Viernes creativo: escribe una historia

Ahora que llegan los fríos al hemisferio norte, abriguémonos y escribamos algo caliente para estas imágenes de Lanasutra, el proyecto del artista cubano Erik Ravelo.

 

 

Lanasutra, de Erik Ravelo

Lanasutra, de Erik Ravelo

 

 

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15 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Penétrame, me dices. Te me ofreces sin tapujos, sin vergüenza. Fóllame, no me ames, sólo hazme gozar como una perra. Átame a tu deseo, enrédame en tus brazos, ensártame. Tus palabras, calientes como el lecho en el que estás, me excitan tanto que no puedo sino rechazarte.
    Y es que, ignorante de ti, soy alérgico a la lana.

  2. Tejidos

    Sentada en el sofá, tejo. Tú me miras y se hace invierno. Siento cómo me desnudas, me quitas el vestido, los leotardos y las botas sin tocarme, como siempre. Yo empiezo a perderme con las vueltas. El sujetador y las braguitas de algodón vuelan por encima de la lana. Solo tengo calor. Téjeme, me dices. Y yo paso las agujas por detrás de tu cuello mientras muerdo tus labios y empiezo a tejerte, una vuelta del derecho y me acaricias los pezones, una del revés y tu erección rompe la lana. Una del derecho y un gemido, una del revés y tus ojos mirando al cielo. Una del derecho y un grito aovillado, una del revés y tu cuerpo se relaja entre mis dedos. Nunca, te digo, se nos acabará la lana.

  3. Aproximándose
    También Verde temblaba la primera vez. Lo noté. Pero no me evitó. Fue muy rápido. Me gustó. Sospecho que Verde es como yo: tampoco soporta que la toquen, que le hablen. Hoy –la sexta vez que lo hacemos– he estado a punto de preguntarle su nombre real. Me gustaría llegar más allá. Ya no tengo miedo. Al menos, no a Verde. El doctor, sin embargo, me dijo que lo mejor es que no supiera nada de ella. Fue por eso por lo que, al principio, cuando me propuso esta extravagante terapia, llegué a creer que ella era una… profesional. Una prostituta, vamos. Ahora sé que no. Siento que somos dos almas gemelas. Querría saber algo más de Verde. ¿Lleva siempre un montón de pañuelos? ¿No sé separa del líquido para limpiarse las manos? ¿Vive encerrada en su casa? Seríamos una pareja magnífica. No sé. Quizá le pasé una nota con mi teléfono. Ya estoy deseando que me llame. Oír su voz.
    Seguiremos aproximándonos.

  4. El problema

    —Doctora, desde hace años… No… No… Buff, no sé cómo explicarle.
    —¿Con palabras? Venga, que estoy aquí para ayudarte. ¿No me ves?
    —Sí, claro, pero no es sencillo. Me da mucho apuro… Confesarle que… Bueno… Que desde hace meses… Bueno… Años… No he mantenido relaciones íntimas con nadie, no he hecho el amor… Y, y… Las veces que muestro deseo sexual en público, solo se acercan a mí… Mujeres y hombres rojos con todo tipo de propuestas deshonestas que, que… por temor, no he querido aceptar. Y… La verdad, entre usted y yo, aunque sea delito no sé si la próxima vez… Me podré reprimir.
    —Entiendo y me hago cargo de tu situación, Antonio. Debe ser muy duro e insisto: estoy aquí para ayudarte.
    —Lo sé, por eso acudo a su consulta y me gustaría que…
    —Antonio, ¿qué te parezco? Dime, sin miedo. ¿Te pongo? ¿Crees que estoy buena? ¿Me follarías aquí mismo?
    —Eh, eh… Pero si usted es…
    —¡Guau! Te has puesto verde y ya sé lo qué te pasa. Mira, contéstame, ¿de qué color percibes mis tetas?

  5. Las apariencias engañan

    Tejemos las texturas
    como destino.

    Somos ovillo,
    lana,
    vida,
    puro color,
    explosión de calor
    que siento
    y derramo en hebra celeste.

    Inventemos un nuevo punto.

    Estamos en posición.

  6. De otros mundos

    A mí nunca me importó que tú fueras verde y yo naranja. Que tú fueras del color de la vegetación terráquea y yo como el cielo de mi planeta.
    En mi lugar natal, casi todo es naranja. Me pregunto si en el tuyo será igual pero en verde.
    Hay instintos que son universales. Nunca mejor dicho lo de “universal”, por el Universo.
    Venirnos a encontrar acá, por obra del destino, o por lo que sea. Y acoplarnos tan bien, simil humanos.

  7. MANUALIDADES
    Cuando se acaben de deshacer nuestras figuras la trenza será la más larga que jamás se haya trenzado.
    Unas notas sonarán y como si fuera una cobra, el trapillo subirá danzando hasta alcanzar el planeta de donde procedemos.
    Por la galaxia adornaremos las estrellas que encontremos a nuestro paso.

  8. Polaridad

    Acaban enredados en una telaraña de deseos opacos y turbios. No se conocen, pero sus cuerpos se han atraído como imanes. No hay nada más allá de su hambre. Nada fuera de aquella cama revuelta, de aquellas cuatro paredes. El mundo empieza y termina en la piel y en el pulso del otro. Sus ritmos se acompasan, sus jadeos y suspiros. Todo estalla y desparece. Se relajan, se acurrucan un momento sin decir palabra. Se levantan al unísono se visten deprisa y sin mirarse salen por la puerta cargados de culpabilidad..

  9. Se llama Lana y siempre va envuelta en bufandas. Bufandas de todos los colores, de cielo, de nubes, de noche, de arocoiris, de mar, de luna, de plata… Bufandas a manera de turbante, torre de Babel de su pensamiento; bufandas de tul en los ojos, túneles de misterio rasgados; bufandas tapando su boca para amortiguar las canciones de amor que humedecen sus labios; bufandas para la garganta, que plantan batalla al cierzo de la noche; bufandas enrollando sus brazos, regalices rojo y negro entrelazados en una danza de tornillo sinfín que me absorbe sin posibilidad de escapatoria; bufandas cruzadas en el pecho que pronto dejan visibles la aureola de sus pezones, esos ojos descarados en el blanco lechoso; bufandas abrigando su ombligo para que no se enfríe el recuerdo de las caricias de ayer; bufandas que cuelgan de su cintura, despendoladas, libres, pero que se ordenan en una falda cuando baila con el giro veloz de una peonza; bufandas para calentar sus pies, siempre fríos en la cama cuando buscan los míos; bufandas como serpientes que ascienden por sus piernas envenenando mi deseo; bufandas relampagueantes que atraen mi mirada al champán loco de su sexo…
    Cuando por fin logro desenrollar todas las bufandas, yo acabo enredado en ellas y Lana, desnuda y electrizada, comienza el ritual de despojarme de ellas.

  10. Ella, una ama de casa desesperada, ignorante pero con mucho potencial, hizo su mejor intento con ese curso de tejido. Él quería investigar su parte femenina. De pronto, entre lanas de colores y agujas de tejer, ambos descubrieron que el curso era una pelotudez… y surgió un amor verdadero.

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