Viernes creativo: escribe una historia

Una fotografía muy sugerente de Paula R. Feito, titulada «Just let it go». Seguro que te inspira muchas historias, pero ninguna recordará a Frozen. ¿O quizás sí?

¡Ah! No dejes de pasar por su web y las diversas redes sociales en la que participa Paula R. Feito. Encontrarás imágenes muy sugerentes.

©Paula R. Feito

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16 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Angustias no es feliz. En su cuerpo habita alguien que no es ella, pero que le repite, insistente, que sí lo es. Aborrece a ese ser etéreo que lleva dentro y también su propio nombre: Angustias. Le hubiese gustado llamarse Alegría o Maravillas, pero eso ya no tiene remedio.
    En una tarde invernal, paseaba por el bosque y, sobre ella, caían grandes, alborotados y traviesos copos de nieve. Angustias había despedido, hacía tiempo, a su otro yo, pero, aquella mágica tarde, escuchó una débil voz que se parecía mucho a la suya, pronunciar su nombre, con tono de queja, y extender una mano implorante, con la intención de aferrarse a ella. No podía rechazarla.
    Así fue cómo Angustias se reconcilió consigo misma, en una gélida y luminosa tarde de invierno.

  2. AMOR PROHIBIDO

    Amor prohibido en vida.
    Caricias escondidas.
    Besos en el aire.
    Deseo de sentir, de sentirse.
    Los odios y las fobias las mataron.
    Una murió para vivir, para volver.
    La otra quedó muerta en vida.
    Hoy la muerte las vuelve a unir.
    Por fin juntas para amarse.
    Juntas para siempre.
    Amor prohibido en vida.
    Amor eterno en la muerte.

    @xokotonto

  3. CEGUERA EMOCIONAL

    Pasaba por la vida sin preocupaciones, todo era perfecto a su alrededor, eran la pareja perfecta.
    De repente, todo se derrumbó bajo sus pies.
    Descubrió que la traición y la mentira la rodeaban y no lo supo ver.
    Cayó la venda de confianza que cubría sus ojos.
    Su inocencia se desvaneció, convertida en lodo y polvo que el viento le arrancó de su corazón.

    @1961_pilar                                        Imagen: Paula R. Feito

  4. La dama del bosque

    Desde que te fuiste no he vuelto a ser la misma. Mis sonrisas, mis recuerdos, este destrozado corazón, todo te pertenece. Nunca creí en las leyendas de la aldea, pero las ancianas siempre decían que para borrar las huellas de amores frustrados, había que adentrarse en el nevado bosque, con una venda en los ojos y esperar. Ella nos despojaría de la parte de nosotros que no debe habitar en el alma. De la parte entregada a otro que ya no está.

    Jamás creí en las leyendas de las viejas locas que se reúnen en la plaza. Vestidas de negro, te observan, te estudian y saben más de ti, que tú misma.
    Pero el dolor era tan intenso, la piel quemaba por no tener tus caricias, la soledad envolvía cada uno de mis pensamientos ¿Qué perdía por intentarlo?

    La dama del bosque actúa rápido. Inspiras, expiras y ya no eres la que fuiste. Estas vacía, preparada para llenarte de nuevo. La dama del bosque es sabia y solo se lleva lo que sobra, es maravillosa, borra el dolor del alma, búscala si te hace falta…

  5. TRASTORNO DE IDENTIDAD

    Estaba decidida a realizar el ritual de purificación. Tendría que acercarse al bosque, bajo la nieve, tapar sus ojos con un fular blanco y agarrarse firmemente a un gran pino que le transmitiría la suficiente fuerza para poder desprenderse de su lado más oscuro, el que siempre le inspiraba las peores acciones.
    Sintió que poco a poco algo pesado se desprendía de ella y se desvanecía para confundirse con la tierra y el aire.
    Aferrada al árbol experimentó tal energía positiva que quiso recuperar su otro yo…pero ya era tarde.

  6. Tumor

    Teratoma, dijeron los médicos, un hermano gemelo que tu cuerpo absorbió, y me extirparon de tu ovario izquierdo. Pero yo iba a seguir contigo, iba a decidir si el vestido color humo o el verde bosque. Te susurraría si ese novio nos convenía o sería mejor seguir solteras. Iba a soplarte las respuestas del examen que yo había estudiado mientras tú pensabas en tus tonterías. Seguiría eligiendo la diadema y no la cola de caballo. Estaría viva el tiempo que quisiera y luego acabaría con la vida de las dos. ¿O qué se creen los médicos? ¿Que son dioses?

  7. Aferrada al árbol como único punto certero. Querías que viajará contigo, no decías dónde. Cada minuto te desdibujabas más. Una duda in crescendo cada vez que respiraba. Fluir en el invierno? Esperar a que brotará la luz? Es tan largo el arrepentimiento y tan efímero el instante al que no apostamos…Dèjale ir, dijiste. Y yo asentí.

