Viernes creativo: escribe una historia

Comencemos septiembre con fuerza. Ve a una esquina y quítate la máscara.

El video es de la compañía cubana Teatro Buendía, realizado por Marc Lleixà.

 

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15 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Máscara (por rafarrojas)
    Lo fuimos, verdad? No lo soñé: por un tiempo lo fuimos. Como uno. Como si efectivamente existiera el amor que une, que convierte a dos en uno. Podíamos hacer aquello de acabarnos mutuamente las frases. E incluso los pensamientos. Sabía yo lo que pensabas tú, tú lo que yo. Y durmiendo en el mismo colchón, fíjate!, que sí, que una misma opinión, sólo ligeramente separada, uno en el lado izquierdo y el otro en el derecho, juntos en ese centro que eramos los dos, ese hueco cálido en la cama, nuestro hueco. Sólo el gato se interponía en nuestro sueño. Se retorcía y arqueaba hasta conseguir entrar entre nuestras dos caras, con ese ruido de helicóptero de Apocalipsis Now. Lo quería todo esa fría bestia, ese niño horrible que tú amabas y yo odiaba primero cordialmente y luego a muerte. El gato negro de Poe. El gato acabó con nuestra felicidad. O a lo mejor sólo era una máscara, quebradiza, frágil. Una ficción. El gato, las discusiones que comenzaron por él y siguieron… por cualquier cosa, rodando como un ovillo deshilvanado, dejando en nada lo que con tanto cuidado tejimos juntos. Pero una vez lo fuimos, no? Nos quisimos mucho, más. No fue sólo ficción.
    FIN

    Mi blog está deseando recibir visitas: http://rafarrojas-lanadaylafuga.blogspot.com
    Yo querría escribir, ser escritor, pero en su defecto hago estos ejercicios que no van a ninguna parte. Al menos espero que los que lo lean disfruten.

  2. Más cara

    Me he despertado sin cara, estoy seguro de que me la han robado. A mí es la primera vez que me ocurre, pero estoy harto de ver gente con una cara que no es la suya. Llevo todo el día pensando en qué hacer, cómo salir a la calle, como reconocerme. He llamado a un carador urgente y me ha prometido traerme varias a lo largo de la mañana, pero mira, ya son las 2 y no viene. Mientras tanto he roto varios espejos, he tratado de pintarme una, de modelarla con arcilla, hasta de darme miedo. Pero nada funciona, sin ella no sé ser yo. Y pensándolo bien, quizás no quiera seguir siendo yo. Así será todo más fácil, podré hacer la maleta, irme, ser quien yo quiera.
    Pero, ¿quién quiero ser?

  3. Por amistad

    Nunca entendí que llovieran piedras, que se extinguieran las caracolas de mar o que se resquebrajasen las familias a primeros de septiembre, hasta que me sucedió a mí. Benidorm pudo con nosotros. Con nuestra paciencia, nuestra armonía y los dos llegamos a la conclusión, por separado, que no más vacaciones como marido y mujer. Tú por tu lado y yo por el mío. Por eso fui a visitar a Julia, que había experimentado similar travesía en agosto, porque los julios también son nocivos para el amor. Al llegar a su adosado, me sorprendió que estuviera sonando Gardel, una y otra vez, con el mismo Cambalache, y que la puerta estuviera abierta. Como existía confianza, entré sin llamar, sin sospechar que al final del estrecho pasillo, en la habitación de los trastos viejos, estaba ella, esperándome, colgada de la lámpara como si fuese un calcetín viejo y desparejado. Morada e hinchada, nunca la había visto tan desmejorada y recuerdo que la insulté primero, la compadecí después, siempre llorándola porque me había dejado huérfano de hermanas y, finalmente, la abracé como necesitábamos los dos. Peinándola, me acordé de su padre y de su escopeta. De su madre, que no resistiría otro suicidio en la familia. De su hermano, que me ofreció el primer porro y, años después, me colocó en la Nissan. Escuché todos los cuchicheos de los íntimos, las maledicencias de las vecinas, el «se veía venir» de los sabelotodo. Leí su suceso en el periódico, en un recuadro escueto junto al accidente laboral de un enano del circo y un alijo de margaritas adulteradas; y negué mil veces, hasta que expulsé toda mi rabia con un quejido del alma. Entonces, decidí, que mi Julia, no se merecía un final tan deprimente y tópico —ya me lo agradecerás— y, sin más, agarré el teléfono, marqué el 112 y le solté a su voz de emergencia: «Policía, acabo de estrangular a mi amiga».

