Viernes creativo: escribe una historia

Ufff, San Valentín. ¿Cómo evitarlo, cómo resistirse? Pues no lo hacemos y os traemos este cuadro de Alice Wellinger para que hablemos de amor. O no.

©Alice Wellinger

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19 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. No me dejas tranquila ni a sol ni a sombra. Cómo decirte que no. Cómo hacer que recibas el mensaje. Está bien. Es fácil. Simplemente, me encerraré a oscuras y tu recuerdo, como tu sombra, se diluirá en la noche eterna.

  2. FLORES DE LIBERTAD

    Intenta recuperar su vida tras separarse de él.

    Consiguió anularla durante años hasta que ella se armó de valor y huyó con lo puesto.

    Ahora, trata de ganarse la vida vendiendo flores en la calle, pero le resulta muy difícil. La sombra de su pasado la persigue mostrando su cara más amable y seductora.

    Lucha con todas sus fuerzas para no dejarse vencer por la nostalgia de un amor que nunca fue.

    @1961_pilar

  3. Cuestión de física

    Que se haya demostrado ahora todo este asunto de las ondas gravitacionales no le quita mérito a lo nuestro. Tú estabas antes aquí donde yo estoy ahora y nos encontramos aunque ya te hayas ido. Aquí, en realidad, es tú en tu pueblo y yo en mi isla. Ni reloj ni mapa coinciden nunca para nosotros y sin embargo yo recibo puntual la flor —la coloco con las demás— que me das cada día, y todas están ahora recién cortadas. No piensas en mí, yo no te conozco, pero todo es relativo.

  4. Lo que tú me dices
    Viernes doce de febrero 2016, diez de la mañana. Abro el ordenador y entro en la web «Viernes Creativos».
    Diez y cuarto, no se me ocurre nada. Apago el ordenador y me voy a la compra: pan, leche, boquerones y medio kilo de fresones; tienen el mismo color que el vestido de la chica del cuadro, me digo, y la mujer con la que me cruzo ahora tiene su mismo aspecto cansado, lánguido, me digo también. La verdad es que yo me digo muchas cosas, pero cuando a las doce vuelvo a dar un paseo por la web de Fernando, aquella chica con su ramo de tulipanes en las manos sigue sin querer decirme nada. Así es que renuncio, y ella y su ramo se van desvaneciendo, mientras que de la pared y del suelo —confundidos en un mismo color deslavado— se va borrando la sombra masculina.
    Una y media, me voy a preparar los boquerones. Al entrar en la cocina veo un tulipán rojo caído al suelo; por una vez no me digo nada, lo recojo y lo pongo en agua.
    —¿Y ese tulipán? —me dices al llegar.

  5. AMOR ETERNO

    A menudo le regalaba flores sin esperar acontecimiento alguno, ni cumpleaños, ni San Valentín. Sabía que sus preferidas eran los tulipanes y cuando llegaba la temporada, en abril, la sorprendía cada día con un ramo de distinto color.
    Hoy se acerca sola al cementerio y cada semana deposita unas flores sobre su lápida; al hacerlo siente que él a su manera le devuelve una flor, un tulipán.

  6. PASIÓN EN SOBRES NACARADOS

    Cuando llega a la oficina el santoral del día le recuerda que hoy es san Valentín. Bosteza mientras se toma el café y busca un número de teléfono en Internet. Después llama para encargar un ramo de tulipanes, “color magenta, recuerde”, le pide a una voz al otro lado del aparato, y “no olvide anotar la frase que le he dictado y meterla en un sobrecito, de los nacarados”. Al cabo de media hora el chico de “Teleforistas” llama al timbre. Entra en el despacho y le entrega su ramo. Ella se hace la sorprendida, hasta se emociona al abrir el sobre y leer su propio mensaje de amor.

  7. La sombra del amor

    La relación entre Amanda y Antonio no nació como un amor a primera vista. Él decidió cortejarla ni bien la vio, pero ella optó por hacerse rogar. Sin embargo, las atenciones de Antonio, aunque un poco pasadas de moda, surtieron efecto y ella finalmente aceptó salir con él.
    De la primera salida al noviazgo formal no pasó mucho tiempo, y para Amanda ya no hubo escapatoria: las atenciones se convirtieron en acoso, en celos injustificados y en una insoportable limitación de su derecho a ser libre.
    Él se había convertido en su sombra, ¿y cómo se libra alguien de su propia sombra?

