Viernes creativo: escribe una historia

Mira esta escultura de Jan Svankmajer. No me digas que no está pidiendo que le escribas una historia.

 

Jan Svankmajer

 

 

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30 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Al despertar

    ¿De dónde vienen los besos?, me pregunto una mañana fría y lluviosa antes de que suene el despertador, así como entre nieblas. Cierro los ojos y sueño que de mi cara sale la tuya, que te moldeo, que saco tu beso de mi boca, mi beso de la tuya, que existes porque yo te creo en un sueño que dibuja un beso, un beso que se desdibuja al despertar. Un beso que dura un segundo. Un despertador que hace ring y me deja sin el beso, sin tu boca, solo con el recuerdo del sueño.

    (Muy Cortazariano, me he dado cuenta al terminar de escribirlo).

  2. Te vi.

    Te vi, aunque no lo creas, en aquel rincón alejado del tumulto.
    Te vi y en aquel momento, oscuro se tornó el mundo.
    Tus labios posados en otros labios, formando una infernal unión.
    Y yo, recordando promesas de amor. Amor tan falso, que me produce repulsión.
    Evitar tus excusas y falacias, esa es mi decisión.
    Desaparezco sin más de tu vida, sin dar explicación.
    Quédate pegado a esos labios, quédate con ella, so cabrón.

  3. Infesta

    El cielo se ha pintado de negro en esta mañana baldía. Tú, sigues adorando a los dioses caídos, como una concubina cualquiera en un motel de carretera. Apartada, infesta, regalando besos de ramera a cualquier hijo de puta que saca su cartera. Y más, pero lo que duelen son los besos, los caducados besos que repartes como si de cartas se tratara en una partida de póker. Huele tanto a humo, a mierda, a infructuosa y estúpida vida, que las lágrimas corren tu rimel, escurriendo por tus mejillas como ríos sin agua, erosionando tu cara, tu preciosa cara, hasta convertirla en tumba. Una tumba sin fechas enclavada en el arcén de una carretera olvidada, dónde ya no crecen flores, tan sólo lápidas.

  4. Terapia

    Te reconozco el esfuerzo. Las cosas han mejorado bastante. Ahora pones mucho más cuidado en ocultar sus mensajes y las excusas nocturnas están mucho más trabajadas. Cuando vuelves amanecido ya nunca olvidas traer flores. Y me preparas el desayuno si todavía no me he levantado. Aun así, no puedes evitar seguir teniendo barro en la boca, y yo arena en los ojos.

  5. Silencios

    La semana pasada me ascendieron en el trabajo, de planta y en el organigrama, y Olga todavía no lo sabe. ¿A qué espero para contárselo? No lo sé. Pero tampoco le he referido que asisto a un taller de poesía, que he registrado en el notario mi testamento o que tuve un accidente de coche. Y ello me lleva a cuestionarme: qué nos pasa. No hace mucho, lo hablábamos todo, hasta los detalles más banales y asuntos que ni siquiera nos afectaban, pero ahora… No es solo cosa mía. Ella también calla. ¿Cuándo piensa explicarme por qué ha cambiado de gimnasio, hacerme participe de la discusión con su madre o informarme de sus problemas con el teléfono móvil? Con este mutismo es imposible que nuestra relación fluya y desvarío. Desde hace unos días, pienso que el problema se originó cuando ella colocó en el dormitorio —aunque lo niegue hasta la saciedad— esa escultura africana de dos amantes que funden sus bocas hasta perderlas, y me gustaría comentarlo con ella, recabar su opinión, pero nunca encuentro el momento, se me olvida y lo dejó pasar. Aunque ya lo tengo decidido: me voy a deshacer de la figura y no le diré nada.

  6. En los labios hambrientos
    de amantes torpes, los besos
    se derriten.

    Labios y lenguas fundidos,
    salivas agrias y dulces, acompañan a
    comparsas de manos,
    lujuriosas,
    ajenas y propias.

    Los besos más dulces
    se derriten en la boca
    como la fruta madura
    y su sabor se empeña en no perderse
    en grabarse a fuego
    en las papilas gustativas
    tanto, que todos los besos,
    todos, quieren saber así.

    Desenfoque

    Cierro los ojos al besarte. Los cierro para que al hacerlo no se desenfoque tu rostro, para que el beso, esa mezcla de ti y de mí, se quede prendado en mi retina cerrada. Cierro los ojos al besarte, sí. Y siento que esa unión, ese momento mágico, el del beso, el de tu beso, es mi universo. La catedral donde guardo, adoro y rindo culto a todo lo demás. A las palabras que decimos y a las que callamos, a las miradas francas que compartimos, a las de soslayo. Rindo culto a las caricias, y a los momentos salvajes. Adorar es un beso, y por eso, cierro los ojos al besarte.

  7. Somos la misma cosa,
    la misma nada
    llenando el vacío
    de alguien.
    Bocetos imperfectos,
    abandonados en una esquina
    de este Universo.
    Pruebas de diseño
    esperando a que cualquiera
    nos acabe,

    … o simples pasatiempos
    de “claymation”.
    -¡Quién sabe!-

    Barro, arcilla
    carne y huesos,
    tierra y agua…
    moldearon nuestros cuerpos.

