Viernes creativo: escribe una historia

 

Mike Dempsey es un fotógrafo norteamericano con trabajos muy interesantes. Hemos elegido esta foto porque nos sugiere… Pero lo que importa es: ¿qué te sugiere a ti?

©Mike Dempsey

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29 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Orgullo

    La mujer que está atada del pelo a una rama se llama Úrsula y de pequeña quería ser domadora de tigres, aunque esa es otra historia. El marido de Úrsula, Frank, se marchó hace una semana diciendo: “No me esperes despierta, llegaré tarde”, y hasta la fecha. En realidad Frank se ha largado con Peggy Sue, una antigua novia del instituto, y no tiene intención alguna de regresar. Úrsula se cree que desde esa posición verá llegar a su marido desde el horizonte, pero a ver quien le dice que su esperanza es vana y que, además, está haciendo notoriamente el ridículo. Peggy Sue, antes de largarse con Frank también le dijo a su marido que no le esperase despierto, que llegaría tarde. Y el marido de Peggy Sue, Solomon, también está colgado de un arbol a unas millas de allí, esperando llegar a su esposa por el horizonte, cosa que no sucederá. La historia tendría un final feliz si Solomon y Úrsula llegasen a conocerse, porque dos personas que acostumbran a colgarse del pelo en un arbol seguro que tienen muchas cosas en común. Pero eso tampoco sucederá porque bajarse de sus respectivas ramas sería como tirar la toalla, y ésta clase de gente suele ser demasiado orgullosa como para claudicar a las primeras de cambio.

  2. Había encontrado romántica la idea de suicidarse colgada de sus cabellos, pero un terrible error en la elaboración del peinado, dió al traste con su propósito.
    Ahora, mientras se balanceaba al viento, dudaba qué le dolía más, el tirón de pelo o la patética imagen que ofrecería a quien la rescatase.

    (en catalán en mi blog Univers madur)

  3. Perspectiva

    Me quedé colgada por ti de la rama del árbol más alto de la colina. Desde aquí, las cosas son de otra manera, parecen piezas de un juego que puedo mover como me apetezca. Creo que no voy a bajar, el problema es que ya no me sirves de excusa.

  4. PALABRAS COLGADAS

    La verdad es que no quise decirte nada por si al final sucedía lo inevitable. Pero era extraña esa sensación de saberlo y que las palabras no se dignaran a salir y pronunciarse. Así que recogí mi cabello en una coleta y la enredé en la rama más alta de aquel maldito árbol que en su día fue testigo de tu falsa declaración de amor. Y aquí estoy…esperando, aún colgada de ti, a que mi voz por fin florezca y te diga que ya no quiero ser más una muñeca en tus brazos.

  5. A pesar de lo aparente, la mujer que encontraron colgada por sus cabellos y que apareció en la pequeña colina artificial del Central Park, resulto que no se trataba de un suicidio, ni tampoco un asesinato.
    La gente miraba, comentaba, y al final llamaron a la policía, cuando por fin llegaron estos, al mando del teniente Rafferty, el cual era un policía ejemplar de la brigada central de homicidios de la calle 42, y que cuanto más miraba la escena menos comprendía nada.
    Se encontró con un gran misterio, la mujer ya descolgada y vestida con un pantalón corto y una camiseta, con los pies descalzos los cuales no tenían barro, ni sangre, la falta de signos de violencia le desconcertó.
    la mujer contaba una y otra vez una historia esquizofrénica, que el teniente Rafferty paso a comprobar llamando al conserje de los Apartamentos Dakota, edificio maldito de Nueva York.
    Confirmando punto por punto los datos contados por la mujer, que decía que estaba durmiendo en su casa con su marido y sus hijos en la habitación de al lado, después de un día duro de trabajo en la fábrica textil, cercana a su domicilio, el inspector Rafferty descubre que el famoso brujo negro Aleister Crowley vivió y llevó a cabo rituales de magia negra en el mismo edificio de la víctima ,cerro su pequeño blog de notas después de anotar el siguiente comentario, si se trata de casualidades aisladas o quizá por el contrario hay una temible energía oscura y maldita que rodea a todo lo que se relaciona con este siniestro y maldito edificio Dakota, en la gran manzana de Nueva York.
    Yolanda Jiménez

  6. Ocaso

    Cuando la relación comenzaba, ella y su novio tallaron un corazón en el tronco de un árbol.
    La relación con el tiempo se secó, aunque no así el árbol, que seguía enhiesto en ese bosque que para ella supo ser encantado.
    Una noche, soñó que ella se colgaba de una de las ramas de ese árbol, de frente al ocaso. Lo curioso es que no se ahorcaba, sino que se colgaba de algo en su cabeza; en los sueños abundan las imágenes curiosas.
    Decidió consultar a un psicoanalista, quien le hizo ver que tal ocaso representaba el fin de la relación con su novio pero no era la muerte de nadie.

