Viernes creativo: escribe una historia

Gregory Crewdson es un impresionante fotógrafo de instantes (meticulosamente preparados, eso sí). Me ha costado muchísimo elegir una de entre todas sus obras. ¿Qué os sugiere esta?

Untitled Ophelia ©Gregory Crewdson

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

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117 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Despedida

    Avísame cuando dejes de quererme. Cuando ya no te inunden mis recuerdos, cuando se te haya escapado el olor de mi nuca y no me puedas ver corriendo por el jardín. Avisa cuando nuestras canciones solo sean música, cuando el color azul no sean mis ojos y el delantal repose desnudo en el colgador. Me bastará con que una noche, mientras nos lavamos los dientes, me preguntes ¿perdona, te conozco de algo?

  2. Dulce Ophelia de sedosa piel, de labios nacarados que ahora se vuelven níveos. Opacos pétalos cubren tu candoroso cuerpo en este trágico despertar. ¿qué amor habrá manipulado tu voluntad? ¿qué expiración ha punzado tu corazón hasta hacerlo sangrar? No hay ramajes rotos, ni árbol truncado, no hay hojas de revistas por el suelo esparcidas.
    Te has despedido de este mundo tal como tú eras; ordenada y cadenciosa. Las zapatillas en su sitio, tu batín reposado, cada pieza en su sitio. No hacía falta más para sumergirte en esta bella muerte.

    • Mariul, al final el micro apareció y como bien dice Fernando, no era tan malo, no. Al contrario, es un buen ejercicio de prosa poética puesta al servicio de una historia cotidiana.

      ¡Buen Viernes Creativo!

  3. CONDENA

    Lo de menos fueron las palabras.
    Puñales hirientes que iban ahondando en mis entrañas.
    Lo de menos fueron los gritos.
    Sonidos enardecidos que llenaban el vacío
    de nuestras vidas.
    Si solo hubiera sido eso…
    Pero tu sombra siguió torturando mi insomnio
    hasta hacerme explotar en la locura.
    Tu risa ebria me salpicaba de desprecio
    consumiendo mi última fracción de esperanza.
    Y no contento con ello
    me despojaste de mis recuerdos y mi decencia,
    mi dignidad y mi paciencia.
    Ahora ya solo me queda esperar que tu cuerpo,
    exánime entre los enseres de la casa,
    se cubra de polvo y se haga polvo.
    Mientras aguardé a tu lado mal diciendo
    el haberte hecho daño.

  4. Después de la inundación quedó el cadáver solitario, anegado todo, sólo flotaba aquel cuerpo de mirada perdida, ya perdida antes del trágico final. La convivencia se había hecho insoportable con esas aguas crecientes bajo los pies, cada día el salón más y más impracticable. Tanta lágrima diaria lo estaba anegando todo, poco a poco, conversación a conversación, desencuentro a desencuentro, siempre suaves, sin voces, sin gritos, sólo palabras dulcemente hirientes, en tono comedido, anodinas palabras que agrietaban lo poco que iba quedando del edificio común, menos común cada día. La humedad fue calando los huesos primero y el alma después cuando fue avanzando más y más. No se querían dar cuenta que el frío penetraba en los cuerpos y que quizás eran ellos los culpables de esas frías aguas. Sólo fingían que no sentían esa frialdad para no darse calor o salir a buscarlo. No se dieron cuenta hasta ser demasiado tarde.

    Un saludo.

  5. Bajé despacio las escaleras. Dejé la bata colgada en el pasamanos. Me quité una zapatilla. Luego la otra. Descalza, continúe hasta la cocina, donde abrí el grifo del fregadero. Lo mismo hice en el baño con el del lavabo, el bidé y la bañera. Volví sobre mis pasos y me tumbé en el suelo a esperar. El sonido sordo y lejano del teléfono me despertó antes de que me ahogara.

    —Ese medicamento experimental que tienes sobre la mesa no puede curar tu sonambulismo— me dijo una voz metálica desde el otro lado de la línea.