  8. Tú la llevas
    No era la primera vez que jugábamos al escondite. El bosque grande y tenebroso nos acogía en la intimidad de su espesura. Nunca tuvimos miedo. Ajenas al frío o al calor, al día o la noche, le concedíamos en primicia los besuqueos furtivos, las confidencias más íntimas. Íbamos y veníamos entre las hayas y los robles. Los helechos nos escondían en su regazo y las hojas caídas de los árboles alfombraban nuestros pasos para no ser descubiertas. Los pájaros respondían con sus trinos a las apagadas risas que recorrían, de norte a sur, de este a oeste, la arboleda. Los corzos evitaban nuestra presencia y los conejos escapaban de nosotras como de la tierra quemada. Era un juego divertido, pero aquella tarde de invierno al tocar aquel pino tan grande, en el que hacíamos la cuenta y tocábamos para salvarnos, nos deshicimos en polvo de nieve para siempre.

  9. INFINITA AUSENCIA

    Encintaba su mirada, tratando de huir de sí misma, de toda aquella agonía que le arrastraba y le helaba el alma. Sus pisadas levitaban sobre la alfombra nevada de la tierra y se encaminaban a su misma presencia. ¿Sería cierto que el abandono de su cuerpo le haría ser más leve en la otra esencia?

    Mientras los pensamientos le azotaban y la respiración se dilataba en el tiempo, se iba consumiendo su figura, dejando un reguero latente, cálido y escarlata.
    Un semblante pálido despojó de rubor sus mejillas y se quedó ahí, temblorosa, inmóvil… lejana de la vida y de la muerte, en un tránsito entre la nada y un soplo infinito de inexistencia.

    Dice la leyenda que en aquel bosque, cada invierno, un rumor de pisadas se oyen al despuntar el alba.

  10. Recuerdos

    La dama se durmió y en su pecho turgente guardaba una gran cantidad de recuerdos lacerantes. Como no podía ser de otra manera, una vez más su sueño fue pesadilla.
    Estaba en un bosque nevado y se desdoblaba. Una de ellas se desangraba, y la otra, aferrada al fuerte y contenedor tronco de un árbol, la sostenía, hasta que ya no podía más y la dejaba ir.
    Despertó renovada. Inmediatamente interpretó que su yo desangrado eran los recuerdos lacerantes, y su otro yo, el que tenía la fortaleza para seguir de ahí en más.

  11. El misterio del cuentacuentos

    Llegó a la plaza alterado, desgañitándose. «Una bruja perversa ha matado a mi hada». Como las veces que se sentaba a contarnos sus historias, los niños nos arremolinamos a su alrededor uniéndonos a su turbación. De su hada del bosque lo sabíamos casi todo y la queríamos tanto como a él. Le preguntamos con la esperanza de que nos la devolviese a la vida, pero al final todos acabamos llorando desconsolados. De nuestro lado, nos los arrancaron los municipales para, según dicen, recluirlo en un sanatorio. Meses después, hallamos unas alas ensangrentadas entre los castaños viejos y, aterrados, guardamos silencio.

  12. Final de cuento
    Cuando Sonia era una niña, su abuela le leía cuentos de princesas. Casi siempre empezaban como historias terroríficas que le hacían llorar. ¡Cuánto sufrían las pobres princesas! Recuerda a su abuela pidiéndole que tuviera paciencia porque, por muy mal que les fuera, las princesas acabarían superando todas las dificultades. Los cuentos que le leía su abuela siempre tenían un final feliz. Le decía que ella era también una princesa y que su vida sería de cuento. ¡Una princesa! Sonia reiría si no le doliera la cara por los golpes que le ha dado su ogro particular. Ahora que su cuento está a punto de acabar, sabe que no llegará ningún príncipe para salvarla.

  13. El amor es un deporte muy raro

    ¡Lo que es el ego!
    Esta hermosa mujer, que es como una princesa de luto sin príncipe ni castillo, está tan encantada de haberse conocido que en cada árbol del bosque se sujeta al tronco con una mano, estira la que le queda libre y se imagina a sí misma yendo a su encuentro, a su propio encuentro. ¡Qué empalago!
    Está muy bien eso de tenerse cariño, pero claro, llega un momento en el que se acaba el bosque, se terminan los árboles y ya no tienes un tronco donde sujetarte para llamarte a ti mismo. Cuando se termina el bosque, generalmente, solo queda una carretera comarcal con un cartel que dice “Gasolinera a 5 kilómetros”. Y claro, cuando llegas a la gasolinera, o está cerrada por descaso del personal o no les queda gasolina diesel, lo típico.

  14. YO TE SALVARÉ

    ¡Dame la mano!, le dijo, ¡Yo te salvaré si te agarras a mí! Pero esa mano se convirtió en ceniza antes de rozar aquella otra que quedó esperando tendida, suplicante. Sigue unida a un esbelto cuerpo de hielo, ciego y sin vida, que todavía grita: ‘Estoy aquí, ven, dame la mano!

  15. ¡¡Quería daros las gracias!!

    Me he topado de casualidad con este espacio y me ha parecido tremendamente bella la iniciativa y todas y cada una de las historias que os ha inspirado esta imagen.

    He de decir que algunas son como si me hubiesen leído el corazón!

    Gracias de nuevo!

    A seguir creando!

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