  7. Allí de donde yo vengo las mujeres nacen en los árboles. Primero son flores que abren sus pétalos en primavera. Exhalan un perfume que atrae a los hombres aunque estén muy lejos. Ellos riegan y cuidan los árboles en cuanto aparecen, a veces hasta cubren las flores para protegerlas de las heladas. Por las noches las flores se cierran y los hombres suspiran por ellas hasta el amanecer, que se quedan dormidos. Por la mañana ellas abren sus pétalos, se estiran, y cada día van adquiriendo forma de hembra humana; primero salen las piernas colgando de la corola, después van cayendo las caderas, el vientre liso y suave, luego empiezan a asomar los senos redondos y los brazos que se alargan hacia el suelo; por fin aparece la cabeza y cuando caen los pétalos, es su larga cabellera la que las une a la rama. Se balancean bajo el sol, mueven los brazos y las piernas acariciando el viento, y su risa cae sobre los hombres como una lluvia picante que les hace cosquillas en los costados. Es entonces cuando mujeres y hombres están preparados. Con un impulso más fuerte, se sueltan del árbol y se lanzan sobre ellos, que las esperan con los brazos abiertos.

  8. De los pelos
    Mi madre dice que mis ideas son descabelladas. Que eso de ser actriz es para niñas bien y no para una jovencita de barrio como yo. Pero yo no le veo la lógica. Me parece un razonamiento absurdo. Descabellado es pretender escalar el Everest si no has subido ni al monte de tu pueblo. Descabellado es conducir una moto después de cinco copas, en plena tormenta y de noche, como hizo el de la Paqui, en paz descanse. Descabellado es llegar a casa una hora después de lo permitido y no esperar que tu padre te de una buena tunda.
    A veces, cuando me dejan un rato en el baño, cosa bastante inusual en una casa en que vivimos ocho personas y un baño, me paro frente al espejo y tiro de mi pelo hacia arriba para comprobar si mi madre tiene razón. Si mis ideas fueran tan descabelladas, mi melena lisa y larga se soltaría y me quedaría con ella en la mano. Pero no es así.
    Anoche le dije a mi madre que iría a un casting en la capital, y por supuesto, puso el grito en el cielo. Lo colgó de una nube y tuvo que ir a la azotea a por él. Porque mi madre sin su grito, no es nadie. Para demostrarle lo equivocada que está, aproveché ese momento en que se había quedado sin grito, y me colgué del pelo desde una rama del árbol que está junto al portal. Hay que ver lo bonito que es el atardecer contemplado desde allí.
    Cuando mi madre recuperó su grito, vino a por mí, y me cantó cuatro verdades. Verdades para ella, que para mí eran todas mentiras. El asunto es que yo no me bajé de mi árbol ni por esas y comencé a balancearme para demostrarle que de descabellada no tengo nada.
    Así nos tiramos horas Ella poniendo el grito en el cielo y yendo a buscarlo, y yo columpiándome en mi rama.
    Hace ya un buen rato que se ha ido a buscar su grito, tal vez se haya quedado dormida en el camino. No digáis nada, voy a aprovechar para descolgarme, peinarme la melena y coger el primer autobús que vaya para la capital.

    http://laletradepie.com/de-los-pelos/

  9. Técnicas de un capullo

    Busca un espacio discreto, fértil, apartado. Trabaja la tierra con paciencia y sentido. Siembra semillas de rosas, azucenas, violetas; nunca de margaritas. No escatimes en abonos. Háblale mucho del futuro. Trata de sorprenderla. Dedícale mimos. Si dispones de sensibilidad poética, recítale poemas, en caso contrario, imita a Humphrey Bogart, Tom Hanks o Javier Bardem cuando actúan de seductores seducidos, a veces funciona. Riégala siempre que te lo pida. Procura que se sienta la princesa de su cuento de hadas y, en poco tiempo y con algo de suerte, es posible que brote ante tus ojos la flor deseada. Eso sí, te recomiendo precaución para que tu pareja no se entere de tus idas y venidas, corres el riesgo de que corte de raíz esa bonita relación recién creada con la mujer floreciente de tu jardín privado. De esta forma, o eso me han dicho, puedes convertirte en un jardinero infiel.