  4. SOMOS

    Mequetrefes del alambre
    desgastados por la Vida,
    marionetas esperpénticas
    a merced de cuatro hilos.
    Vamos por el Mundo
    torpes, histriónicos…
    ataviados por la máscara
    que oculta nuestra alma.
    Nos la quitamos sólo a solas
    -frente a un espejo partido-
    y aun así, no nos creemos.
    Preferimos seguir viéndonos
    de mentira,
    sudando el miedo cada noche,
    soportando la vacuidad
    de nuestros cuerpos.

    Y al final,
    el grito desgarrado
    de la soledad más absoluta.

    http://www.pulgacroft.blogspot.com

  5. ¡QUE VERGÜENZA!

    La fiesta estaba en el minuto más álgido de la noche. Por doquier el alcohol, alguna droga blanda y de las otras que en un principio pasaron de mano en mano a escondidas, pero que con el paso de las horas se hicieron visibles a todos los presentes, empezaron a desencadenar situaciones caóticas.
    Luis y Miranda su flamante esposa fueron los primeros en sentir las consecuencias del cóctel que habían ingerido. En un principio ella se empeñó en pintar la cara de su marido y él al negarse, solo consiguió que todos los presentes se aliaran con su mujer y cada cual con las témperas y los óleos de los dueños de la casa acabaron por dejar su cara que parecía cualquier cosa menos un “San Luis”.
    Este fue el motivo por el cual todos se animaron, se embadurnaron con los potingues que fueron encontrando, se colocaron las máscaras africanas que lucían a lo largo del pasillo, y se calaron cacerolas y cazos al grito de “vamos de safari”
    Fue Nuri la venezolana, quien quiso poner un poco de cordura en el disloque formado. No se le ocurrió mejor cosa que hacer un estriptis. Se colocó la cabeza de un toro disecado y empezó a quitarse la ropa.
    El marido se reía a pulmón lleno. Pero Honorato, el boticario, dio un golpe en el espejo del pasillo. Justo en el lugar donde estaba la alarma de la casa. La sirena empezó a sonar, nadie atinaba a parar la alarma y los de Salvacasa llamaron a la policía.
    Uno tras otro nos fueron metiendo en el furgón de atestados que esta vez si hacía mención a su nombre. De allí a pasar declaración y después una llamada a casa, para que vinieran a recogernos nuestros hijos.

  6. En trance

    El sonido de los tambores es envolvente. Personas afro-latinas danzan en torno a mí. Por momentos me arrepiento de haber ingresado a esto. Pensaba que era todo una superstición, una tradición importada de pueblos africanos alejados del progreso iluminista.
    Ahora empiezo a creer. El estado de trance en que me encuentro me ha hecho cambiar de parecer. Soy parte de ellos, y si ellos creen, creemos; en rito panteísta, cada cosa del mundo tiene la esencia divina, y no existe individualidad, hay una sola conciencia.
    La ventana deja filtrar un potente rayo de luz en la oscuridad que impera adentro. Aparece un ser ataviado con un manto negro, no distingo su rostro pero sé quién es. Una vez más, como desde hace miles de años, está aquí.

