salsa o cachalote en su jugo o, tal vez, lasaña de rinoceronte, no sé. Reviso la despensa para ver si frente al acopio de suculentos animales consigo acordarme. Elefantes, leones, osos, búfalos… ¡ah!, y un exquisito manjar en extinción familia del mono que antes vivía en rascacielos. Nada, qué no me viene. Pero algo de carne seguro.

  5. AGUA
    El control de mandos manejado por el piloto automático se activa. Las compuertas de los departamentos se abren. En el centro de descanso un ordenador principal, vinculado con otros individuales, que controlan el funcionamiento de cada cabina, empieza a suministrar fluido seroso por los intersticios de la piel en los seres que mantiene in vitro.
    Las capsulas se llenan de vaho, que conforme se espesa, se convierte en una telaraña pegajosa que se adhiere a los cuerpos en reposo que hay dentro.
    La piel reseca, desecada, como tierra yerma, infértil, absorbe la solución salina, y el cloro y sodio reactivan las neuronas que mandan órdenes al resto del cuerpo. La glucosa saca de la inmovilidad a los seres encapsulados.
    Son los viajeros del tiempo. Su galaxia se extinguió hace miles de años, desde entonces, ellos viajan en busca de un planeta donde poder sobrevivir.
    El planeta tierra, con tres partes de agua en él, es el idóneo. Ellos, como nosotros, también son agua, y la necesitan para sus funciones fisiológicas.
    Y son capaces de extraerla de donde haya. De los océanos, mares, ríos, arroyos, lagos… y cuando se haya quedado todo seco, RECORDAD: nosotros también somos un 75 % de agua.

  6. Me desvivo
    por arrancar
    la corteza de mi tez,
    por despegarme
    de este barro
    que me nubla la vista,
    por despojarme
    de esta telaraña
    pegada a mis párpados.

    Quiero abrir los ojos,
    trocar la piel,
    desmorirme en tus grietas,
    despiezarme en hilos desovillados,
    acoplarme en tu abrazo…

    Persistir.

    -Aunque sea
    en la inconstancia
    de lo mudable-

  7. Náufragos

    Emergen sombras al compás de las mareas. Entre limos y oquedades, sortean esqueletos de otro tiempo, restos de naufragio. Corazones descarnados por un viento de poniente. Cálidos despojos de amor a la deriva, pecios de despecho, ánforas repletas de desconsuelo. Viejo cascarón de lo que fuímos.

  8. CONFINADOS

    Hoy el tiempo se resquebraja
    si me incrusto en tus texturas
    y deambulo, despacio y sin hilo,
    por el laberinto de tus grietas.

    Y se queda ahí, aletargado,
    suspendido en el fuego del aire,
    enredado en esta crisálida de amor
    que nos enseña a volar.

  9. Las caricias resecas dejan sobre mi piel una capa de barro ceniciento que no logro arrancarme con las uñas. Mi sonrisa, una máscara mil veces repintada. Tus besos, agua de pozo quieta pudriendo nuestras bocas. Las horas y los años, los ritos, los deberes, el miedo y la costumbre tejieron como arañas los velos que nos atan, los que ciegan ventanas y salidas. No me atrevo a mirarte. Yo sé bien que tus ojos, cobardes e impotentes, no son más que un espejo que refleja los míos.

  10. Hay más cosas

    El enorme arácnido enmadejó a dos seres en su tela que oficiaba de larva. Era dueño de una gran inteligencia; tanta como para haberlos moldeado en barro; macho y hembra.
    Cuando esos dos seres despertaron, los instruyó para que actuaran como humanos, y él regresó a la nave que lo había transportado a la Tierra.

  11. HILACHAS

    Entre finos hilos de piel mortecina, desmadejada por el tiempo, atrapé una araña. Y allí se quedó adherida, junto a los demás insectos que se atrevieron a entrar en mi ataúd, aguardando a servirme de alimento.

  12. REDURRECIOON: El silencio conformo su mundo,el que de le antojo. Tierra y barro desplazaron su furia en bandadas aniquilantes. El volcán escupio toda su lengua asesina devorando toda vida maravillosa. Cuerpos y mas cuerpos inertes . mascaras del miedo,,cido terror desencajado. Tiempo semblanza de otr tiempo. La espera….. Vendrán las aves a revolotear las copas de los viejos arboles perennes. Los valles se renuevan, y habitan otros seres el paisaje vuelven a pisar las mismas huellas de antaño. Y llegarán las máquinas ,a clavar sus dientes sobre el suelo ,penetraran hasta el fondo. !oh Dios! Parad por fin están aquí ,camuflados cuerpos entre raíces, la luz entra el aire, huele a humedo a larvas rompen las anejas telarañas. . Un parpadeo ,asombro la libertad conocer que no están sepultados. Y el resto alomejor se llama RESURECION.

  13. Crónica del hombre breve

    Mayor. Tan mayor y tan gastado que prácticamente ya no queda. El hombre para el que están hechos los asientos del metro, si tuviera a dónde ir, y aún holgados le quedan.
    Saliendo de la consulta lo aparcan entre la doble hilera de asientos. Austeros, como él, como la atención recibida.
    —Lo dejamos aquí un momentito, mirando al mar. No se quejará abuelo de la vista, ahora venimos, solo será un momento —sumiso asiente levemente.
    Tal como se cierra de nuevo la puerta del consultorio el viejo desaparece pasillo.
    Atrapado en la inabarcable tela de araña, mira la ciudad y sufre. Cómo abrirle surcos a este erial de cemento; cómo sembrarla, a puños revolados, de esperanza.

  14. Dijo el sacerdote cuando nos casó que era para bien y para mal, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Pero el jodido no mencionó nada de fundirnos en uno solo, de abandonar nuestra esencia física y de olvidar nuestros rasgos para dar paso a un ser hermafrodita, asexuado, con lo poco bueno y lo mucho malo de ambos. Así que, si el cura no dijo nada de eso, ¿por qué te empeñas ahora, tú, en enredarme en esta maraña? Como siempre te digo, hagamos caso al ministro de Dios, que de matrimonios sabe mucho más que tú y que yo, y tengamos la jubilación en paz.

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