    Olvidaronjuntasnuestrasbocas.

  8. Amantes de barro

    Me agarra la mandíbula y me besa. Yo destrozo sus labios con los míos. Me pregunta si aún le quiero. Le digo que no y le araño las mejillas. Bajo mis uñas se acumulan restos de su sudor, sangre y piel. Me arranca un mechón de pelo. El beso se agrieta, se rompe y aparece el mordisco. Las lenguas se anudan y establecen su pulso. Él tira. Yo tiro. Blandimos los dientes, que entrechocan, se baten. Chirrían. Los paladares saben a hierro, a saliva amarga. Hinco los colmillos. Gime. Se desmorona. Él es el primero en llorar. El llanto lo desborda y comienza a consumirle. Va desapareciendo ante mis ojos, arrastrado por los torrentes salados que surcan sus mejillas.

    Yo gano.

  9. Silencio
    Estás tumbado en el sofa, zapeas. Me crees dormida despues de haberte hecho caso.
    -¡Anda cállate, solo dices gilipolleces! -me dijiste, como siempre lo haces desde que… no recuerdo qué-. Sé muy bien lo que piensas, pero te equivocas. Mira, ¿sabes lo que te vendría bien?… salir un poco más y no comerte tanto el tarro. Te voy a decir lo que vas a hacer: tómate un par de pastillas de las que te dió el loquero ese, y échate un rato.
    Estás tumado en el sofá, por fin duermes.
    Me siento rara y feliz. No sé si más rara que feliz o al revés. Por primera vez en mucho tiempo acabo de pensar en hacer algo que ni te imaginas; te vas quedar frío, te lo prometo. Lo que me entristece es que no habrá siguiente vez. Mañana, cuando me detengan, me aconsejarán guardar silencio, y todo volverá a ser igual que antes.

  10. Arenas movedizas
    Cada día afronto la vida de igual modo. Los mismos pasos, la misma rutina. Nada porqué luchar, nadie por quién vivir…
    Abro los ojos al nuevo día, pero no distingo formas ni colores. Llego hasta la mesa donde está esa figura que empecé aquel aciago día, con el fin de no olvidar tus rasgos, pero mis manos, mis torpes manos se niegan a plasmar mis recuerdos.
    La culpa de aquel trágico accidente me corroe. Fui yo quien empezó la pelea. Mis malditos celos sin fundamento, mis malas palabras y aquel volantazo que te hice dar… después silencio.
    Ahora sigo aquí dejando la huella de mis dedos en la arcilla, mezclando tu cara con la mía, pero el barro se ríe de mí. Los pómulos se desfiguran, los ojos se cierran y se hunden, y los labios, los tuyos, absorben los míos en un afán por devorarme.
    Quisiera pedirte perdón, quisiera borrar aquél momento, pero ya es tarde, sólo me queda esperar a que tu busto engulla el mío, quizás ese mismo día yo desapareceré.

  11. Creación

    El Artista los modeló en arcilla, a su imagen y semejanza. Eran muy parecidos, tanto que podían ser tomados como dos mitades de un mismo ser. Y si eran el mismo ser ¿por qué no unirlos?
    Los unió. Metió sus dedos en las caras de ellos, y cada uno dejó de ser él para convertirse en una suerte de persona bicéfala, y con dos cuerpos; a decir verdad, seguían siendo dos en uno, cual siameses. Así que, no le gustó el resultado.
    Volvió a crearlos por separado, macho y hembra, y diferentes entre sí. En la variedad está el gusto.

  12. Solución radical
    Vinieron de lejos, nadie sabe de dónde, tampoco se molestaron en decirlo, ahora ya no importa. No intentaban conquistar nuestro mundo, ni siquiera subyugarlo, no era ese su propósito. Les gustaba su planeta y su forma de vida, no estaban interesados en explorar el espacio, pero no tuvieron más remedio que investigar para deshacerse de unos vecinos tan bulliciosos. Según ellos éramos molestos, generábamos mucho ruido: guerras, catástrofes provocadas, incapacidad para entendernos sin gritar y así una larga lista. El guirigay que montábamos era de tal intensidad, que el escandalo se expandía por el universo hasta llegar a su astro natal. Con su avanzada tecnología encontraron la manera de silenciarnos. Nos acoplaron por parejas sin distinción de sexo y nos unieron por los labios unos a otros sin posibilidad de separarnos.
    Ya se han ido a su lugar de origen, los humanos seguimos aquí renegando y mascullando en la boca del que nos tocó en el reparto. En poco tiempo toda la raza humana desaparecerá por culpa de estos extraterrestres excéntricos. Es tanta la indignación mundial por esta intromisión que a nadie se le ha ocurrido buscar una solución y cada vez tenemos más hambre.

