Viernes creativo: escribe una historia

¿Cómo? ¿Que eres escritor y no te gustan los gatos? Véngate del tópico escribiendo para este imagen de Elena Vizerskay

 

©Elena Vizerskaya

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31 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Y entonces dijo Catwoman:

    -¿Se puede saber por qué no les has dado de comer a los gatos?

    Y ella respondió:

    -Es el día de mi boda. Tengo otras cosas en las que pensar, ¿vale?
    Además, ¿qué haces desnuda?

    Catwoman calló unos instantes. Después la miró fijamente y se confesó:

    -Quería estar contigo una última vez.

    -Eso es imposible. ¡Me caso hoy! Ya lo hemos hablado. Lo nuestro se acabó. No puedo seguir con éso.

    -He traído leche -Catwoman jugó su carta más alta con aquella proposición.

    Y allí, la pasión se desató y ellas no hablaron más de lo necesario las dos horas siguientes. Los gatos maullaron de hambre al principio y después lamieron la leche que goteaba de los cuerpos de la heroína y de la novia.

    El novio acaba de llegar al altar y espera a su prometida. Batman, por su parte, no sabe dónde está Catwoman.

  2. Leche

    La tía Juana salía cada amanecer por la puerta de su casa, aún en camisón, y recorría el pueblo con una jarra de leche tibia en la mano. Los gatos la esperaban desde el primer albor y la seguían en su recorrido hasta llegar al caserón abandonado de lo alto del cerro; allí maullaban desesperados sin atreverse a entrar. Ella desaparecía tras el portón de madera roída que lloraba al abrirse. Dentro, un silencio absoluto aguardaba a la tía, un agujero auditivo en el que ella depositaba una canción de buenos días para su novia fantasma.
    Dicen los que la vieron, los que siempre callaron, que lo siguió haciendo muchos años después de muerta, y que aún hoy se la ve recorrer el pueblo en esas horas de nadie con una sonrisa triste.

  3. Noche.
    Ya había caído la media noche cuando mi alter ego salió por la ventana de la habitación. Lo hizo a hurtadillas, como cada noche, sin despertar sospechas. La azulada oscuridad la envolvió, camuflándola entre los tejados de las casas ya dormidas. Arañó los troncos de los árboles, maulló de placer sobre otros especímenes nocturnos, comió allí donde los restos le parecieron más sabrosos y persiguió ratones de biblioteca sin descanso. La noche todo lo acogía y ella no era de dar respuestas.
    Antes de que despuntase el alba regresó por el mismo hueco por donde había salido. Volvía satisfecha, feliz de disfrutar esas horas de libertad salvaje. El sueño aún me poseía cuando se acerco hasta mí, pero en un instante de duermevela conseguí abrir los ojos y por un segundo nos miramos.

  4. Apariencias

    La mujer que está recostada en el sofá malva tapizado de mariposas intenta, sin conseguirlo, darnos a entender que está muy sorprendida por la aparición de ese diablillo algo abufonado. Por su parte, el pequeño demonio fuerza el gesto, como queriendo convencernos de que es el diablo más perverso de todos los diablos (Si fuera un diablo avieso y cruel, no iría vestido como una bailarina de ballet). Luego tenemos el vestido vaporoso que se convierte en leche (O la leche que se convierte en vestido vaporoso, depende de por qué lado empecemos a mirar) Y, por fin, tenemos dos gatos: uno que acaba de probar la leche (por su gesto, se diría que acaba de probar el vestido) y otro más apartado, como que no se fía. En definitiva, tenemos una escena donde lo que parece no es lo que parece y lo que aparenta tampoco es lo que pretende aparentar. Como la vida misma, vaya. Tan real como la botella de leche, tal vez lo único verdadero en ésta escena.

  5. Sueño.
    Dormía y soñaba que ya no era gato.Se veía con forma de mujer , recostada indolente en el diván.
    Dormía y soñaba que no era mujer.Notaba su piel suave y el imperceptible aroma de la leche hacia mover sus vibrisas.
    Despertaron y cada cual volvió a su ser…o no.

  6. Juegos

    Elena y Sofía eran las amantes perfectas, a las dos les encantaban los juegos eróticos, que no por esperados, no dejaban de sorprender a ambas. No sabían que les excitaba más, si la preparación o la ejecución.

    Para esta ocasión, Elena había optado por ser una gatita azul, cariñosa y melosa. Había pintado su cuerpo desnudo de un azul intenso, simplemente cubría su cara con una máscara blanca.
    Sofía la esperaba semidesnuda sobre el sofá del comedor.

    Elena se aproximo de forma sigilosa y sensual al sofá. Portaba en sus manos una botella de leche, para mojar el cuerpo de Sofía y luego lamerlo con su lengua de gatita cariñosa.

    Cuando se disponía a saltar hacia el sofá, de repente por la ventana del comedor, entraron los gatos de la vecina, maullando sin parar. Elena no dudo en derramar la botella de leche sobre la alfombra azul y así los gatos callaron y se apartaron.

    Por fin la gatita azul y su ama se abrazaron y acariciaron. Desde ese momento lo único que se escuchaba allí, fueron los dulces y sensuales gemidos de ambas.

  7. La octava
    Los gatos soñaron, por fin, al llegar a la séptima vida. Se acurrucaron en la mejor alfombra que les podía rodear. Sintieron el sabor de la diosa Láctea. Se abrigaron al calor de la Madre Felina.
    Después de tantos siglos observando en el fondo de los platos con leche que les dejaban sus amos humanos, cómo se reflejaban los rostros y las siluetas de sus divinidades, los mininos descubrieron que ya no les hacía falta continuar.
    Y siguen soñando, mecidos por el aleteo de las palomas y el rumor de las olas.