  8. AMOR ETERNO
    Yo, en la ancianidad recuerdo a mi único amor, su nombre todavía en la neblina de mi vida resuena en mi mente “Julia”, todavía la recuerdo plantando el almendro de flores rosadas que hoy en día, después de su muerte preside la entrada a nuestra casa.
    Julia fue hasta su muerte la única mujer en mi larga vida, por cierto, mi nombre es Andrés.
    La conocí en la escuela de secundaria en el año 68, el año de la revolución en el viejo Paris.
    Recuerdo como Julia, años antes de que el alzhéimer y después la negra muerte la arrancaran de mi lado, recitando en su sillón favorito de tela inglesa.
    Estos pensamientos me acompañan en estos días, en los que todo el mundo habla de amor, recuerdo la pasión con la que me recitaba poesías de Paul Valery, y sobre todo su poeta de cabecera, Tristán Corbiére, largas horas de dulce lectura en su compañía sentados frente al ventanal que daba al rio de mi ciudad, tarde tras tarde los veros de Tristán Corbiére, se deslizaban como néctar por la habitación palabras y palabras, aún recuerdo el ultimo verso:
    ¡En humo se ha ido la eternidad,
    La travesía
    Que hizo de ti mi amor, mi hermana
    De un solo día!…
    Lejos: aquella mar incolora
    Donde aún flota lo que fue Tú…
    Aquí: la tierra y tu escollera,
    ¡Tumba de penas!
    Allí te esperan… ¡Vete ligera!
    ¿Quién, Pasajera, te acunará?…
    ¡Tu batelero, oh pasajera
    Del corazón!

    Puede existir palabra de amor más grande, que dar a una mujer cuerpo y mente, en todos los años de mi vida, y en la eternidad del infinito, te amo.
    Firmado: Andrés Comín.
    Yolanda Jiménez.

  9. El amor, una patología de por vida

    Ella se pintaba los labios, se abría varios botones de su blusa y sonreía con el corazón cada vez que iba a su encuentro. Él procedía de manera similar. Se presentaba cinco minutos antes de la cita, transitaba por las tapias del jardín con la impaciencia de los novios inseguros y siempre lograba sorprenderla con sus apariciones circenses. Juntos, en su pared de adobe, el puzle de la felicidad se componía con tan solo sentirse cerca. Ella le dibujaba corazones de tiza a altura de su pecho y él le extraía suspiros con el tacto de las sombras chinas sobre su piel. Ante los ojos de cualquier soñador, formaban una pareja de enamorados como cualquiera otra, a pesar de que ella era hija de la realidad y él solo de ficción. No así para la suyos, que al descubrir sus bajas pasiones, quisieron separarlos. A ella internándola en un sanatorio y a él atrapándolo entre las páginas de un tratado de psiquiatría. Han pasado muchos años, pero siguen sin haberse curado y todas las noches se sueñan como dos locos enamorados.

  10. Florisfobia
    Nunca me regalaba flores. Ni para nuestro aniversario, ni para mi cumpleaños, ni para el día de los enamorados. Yo se lo agradecía. Las flores nunca me han gustado. Ese olor recargado que producen en los ambientes cerrados, ese caerse de pétalos inundando el mantel, ese carácter perenne que parece representar lo efímero del amor.
    El día en que murió, puse su sombra en venta. Me perseguía por la casa entregándome las flores que nunca había podido darme. Al principio creí que se estaba sacando de encima tantas flores como le habían regalado en su velorio. Pero una vez que se le acabaron esas, se las ingeniaba para conseguir más y más ramos. Supongo que los robaba. Una sombra nunca levanta sospechas.
    Para conseguir alguna posible compradora para su sombra, tuve que bajar su precio, ponerla en oferta. Y ni siquiera así. Al final, para sacármela un poco de encima me he conformado con alquilarla. Para ponerla en callejuelas perdidas en noches oscuras, da mucho el pego, y hay bastante demanda. Pero siempre vuelve. Con más flores, claro.
    Últimamente se las acepto y las pongo en un jarrón, pero cuando se distrae, las tiro por la ventana. Las sombras no se ofenden, creo yo. Pero alguna vez, en el pasillo que va a nuestro cuarto, me ha parecido verla llorando a mares.

    http://laletradepie.com/florisfobia/

  11. EXISTENCIA EVAPORADA

    Y fue solo eso… Un tulipán entre las madreselvas que crecían en las sombras de nuestro encuentro. Un estar y un sentir dichoso, vestido de blanco, negro y rosa imperio. Todo un despropósito para el querer hacer de una eternidad un solo momento de pasión y entrega, y posponer ese instante de penumbra indefinida en el equilibrio de nuestros cuerpos y en la memoria de lo que ya no me acuerdo.

