Viernes creativo: escribe una historia

Shae DeTar es una fotógrafa y pintora muy original. ¿Nos lanzamos a interpretar una de sus obras?

 

©Shae DeTar

 

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17 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Creía que sus escritos eran poco profundos y decidió quitarse la vida, pero no previó las consecuencias de su fracaso. Después de tomarse el bote entero de tinta azul no murió; su cerebro se hundió en un mar de historias y creyó que la cabeza le iba a estallar. Por sus venas empezó a correr sangre azul y, desde entonces, solo puede escribir cuentos de príncipes y princesas.

  2. Una casa en las afueras

    A Federico Romescu le gusta acumular objetos imposibles. Así, en el desván tiene, entre otras cosas, un maniquí de tres brazos, una cajita vacía con joyas falsas, una sirena azul con piernas, fotos de un lago inexistente, un diario de un antepasado fallecido antes de nacer y un cuchillo romo. Algunos domingos sube y hace inventario empezando la cuenta hacia atrás; otros, lleva el plumero y se cubre de polvo de otro tiempo. Cuando alguien entra en la casa con el cartel de “se vende”, él agita su partida de nacimiento, pero la fecha no está escrita y no pueden verle. Entonces sube al desván y se coloca muy quietito en la estantería del fondo. Aunque no sea domingo.

  3. Esta es la imagen que se reflejaba de él en el espejo. Siempre se habría creído un adonis, fuerte, guapo y entregado a los placeres de la vida, nunca se había parado a mirar su reflejo y cuando lo hizo su cabeza se rompió en mil pedazos, él que se creía negro y es azul, él que se creía musculado y en realidad es un tirillas, no pudo aguantar esa sobredosis de realidad y decidió acabar con su vida en ese lago, él que se creía un cisne y era un patito feo.

  4. Las distintas caras de la felicidad

    A veces, me siento culpable porque fui yo el que le habló a Maurice de las excelencias del caleidoscopio afgano, de la felicidad máxima que se alcanza con su contemplación. El que le abrió la puerta a la corriente oriental que estudia el fenómeno, el que le animó a seguirla. Porque fui yo el que le enseñé las técnicas de meditación, el que absorbía su tiempo libre y el que aceptó una buhardilla en su casa. Porque además, fui yo el que le conseguí, a precio de oro, la imitación —él no lo sabe— de un caleidoscopio de Kabul y el que le inoculé la pasión por la búsqueda del bienestar supremo. Y sobre todo, porque soy yo el que nada hace por extraerlo de ese trance perpetuo que le mantiene en el jardín, pintado de azul, durante horas y horas como si fuese una estatua. Y es entonces, sintiéndome culpable cuando su mujer, adivinando mi remordimiento, me susurra al oído: «Tranquilo, Maurice jamás ha sido tan feliz como ahora, ni yo, ni tú. Gracias, muchas gracias».

  5. CRISTAL QUEBRADO

    Quise pintar de azul
    las promesas de nuestros besos,
    las sábanas vestidas de tul
    que arropaban nuestros sueños,
    Y romper las aguas furtivas que separaban
    tu piel de mi pecho.

    Pero el caleidoscopio con que nos miraba
    la efigie del destino,
    cubierta de esmalte y barro,
    enmudecía nuestras lenguas
    y devoraba cualquier encuentro.

    Solo le bastó romper el cristal,
    para hacer añicos nuestro deseo.

  6. La fortuna
    Salió del agua totalmente cubierto de barro y me mostró lo que había encontrado.
    –Mira. Mira.
    Había conseguido rescatar del cieno del fondo un gigantesco diamante. La laguna estaba llena con las ofrendas que los pritanos arrojaban a la diosa. Toda una fortuna.
    –Hay más. Mucho más –me dijo.
    Contemplé con temor las aguas turbias. Habíamos acordado que nos lanzaríamos por turnos.
    –Allí hay una luz –le dije, señalándole algo que había a su espalda.
    Cuando se giró, le asesté una puñalada. Tuve que golpearle varias veces antes de conseguir que dejara de moverse.
    Avergonzado por lo que acababa de hacer, estuve a punto de arrojar el pedrusco a las aguas. Sin embargo, fue a mi compañero al que hundí en la laguna. Los peces darían buena cuenta de su cuerpo. Me alejé de allí.
    Me fui a otra ciudad. Compré un poco de tierra, una casa. Tomé una esposa. Todavía pienso en mi compañero. Siempre se había quejado de su mala fortuna. No supo luchar por conseguirla.