  7. ANCESTROS
    Como cada noche ofrezco a los asistentes al Safari una ceremonia tribal para que los turistas puedan sentir el sabor de África.
    Al principio para mí sólo era un trabajo con el que mantener a mi extensa familia.
    Pero ahora según me acerco al fin de mi vida se trata de un ritual con el que me siento cada vez más cerca de mis ancestros.
    Sólo espero poder transmitirle a mis nietos la sabiduría que alcanzo durante el trance para que ellos la sigan expandiendo a lo largo de los tiempos.

  8. LAS MARCAS DE LA VIDA

    Le impresionó lo que vio aquel día al mirarse al espejo. Por eso aquellas convulsiones y el febril estado que lo mantuvo como hipnotizado. No sabe cuánto tiempo estuvo intentando quitarse la máscara, pero al final lo consiguió con la grandeza de saber que a partir de aquel momento, comenzaría a vivir.

  9. ¿VERDAD O MENTIRA?
    -¿Quién te ayudo?
    -Nadie, lo hice yo solo.
    -¡No me digas! -contestó el profe de lengua; lo hizo en una carcajada que encontró eco en la mala baba de varios pelotas.
    -Os presentó a un nuevo poeta: el Sr Don Marcos Rodriguez Rodriguez. Sin saber apenas escribir su nombre, sin haber leído un solo libro, sin estar nunca atento en clase, he aquí que el muy embustero quiere que creamos que estos versos son suyos. ¿Por quién nos has tomado?
    Marcos no contestó nada. Impasible, mantuvó la mirada fija en la ventana que daba al patio y al tilo que le había inspirado aquellos hermosos versos.