    Después llegó el vacío y la inquietud al saber que alguien me estaba observando.

  6. Ancla

    He tenido este sueño muchas veces. Cuando creo que despierto, sin mover ni un palmo de mi cuerpo, solo mis ojos, que descansan en manos que no son las tuyas, me pierdo en el techo. La moqueta y el pasillo se conjuran en los recuerdos que aún no he guardado. Me siento en las escaleras, en silencio, con las rodillas sujetas al pecho, con fuerza y bailando de un lado para otro. Preguntas incesantes, sin ruido, retóricas. Por qué sigues ahí, ahogada, sin despedirte, torturando lo que fuimos, esperando como si el tiempo no costara. Y como en todos los sueños, al no poder dirigir mis ganas, mis deseos, sino, qué verdad quedaría, me vuelvo a dormir, y estás en nuestra cama, con los pies fríos y aislados sin querer saber.

  7. DESORDEN

    Al final lo ha conseguido, era su gran ilusión.
    Lo había intentado de mil maneras, en el mar, en el río, en la piscina, incluso en la ducha; que hay que ver como dejo el baño.
    Pero no, ella siempre llamando la atención, tenía que ser en el salón.
    Mírala, ahí está, inerte, sin mover un dedo. Lo ha dejado todo perdido de agua. Y su batín y sus zapatillas en la escalera. Si al menos hubiese recogido el bote de las pastillas.
    Menos mal que no me ha mojado el abrigo, porque justo ahora tenía que salir.
    Pero con este desorden no me puedo ir.

  8. OBEDIENTE

    Siempre he seguido al pie de la letra los consejos de quienes miran por mi bienestar. Y aquí estoy ahora. Recapacitando sobre si hice lo correcto al dejar que todo fluyera.

    *L*

  9. MATEMÁTICA APLICADA.

    Te lo dije. Mil veces y más te dije que era una mala idea. Pero tú, orgullosa, no cejabas en el empeño. “Hay que ir más allá, buscar otras perspectivas, cariño, disfrutar de lo que la vida pone a nuestro alcance”, me decías con esa sonrisa picarona de niña traviesa que sabes que me vuelve loco y, claro, así no puedo negarte nada. ¡Cómo me arrepiento ahora de haberte ayudado! Podía ver la satisfacción que arrebolaba tus mejillas mientras me lanzabas un beso y me decías adiós. Y yo era feliz porque te veía feliz. Observé cómo te quitabas la bata y las zapatillas antes de terminar de subir las escaleras; no soportas que nada disfrace tus sentidos, te entregas con una necesidad absoluta de sentir con todos y cada uno de los poros de tu piel. Eso lo aprendí enseguida.
    “Esto es una maravilla, hay miles de cosas aquí arriba, ¡qué lástima que te las estés perdiendo!, cariño”, me gritabas con tu voz de las ocasiones importantes. Y después, silencio. Estuviste más de dos horas perdida, hurgando, supongo, entre los recuerdos de tu abuelo para completar el puzle de ese hombre que te conquistó muchos años antes de que me conocieras a mí. Poco podía hacer yo para luchar contra su recuerdo salvo acompañarte en la angustiosa aventura que suponía para ti su memoria. Y esperar, esperar que dejaras descansar a los muertos y que ellos te dejen descansar a ti.
    Cuando te vi bajar, abstraída, con las que yo esperaba que fuesen tus últimas lágrimas resbalando aún por tu piel, pensé que la historia había terminado, ¡por fin! Y entonces tropezaste y bajaste rodando los últimos escalones.
    Con la caída, se ha roto el espejo, mi amor, y ahora mis fórmulas matemáticas no sirven para sacarte de ahí.

    • ¡Qué bueno, Margarita! Un viaje en el tiempo dentro de una historia de amor y de mucha nostalgia por ese pasado, que se ve truncado por la fatalidad. Espero que el protagonista sea capaz de devolver todo a la normalidad, que esa historia de amor vuelva a fluir. El título elegido es muy bueno.