  7. E.T. (Eduardo Tijeras)

    Mientras esperaba mi turno en la barbería del barrio pude observar como el peluquero intentaba realizar el corte a un humanoide azul de cabellos límpidos y cabeza semitransparente. Era evidente que venía de otro mundo, sus atributos faciales, además de traslúcidos, tenían la peculiaridad de desplazarse circularmente por su semblante ovoidal. Así, ojos, orejas, nariz y boca se movían por ese límite corpóreo como piezas de una ruleta que no cesaban de voltear, incluida la sedosa pelambrera que intentaba mantener entre sus dedos. Desesperados resuellos hacían presagiar una ardua tarea que –de resolverse– reafirmaría con creces el apodo de «manostijeras».

  8. Génesis

    Cuando emergió desde las profundidades de esas aguas, fue recibida por un mundo naranja. La criatura, hecha a imagen y semejanza de su Creador, era azul, azul como el Cielo de su origen.

  9. CUENTO DE AGUA
    Hace años, un sapo me mordió en los labios y me convertí en la princesa azul del charco. Desde entonces, un barbo se peina los bigotes para rendirme pleitesía y una trucha de escamas amarillas se ha convertido en mi mejor amiga. Juntas rogamos al cielo que no cese la lluvia.

  10. Su imagen reflejada en el río le decía que lo que creía que era un sueño, no era tal.
    Su cara poliédrica, casi a punto de desvanecerse, no se correspondía con la de ningún ser existente en la Tierra.
    No sabía que podía haber sucedido para que hubiese llegado a aquella situación.
    Algo le hacía pensar que tal vez el vuelo de aquella nave sobre la ciudad y el gas que había lanzado por aspersión sobre la zona estaban en la génesis de su existencia.
    Ahora le quedaba por determinar que hacer con su nueva y extraordinaria vida.

  11. Círculo… cerrado
    No sé si fue la contaminación de las aguas, el resultado del los vapores tóxi+cos que emanaban de las alcantarillas, los gases de la Central Nuclear o el aprendiz de tatuador que se había pasado con el colorante azul. Lo único que sé es que ahora cuando salgo a la calle, y salgo poco, lo hago escondiendo mi rostro tras una máscara.
    No pongo nada sobre mi cuerpo porque cualquier tejido lo rechaza; o en el mejor de los casos una vez que estoy vestida lo absorbe.
    Temerosa de que me puedan hacer algo, me he refugiado en este lago que parece tranquilo, al que nunca viene nadie desde que desaguan aquí las alcantarillas de la Central Nuclear.

  12. Muda
    Aunque haya sucedido tantas veces,
    siempre sorprende como la primera.
    De pronto ya no encajas.
    Hay huecos y vacíos que no se llenan
    y rígidos aceros que coartan
    el ansia de escapar,
    rejas al vuelo.
    Desprenderse de la vieja coraza
    mostrar la piel desnuda
    indefensa al dolor y a las miradas
    dejar al descubierto antiguas cicatrices
    da vergüenza.
    Y por seguir viviendo,
    y a escondidas,
    como una larva entre las hojas muertas,
    te forjarás una nueva armadura
    amasando la sangre con la tierra.

  13. Hectolitros (o Alma oceánica)

    No era necesario haber explorado los cauces para desconocer aún más quiénes éramos. A pesar del lodo y de la vegetación pútrida, de los hectolitros descubiertos y de la sal gema, presentíamos que, tarde o temprano, el río desembocaría en un delta, en medio de mar. Mientras tanto, sin embargo, el cerebro se nos doblaría, desestructurándose en mil pedazos idénticos, con el alma oceánica del manantial que, siempre en goteo, se colaba células adentro. Nos sabíamos de azur, lapislázuli donde el sueño azulado de la vigilia eterna suplica clemencia y reposo, y sólo el más débil avanzaría entre el huracán sin esfuerzo. Quizá por eso, él chilló antes de divisar la meta, aquel horizonte que, al final del bucle, nos hermana antes de comenzar un nuevo ciclo vital.

    d.

  14. Blues azul.

    Tu rostro irreconocible
    desquebrajado cual pieza de cerámica
    inerte, frío, callado
    atemoriza a todo aquel que te ve

    Tu cuerpo desnudo y arrodillado
    denota aún más tu estado de pena
    tan sórdido, tan amargo

    ¿Qué dañó tu pensamiento?
    que huyes al lago en busca de lo perdido
    y detrás de ti, un triste paisaje tintado en ocre
    fría estampa de un desafinado blues

    hay óxido en tu tez, que colorea de azul
    cubriendo la enferma palidez de tu piel
    no existe piedad en la vida, y arremete contra ti.

  15. ¿Y dices tú, Creador, que si me quito el cristal de la cara dejaré de ver el mundo caelidoscópicamente y tendré que verlo como tú? ¿Como todos? ¿Un mundo plano y aburrido? Entonces, Creador, déjame que siga mi camino y tú, ser extraordinario, sigue el tuyo, y no me molestes más. Déjame vivir en libertad, Creador Supremo, no me hagas vivir a tu imagen y semejanza, que es muy aburrido.

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