  13. Alfarería

    Nos acercamos mucho después de que la aridez del tiempo convirtiese nuestra piel en inmóviles escamas de barro. Tanto, que ya no recordábamos que un día fuimos materia prima sobre la que crear universos. Por ello, cuando nuestros ojos se cruzaron, cuando el primer te quiero surgió de nuestros labios, apenas fuimos capaces de comprender el porqué de aquel calor olvidado que empezaba a apoderarse de nuestros corazones, convirtiéndonos, de nuevo, en dos seres libres en los que moldear. Tus dedos rodeando mi boca, mis manos sobre el ébano de tus mejillas; como si ambos intentáramos poner una barrera a posibles besos desertores. Las hendiduras en nuestros rostros no hacían más que marcar el camino que me llevaba a ser tuyo, a que no vivieses más allá de mí.
    Quizás llegue el día en que otras manos, más ásperas, intenten separarnos para hacer de nuestros cuerpos meras piezas de decoración. Pero si eso ocurriera, parte de tu barro se vino conmigo, parte de mi alma se quedó en ti.

  14. El escultor

    Los días se adormecen en medio de este silencio y vuelven perezosa a la memoria. Es tarde para el corazón, cuando el frío penetra demasiado hondo. Ya han olvidado las yemas de mis dedos la curva de tus mejillas, y he perdido la luz que guardabas para mí en el hueco de tus manos. Duele tanto… Te imagino serena, en mi mente agitada, porque así cierras los ojos; esos que añoro, vacíos de recuerdos, sin vida, sin mí. Maldita tú, maldito el dolor de tu terrible ausencia. Hoy busco desesperado tu rostro, y ablando la arcilla con mis lágrimas. No cesan las sombras que traen el frío, ni el fuego del alma mutilada. No recuerdo tus besos, mi amor. Se consuma tu olvido. Rendidas las fuerzas, enmudecen las palabras.

  15. Un Matiz

    Rutina envuelta en barro aparente, ni un solo color asoma al verte. Solo cuando los párpados abatidos, tristes se cerraban. Solo cuando las manos esbozaban la mentira. Solo en ese último instante de luz: un rayo verde imaginado, besos atrapados. Y un final surge; aquel que calla el pasado, que devuelve el presente y, un sentido y ferviente futuro degollado y apartado. El matiz viene después.

    Pablo.

    loqueduraunatregua.wordpress.com

  16. Modelado
    Conocí a Leo en un hotel de Ibiza. Yo trabajaba de camarero y él pasaba las horas acodado en la barra. Leo nunca iba a la playa: se levantaba tarde y desayunaba en el bar. Después de la última loncha de beicon pedía un vodka y ya no dejaba de beber hasta que se iba a la cama. Por la noche, cuando no quedaba nadie, se sentaba al piano del bar y tocaba jazz. Yo escuchaba mientras sacaba los vasos del lavavajillas y recogía todo. Después salía de la barra, apagaba las luces mientras iba hacia el piano, me acercaba a él por detrás y le besaba en el cuello. Leo se giraba, sonreía y me besaba en los labios sin dejar de tocar. Leo tocaba muy bien, besaba con un ligero aroma a vodka, y follaba con la misma paciencia con la que vivía. Pasé aquel verano con Leo. Pero llegó septiembre: Leo se marchó y a mí se me acabó el contrato. El hotel cerró y el piano comenzó a acumular polvo.
    Alguna vez he pensado en tratar de buscarlo para besar sus labios otra vez y volver a sentir las coquillas de su bigote, pero sé que nuestro amor se quedó en un esbozo en barro que ya se secó.

  17. Quiero sentirme como la primera vez…, fue ya hace mucho tiempo. Donde las pecas inundaban mi cara, donde el sabor metálico de mis brackets hacían inseparable los globos de chicle. Aquellos años de tonteo. De ida y venida de arrogantes estados de ánimo, de gustos y cómo no, de esa eterna edad del pavo. Si, me viene a la mente ese dulce beso. El tonteo con el chico de la primera fila, que esconde su sonrisa antes de entrar a la clase. Lo recuerdo cómo si fuera ayer. Fue inesperado, pero profundo. Fue un día de otoño. Los ruidos de la entrada me distraían, no me fije que el chico que me gustaba, me esperaba apoyado en el marco de la puerta. Fue una mirada fugaz, casi no me atreví a mirarle a los ojos. Solo sentí su brazo sobre el mio.
    De forma casi enigmática, cómo si fuéramos marionetas, dirigimos nuestros labios…, en un solo punto. En un solo encuentro. Dónde el roce de sus pequeños labios, desencadenó un brote de pequeños escalofríos. Una perfecta conjuncion de sentimientos y de emociones. El dulce sabor a chicle de fresa, una fresa ahora compartida. Un inigualable producto del amor, yo te gusto, tu me gustas.
    No se el tiempo que permanecimos enganchados, digo esto por que una de las gomas de mi brackets se quedó enganchada en su labio. Imaginaros que profundo… y eterno beso. Cómo dos estatuas de sal. Esculpidos en una sola pieza, hasta qué un profesor logró separarnos.

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