Viernes creativo: escribe una historia

Terminamos el año con una inquietante fotografía de Brendon Burton para contrarrestar tanto azúcar navideño. Aprovechamos para desearos felices fiestas y año nuevo ya que vamos hacer un breve receso y no habrá  viernes creativos hasta 2016 (o eso esperamos). No dejéis de escribir.

©Brendon Burton

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

Anuncios

20 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Minutos musicales

    La música lo cambia todo, decía el tío Luis. Sin oído para sus discursos ni sus frases hechas, entendimos el alcance de la frase después de que se fuera para siempre y colocamos sus restos encima del piano. Desde entonces, cada 18 de diciembre, a la hora exacta del deceso, suena la marcha fúnebre de Chopin. Y luego su viuda, con un gesto de reproche, recoge la ceniza de las teclas y la devuelve a la urna.

  2. MORIR EN EL INTENTO

    ¿A que no eres capaz de tocar “Nel partir da te mio caro” de Vivaldi con una sola mano desde detrás del piano? Esa es la insólita propuesta que Bernardina le hizo a su marido, J. Sánchez, funcionario del Catastro por más señas. J. Sánchez, que no era precisamente uno de esos tipos que se arrugan ante un reto, aceptó de inmediato el desafío. Se colocó en la parte trasera del piano, alargó el brazo, introdujo la mano entre las flores, estiró los dedos y cuando se disponía a acariciar las teclas, se quedó parado. De esta imagen hace un par de años, más o menos. Bernardina, aunque se niega a aceptarlo, sospecha que su marido está muerto, porque tanta quietud no puede ser buena. Podría comprobarlo, ir a la parte trasera del instrumento, pero mejor dejar las cosas como están: lo que sucede detrás de un piano, se queda detrás del piano, así ha sido toda la vida. Cosas que pasan cuando pones a prueba a un funcionario del Catastro.

  3. INMORTAL

    Su vida era la música, no podía vivir sin ella. Amaba a su piano, lo cuidaba, acariciaba sus teclas.
    Componía bellas piezas que luego interpretaba emocionado. Sentía pasión por la música, el piano era su voz.
    De pronto, una cruel enfermedad reumática atacó a sus manos. Le apartó de su música y de su piano.
    Murió de tristeza. El tiempo pasó dejando ajadas sus teclas.
    Desde entonces sus manos vuelven cada día a acariciar su piano. Sus melodías sonarán eternamente haciéndole inmortal con su belleza.
    @1961_pilar

  4. La mano

    A ella le gustaban las manos del pianista, sus dedos prolijamente cuidados y llenos de virtuosismo sobre las teclas del piano.
    Cuando él enfermó, temió quedarse sin ellas; para entonces esas manos también le proporcionaban placer cada vez que contactaban con sus partes más íntimas.
    Encontró un embalsamador que le pudo resolver ese problema. Ése, y el de la cuenta en Suiza, de la cual el pianista jamás le había confiado la clave, pero sabía que era posible abrirla con una huella dactilar.

  5. A GOLPE DE LATIDO

    Levanté la tapa del piano como cada mañana, lo adorné con las flores recién cortadas del jardín y me dispuse a escuchar su música, sus teclas, su sentir… No tardaron en sonar las notas graves, agudas, silenciosas para piano y latido… Quince años no eran suficientes para encontrar los acordes justos que me hicieran revivir. La impaciencia me abrumaba y la compañía se alborotaba en la ausencia de no estar.
    Cambié palabras a media voz en un tono con aroma a incienso y campanillas vibrantes y crispadas a voces tubulares de metal y madera que majestuosamente sonaban perdiéndose en la tierra y en el alma que afligida me hacía meditar y respirar.
    Y así sin más, brotó su promesa de tocar la sinfonía, día tras día, latido tras latido, hasta hacerme despertar en un sueño que sin serlo era toda mi realidad.

  6. En peligro

    El Blüthner de 1900 es un tesoro de familia, un piano de cola que ha sobrevivido a la Guerra Civil, a la crisis económica, al divorcio de mis suegros o al paso del tiempo. Cuando los operarios depositaron la reliquia en el salón, mi mujer lo recibió con lágrimas emocionadas. Desde entonces, se ha obsesionado en afinarlo y arrancarle bellas melodías. Yo que la quiero, animo su constancia, aunque sufro por la suerte del piano. Ayer, cuando mi esposa dejó de aporrearlo con sus dedos gruesos y salió de la sala, una mano lánguida emergió de su caja solicitando clemencia.

  7. MOTIVACIÓN

    Mi profesor de música, a la par que exigente, tenía un gusto un tanto macabro; en un frasco de cristal guardaba, en formol, la mano de su maestro.
    Los días de clase la sacaba del recipiente, la colocaba encima del piano y la rodeaba de flores recién compradas, sobre todo rosas, para disimular el fuerte olor que desprendía.
    Nos decía que de esa manera nos impregnábamos mejor del espíritu del genio.
    No he llegado a ser un pianista famoso, más bien soy mediocre tocando el piano, pero me ha quedado el gusto por la anatomía y me desenvuelvo muy bien en mi trabajo: soy médico forense.

  8. Karma

    Todos me preguntaron por ti. Como era posible que en un día tan especial no estuvieras. Por fin me concedían el premio que tanto había merecido, y tú, querido no ibas a arruinarme el momento. Como siempre…
    Pequeño patán, parlanchín y borracho. Se te quedaban las gotas de ese vino barato en el bigote canoso y me daba tanto asco.