      ¡Un buen Viernes Creativo!

    • No sé si el hombre se sentirá culpable por desear que los muertos dejaran descansar a su pareja. Mira cómo ha terminado la historia. Y me da pena, ella me gusta y eso es porque has conseguido presentármela sumamente bien.
      Te pongo un 10 porque me ha gustado MUCHO.

      Besos grandes, Margarita.

  10. Cosas del matrimonio

    Cuando volví a Casa, Ofelia flotaba dormida por la sala como si fuera un globo de gas. Siempre le obsesionaron la levitación y otros asuntos paranormales, que yo no creía fueran posibles. En silencio para no despertarla, di media vuelta y me regresé al bar con mis amigos. No estoy seguro si cerré la puerta.

  11. Como te gusta hacerme enloquecer.
    Todos los meses lo mismo, siempre alguna sorpresa.
    Está amaneciendo. Llego a casa y te encuentro. Parece que la noche ha sido dura de nuevo.
    Todo está inundado y tú estás acostada en el suelo. Pareces agotada. Esta vez has puesto toda tu alma en destrozar la casa.
    Me dices que tú no tienes alma. Si ya lo sé, la dejaste ir.
    Pero como te gusta jugar con ellas. Te has puesto a bucear con desconocidos, queriendo encontrarla de nuevo, esperando que así, volviera.
    Como te gusta jugar con las almas y te has olvidado de que yo estoy aquí.
    Quieres que te abra en canal para comprobar que no ha vuelto. Te descoso y te coso.
    No sé hacer almas nuevas. Te presto la mía hasta que encuentres una o aparezca la tuya. Sabes que a veces parece que tuvieras.
    Deberías dejar de tomar esa porquería.
    Levántate, tenemos que recoger este desastre.

  12. La dama

    Llevaba un tiempo leyendo y experimentando acerca del más allá, de vencer al tiempo, de materializar su deseo, aun cuando se tratara de algo ya distante, ajeno al mundo actual.
    Soñaba con ver su deseo hecho realidad. Un día no lo soñó, lo vio; su deseo se había materializado. Una dama lánguida decimonónica yacía en el piso de su living.

  13. ¡Qué miedo, Luciano! A veces, hay que tener cuidado con lo que se desea, no todos los deseos luego son buenos. A ver cómo se comporta esa dama.

    ¡Un buen Viernes Creativo!

  14. En busca y captura

    ENTRÓ AL BAR SOBRE LAS NUEVE Y ME PIDIÓ UN WISKI en vez de un desayuno matutino. Por eso desconfié de él y de su barba poblada, su nariz aguileña, sus gafas de pasta. «¿Puedo desahogarme con usted?», me dijo. Y cumpliendo la regla número tres del buen tabernero, le contesté que sí, siempre que me tutease. Nos sentamos en aquella mesa, la más alejada de miradas indiscretas. Se le notaba nervioso y no supo por donde empezar. Balbuceó algo de una casa, una inundación, su mujer… Y le rogué que me lo repitiese, pero con calma. Me solicitó otro wiski. Se lo serví y comenzó a relatarme su historia. Vivía tranquilamente con su mujer a las afueras de la ciudad, en un adosado. Trabajaba como abogado penalista y estaba acostumbrado a tratar con la peor calaña de delincuentes. Por eso aquella noche, sucedió lo que sucedió en su casa. Según él, y lo decía muy convencido, de repente los grifos de la vivienda se abrieron de manera descontrolada, sin que su esposa ni él pudiesen cerrarlos. Pronto la cocina y el baño se anegaron de forma violenta, y aterrados, se refugiaron en el salón, sellando la puerta. Y ese fue su gran error. El agua no tardó en desbordarse y abarcar cada rincón hasta que la tarima del salón se tornó de verdad flotante. Atrapados, encima del sofá como si aquello fuese una balsa, presenciaron —y aquí volvió a balbucear— como una figura dantesca emergía de aquel caudal. Una figura, que pronto reconoció: Alberto Tamarindo. «Por favor, quédate con este nombre», me suplicó. Un psicópata al que no había podido librar de la cárcel años atrás. El tal Alberto, con una catana en su mano, le escupió que estaba allí para vengarse. Su mujer entonces empezó a gritar como una loca y… No sabe cómo me cuesta reproducir sus palabras. El psicópata la degolló sin que él pudiese evitarlo. «¿Me crees ahora, abogaducho?, le espetó Tamarindo, añadiéndole: «Pero contigo quiero jugar. Te concedo una hora de ventaja para que huyas, te escondas, desaparezcas; y tranquilo, ya te encontraré y entonces ajustaremos cuentas». Y a eso se dedicaba: a huir. Dice que desde hacía tantos meses que ya no recordaba cuantos. Deteniéndose con frecuencia en tugurios como este, para recobrar fuerzas y compartir su historia con la esperanza de que algún día se hiciese justicia. Y poco más, me dijo. Se bebió de un trago otro wiski y se largó, pagándome con un billete de 50 euros arrugados. Y si le sirve de algo, le diré, comisario, que media hora después de que se marchase, un tipo mal encarado me preguntó, al igual que usted, por él.

