Viernes creativo: escribe una historia

Con esta fotografía tan literaria realizada por Alec Dawson, despedimos los #viernescreativo de 2014.

Que el próximo año os traiga solo lo bueno.

Diplopia, ©Alec Dawson

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12 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Cada vez que abro un libro te veo allí y me veo haciéndote el amor entre líneas que convergen en tu sexo, Recuerdo cuando te dije que te haría el amor por siempre entre las líneas que has trazado en mi mente y mi corazón y mis recuerdos. Entre las líneas de cada poema y cada libro compartido entre las sábanas testigo de cada suspiro que nos salía al leernos esos versos, leídos en susurros o gritados con jadeos, como a una y mil veces lo hicimos. Lecturas poderosas que nos ponían en la boca lo que sentíamos sin saber decirlo más bello que Neruda, Benedetti o Pepe Hierro. Insoportablemente leves, como cuando leíamos a Kundera en nuestro lecho.

  2. Pliegues

    Adivino entre letras.

    Esas páginas abiertas
    me invitan a recorrerte.

    Te describo insomne
    entre líneas;
    apenas dibujado tu contorno.

    ¡Cómo se esboza
    el placer
    entre los folios!

    ¿Cómo leo
    tu historia
    entre los pliegues?

  3. Con el deseo de que esteis pasando una felices Navidades y que el Año Nuevo os colme de gozo.
    LETRAS A GRANEL Y AL POR MAYOR

    Soy toda letra, paro letras y mi bañera está colmada de abecedarios y letras de las que me impregno, de las que me alimento y me nutro. No necesito desde mi descubrimiento hidratantes, ni vitaminas para la piel, ni para el pelo, ni para las uñas, ni para nada. El problema surgió cuando tenía que salir a la calle y me ponía el pantalón y el jersey. Los tejidos comenzaban a borrar las letras y la debilidad me invadía. Por eso tuve que buscar una alternativa, ya que tenía que salir a trabajar y no podía ir en culo como dice mi sobrino pequeño. Me hice una túnica muy amplia de gasa azul que al dejar caer los pliegues, estos no dejaban percibir mi silueta desnuda con la que conseguí mantener las letras adheridas a mi piel. Si alguna lertra o palabra se desprendía, se me hacía una llaga y los médicos no me daban solución alguna. Con el tiempo observé que en el momento que me aplicaba un aforismos o un poema, la llaga desaparecía, lo malo era cuando estaba en una reunión con mi jefe; este siempre me proporcionaba números, balances y cuentas y más cuentas, por eso es que este fin de año estoy un poco debilitada y con algunas llagas y vejigas. Necesito llegar a casa y tragarme un buen libro. No, no me lo como, eso lo intenté en una ocasión pero me dio indigestión; tan sólo necesito ingerirlo con la vista, nutrirme de esa escritura y si es constructiva, tiene una buena redacción y una buena trama, sea poema, ensayo, novela o relato, mejor que mejor. Lo que sí comprobé ya hace unos meses, que leído un bodrio de esos que se lanzan para que sea best seller, me salió un sarpullido que ni con los aforismos de Tagore pude poner remedio. Tan solo se mejoró con el poema de “Luís Alberto de Cuenca” “El desayuno” y sobre todo, al terminar los dos últimos versos:
    “Tengo un hambre feroz esta mañana.
    Voy a empezar contigo el desayuno».
    Fue en ese instante cuando noté cierta mejoría. Así que decidí memorizar todo el poema y mientras preparaba la crema de calabaza, conseguí que mi cara y todo mi cuerpo recuperaran su aspecto normal. Ahora voy a darme un baño de letras. He conseguido unos tarros de “Baskerville Old Face” en cursiva a muy buen precio, además de una oferta de palabras sueltas que pertenecieron a Cortazar y Borges que me mandan vía internet, que mezclo con el agua calentita y caligrafía tipo inglés que heredé de mi padre. Sé que no debo repetir demasiado para que haya variedad, pero hay letras que son tan magníficas que no producen ni empacho, ni irritación, ni nada negativo, sino beneficios, amplitud de mente y ensanche del alma.

    Nani.

  4. La intensa vida nocturna de Angelines López
    Los labios de Greg subían por sus muslos. Comenzó a quitarle la ropa interior. La lengua siguió, siguió arriba, más arriba. Greg le…
    Angelines escuchó un ruido. Apagó la luz de la mesita de noche. La puerta de la calle se cerró. Escuchó pasos por el pasillo. Un golpe. Silencio. Se abrió la puerta del dormitorio de su hija. Miró la hora en el radio despertador. Las dos y media. Encendió otra vez la luz de la mesita a las tres menos veinte. Siguió leyendo.
    Greg metió la cabeza entre sus muslos. Comenzó a excitarse. Sí. Sí. SÍ.
    El ruido de la cisterna sobresaltó a Angelines. El libro se le cayó de las manos. Apagó la luz. Ya ajustaría cuentas con Zulema por la mañana. Se acurrucó en la cama. Trató de dormirse. No pudo. Comenzó a acariciarse por encima del pantalón del pijama.

