Viernes creativo: escribe una historia

Este video de la fotógrafa Rocío Montoya está lleno de imágenes provocadoras y sugerentes. Inspírate en alguna de ellas para escribir.

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9 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Elegires

    Me pediste que te mirara y te miré,
    que te besara y lo hice
    me quitaste la ropa, los pudores y los sueños
    me elegiste
    como se elige a una fruta en el mercado
    así me llevaste a tu lado, por días y días
    hasta acostumbrarte a mi presencia.
    Ahora miras por la ventana de los años
    esperas que venga otra
    que te entretenga más
    y mejor.
    Porque yo, ya sé
    solo soy el mueble
    más bonito
    de tu salón
    y lo que necesitas
    (te lo he dicho siempre)
    es una cama.

  2. Inercia
    Jugamos a ver quién mata mejor el tiempo y ni tu ni yo sacamos partido.
    Miro los pájaros en la jaula, se mueven están vivos.
    Nosotros que se supone, somos libres, no sabemos gozar de esa libertad. somos presa de nuestra propia desidia.

  3. Alejados para siempre

    AQUELLA NOCHE, ESTABA VIVIENDO UN SUEÑO en el que bebía cerveza negra y Lou Reed interpretaba para él las baladas del olvido, cuando se encontró con ella. Le balbuceó un te quiero como un idiota. La siguió por un estrecho pasadizo. Y se detuvieron frente a la ventana abierta del vacío. Entonces, ella se acuclilló como una paloma en el alféizar y sin vértigo alguno le invitó a que le acompañará. Él no lo dudó. Se acomodó a su lado, se entrelazaron las manos y escuchó de sus labios «Salta». Él asintió con la cabeza, pero antes, le preguntó: «¿Por qué te fuiste?». Ella le miró y empezó a sonreírle y, luego a carcajearse de forma grotesca, burlándose de su ingenuidad. «¿No te das cuenta? Soy pelirroja y tú no. Salta», le reiteró. Él sintió miedo, se negó, se soltó de su mano y la vio precipitarse al vacío de la nada…

    Trastornado, se despertó como el ahogado que vuelve a la vida. Encendió la luz y se palpó el cuerpo. Estaba intacto. Suspiró y se tendió en la cama para recuperarse. Volvió a recordar a Maggie: su cabello rojizo, sus manchas infantiles en las mejillas, su inocencia en el ojo derecho y su malicia en el izquierdo, su dulce seducción a pecar, sus tatuajes diabólicos… Y empezó a llorar como un niño, a sentir un dolor intenso en el pecho, a escuchar de fondo a Lou Reed hasta que, horas después, se levantó de la cama, se acercó a la ventana y la atrancó para siempre.

  4. Te espero,
    me consuelo
    me desconsuelo
    me desespero
    ese piano me va a enloquecer,
    dedos añorando tu piel,
    no dudes, acércate,
    no me dejes ver,
    sexo con duro corsé,
    me muestro y me entrego,
    no tardes,
    ven y tómame.

  5. À cache-cache (al escondite)
    Me gustaba jugar contigo mientras el viejo pianista tocaba.
    -No vale hacer trampas -me decías.
    Pero yo podía ser mujer o pájaro, simple reflejo o fresón maduro.
    -Frío… caliente… caliente…frío frío… -te lanzaba desde mi escondite.

  6. El freezer

    Observó cada parte del cuerpo de ella sin dejar de sorprenderse ante tanta belleza.
    El freezer de su casa era muy pequeño, y resultaba harto difícil elegir una sola de esas partes para su futuro deleite.

  7. El hombre ideal
    Puso dos manteles y sobre ellos colocó dos cuchillos, dos tenedores, dos servilletas. Llenó dos vasos de vino y sirvió dos platos. Encendió la tele. Estaban con los deportes, pero no cambió de canal: imaginó que a él le gustaría saber las últimas noticias. El Madrid no andaba muy bien. Comenzó a comer. De vez en cuando tomaba un sorbo de vino.
    –¿Quieres ver el tiempo? Si no lloviera, podríamos ir a algún sitio el fin de semana.
    Siguió comiendo. La lubina le había salido bastante bien, pero él no había probado la suya. Era mejor no decirle nada.
    –¿No te vas a tomar el vino? –le preguntó.
    Se descalzó y se tendió en el sofá.
    –¿Quieres ver algo? ¿Te importa que ponga MasterChef?
    Tomó su silencio como una respuesta afirmativa.
    Se quedó dormida. A las doce, se despertó. Supuso que él se había ido a la cama. No tenía que haber dejado el programa de cocina. Apuró el vino y se levantó. Llevó la lubina que él no había tocado al frigorífico. Ya terminaría de quitar la mesa al día siguiente.
    Fue al dormitorio. Encendió la luz del baño para no despertarle. Se lavó los dientes y se quitó la ropa. Se metió desnuda en la cama. Hacía frío.
    -¿Estás dormido? –le preguntó.
    No obtuvo ninguna respuesta.

  8. La última mentira piadosa

    Todo empezó en Otoño y todo ha terminado en Otoño. La misma casa sin muebles. Sus cuatro paredes. Las palabras, que antes se atropellaban por ellas y ahora ya no se encuentran. Nuestro calor, que escapaba hacia todos los rincones y ahora se esconde dentro de cada uno, como si ya no le apeteciera cumplir las leyes de la termodinámica.

    Tampoco mostramos interés en las lágrimas del otro. Las mías fluyen, mientras observo mi cuerpo sucio y gastado. Las tuyas no saldrán ahora. Esperarán a que el sol evapore el rocío y abandones esta casa, contando los pasos como un autómata programado con desidia. Te irás entonces, sin disculparte, sin preguntarte por qué y yo me quedaré aquí, pegada al cristal, imaginando esas disculpas, esperando tus respuestas, hasta que note el surco de sal sobre mis mejillas.

    Ha venido el Invierno un rato y se va. Ésta es la última mentira piadosa que me queda.

  9. He surcado innumerables mares sin correr riesgo alguno. Conocido a seres que harían temblar a guerreros curtidos en mil batallas. En el camino me he cruzado con jóvenes damas, caballeros con sus sayas manchadas de sangre e inocentes niños jugando en los caminos.
    También he podido participar en la búsqueda de innumerables tesoros o símplemente lugares que únicamente parecían existir en las leyendas. Incluso he tenido la oportunidad de viajar a las Pirámides en Egipto, con el mismísimo Napoleón y conocer a Isis, Akenathon, Osiris y algún otro dios de la antigüedad.
    ¿ piensas que te miento ? , ¿ que no es posible todo esto en una sola vida ?. Equivocado estas , si solo tu pensar a si puedes, que diría mi gran amigo Yoda.
    Si te atreves, si eres capaz, coge un libro y abreló. Es posible que encuentres una puerta que sirva para transportarte a ti también.

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