  15. La asunción de mi derrota se percibe líquida, como una especie de resignación húmeda y pegajosa. Esa cualidad que tiene el agua, vasos comunicantes, para ocuparlo todo, filtrase por el resquicio más insignificante, ponerlo todo al mismo nivel. Esta rendición y desasosiego tienen nombre propio pero… está empezando a inundarlo todo.

  16. Me recomendó un amigo este blog hoy. Curioso e interesante.Todas las historias me han encantado. Nivelazo. Y felicitaciones al creador de el bic naranja.

  17. LINEA DE FLOTACION
    ¿Cómo es posible que no te des cuenta de que todo a nuestro alrededor se hunde? Lentamente, como si una fuerza subterránea se fuera tragando lo que construimos con tanto esfuerzo. Sin embargo, tú, con esa especial habilidad para sortear los problemas, sales siempre a flote.

  18. Como siempre historias llenas de historias inquietantes. Creo que deberías pensar en escribir una novela. Desde luego argumento y letras tienes muchas y buenas Nicolas. un abrazo.

  19. Mi madre decía: “Mucho ayuda el que no estorba”.

    Yo tenía muy clara mi labor: ir a trabajar y proveernos. Para ti, en cambio, era muy complicado: ser madre ahora o después o no serlo nunca, adorarme solo a mí o alimentar tu espíritu, las labores domésticas o hacer una carrera. Tu constante búsqueda me hastiaba. Hoy llegue cansado de la oficina. Pensé en ese delicioso té que ya debías tenerme listo sobre la mesita junto a la cama. Pero nada, tu cadáver me estorbaba el paso a la escalera.

  20. Mi otro yo.

    Sentada en el sofá, barajo mis posibilidades. De nuevo la lágrima resbala por la mejilla, de nuevo la angustia y la desolación. Infinidad de parejas, infinidad de engaños. El corazón lleno de remiendos, entregado una y otra vez. Ninguno supo cuidarlo como merecía, volvían a devolvérmelo cada vez más destrozado. No puedo más. No sé vivir sola y no me queda corazón que entregar. Pero no muero, no sé que pasa. Podría usar un cuchillo, ¡no! La sangre me aterra. ¿Pastillas? Umm, quizá…¡no! ¿De donde las sacaría? Sin receta, ir a la farmacia en este estado…descartado. Imagino mi cadáver flotando, con un camisón blanco, pálida y bella. Pero, ¿donde? No tengo piscina, ni mar, ni río, ni embalse cerca. ¿En casa? Puf, pobres muebles, todo destrozado. Ya no podría dárselos a Laura, siempre le gustaron. 
    —¿Si?
    —¿Qué haces?
    —Pensaba en ti.
    —¿Estás bien?
    —Me ha vuelto a pasar, Laura. Han vuelto a engañarme.
    —¡Que le zurzan! Nunca me gustó para ti. Arréglate que salimos, voy a buscarte.