  10. El alterno.
    Por Elizabeth Hernández.
    …….
    Primero fue la penumbra, después, avanzando por la oscuridad, tu silueta redondeada apareció, junto con la luz de tu mirada perdida. Caminabas por la oscura senda hacia mí, con tus pies duros, descalzos y fríos, entonces recordé brevemente cuando solías caminar hacia la cama luego de apagar la luz de tu habitación, habitación con cuatro muros impregnados del aroma de limones frescos, y limones viejos también.
    A la mañana lloraba el cielo y mi garganta retumbaba, porque en realidad no estabas preparando el café de la mañana.
    Hoy Lola de mi vida, paseaba por la calle de galaxia, ésa esquina donde te convertí en todas mis dichas, calle galaxia, galaxia y su nombre prometedor de eternidades, ahí donde las casas llenas de enredaderas, donde solías esconderte Lola, donde no sabías que las ramas de las flores moradas descubrían tus cabellos erizados, Lola.
    Sola, desprotegida y valiente, tu femineidad vendida a cambio de unos pocos pesos. 
    Esos ojos bravos me terminaron de atrapar, entre flores y rizos que enmarcaban tu cara canela.
    Lolita, no sabes, días enteros admirandote desde la otra enramada de personas que frecuentaban la plaza por las noches. Días sin que creyera merecerte, admirando tus caderas recias y pies andantes presos en unos tacones altos y brillantes, como la esperanza de engullir un poco de libertad, una esperanza igual de apretada y estrecha.
    Lolita, te pagué por compañía, me convertí en tu mejor cliente, negrita mía, bastabame tu mirada de horizontes soleados y terribles, me mostraban tu alma acallada por sabrá dios que historias, tu alma triste y amorosa desperdiciada por siglos de hombres formando una procesión larga y vieja como el tiempo, tu alma guardada bajo unos sostenes colorados.
    Bastabame ése instinto matriarcal que usabas cuando cuidabas de mis pies cansados, aquellas conversaciones sin sentido todas las mañanas, bastabame tu silencio viajero, ése semblante perdido en tus otros tiempos cuando sonreías de veras.
    Lola, no sabes, no sabrás lo suficiente que me era tu acento extraño retumbando mientras me hablabas desde la cocina, o tus piernas curtidas frotándose contra las mías en tiempos de antipatía.
    Lolita de mi vida, hoy está otra mujer en aquella esquina, con una mirada parecida a la tuya. No estaban tus ojos, ni tus pasos recios, ni tu sombra callejera, ella en busca como nosotros de un trozo de vida, ella en la calle galaxia. 
    Yo trato de recordar su nombre Lolita mía, pero sólo estás tu, tu atrapada en las enredaderas, tu tatuada en las sombras ajenas y en las estrellas, adherida por siempre a la galaxia, a mis zapatos que uso a diario, a mis pies, mi sombra y mis pulmones Lola.
    Ella me dio un nombre, uno que ya he olvidado. Desesperado le pagué por un poco de tu recuerdo, preso de tu imagen procuraba cerrar los ojos para verte dentro de mis párpados enrojecidos y ardientes. 
    La charla tampoco olía a ti, sin embargo compartimos nuestras soledades espesas y brumosas, igual que dos estrellas cuando chocan, no siempre resultan ilesas Lola, a veces se rompen, se destruyen, para el universo resulta hermoso el espectáculo, luego las ruinas mi negrita, la destrucción que por momentos pareciera que libera, y sin embargo nos proyecta más cerca de los miedos que ocultamos Lola. 
    Mi Aurora, deseo tanto que el verano perdure y llueva siempre que te obligo a regresar cuando pienso mucho en vos…
    Esa lluvia buena que siempre sabe esconder mis lágrimas, que mejora su sabor salado y ya no escoce en la garganta Lola, esa lluvia pesada que oculta las pérdidas, que disimula la falta del sonido de tus pasos nerviosos por la ascera, esa lluvia buena y compañera…
    Pronto llegará el otoño, mi vida color canela, y con ella los tonos que asemejan tus dos ojos vivaces, tus ojos doloridos Lola.
    Por las noches me confundo mucho Aurorita, me confundo y me pierdo dentro de mis propios túneles que conoces tan bien, es en la oscuridad de mis temores que cuestiono si antes de ti existía ya el vacío, el frío Lola, si tu estuvieras vida, si me escucharas y te esforzaras tan fuertemente en comprender todas mis sandeces te lo preguntaría, te preguntaría si es real que te he perdido, o es que no me encuentro sin ti, cuando contigo el universo tiene sentido porque sí. 
    Proclamo tu nombre: Lola, mi Aurora, lo grito a veces muy fuerte para creer que fuimos, que estuvimos, por si una pequeña pizca de tu esencia se acuerda de mi aspecto viejo y sediento y viene a buscarme, por si me encuentras ahora que también estás perdida, y volvemos a ser, Lola.
    Por sí volvemos a ser…
    Solamente queda tu espacio en la esquina Lola, y me recuerdo yo mismo que Aurora no es más que un nombre alterno forjado por el viento.
    El mismo nombre que di al hombre policía que registró tu casa, el mismo hombre piedra que miraba una escena llena de colores Lola, de gamas rojas y cafés como el otoño, de manchas como el chocolate en las que se perdía el principio de tu piel con el de tu sangre derramada en vano Aurora, mi dicha toda embarrada en el suelo infame que alguna vez te creó, el mismo suelo que ahora te reclama Lola.
    Camino un poco para despejar un poco la cabeza. La gente avanza despistada, a veces no te alcanzan a notar, a veces te hieren sin notarlo Lola, a veces los pasos ajenos te lastiman, acribillan sin notarlo. 
    Pero eso ya lo has de saber… Porque tu lo sabías todo Lola, todo lo sabías…
    Ha dejado de llover, negrita, hay que buscar refugio de todo, de nosotros, hay que sangrar en la negrura, Lola, esa negrura hambrienta de hombres y demás creaciones, ésa oscuridad devoradora de flores y colores, nena, y roguemos que no acabe de engullirnos por completo, roguemos Lola, y esperemos que mañana venga un nuevo día. Esperemos Lola.

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