Viernes creativo: escribe una historia

 

Decía Woody Allen que el sexo solo es sucio si se hace bien. Y si, además, le añadimos una dosis de juego y teatralidad, es aún más divertido. De eso habla esta foto de Frédéric Fontenoy. ¿Jugamos?

©Frédéric Fontenoy

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21 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Gallinita, gallinita ¿Qué se te ha perdido en el pajar?
    Una aguja y un dedal
    Da tres vueltas y la encontrarás
    Es un juego divertido. Un compañero va escogiendo pareja y volvemos a abrir la puerta hasta que todos ya la tienen y a la par decidimos un nuevo juego, y así pasamos las tardes, madre.
    No se preocupe, por el dinero, que aquí no me falta de ná y allí tiene usted más bocas que alimentar. Cuide mucho de los pequeños y dígales que estudien, que puedan forjarse un buen futuro y dele un abrazo a padre, dígale que su niña del alma sabe cuidarse y que, aunque los Martínez Alcocer no pagan muy bien, ya me he buscado otros trabajos extra para compensar los gastos del internado.
    Suya siempre,
    Puri.

  2. El Jardín de las Delicias

    Me han dicho que se llama el Jardín de las Delicias, y ahora sé por qué. Cómo corren, cómo se ríen, cómo juguetean conmigo. Ya están casi todas desnudas. A mí no me han permitido quitarme la ropa. Dicen que sólo lo podré hacer si las identifico una a una, pero con los ojos vendados. Sus cuchicheos, sus parloteos juveniles me han convencido. Dejo que una de ellas, la más joven y delicada, se quite las medias y las anude sobre mi rostro. Deja su coño libre, no lleva bragas. Sólo los tacones, y el corpiño. El aroma de su piel, a medio camino entre el final de la adolescencia y el principio de la edad adulta se cuela por mi nariz y me obliga a ser rápido en el juego para disfrutar del premio. Salgo. Corro, tropiezo con un mueble, con otro. La quiero a ella. Deseo cogerla y hacerla mía. Por fin, aquí hay una. Un rostro terso, labios supongo que encarnados y humedecidos por lengua, deslizo un solo dedo por la comisura de ellos y noto cómo se eriza la piel. Sigo hacia arriba, buscando la nariz. Qué rara sonrisa tiene esta chica, pienso cuando, sin avisar, se me cuela el dedo en donde no estaba previsto. Mierda, pienso. Y sé que ella no es.

  3. Quiero

    Y me llevan a ciegas a un mundo de placer. Ellas tienen el control, yo soy su presa. Quiero ser devorado por esas mujeres que no puedo ver. Quiero que me golpeen, me aten y me hagan temblar. Dicen que quien entra en esta sala, nunca vuelve a ser el mismo. No me importa, hace tiempo que solo puedo soñar con este momento, con ese lugar. Siento la fría vara metálica rozándome la cara. Comienza la acción. Ardo de deseo.

  4. El Director

    Eligió una habitación sin ventanas, en blanco y negro, con dos espejos y empapelada de años 20. Diseminó a las prostitutas en cada esquina de la pieza, con sus encantos desnudos al aire, apoyadas en un sillón, un taburete o una cómoda. En el centro de la estancia, situó a la madame del lupanar junto a un hombre que representaba ser un cartero que llama dos veces, al que le cubrió los ojos por puro fetichismo. Y les fue indicando lo que debían hacer, con un orden milimétrico y estudiado, hasta que por fin consiguió la escena tantas veces reproducidas en su cabeza; pero cuando gritó: «¡acción!», con el propósito de cumplir su última voluntad, un «¡¡¡CORTEN!!!» más autoritario y proveniente de las alturas, lo paralizó todo.

  5. El juego

    Durante todo el año, esperaban con ansiedad la llegada del Carnaval. Disfrazadas de rameras, jugaban entonces al escondite con el primer conductor despistado que se perdía por los accidentados caminos que rodeaban el convento.

  6. SECRETOS DE CONFESIÓN

    Cada tarde a la misma hora rezo para no ir contra el sexto. Quien más y quien menos mataría por imaginarlas, como yo, en escenas propias de prostíbulos, enfundadas en corsés teñidos de lascivia e inclinando sus pecaminosas carnes a todo placer imaginado.

    Cada tarde me cuesta un triunfo salir de este confesionario para dar misa de siete frente a ellas, padre.

