Viernes creativo: escribe una historia

Historia de un corazón (A heart´s tale) es el nombre que la joven fotógrafa alemana Elena Helfrecht ha dado a uno de sus trabajos. Contadme la historia de esta foto.

 

Married to the sickness

 

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

Anuncios

23 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. El anillo.
    Siempre te lo quitabas cuando salíamos en grupo. Te daba igual que ya estuviéramos casados, que el contrato firmado frente a Dios, la Patria, los amigos, la Familia fuera indisoluble. Tú no tenías dueño, me decías, y querías seguir gustando a todos. Te gustaba seducir a mis amigos, sí, pero también a los porteros de las discotecas de moda, a los camareros, a los aparcacoches. A todos. Así que para preparar un fin de semana de fiesta comenzabas por lo básico: te quitabas la pequeña corona dorada y frotabas con ansia la marca blanca en tu anular para que la sangre fluyera de nuevo y se disimulara mejor. Sabías que me enfadaba que lo hicieras, pero tú insistías en que era sólo un juego, en que era la manera de darle pasión e insuflar aire nuevo a nuestras rancias noches matrimoniales.
    Así que tuve que tomar una determinación. Investigué, me preparé. Y con paciencia monacal hice las modificaciones pertinentes en la cara interior de tu alianza y esperé tu vuelta al calor insípido de nuestro hogar. Cuando, dos días después de tu última aventura, la recuperaste en aquella mañana de resaca, tu grito alcoholizado me relajó. Ni la sangre, ni tus chillidos histéricos, ni tus amenazas me sacaron de nuestro lecho, en el que te esperaba, seguro y cómodo.

    A partir de ese día, te sería imposible eliminar mi marca de tu piel.

  2. Enfermo

    Con fuego marcaste
    tu nombre,
    bajo mi piel estrellada.

    Con sangre
    contaste mi historia,
    de una amante olvidada.

    Sentí el castigo
    de tus celos,
    bajo tu mirada amargada.

    Todo fue un juego enfermizo,
    lleno de dolorosas trampas.
    Todo fue tu rabia malsana,
    donde quedé devorada.

    Quise enamorarme de ti,
    de tus rarezas, de tus inquietudes.
    Pero es imposible,
    en este mundo,
    nadie ama nada.

    http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/2015/10/enfermo.html

  3. SEMPITERNO

    Desgajaste mi vida
    en aquel secreto de engaño y embeleco.
    Agrietaste mi sueño
    por una sórdida atracción
    de gemidos y vanos deseos.
    Y aún sintiendo como la sangre
    se evapora por mis dedos,
    busco una salida al dolor
    en tus envenenados besos,
    en tu aliento roto de láminas heladas
    y en tu alevoso cuerpo.
    Un eslabón de mi equilibrio
    se ha hecho profundo y oscuro
    y aún a sí , maldita sea ,
    TE AMO.

  4. HISTORIA DE UN CORAZÓN ROTO

    Desnuda ante el espejo comprobó las heridas que le había causado su traición. Necesitaba curarlas, junto con su corazón roto, para seguir viviendo. Borrar cualquier rastro en su piel que le recordase a él.
    Vio en su dedo anular su alianza. Le quemaba su contacto.
    Se la extirpó de golpe como si fuera un cáncer.

  5. EL PALO

    Hay gente que no sabe lo que hacer para llamar la atención. La mujer de la fotografía, se dio un tajo circular en el dedo para que le encajara bien el anillo que le regaló su novio. Con la otra mano, la que no vemos desde aquí, sujetó el palo del selfi y colgó la foto en Facebook para dejar constancia de su hazaña. Más tarde, se hizo otro tajo circular en el cuello, para que le encajase bien el collar que también le había regalado su novio. Consiguió sujetar el palo, hacerse otra foto y subirla a Facebook. Apunto estuvo de morir desangrada. Ayer, para evitarse remordimientos, el novio la dejó. Lo dicho: hay gente que no sabe que hacer para llamar la atención.

  6. Mala señal
    Cuando por la mala señal que casi siempre había casa, el vecino del cuarto venía a echar una mano a mi madre para resintonizarlo todo, ella nos mandaba ir a nuestro cuarto para que no molestásemos a “ese señor tan amable”, cuya ayuda le venía “como anillo al dedo”.

  7. SEÑALES

    Primero usaste una navaja: grabaste nuestros nombres en la corteza de un árbol. Fue muy romántico. Después vino el tatuaje: tu nombre, mi piel. A mis amigas no les pareció bien. Estaban celosas. Cuando llegó el anillo, ya hacía tiempo que era tuya. Y mi familia también. Mis padres te adoraban, tan guapo, tan educado.
    El mapa de tus marcas fue dibujándose en mí: islas de lágrimas, océanos de soledad.
    Borrarte ha sido mucho más difícil. Para el tatuaje he necesitado varias sesiones de laser. Pero el anillo, ese círculo perfecto, no ha cedido hasta que he usado tu navaja.