    Habrá que posponer el drama para mañana. ¡Cállate! No quiero oírte, quiero salir…

    • Martina, siempre, aun en los agujeros más oscuros cabe la luz de la esperanza. Laura lo sabe bien. Así que a volver a empezar.

      Por cierto, espero que no te moleste, pero al título le sobra el punto.

      ¡Buen Viernes Creativo!

  21. No quise ver en la luz de tu mirada la sombra que se cierne cuando una vida se va apagando.
    No quise notar en tus besos el frío aliento de la muerte acechándote.
    No quise sentir tus gélidos abrazos como la señal inequívoca de que tu vida escapaba.
    No quise ver que anhelabas mi amor
    y ahora sé que no veías amor en mi cobarde ceguera.

  22. Mujer decorativa de apartamento
    Uno de los inconvenientes del cultivo en raíz flotante, como pasa en todos los modos de cultivo, es que la mujer debe mantenerse en constante cuidado y, por lo tanto, se recomienda que todo el manejo sea automatizado, ya que si llegara a faltarle oxigenación al agua, la mujer entraría en estado de estrés y podría morir.

    • Dominique, un microrrelato original por su forma y su fondo, en el que se puede leer un manual de cómo cuidar a nuestra planta-mujer para que vaya creciendo. Intuyo una critica ácida en tu micro.

      ¡Buen Viernes Creativo!

  23. Raíces flotantes
    Había vuelto después de treinta largos años en el exilio, pero no pudo abrazar a la gente que fue a recibirla, ni bailar en la fiestas que habían preparado en su honor. Pero eso se lo perdonaron; ¿qué se podía esperar de alguien que solo volvía con la mitad de lo que había sido? Otra cosa muy distinta fue que no llorase de emoción y permaneciera serena con los ojos fijos en no sabían qué otra realidad.
    —Que vuelva de donde ha venido —dijeron todos.

    • Dominique, me ha gustado mucho el uso de los dobles sentidos, que a parte de tejer la historia también te extraen una sonrisa. Y es que cuando uno regresa después de tantos años, nunca acaba de asentarse del todo y siempre será extranjero en su propia tierra.

      ¡Buen Viernes Creativo 2!

  24. El mar lo inundó todo. No dejaron de decírselo desde que se trasladó a vivir a aquella casa. Cualquier dia…
    La pilló recién levantada. Dejo su batín. Y sus zapatillas.
    Y flotó como nunca antes lo hizo.
    Y abrió los ojos para sentir cómo el agua se convertía en la almohada perfecta.
    Decidió quedarse así hasta tocar el suelo. O hasta llegar el cielo.

  25. A grandes desgracias, grandes soluciones. Por eso, si el mar lo inunda todo, pues que mejor que adaptarse lo mejor posible y mañana será otro día. Me gustó esa actitud.

    ¡Buen Viernes Creativo!

  26. Profecía
    Mientras se vaciaba su hogar cálido y húmedo fue descubriendo las cortinas de flores a juego con los sofás, la moqueta desgastada de la entrada, el sombrero solitario en el perchero, las fotos de viajes aún en pareja y todos los demás signos de la vida vulgar y desdichada que le esperaba. Se mordió los labios y prometió rebelarse, pero al nacer olvidó todo lo que, sin duda, será.

  27. Monótona (o Incógnitas)

    Lo que, en un principio, parecía un simple goteo monótono, acabó siendo una fuga constante e incansable, el preludio de la inundación que anegaría cada rincón de la casa. Sin darnos cuenta, el hogar fue tomado por el agua calma, centímetro a centímetro, hasta que el zócalo desapareció y era difícil delimitar las paredes, los tabiques, incluso nuestras almas.