  5. Lectura

    Te encontré tendida en la cama como un libro abierto. Tu juventud era tan tentadora que quise tomarla, beber tu piel.
    Unos días antes me habías enviado la llave, junto con una nota en la que me pedías llamar avisando mi llegada. Era para esperarme así.
    Tus piernas me recibieron anhelantes. Ya que lucías cual libro abierto, comencé a leerte.

  6. AL PIE DE LA LETRA
    Cuando te conocí me dijiste que querrías grabar sobre mi piel la historia más bonita, jamás contada.
    Nunca creí que lo decías tan al pie de la letra.
    Ayer tras el vino, las copas de cava y los arrumacos, quedé un poco mareada.
    Hoy al despertar, mi cuerpo era un libro abierto.
    En la mesita una tarjeta de visita con tu nombre tu dirección, tu número de teléfono y tu profesión: TATUADOR

    • Feliz año 2015,que altos y mas rebosaos de dias, de mesesy años vamos ya ,esto del tiempo -que no se detiene-ni para tomar aire,yo alzo mi copa de sidra Asturiana y frente al

      asedio del reloj,saboreo tus sabrosas líneas como uvas tintas y una auna brindo por leerte en un futuro.gracias Virtudeseres fenomenal.

  7. El adiós

    HABÍA TOCADO EL CIELO, OTRA VEZ. Tras rasgar la correspondencia recluida en su buzón durante lustros o quizás tan solo semanas, se topó con la felicitación de su agente. «¡Enhorabuena, capitán! Eres el rey de los océanos. Apareces en The Writer», le comunicó con esa cercanía impostada que utilizan los vendedores de enciclopedias. Era verdad, lo pudo comprobar. En las páginas centrales de la revista, un relato suyo, junto a un repaso edulcorado de su trayectoria, lucía como un arcoíris después de un tsunami. Al fijarse en el artículo, sonrió por no llorar o lloró por no sonreír: no recordaba que hubiese escrito tanto en la eternidad que mencionaban. Contrariado, cerró los ojos por un momento y al abrirlos la ilustración que acompañaba su texto bailó a cuatro patas como el gato que era, transformándose primero en una insulsa Giaconda, para luego sacarle la lengua burlona y convertirse en lo que más temía: en ella. Desnuda, provocativa, dispuesta a todo le incitaba, otra vez, como las sirenas a Ulises y, aunque trató de resistirse, sin cera para taponar sus oídos, fue derrotado. Suspiró. Lanzó enrabietado la revista al olvido. Se apoderó de su estilográfica como el asmático a su inhalador y se sentó a escribir para amainarse, dejar de sufrir o por no pegarse un tiro. Como siempre le sucedía frente a la hoja en blanco, buscó respuestas a su amargura, a sus visitas, a su obsesión. Ella, como era habitual, trató de desviar sus pensamientos, susurrándole para templarlo, lamiendo su rabia y ronroneándole melosa hasta que empezó a dictarle. Valiente y enérgico, por primera vez, se detuvo en mitad del relato, se negó a cumplir su papel de amanuense aplicado y trazó su frase más cuerda desde que ella murió: «No volveré a escribir ni una sola letra contigo en mi cabeza. Déjame vivir».

  8. Fuiste lo mas parecido al amor que conocí,a pesar de todo, del tiempo, la distancia y las diferencias. Nuestra comunicación basada en sexo, fluía perfecta, tus caricias estaban hechas para mi cuerpo. Tu boca era lo que mi boca ansiaba, eras mi alimento y mi motor para seguir.
    Nada me costaba contigo, viajes eternos de horas interminables, solo para verte, detrás de ese túnel estabas vos y tu sonrisa y ya se me olvidaba todo.
    Éramos dos extraños conocidos, me leías como a un libro. Nada te ocultaba y nada había para ocultar.
    La pase bien contigo, mas de lo aconsejable. Todavía conservo esas ganas de verte, de abrazarte, de amarte, no han muerto en mi. Seguiré esperando que me pidas que regrese , desnuda y con nuestra historia grabada en la piel. Pero ya recuerdo un detalle, solo yo te amo…

  9. Entre tus piernas leo el libro de la vida. Voy pasando las páginas, las acaricio con ternura, las beso y las olisqueo con mi hocico inquieto, que se desboca al acercarse a mi sacerdotisa del amor. La hendidura del deseo se abre ante mí, un imán que me absorbe a tu interior. Y las páginas arden con el roce de nuestros cuerpos y sus letras se graban a fuego en nuestra piel, en nuestros labios, en los últimos jadeos del placer.
    ****
    ¡Feliz año 2015, Fernando y también a todos los creativos de los viernes!

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