Cuento de lunes

El libro negro

(fragmento)

Introducción: Galip es un joven turco al que ha abandonado su esposa. En su búsqueda por todo Estambul, Galip tiene contacto con  personas de cualquier condición. En este fragmento, conversa con una prostituta algo desequilibrada que se limita a repetir frases de una actriz de cine local, sin importarle de lo que esté hablando Galip, que, evidentemente, se refiere a su esposa.

 


 

—Deberíamos habernos encontrado hace mucho tiempo…

—Nos encontramos hace mucho tiempo —repuso Galip mirando la cara de la mujer en el espejo—. No nos sentábamos en el mismo pupitre en la escuela pero en los calurosos días de primavera, cuando abrían la ventana de la clase después de largas discusiones, veía tu rostro, tal y como lo veo ahora, reflejado en el cristal que la negrura de la pizarra convertía en un espejo.

—Mmmm… Deberíamos habernos encontrado hace mucho tiempo…

—Nos encontramos hace mucho tiempo. En nuestro primer encuentro tus piernas me parecieron tan delgadas, tan delicadas, que tuve miedo de que se rompieran de repente. Tu piel parecía más áspera cuando eras niña, pero al crecer, después de la escuela secundaria, tomó color y se volvió increíblemente delicada. En los días cálidos de verano, cuando estábamos rabiosos de tanto jugar en casa y nos llevaban a alguna playa, en el camino de vuelta, mientras caminábamos con los helados que nos habían comprado en Tarabya en la mano, nos grabábamos letras en los brazos con nuestras largas uñas rascándonos la sal. Me gustaba el ligero vello de tus brazos. Me gustaban tus piernas, que se volvían rosadas con el sol. Me gustaba tu pelo, que caía sobre mi cara cuando te alargabas para alcanzar algo de la repisa que había sobre mi cabeza…

—Deberíamos habernos encontrado hace mucho tiempo.

—Me gustaban las marcas que te dejaban en la espalda los tirantes del bañador de tu madre que usabas, cómo te tirabas del pelo distraída cuando estabas nerviosa, cómo te quitabas de la punta de la lengua con el dedo corazón y el índice la brizna de tabaco que se te había quedado cuando fumabas cigarrillos sin filtro, tu forma de abrir la boca mientras veías una película, de comer garbanzos tostados y avellanas, sin que te importara lo que fuera, del plato que dejabas a mano mientras leías, de perder las llaves, de fruncir los ojos porque no aceptabas tu miopía. Me gustabas cuando fruncías los ojos y mirabas un punto lejano, aunque me inquietara que estuvieras en otro sitio, que pensaras en otra cosa. Te quería muerto de miedo por todo lo que sabía que pasaba por tu mente y más por lo que no sabía. ¡Dios mío!


El libro negro, Orhan Pamuk.

He traído este fragmento como ejemplo impecable de cómo se debe describir (e incluso narrar) mediante la acumulación de detalles pequeños, pero muy vivos.

Orhan Pamuk es un autor turco que, entre otros, ha ganado el premio nobel de literatura y la legión de honor francesa.

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2 pensamientos en “Cuento de lunes

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