    Era mi fiesta. El Pulitzer, querido. La gloria. Por fin la profesión me reconocía mi valía, mi dedicación. Unas horas y sería una viuda elegante. No estabas, nadie te iba a pedir que tocaras el maldito piano. Toda la vida oyendo las notas de tu puñetero piano. Si algún día me muero me entierras con el piano, era perfecto. Tu último deseo cumplido.

    Cuando vi a tu hija entrar por la puerta se me heló la sangre. Jamás venía, me odiaba a pesar de haberla traído al mundo. Era un sentimiento mutuo, no lo niego. Yo siempre quise un hijo y no supiste hacérmelo, ni eso querido. Ni eso.

    Aquellas palabras…”Lucy, toca el piano de tu padre, déjanos disfrutar de tu talento”

    Felices fiestas para todos!!

  9. La mano derecha del conde
    Mi amo, el conde Theodor von Neuenthurm volvió de la guerra a trozos. Primero la cabeza y el torso; luego, el pie derecho, la nariz y los ojos; más tarde, el brazo derecho y las orejas. Por el brazo izquierdo hubo que pagar rescate a los polacos, casi cinco millones de florines. Poco a poco, el doctor Reiniger consiguió recomponer al amo. Sin embargo, no apareció por ningún lado su mano derecha. ¿Dónde estaba? El amo no recordaba dónde la había perdido. Se enviaron cartas a todos los campos de batalla de Europa, pero no hubo forma de encontrarla.
    El doctor Reiniger le propuso al conde implantarle otra mano. Mi amo al principio se mostró en desacuerdo. ¿Otra mano? Ni siquiera aceptaría la mano del rey de Hungría. Sin embargo, se acabó cansando de comer con la mano izquierda y se hartó de que la gente señalara el horrible muñón en que acababa su brazo derecho.
    –Adelante –le dijo un día al doctor Reiniger.
    Por supuesto, fue mi mano la que cortaron para implantársela al conde. En vez de ella, el buen doctor me colocó un hermoso gancho de acero.
    –Mejor que una mano –me dijo.
    Mi amo, el conde, empero, no estaba demasiado satisfecho con su nueva mano.
    –Apesta a estiércol –exclamó cuando la olió.
    El doctor Reiniger le aseguró que se acabaría habituando a ella.
    –Cuando vuestra sangre haya fluido durante un tiempo por esa mano, no seréis capaz de distinguirla de la verdadera.
    Poco a poco, mi amo se fue acostumbrando a su nueva mano, es decir, a mi mano. Aprendió a escribir de nuevo y pronto se convirtió en el hábil espadachín que era antes de su manquedad. Sin embargo, cuando mi amo acaricia a su esposa, la bella Hannelore von Neuenthurm, sigue evitando cuidadosamente (¡ay!) hacerlo con la mano derecha.

  10. MANOJO FLORAL
    La literalidad con la que se lo tomaba todo era aplastante. Ya de novios, cuando nos pusimos a vivir juntos por primera vez, le dije: -tienes más teclas que un piano – porque siempre se estaba quejando por cualquier nimiedad, nunca pensé en las consecuencias que mis palabras me podían acarrear; y él, que era de Bilbao y opinaba que las comparaciones eran odiosas, como si se tratase de una ofensa, se lo tomó al pie de la letra. Al día siguiente, llamaron al timbre y, a través de la mirilla, pude ver a un tipo sudoroso con gorra y bigote, que me decía que venía de parte de la tienda de antigüedades. Al abrirle, me comentó que traían un piano para la señorita de la casa, y del asombro, por poco no le doy con la puerta en todos los morros; pero, al decirme que ya estaba pagado y que no se admitían devoluciones, los dejé pasar a nuestro salón para que dejarán aquella reliquia. Cuando regresó del trabajo y entró en el salón, al abrir la tapa, con sorna me dijo: -¿quién tiene más teclas? -. Y allí lo tuve durante una larga temporada, con toda la suciedad con la que vino y sin apenas dirigirnos la palabra. Aunque, eso no fue lo peor; lo peor vino cuando, la bocazas de mi hermana, le dijo que mi enfado no se resistiría a un manojo de flores.

  11. La curiosa historia de Ernesto, sus manos y el piano de su abuelo

    Ernesto es un tipo un poco vago. Por eso, a la propuesta de aprender a tocar el piano heredado de su abuelo, contestó que le parecía muy cansado. Cuando se tenían que tocar muchas teclas a la vez o desplazar el brazo a lo largo del teclado, protestaba.
    A fin de ayudarle, en su cumpleaños, sus amigos le obsequiaron con una mano adicional. Desde entonces no tiene excusa para no practicar un poco cada día. Y luego, acabada la sesión musical, siempre deja unas bonitas flores rodeando a su tercera mano, para que le espere animada hasta el día siguiente.

  12. Notas sobre la ausencia

    Pudo más la necesidad que el miedo. Había un eclipse parcial de Sol cuando iniciamos la sesión, todas las manos unidas en torno a su piano, sobre este las últimas flores que le dedicaron. Su presencia señaló la respuesta, inequívocamente. A su pulsación, un cristalino Si llenó la estancia arrastrándome a Mi a una negrura, como de Bemol.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s