Viernes creativo: escribe una historia

El pintor Troy Brooks nos ha dejado las pistas. ¿Qué ha ocurrido? ¿Suicidio, asesinato? Quién es la mujer del parche? ¿Qué pinta en la escena esa mascota? El resto de la historia la cuentas tú.

©Troy Brooks

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9 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Tú, ella y yo

    SOY LEGAL. JAMÁS HE DEVUELTO TARDE UN LIBRO A LA BIBLIOTECA ni me he colado sin billete en el metro o me he saltado un mísero Ceda el paso. El mérito no es todo es mío, me educaron así, a base de respeto, urbanidad y al miedo por incumplir las normas. Ahí está impoluto mi expediente penal y todos los que me conocen para cerciorarlo. Ella en cambio no lo es, o nunca lo fue, siempre se lo advertí. «No te fíes: le gusta mucho la noche, vive con un conejo blanco y se llama Elsa». Pero nunca me escuchó. Allá donde antes solo íbamos los dos, la acoplaba. Cuando me daba la vuelta, se unían como siamesas y entonces me relegaban a guardaespaldas de las dos en mitad de cualquier local, sin más diversión que tratar de desenmascararla. En más de una ocasión, la sorprendí trapicheando con chulos, con camellos y, otras, empolvada de farlopa o robando bolsos por diversión. Pero nunca me creyó, prefirió aceptar que todo era fruto de mis celos y de mis fabulaciones de lector de novela negra, como ella le aseguraba. Por eso, poco a poco nos fuimos distanciando. Dejamos de portar la misma sangre, de divorciarnos como hermanos, de besarnos bajo la luz de luna o de proyectar nuestros sueños, hasta que me solicitó distancia para ayudarla. Y lo acepté sin hacer preguntas, solo porque la quería. Desde ese momento, todas las noticias que me llegaron de ella fueron confusas y siempre las atemperaba o directamente las negaba cuando hablábamos. Era cierto que se fueron a vivir juntas a Ruzafa, que montaron un estudio de pintura, que salían todas las noches y, según ella, “una puta mierda” que fuesen todo el día empestilladas, huyendo de la realidad, subsistiendo de la caridad o que la golpease un día sí y otro también. Ahora sé que mentía. Su cara es un espejo roto y su cuerpo un mapa de cardenales. «No aguantaba más y me tuve que defender», me ha confesado entre sollozos y cobijándose en mis brazos, ha añadido: «La he matado y necesito que me ayudes a deshacerme de ella». «Deja que respire cinco minutos», le he suplicado como un boxeador a punto de vencerse en la lona. Y en eso estoy, flotando por la realidad sin saber qué hacer.

  2. La asesina
    Contempló el cuerpo exánime de Noemí. Le costaba disimular su regocijo: el plan había salido tal como había previsto. Los últimos meses, le había hecho la vida imposible. Ayer le dijo que tendría que irse. Adivinó lo que sucedería: conocía lo suficiente a Noemí, la debilidad de carácter de Noemí. No se había equivocado pensando en que tomaría veneno: era demasiado cobarde como para lanzarse por el balcón o por el hueco de las escaleras. Ahora tenía que ocuparse de todos los detalles. Llamar al 112, a Sara, a Lydia, a Marcelo. Tendría que mostrarse abatida, hundida. En un par de días, todo volvería a la normalidad, a ser como era antes de que Noemí entrara en su vida.
    Reparó en el conejo. Estaba harto de soportarlo. Quizá fuera el culpable de ese odio que acabó sintiendo por Noemí. También se ocuparía de él.

  3. Femenino – Masculino

    Tuve que derramarte
    como agua,
    como elixir
    como inevitable
    baño de lágrimas.

    Magia.

    Coincidimos
    en la palidez
    de nuestra blancura.

    Escindí
    el género de las letras.
    Y mi valor
    obtuvo en pago
    el parche de pirata.

  4. Amor fatal

    Cuando te vi, caí en un amor fatal. Tu semblante frágil de poetiza maldita me obnubiló. Decidí que haríamos el amor como conejos. Te regalé una coneja como símbolo de nuestra unión.
    Un día llegué a casa y te hallé inerme junto a la bañera, con la coneja olisqueando y tu fragilidad triunfante.

  5. Estaba seguro de que su hermana gemela no derramaría ni una lágrima por ella. Algunos pensarán que cuando perdió su ojo, se secaron para siempre sus lágrimas, pero la verdad es que nunca las tuvo para su rival más odiada. Con la misma frialdad aséptica con que representa sus juegos de ilusionismo en el escenario, la abandonará en el suelo, caminará hasta el salón con pasos medidos y elegantes, abrirá la ventana, se fumará un cigarrillo en su boquilla plateada y después, llamará a urgencias. Aparentemente sin tocar nada, habrá limpiado todas las pistas que puedan inculparla. Todas, menos una: yo me quedaré al lado de mi querida Marge, pues por mucho que la maga insiste en meterme en su chistera, me resistiré con fuerza a sus deseos.

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