  10. SUPERSTICIONES

    Del árbol del ahorcado se suelen colgar las novias días antes de la boda. Dicen que si lo hacen al atardecer mirando la puesta de sol y esperando a que salga la luna, el día de las nupcias lucirán una larga melena sedosa y su mirada tendrá un brillo especial que no necesitará maquillaje alguno.
    La peluquera y la esteticista del lugar tienen un deseo en común: que al árbol dichoso le parta un rayo.

  11. DE LA EXTINCIÓN Y LOS ÁRBOLES

    Hace siete millones de años hubo un mono que, armándose de osadía, bajó del árbol para convertirse en nuestro primer ancestro. La crónica de este suceso es conocida por todos. No resulta tan popular la evolución de su timorato hermano, el otro mono inteligente que no se atrevió a dar el salto y continuó viviendo en la copa de los árboles. La historia es apasionante y paralela (aunque distinta) a la de su pariente terrestre. Sus cabellos se fortalecieron y se especializó en manejar su larga melena como si fuera una cola prensil con la que balancearse de las ramas y apurar los desplazamientos. Su piel fue adquiriendo con el tiempo un particular tono verdoso con el que camuflarse entre la hojas. Hoy sabemos también que el “homo arbustus” se alimenta de frutos, huevecillos de pájaros y algunos insectos como la procesionaria del pino. Que son monógamos y, en la época de apareamiento, los ejemplares adolescentes recorren largas distancias para encontrar una pareja con la que convivir por siempre. Cuentan que en épocas pasadas podían cruzar la península de rama en rama sin tocar tierra firme, y que el número de especímenes llegó a superar con creces al de los homo sapiens. Desgraciadamente, con la deforestación se han mermado los núcleos familiares, y no es raro encontrar a alguna muchacha que, tras separarse de sus progenitores para buscar al amor de su vida, se topa de pronto con una ciudad gigantesca, un parque temático o un polígono industrial que le impiden seguir avanzando. Entonces se queda quieta, colgada de los pelos de la acacia o del chopo, con la mirada perdida en el horizonte de cemento. Y se deja morir ahí, durante semanas, emitiendo unos gruñidos tristísimos que perturban las noches y atraviesan el alma como si fueran los últimos cantos de una sirena arborescente y verdinegra.

  12. CON LOS PIES EN LA TIERRA

    A Amalia Salcedo no le convencía eso de poner los pies en el suelo. La tierra le producía urticaria y le costaba deslizarse por ella; patinaba mejor por los mundos que surgían de entre sus cabellos. Se lo habían dicho miles de veces, pon los pies en la tierra. Pero ella no estaba dispuesta a dejar sus ensoñaciones a cambio de una realidad que no aportaba nada a nadie, y que además le ensuciaba los pies.

  13. Mar de fondo
    El barco se hunde. Todavía, desde la terraza más alta de la casona, desde el cerro de la ermita de Santa Casilda, desde la copa espigada de los chopos de la ribera, desde el suspendido vuelo del alimoche, puede verse cómo su casco de madera de cedro dulce, quebrado por la rompiente, se va a pique. El viento impulsa voces de auxilio a recorrer los rincones del pueblo, los surcos de la huerta, las márgenes del río. Nadie presta oídos a los lamentos que, como pájaros estacionales, revolotean de un lado para otro. Ni los viejos que unos sobre otros conforman los muros de las casas como ladrillos de adobe. Ni los hombres y mujeres que pavimentan los caminos. Ni los chicos que florecen en los jardines. Ni las mozas que fructifican en las ganchas de los árboles frutales, quieren escuchar la llamada atávica de las olas, el canto embriagador de las sirenas, el irresistible embrujo del fondo del mar.

  14. Trágico final

    “No se puede ser tan guapa”

    Las palabras del Sheriff le habían calado bien hondo, en lo más profundo de su ser. La frase le provocaba mareo y náuseas. La muchacha más guapa del pueblo había aparecido asesinada, colgada de sus cabellos en una rama de un árbol en mitad del bosque. Un corazón grabado en el tronco como única pista. Sin ADN, sin abuso sexual. Sin saña o violencia extrema. Hasta los resultados de la autopsia no sabría con exactitud cual había sido la causa de la muerte.

    Josh era forense, acostumbrado a ver cadáveres, pero ciertas escenas de crímenes le dejaban perturbado ¿Por qué colgarla del pelo? No alcanzaba a entenderlo.