  8. Sin alma

    Desnuda. Con el corazón fulminado. Roto en millones de partículas que no llegan a ser piezas. Irreparable…

    Hasta que la muerte nos separe. Cumpliste tu promesa y me mataste. No te valía con dejarme. Tenías que enterrar mi cuerpo desnudo y robar la prueba de nuestro amor eterno. Símbolo de nuestra alianza.

    Un único deseo he pedido mientras moría y me ha sido concedido. Tiembla. Voy a buscarte. Es sencillo, tu vida por la mía.

  9. EFECTOS COLATERALES

    “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” fueron las palabras del cura de su parroquia. Así que, aquel fatídico martes, el eco de la estigmatización y el repudio se abalanzó sobre ella, a pesar de haber sido él quien pidió el divorcio.

    *L*

  10. «Sus padres eran máquinas de lucha y autocompasión. Su madre estaba programada para gritarle a su padre porque este era una máquina de hacer dinero defectuosa, y su padre estaba programado para gritarle a su madre porque esta era una máquina de hacer labores del hogar defectuosa. Estaban programados para gritarse el uno al otro por ser unas máquinas de amar defectuosas.
    Y después su padre estaba programado para salir violentamente de la casa y cerrar la puerta de un portazo, cosa que convertía automáticamente a su madre en una máquina de llorar. Y su padre se iba a una taberna donde se emborrachaba junto con otras máquinas bebedoras. Y después todas las máquinas bebedoras se iban a un prostíbulo y alquilaban máquinas folladoras. Y después su padre volvía arrastrándose a casa para convertirse en una máquina de pedir perdón. Y su madre se volvía una máquina de perdonar muy lenta».
    Kurt Vonnegut, El desayuno de los campeones

    (vale, esto es trampa, pero es que conozco al dueño de la página…)

  11. Cúter

    Aldana tenía la costumbre de autoflagelarse, le gustaba sangrar, para ella era algo liberador. Ocultaba sus cortes bajo ropa negra. En su casa, absortos por el trabajo, no se daban cuenta. Así, se encerraba en su habitación y, cúter en mano, se tajeaba hasta sangrar. No quería que la vean.
    Con el tiempo llegó el amor y olvidó esa perversa afición.
    Un día el amor concluyó, al menos el de su pareja hacia ella, y en el lugar que ocupara el anillo que sellaba esa unión, apareció un nuevo corte. Esta vez lo lucía a la vista de todos: a diferencia de su novio, el cúter no la había abandonado.

  12. La mujer del jeque

    Hace unas semanas, le enviamos una carta amenazadora en la que le instábamos a pagar 1.000.000 de euros. Las comunicaciones prosiguieron con una llamada telefónica estremecedora, donde reproducimos gritos capaces de desgarrar corazones. Insistimos con un vídeo oscuro, en el que se activaba una cuenta atrás vital. Y ya a la desesperada, aumentamos nuestra presión. En su palacio recibió mechones de pelo, un burka rasgado y esta fotografía con el dedo anular ensangrentado y desnudo de la alianza de bodas que él le regaló. Pero por ahora, Abderramarran II, el Sultán de Persa, continúa sin contestarnos al secuestro de su primera esposa. A pesar de ello, no desfallecemos y, entre susurros, ella me asegura que al final pagará.

  13. De momento abril

    Esta mañana escuché en el jardín de tu casa
    una canción que decía algo parecido
    a lo que venía pensando mientras tú leías un libro
    y me quede sin palabras
    por que no tuve ni tengo el valor de decirlo
    que me hubiera casado contigo de habérmelo pedido.

    Y luego me he ido
    y me han venido de golpe las cosas que te hubiera dicho
    las cosas que nunca te digo
    porque siempre me pasa lo mismo.

    (La bienquerida)

    Me hubiera cansado de ti, de habérmelo pedido.

  14. Gélida (o Perpetua)

    Solamente cuando ya era demasiado tarde te has dado cuenta de que la alianza debía ser perpetua y hasta la muerte. Incluso parecía haber la obligación de provocarla con juegos llenos de riesgo y de temeridad. Como los retos que te obligaban a mejorar en la tierna infancia, que te preparaban para lo cotidiano, para la vida pura y dura. Puede que la letra con sangre entre. Pero ¿también las reglas del matrimonio? Lo aceptabas sin rechistar, por tradición, porque las madres y las abuelas sacaban hierro al asunto, al conocer las peleas que proliferaban en tu casa. Cada vez duraba menos el armisticio y llegaba el conflicto con motivos o sin ellos. Sangre, heridas, cardenales, moratones… tatuajes que marcaban tu cuerpo y que maquillabas gracias a cualquier excusa que inventabas y que aquel que te escuchaba disimulaba creer.

