Viernes creativo: escribe una historia

Hoy, quince de agosto, se celebran fiestas en muchísimos pueblos de España y la mayoría estaremos disfrutando de alguna de ellas. En estas circunstancias, es muy difícil escribir. Por ello, más que invitar a que lo hagáis, quiero dejaros un video del gran Lucas Zanotto para recordados que no debéis dejar de anotar en vuestra libreta de la vida todo lo que os pase.

Viajad. Disfrutad. Jugad.

 

 

 

 

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Un pensamiento en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. La felicidad

    Antes de toparse con Theodorian en el parque, H estaba casado con Q, vivían en un piso de protección oficial de 70 m², dos habitaciones y un baño. Hacían el amor una vez por semana, follaban de cinco a diez veces al mes y el resto del tiempo se desahogaban en solitario y en pareja de forma rápida o sustituían el sexo por el chocolate. H era mecánico en un taller de coches y Q dependienta de una tienda de cosméticos. Y aunque no eran felices como Meg Ryan y acompañante al final de sus películas, se sentían satisfechos y enamorados el uno del otro. Eran un matrimonio convencional. Pero todo empezó a cambiar a partir de aquella tarde en el parque, cuando Theodorian, un gnomo milenario, por agradecer a H que lo hubiese liberado de su cautiverio de dos siglos, sin saber este cómo, le concedió el poder de crearse la felicidad a medida, con tan solo dibujarla. Para demostrárselo, le entregó un bloc, un Bic naranja y le instó a que plasmase cualquier deseo en una hoja en blanco. Incrédulo, H esbozó unos trazos para representarse dentro de un deportivo. «Ya está», dijo. Y allí no sucedió nada, porque Theodorian se había olvidado de indicarle que para que se materializase la fantasía debía pronunciar, al finalizar el dibujo, la frase «yo quiero” junto a la pretensión codiciada. Una redundancia clara que, sin embargo, funcionó. De repente, H se encontró conduciendo un Ferrari por una bonita inopia blanca, tan exultante como un niño con juguete nuevo el día de los Reyes Magos. Desde entonces, a base de práctica, supo precisar mejor los anhelos y detalles. Así disfrutó de centollos, Coímbras, botellas de Diplomático, vacaciones en la playa de Ipanema o caprichos por el estilo. Al principio compartió su felicidad con Q, pero con el tiempo, no tuvo reparo en sustituirla por los más calaveras de sus amigos y, al final, por oscuros objetos de deseo. No sé si debo revelarlo, pero Scarlett Johansson, Kira Miró o Beyoncé, entre otras y otros famosos, compartieron experiencias con él y algo más, ya me entienden. De esta forma, fue feliz, muy feliz, con la certeza de que cualquier sueño estaba a su alcance, aunque al cabo de las semanas se hartaba del antojo creado y lo desechaba. Llegó un momento en que nada le satisfacía y vagaba, entre lágrimas, por las estancias de su inmenso palacio de Miami, sin encontrar consuelo alguno, y solo como un fantasma. Un día de aquellos, se encontró recordando a Q: sus vestidos de Zara, sus cocidos, sus imperfecciones… o lo mal que se había comportado con ella. Se preguntó cómo sería su vida. La llamó, la buscó en las redes sociales, interrogó a amigos comunes, a sus padres, a su familia, sin éxito alguno. Parecía como si la tierra se la hubiese tragado o como si se escondiera de él. Así que la dibujó. Desde entonces, como es lógico, varios años ya, H colma de atenciones y tratamientos de reina a Q, pero no son suficientes, ni siquiera el hijo que han concebido de forma natural. El pasado les marca mucho y, aunque se esfuerzan, no son felices.

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