    *L*

  7. En otra piel
    López me lo había advertido. A la primera oportunidad lo intentarían.
    Esa oportunidad eso produjo un mes después de mi incorporación. Tocaba concurrir en equipo a una convención al sur del país. Después de un día plagado de reuniones y presentaciones, terminamos en el Club Tulipanes, del que todos parecían ser clientes asiduos.
    Intenté excusarme mostrando mi falsa alianza de boda calzada en la mano izquierda. Era evidente que esa no era disculpa válida. Todos llevaban una.
    Temblando, como si me estuvieran conduciendo al patíbulo, atravesé la puerta del club. La oscuridad apenas disimulaba mi palidez.
    Todos querían agasajarme, darme una innecesaria bienvenida, demostrar que eran los más expertos y populares clientes del local. Que todas las chicas los buscaban y competían por llamar su atención.
    Unas cuantas se acercaron y me cubrieron los ojos con mi propio pañuelo de seda. Entre risitas y promesas que me sonaron a amenazas me condujeron a un cuarto y allí me dejaron indicándome que regresarían pronto a jugar conmigo.
    Me he quitado el pañuelo pero no por eso logro atisbar algo en la oscuridad. Tanteo en busca de la puerta que no cede a pesar de mis esfuerzos.
    Escucho las risas de mis colegas subiendo y bajando por los pasillos. Vencida, me dejo caer deslizándome por la pared. La banda que me aprieta los pechos está a punto de ahogarme.
    Los hombres no lloran, me digo, cuando empiezo a sacudirme sin control.

  8. Poligamia

    Tan inconfesables son sus sueños como gallinita ciega, que le mantienen en vilo hasta la madrugada. Ignora que en el otro lado de la noche sus mujeres africanas juegan al amor con un muñeco hecho a su imagen y semejanza.

  9. JUNTA DE ACCIONISTAS

    Al señor de la fotografía del centro (sin duda el que más destaca en esta instantánea) una de dos: o le han vendido un traje dos tallas por encima de la suya o ha adelgazado fulgurantemente en las últimas semanas. Estilismos a parte, al señor de la fotografía del centro (A quien llamaremos J.T. Pelthon, por llamarle de alguna manera) le habían citado a las 18:00 P.M. para que acudiese a la Junta de Accionistas y firmase todos los acuerdos que se tomasen en dicha junta. Lo de ponerle una venda en los ojos fue idea del Vicepresidente, que es un tipo muy juguetón. A J.T. Pelthon le quitarán la venda dentro de unos segundos, le darán un bolígrafo y firmará todos los papeles que le pongan por delante. Él pensará, claro que firmando tiene derecho a quedarse un rato con esas señoritas que van tan despejadas. Pero no: para su desgracia, ellas han quedado a las 18:15 P.M. en la sala de al lado, donde ha sido requerida su presencia para recibir a otro tipo con los ojos vendados (Esperemos que esta vez, al menos, se presente con un traje hecho a medida)

  10. IMPÚDICOS FOTOGRAMAS

    Un fundido en blanco y negro, convirtió aquellas rosadas y exuberantes curvas, en meros fotogramas estáticos. Posturas suspendidas ante mi lujuriosa vista, recreaban un juego sensual y obsceno, donde mis manos palpaban aquellas curvas con un insano deseo y mi lengua buscaba lamer los labios prohibidos de aquellas damas tan dispuestas.
    En el momento en que todo se volvió color y movimiento, vendaron mis ojos privándome de poder disfrutar tal escena y con torpeza tuve que imaginar cada una de aquellas secuencias.

  11. Un poco de diversión

    —A la gallina ciega —dijo una de las mujeres del burdel. Y John empezó a jugar. No le importaba la recesión del país ni los gastos de la casa. Los pocos dólares que ganaba eran para divertirse.
    —Una nalga aquí, un dólar allá, una nalga aquí, un dólar allá, —cantaba mientras manoseaba a las chicas del prostíbulo.
    —Bien gastados mis dólares por ¡un poco de diversión! —gritaba excitado mientras acariciaba unos frondosos senos
    —¡Qué delicia! —exclamó.
    —¿Te gustan mis pechos John? —escucho con un timbre de voz familiar.
    Rápido se quitó la venda reconociendo a la mujer y quedando sin habla le escuchó decir: —John, como no me alcanza con lo que das para la casa, aquí vengo a ganar alguno dólares para completar… y con un poco de diversión.

  12. Olvidos

    Le ponen a uno una venda en los ojos, lo encierran en una habitación y ya empieza a pensar que puede haber cualquier cosa, qué sé yo, mujeres con ropa escasa y los labios pintados de rojo; o quizá un montón de regalos que quieren ser abiertos una vez le quiten la venda o enciendan la luz, lo que sea que le haga ver. Sin embargo pasan horas, días, pasa hasta contar el tiempo y aunque a veces oye pasos o golpes en la sala, llega a la conclusión de que otros, como uno, han sido olvidados allí y a veces, como fantasmas, se mueven, pero ya no aguardan nada.

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