    Solamente ahora, que las espinas te han atravesado las vísceras y los sueños, te encuentro gélida y callada, enmudecida para siempre, dentro del frigorífico de la Morgue. Y tengo que reconocerte… ¿Reconocerte qué?

    d.

  15. Pilar Saborit
    MIL ANILLOS

    Después de pasarse otra noche entera sin dormir preparó la puesta en escena que había estado imaginando los últimos días. Abrió el cajón de los cubiertos, como si fuera a prepararse el desayuno, pero en lugar de eso se hizo un corte en el dedo a la altura en la que debió estar aquel anillo que él nunca le regaló. Cuando dejó de sangrar se limpió la herida, se hizo una foto y se la envió esperando una respuesta que no llegó.

    Intentó reprimirse pero acabó llamándole para reprocharle, otra vez, que la hubiera dejado después de tantos años. Él se burló de su fotografía y la insultó llamándola loca. Cuando él le colgó mientras ella seguía hablándole, sin ningún respeto, como hacía siempre, ella volvió a la cocina odiándose a sí misma por haber sido tan impulsiva. Y por seguir queriéndole a pesar de todo. “Tengo que pensar las cosas bien antes de hacerlas”, se dijo. Entonces cogió el cuchillo que seguía en el fregadero y se hizo otros anillos en sus muñecas, en sus tobillos y uno grande rodeando su garganta.

  16. La señal
    Madre pronto intuyó tus intenciones. Me advirtió que eras como un animal y que no serías feliz hasta que no marcaras tu territorio.

  17. POR FIN, LIBRE
    Era la única manera de desprenderse de su alianza.
    Necesitaba hacerlo para sentirse por fin libre, lejos de aquel manipulador que había dirigido la mitad de su vida.
    Ahora por fin sería una persona completa, feliz, alejada de aquel varón tóxico, que lograba con sus múltiples argucias anularla siempre, apropiándose de su vida e imponiéndole su voluntad.
    No le importaba para conseguirlo tener que inflingirse un grave daño a sí misma, aunque sabía que sería pasajero, cuando su premio era infinito y perdurable, la Libertad.

  18. Las llagas invisibles

    Dices que estás bien. Aseguras que lo del dedo no es nada. Cicatrizará. Y yo te creo. Después te enroscas en mi cuello y lo muerdes hasta que te arranco la ropa. Follamos como si nos estuviéramos enfrentando contra gladiadores terribles, contra nuestros peores fantasmas, usando todas las armas, los peores trucos y artimañas, en la arena de un circo que siempre pide sangre. Pactamos una tregua, desarmados y exhaustos, cuando no queda más remedio, cuando estamos seguros de que es imposible vencer al contrario. Y al final, nos concedemos una sonrisa amable, una caricia breve, mientras repasamos nuestras heridas. Sí, sanará el surco que te ha dejado el roce del anillo. No tengo ninguna duda de ello. Pero tardarán bastante más en curar, me temo, todas las llagas que te escuecen debajo de la piel.

  19. INFIDELIDAD
    Desvestirse le resulta fácil, desprenderse de todo artilugio, para ofrecerse a su amante; pero no sabe cómo quitarse la marca de su dedo anular. Esa que, algunas veces, la inquieta y le hiere la conciencia.

  20. El anillo

    1
    Anatoli Bodrov acababa de llegar al piso. Estaba tan cansado que se echó en el sillón y cerró los ojos. Nadezhda no regresaría hasta dentro de una hora. Había comenzado a dormitar cuando alguien llamó a la puerta. Anatoli arrastró los pies hasta la entrada.
    –¿Quién es?
    Nadie respondió. Pensó que quizá se hubieran equivocado.
    Estaba a punto de regresar al sillón cuando sonó otro timbrazo.
    –¿Qué…?
    Al abrir la puerta se quedó mudo: en el pasillo había una mujer completamente desnuda. Le habló en un idioma que Anatoli no pudo entender. Quizá fuera húngaro o alemán.
    –Elvetted a gyűrűt. A gyűrű, amit adtál József.
    –¿Qué dice? No la entiendo.
    Entonces la mujer le mostró la mano derecha. El dedo anular había sido cortado.
    –Déjeme. No sé nada.
    –Elvetted a gyűrűt –repitió la mujer.
    Anatoli trató de cerrar la puerta, pero la mujer la empujó con una fuerza sobrehumana.

    2
    Una hora después llegó Nadezhda. Se sorprendió al encontrar la puerta entreabierta.
    –¿Anatoli? –preguntó.
    No obtuvo ninguna respuesta. Por un momento recordó lo que en el año 37 le había pasado a su padre, a su hermano. Se los llevaron.
    Entró en el salón. Vio a Anatoli sentado de espaldas. De alguna manera, aquello la tranquilizó. De pronto, sintió que alguien le cogía de la mano.
    –Gyűrűm.
    Una mujer le estaba tratando de quitar el anillo que Anatoli le había traído de la guerra.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s