    Esta mañana, finalmente, me rendí y dejé que mi cuerpo se sumergiera en la invasión líquida. Para comprenderla, tal vez; tal vez para comprendernos. Tarde o temprano, flotaré, inerte, con la mueca de la incógnita no desvelada dibujada en los labios. Enigmática como la podredumbre humana…

    d.

  28. VACIO
    Trabajaron duro para construir la casa de sus sueños; la llenaron de finos y cómodos muebles y mientras, en el bar, él comentaba a sus amigos que construiría una piscina, ella se ahogaba entre sus cuatro paredes.

  29. Mujer pez

    Bastó una llamada de teléfono para que mamá olvidara mi patito de goma, mi pelo enjabonado, el grifo abierto. De eso hace ya mucho tiempo. En la bañera jugué a muñecas, fui cumpliendo años, acudí a la escuela.
    El día que mamá regresó, me sentí la mujer más desdichada del mundo. Con sus manos viscosas, me envolvió en una toalla seca. Llevaba algas en los ojos y hablaba de marineros.

  30. En el Agua

    Ha pasado el tiempo y él no regresó, los muebles se hicieron viejos, las cortinas y el tapiz pasaron de moda. También ella.
    De hongos se llenaron sus discos de acetato, sus libros, y sus labios.
    La fuga del lavabo fluyó lentamente y gota a gota se fue ahogando la casa y a ella se le secaron las entrañas.
    Él nunca regresó.
    Y ella no esperó más.Ya no le importaba él, ni sus cosas, ni el tiempo, ni su cuerpo, ni ella misma.
    Dejó que su sangre se mezclara lentamente con el agua.
    ¡Que se pudra todo! como su razón.

    Gerardo Rodríguez

  31. ELISA DAY’S EVICTION

    Estaba ya harta, la verdad, de que todo el mundo me llamase Rosa, cuando yo me llamo Elisa. Rosa es mi hermana gemela (bueno, mejor diríamos “era” porque desapareció sin dejar rastro hace ya casi tres años, con el que aún debe seguir siendo mi marido, Eladio.)
    Dicen que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nosotros, ¡precisamente nosotros! ¡Yo! Yo que no supe lo que era jugar, que desde que alcanzo a recordar me veo con mi padre y mis hermanos y mi hermana en las viñas, podando, vendimiando, arando; cerezas, manzanas, ciruelas, sí, nos lo trabajamos muy duro. De sol a sol, sin casi días libres para poder disfrutar de una simple caña bien tirada. Conocí a Eladio, un ser especial, de los que saben vivir la vida sin darse prisa nunca. Muy buen amigo, mejor amante; nos casamos porque queríamos estar juntos toda la vida. Nos alejamos de la vida agrícola. Sí que gestionaba junto al resto de mi familia nuestra empresa de exportación de fruta, y nuestra bodega, nuestro vino estrella, un mencía Gran Reserva que se vendía por todo lo largo y ancho de este puto mundo… Invertimos porque teníamos asesores que nos lo aconsejaban. Ganamos a espuertas, pero eso sólo ocurrió al principio, en los últimos seis años la gotera fue creciendo y creciendo, y por ella se iba yendo el dinero a mares. Yo no tengo ni puta idea de economía, y la gente que la tenía fue abandonando la nave frutícola y vitivinícola en proporción directa al número de nominas no cobradas. Créditos, y uno más, así, aumentando el nivel del color rojo en nuestras vidas… Y mientras tanto, la puta de Rosa me la estaba colando doblada con el hijoputa de Eladio. ¿Y los dos hijos qué? Ahí estaban, sobreviviendo por su cuenta y riesgo a la vorágine familiar, conscientemente ajenos a toda desgracia y felices en sus mundos Nintendo y PlayStation.
    Y ahí siguen. Ni siquiera se han dado cuenta de que aquí abajo he abierto hace un rato todos los grifos y me he tumbado en el suelo permaneciendo nada más, sin apenas parpadear, escuchando a Kylie y a Nick. Ya nadie me llamará Rosa Salvaje, seguiré siendo Elisa para toda la ínfima eternidad… ¿Quién secará ahora todas estas lágrimas que resbalan por mi cara? ¿Por qué toda belleza tiene que morir? ¿Y quien vendrá ahora y pondrá una rosa entre mis dientes?
    Demasiado ruido ahí fuera, que si “¡hijos de puta, cabrones!”, que si “¡sí se puede!”. No he querido salir con ellos, y no es por vergüenza, creo que son más que suficientes, aunque quizá no tantos ante tanta policía, ante tanto funcionario diligente… Os dejo a mis hijos, vosotros sabréis que hacer con ellos. Yo me voy ahora, que el agua ya está llegando a mi boca, a mis orificios nasales, que los golpes suenan más alto, más cerca, pero yo ya no los puedo escuchar. Quedaos con todo, que yo ya no tengo nada. Que os aproveche, que mi nombre era Elisa Day.