    “No se puede ser tan guapa” y así justificaba el sheriff el asesinato. Te lo has buscado por ser bella. Si hubieras nacido fea estarías viva y disfrutando o no, de la vida y sus oportunidades. Aquellas seis palabras le producían tanta ira que quería propinarle a semejante personaje una buena paliza. Cada día le gustaba más tratar con muertos que con los absurdos vivos que le rodeaban.

    Esperaban la llegada del juez para poder descolgar a la pobre muchacha cuando de golpe se vio a sí mismo admirando la belleza de la chica. Y entendió el porqué: Era un trofeo. La chica formaba parte de la naturaleza que les rodeaba, colgada del cabello para no dañar su cuerpo o su rostro. La escena era descabelladamente hermosa. Sintió envidia por aquel que había tenido la idea y el placer que componer aquella preciosa obra de arte…

  15. CONFUSIÓN por Renate Mörder
    Despertó en lo alto de un árbol, pensó en asirse al tronco para no caer, pero se deslizó. Unos metros antes de llegar al suelo su largo cabello se enredó en una rama. Quedó pendiendo del árbol como una marioneta. “Me salvó mi pelo, ¡Qué fuerte está desde que cambié de champú!. Ahora sólo debo levantar mi brazo. ¿Por qué no puedo moverlo? Por qué no puedo moverme?”. La mujer vio que se acercaba un niño e intentó gritar para pedirle ayuda, pero el único grito que se oyó fue el del niño: «Mamá hay una muerta colgando de un árbol».

  16. MEDITANDO CON PERSPECTIVA

    Por las tardes medito. Gracias a ella, que ha despertado en mí esta vena espiritual que no conocía. La primera vez que la vi en la barra de aquel bar, con esa melena rubia y esas piernas sin final, pensé que con su disertación intentaba ligarse a mi chico. Pero en seguida nos hicimos amigas porque a parte de lucir ese tipazo y esa voz sugestiva es una mujer con principios, desinteresada y amable. Me ha enseñado muchas cosas de la vida, como el mérito de observar lo mejor del mundo que nos rodea, la importancia de estar en comunión íntima con nuestros semejantes, con la naturaleza. Ahora puedo contemplar todo lo que me envuelve desde una nueva perspectiva basada en la empatía y en la bondad.
    En este mismo instante, por ejemplo, me considero agradecida por ser capaz de apartar de mi mente los malos presentimientos, de hacer que se esfumen las peores vibraciones, porque en caso contrario pensaría que mientras yo paso las horas oteando el paisaje crepuscular, colgada como un salchichón estúpido y crédulo, la muy puta se está follando a mi novio.

  17. Corazones grabados
    Esperé que llegara. Treinta minutos. Una hora. Dos. Estaba tan segura de que vendría que le seguí esperando hasta que anocheció. Sin embargo, no vino. De camino a casa, pensé que le había sucedido algo.
    A la mañana siguiente me levanté muy temprano. Me había propuesto buscar el álamo donde él había grabado el corazón con su nombre y el mío dentro. Le esperaría allí hasta que apareciera. Incluso estaba dispuesta a hacer alguna locura como prueba de mi amor.
    Salí del pueblo. Caminé y caminé. El árbol estaba lejos, a la orilla del río. Cuando llegué, comencé a mirar en las cortezas de los árboles. No tardé en encontrar un corazón grabado. Sí, allí estaba escrito su nombre, pero no aparecía el mío, sino el de una tal Luisa. Seguí buscando. Encontré más nombres grabados junto al suyo: Clara, María, Lorena, Alejandra.
    Tardé mucho en hallar el álamo en el que él había grabado mi nombre. Era el que estaba más alejado del pueblo. El último. Leí mi nombre. Luego cogí una piedra y golpeé el tronco hasta que logré borrarlo. Entonces regresé a casa.

  18. FRUTO PROHIBIDO
    Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, y, tras horas de negociar, mientras tomábamos Williams Watson, algo tan elemental como que cobraría en “B”, apostamos por él. Se acercaba San Valentín y, como no habíamos tenido noticias de mi suegra, mi mujer y yo decidimos ir a visitarla a la residencia. Nos dijeron que acababa de desaparecer, aunque esta vez, sola, sin octogenarios a los que, uno detrás de otro, había ido enterrado. Así pues, pensamos que esta vez iba en serio. Por suerte, la encontramos en el bosque de vejez, trenzada en la rama de aquel árbol; aunque, al alborearla, el detective quedó colgado de amor.

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