    Envíame flores el trece de febrero y yo sabré que al día siguiente será ese día en que tuve que quererte y no recordé hacerlo.

    Fundido de penumbra y luz para evocar una existencia que lamentablemente se evaporó en el único riego que alentó y empapó lo que podía haber sido y no pudo llegar a tiempo.

    Estado neutro de silueta y presencia.

  12. Loca de amor

    Cada San Valentín me regalabas una preciosa flor, cultivada con amor en el invernadero que ambos construimos. Trescientos sesenta y cinco días de cuidados, riegos, podas y abonos que culminaban el catorce de febrero, cuando la rosa brillaba imponente en el jarrón de la mesa del salón. Solo con mirarla las mejillas se me sonrojaban.

    Este año no has podido dármela, ni colocarla en el jarrón. El día que no pueda darte tu rosa, mi amor, será porque habré muerto… Me decías. Creyendo que ese día llegaría a nuestras vidas tras el paso de muchos años. Ambos en los últimos días de nuestra vejez. Pero no cariño, tu camino era más corto de lo que imaginábamos. Y a pesar de que te has ido y tengo el alma destrozada, tu sombra me acompaña cada minuto del día.

    Hoy he arrancado una flor por cada año que te tuve conmigo. No pensaba coger ni una más, pero el error ha sido mío. Pues tu voluntad ha trascendido a tu muerte y ahora es tu sombra quien me regala la flor, quien me susurra palabras de ánimo, quien me abraza en la noche y calma mis soledades. Quien me colma de amor.

    Y quien quiera entenderlo que lo entienda, y quien no, pues que loca me apode, que yo seguiré amándote a pesar de las opiniones.

  13. Flores y sombras

    No sabía muy bien en qué momento ese amigo inquebrantable que había encontrado en el vecino del quinto, había desvelado su verdadera identidad y se había convertido en su peor y más tenebrosa pesadilla.
    Sólo sabía que quería escapar de él y de sus oscuros deseos; huir de aquel infierno y retomar su vida; desembarazarse de esa presencia hostil que ya no era presencia física pero seguía siendo hostil.

    Ninguna escondite sería suficiente.
    Lo comprendió cuando lo vio en la pared, convertido en su propia sombra, ofreciéndole una flor como tantas veces lo había hecho: una ofrenda de paz, una disculpa encubierta, el gesto de amor que ella anhelaba.

    Pero ella ya no quería ninguna flor, no al precio de las suyas. Le había costado mucho hacerse su propio ramo y no pensaba renunciar para nada. Sí, cierto, ningún escondite sería suficiente, pero ella no pensaba volverse a esconder; miraría al frente con decisión hasta recuperar por completo su vida y su sombra.

    Univers madur

  14. Sombra de flores
    Yo era una sombra perdida. Hasta que la vi. Desde entonces, me convertí en su sombra. La seguía a todas partes. A ella no parecía molestarle. Creo –quise creer– que mi sombra protectora le hacía sentirse segura. De vez en cuando le regalaba flores que eran, claro, sombras de flores.

  15. – Artículos – Ada Inés Lerner
    Como mujer estaba a su disposición. Roberto hacía y deshacía para su placer. Nunca preguntaba ¿estás bien? ¿feliz? Un día apareció Nestor, era cariñoso, me hacía todo lo que aconsejaba mi sexóloga. Entonces lo decidi, desarmé a Nestor, lo guardé en una valija y nos fuimos a vivir lejos del otro. Pasado el primer tiempo Nestor me guardó en el placcard, desarticulada.

  16. Capullo

    Y me perseguías entregándome flores todos los días. Aparecías mientras desayunaba, cuando me daba una ducha, incluso empezaste a perseguirme en sueños. Un día reclutaste a tu sombra para que te sustituyera mientras estabas atareado. Nunca pensaste que ella te abandonaría y que conseguiría lo que tú siempre ansiaste. Ahora nos vamos a casar. Así que solo quería darte las gracias por habérmela presentado, capullo.

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