  8. Competencia

    Mi vecina es una bruja muy astuta. Todas las mañanas, sale al jardín a la espera del lechero, le guiña un ojo y exhibe la mejor de sus sonrisas para dejarse requebrar como una viuda desvalida. Cuando se marcha el pobre idiota con su bicicleta, le despide con un pañuelo amaestrado para llorar en las partidas y él se aleja silbando como un tonto enamorado. Así, la arpía nunca paga la leche que luego vierte desde de la esquina de la calle hasta su puerta. Un reguero de leche que sazona con canela para atraer a los gatos callejeros de la ciudad, conseguir su compañía y que maúllen a su compás. Pero sus días de felicidad tocan a su fin: me he comprado el infalible curso a distancia de bruja piruja.

  9. Kassandra

    Kassandra y su pasión felina van de noche a la habitación azul
    Aquella envuelta en tapices de mariposas y alfombra con libélulas
    Ahí, donde un par de níveos mininos se alimentan de blanca leche.
    Ella aguarda con albo vestido a su amante favorita
    con quién jugará a “la gatita erótica”, para deleite personal.

  10. Pasiones

    Siempre le gustaron los gatos. Blancos, por supuesto, cómo todo lo demás. En el pueblo comentaban que esa pasión por el blanco era consecuencia del partir del novio a pocos días del casamiento. “La loca de los gatos blancos”, así se referían al hablar de ella. Nunca hablaba con nadie, la leche se la depositaba el lechero en la puerta, puntual cada día. ¿De qué vivía? ¿Cómo se alimentaba? Era todo un misterio. Siempre sola o eso creían.

    Cuando el sol se perdía en el horizonte, empezaba el mismo ritual. Los gatos tornaban en bellas mujeres, dando comienzo la bacanal.

    Siempre le gustaron los gatos blancos,..Y las hermosas y lascivas mujeres, pero esto último ellos no lo sabían…

  11. Amor de fábula
    Marina estaba tan locamente enamorada de su gato Bowie que pidió a la diosa Bastet reencarnarse en gata. No sabía que su gato Bowie también estaba enamorado de ella, tanto que le había pedido a San Antón reencarnarse en hombre.

  12. Color de blanca pureza

    Veía aquella extraña acercarse con su cuerpo indefinido y andrógino, y sus facciones escondidas detrás de la máscara blanca, y la extrañeza se le mudaba en deseo; un deseo incomprensible, inconfesable, inapropiado y brutalmente intenso.
    Su inocencia y castidad se desvanecían en una fuente interminable de blanca leche que le teñía el vestido y se vertía hasta el suelo, donde unos gatos -también blancos- se ponían las botas y una botella recogía los restos de su deseo.
    La escena era tan irreal que sólo la podía explicar en el delirio lascivo que la invadía con sólo imaginarla.

    (en mi blog Univers madur)

  13. Mácula láctea (o Lapislázuli y linóleo)

    Ambos teníamos la certeza de que habíamos cambiado. Y, si no lo habíamos hecho todavía, tarde o temprano ocurriría. Tan sólo había que verter el contenido de la botella donde el linóleo había captado el rastro del vuelo de las libélulas, como un mar de nostalgia para liberar en ella los sueños del lapislázuli. El resto vendría solo. También los gatos, que, empujados por el instinto ancestral, olerían aquella mácula láctea con glotonería sedienta. Cada lamida que efectuaran aumentaría la fuerza del conjuro y la influencia del desconocido, este hechizo engendrado dentro de sus pupilas, que habían devenido felinas al vestirse con el disfraz macabro y sádico. Sabía que no podía arriesgarme pero no tengo remedio cuando mi olfato de tahúr presiente retos y apuestas, premios y recompensas…

    Ahora, cuando el lino ya se ha licuado, junto con mi carne -piel y hueso incluidos-, me arrepiento de tener tan mala suerte. Pero todavía me consuela saber que caí en el influjo de un mago del transformismo, de un escapista que me dejó en la cuerda floja de su mirada, bajo el antifaz de la más meliflua ternura, admirando la verticalidad de sus pupilas, tan enigmáticas como bellas. Sólo me resta este reino solitario conquistado por el líquido fluido, que es mi cuerpo frágil, efímero…

    d.

  14. MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO
    Clara tenía siete años, tres hermanos pequeños, una madre enferma y mucha hambre. Miró fijamente al hombre encorvado por la lujuria que se alojaba en una casa semiderruida a las afueras del pueblo y, dándole un empujón para apartarlo, echó a correr con el peso de unas palabras que no comprendió resonándole en la espalda.
    Llevaba días encontrándoselo en las calles mientras mendigaba alguna sábana que lavar o una cocina que limpiar a cambio de algo de comida para su familia. No le gustaba la forma en que la miraba ni la sonrisa rijosa que iluminaba su cara cada vez que se paraba delante de ella y le ofrecía trabajar en su casa.

    Varios años más tarde, Clara se enamoró de la hija del chófer de los señores para los que trabajaba en la gran ciudad. Tras cerrar los ojos temblorosos para darle su primer beso clandestino, el sabor de la leche inflamó sus labios. Y entonces entendió lo que aquel hombre le había gritado:
    —Convertirás en leche todo lo que desees.
    La habitación comenzó a llenarse de gatos atraídos por el olor. Uno de ellos la miró con lujuria. Derrotada, se dejó caer.
    La encontraron desnuda, con un montón de mariposas muertas alrededor.

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