    Jose Yebra

  32. “Las princesas no lloran” decía mi madre cada vez que me sorprendía al borde del llanto, ante tal consigna repetida una y otra vez aprendí a reprimir el llanto: cuando sentía esa opresión en el pecho y la humedad en mis ojos, clavaba la vista profundamente hasta entrar en un trance dirigido.
    Esa noche la escogí sólo para mí, quería hacerme un regalo de cumpleaños: me senté en mi sillón preferido, clave mi vista en ningún lado y comencé a llorar, pero el llanto no fluía doloroso como lo recordaba, así que me tire al piso y lloré tanto hasta la deshidratacion, hasta nadar en un mar de llanto.

  33. -Cariño, ¿has leído esto?.- exclamó asomando la mirada por encima del periódico de la semana anterior.
    -¿A qué te refieres?.-
    – Es una carta al director. Empacho dice aquí que se llama. Te la leo.
    “Señor director, le escribo urgentemente, tan urgentemente que he tenido que gastar un par de euros más en el envío inmediato, ese que promete entregar el paquete en menos de veinticuatro horas, para que le llegase a tiempo, espero que así haya sido. Y es que debemos hacer algo ahora, siento ser reiterativo, ya, y si se me permite la redundancia, inmediatamente. Porque se nos muere, caballero, se nos muere la literatura. No vengo a hablarle de ebooks, ni de internet, no, vengo a hablarle del azúcar.
    El otro día, me acerqué a una pastelería, era una pastelería nueva en el barrio, perteneciente una gran empresa de pequeñas pastelerías, y me compré una pequeña palmera, no muy grande y llegué a la conclusión de que un dulce no es mejor dulce por ser más dulce.
    He decidido no darle demasiado detalle para que no decida dejar de leer por la cantidad de caracteres, y tal vez cada segundo sea decisivo para salvar su vida, porque se nos muere. La literatura es diabética y se nos muere. Si al llegar a este punto aún se pregunta de qué hablo, vuelva a leer lo que he escrito o abra un blog cualquiera.”
    -¿Lo habías leido?.-
    -No.-
    -¿Qué te sugiere?.-
    -Que no se quién se cree el director para publicar la correspondencia que pueda tener en un periódico y pensar que nos puede interesar, ni siquiera es torero. ¿Has visto los ovillos que compré ayer?.- Dijo dejando encima de la mesilla auxiliar sus instrumentos de punto.
    – Los bajé al trastero, los escondí, ya sabes que llevo cincuenta años opinando que eres demasiado joven para hacer punto..-
    – Yo llevo tres años diciéndote que los periódicos morirán matando.- Expresó entre dientes mientras se dirigía hacia la puerta que conducía al sótano.
    Abrió la puerta del mismo y comenzó a descender por las escaleras.
    – ¡Paco, tenemos una fuga!.- La oyó a través de las cincuenta páginas que le separaban de ella. Observando como las palabras ahogaban a los incautos que se atrevían a meterse en su jaula antes de haberlas domesticado.

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