Viernes creativo: escribe una historia

 

Suponemos que este fin de semana tendrás tiempo para escribir lo que te sugiere esta imagen de Laurent Rosset 🙂

©Laurent Rosset

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9 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. EN PUNTO

    Esa señora o señorita, la que está a punto de precipitarse por la punta de una de las manillas del reloj, tiene un serio problema con su exceso de celo a la hora de llegar puntual a sus citas. Como ha quedado a las 13:15 y son ya las 13:16, piensa que saltando al reloj de abajo (que lleva un par y pico de horas de retraso) llegará a tiempo. ¡¡Error!!
    Esa señora o señorita se cree que aterrizando sobre un reloj atrasado llegará a tiempo a su cita, lo que demuestra una absoluta ignorancia respecto al asunto ese del espacio/tiempo. Es lo que suele suceder cuando tienes una obsesión con la puntualidad, que no ves más allá de las manillas del reloj, y luego pasa lo que pasa (Y lo peor: lo que ignora es que el tipo con el que ha quedado no llegará jamás: ha quedado con otra señorita mucho más permisiva, de esas que no te hacen reproches por llegar 15 o 20 minutos tarde, lo normal…)

  2. TEMPORIZAR EL VIAJE
    Sigo el derrotero de esta eterna manecilla de los minuteros, con la certidumbre de que, siempre en el mismo sentido, no me va a llevar a sitio alguno. El tiempo se dilata, los minutos se prolongan hasta alargar la agonía de esta yerma espera. Decido saltar a otra esfera para darle un nuevo sentido y rumbo a mi vida. Para ello, utilizo GPS: instrumento que me llevará directo a un lugar idílico en donde embarcarme en nuevas aventuras, sin interrupciones de ningún arquetipo. Aunque, de haber conocido su sofisticación de antemano, hubiera utilizado una brújula, para orientarme en mis latitudes.

  3. El tiempo se ha detenido en esta ciudad extremeña -piensa María- al contemplar, desde la ventana del hotel en el que se aloja, la procesión nocturna del Jueves Santo. El recogimiento, el paso firme y acompasado de esos hombres y mujeres encapuchados, portando engalanadas imágenes, impresionan a una mujer que siempre ha alardeado de su recelo hacia la que llamaba “parafernalia religiosa”. Ahora, en esta hermosa ciudad de Trujillo, en milésimas de segundo, repasa toda su vida y es consciente de que se ha detenido su reloj vital.
    -Ya ha llegado mi hora- concluye, serena, mientras se precipita al abismo.

  4. Kamikaze

    El 18 de enero del 2014, una llamada telefónica de la Guardia Civil de Tráfico detuvo el reloj de pared de los Vicandi a las 03:45 h. Desde entonces, solo el segundero avanza por la esfera con una velocidad desigual, que varía en función de si las maldiciones vertidas sobre el organismo de su primogénita son superiores a las esperanzas de recuperación que aún mantienen sus seres queridos. Por suerte o por desgracia, aseguran los médicos que si alguna vez despierta de su letargo, no recordará nada de su pasado ni el calvario que sus allegados están padeciendo por ella.

  5. Tiempo

    Él camina por el filo de los segunderos de los relojes que miden el tiempo. No tiene paciencia, así que si se sienta en la aguja de las horas se aburre tanto que solo se le ocurren maldades. Travesuras. Juega con nosotros, nos hace correr para vernos tropezar. Nos hace sufrir pero luego nos cura. Nos hace madurar, reír, llorar, temblar de emoción, de miedo, de placer.

    Nos organiza las agendas y nos alborota los pensamientos. “Lunes 30. Médico 10:30h” Tic tac tic tac.

    Camina por el filo de los segunderos de los relojes que miden el tiempo que nos queda. Porque no nos engañemos, el duende del tiempo sabe cuánto tenemos, él sí. Nosotros no. ¿Qué sería de nosotros si lo supiéramos? Dejaríamos de medir y viviríamos o dejaríamos de vivir midiendo.

    El duende del tiempo camina aunque le neguemos. Y no descansa, es por eso que el tiempo pasa o pasa el tiempo. Él se mueve y nosotros nos movemos, aunque no queramos, rodamos en la rueda de la jaula obligados…

  6. Creí que el tiempo no avanzaba hasta que a mis veinte años se precipitó y, aunque luché por detenerlo, me convertí en un «peter pan» encerrado en el país de nunca jamás: nunca jamás dejaré de hacer deporte, nunca jamás dejaré de beber, nunca jamás dejaré de fumar y así, nunca jamás me volveré viejo. Y lo conseguí, morí a los cincuenta.

  7. Dependiente
    El tiempo todo lo cura, me decían los más allegados. Por eso fui a mi médico de cabecera y le pedí que me recetara horas en comprimidos. Los jarabes me resultan empalagosos, y las inyecciones… me aterran las agujas.
    El facultativo insistió en que antes de recetarme nada, debía hacerme unos análisis. Sin previo aviso, me clavó un segundero en el brazo y extrajo una muestra.
    – Lo suyo es complicado – diagnosticó cuando comprobó el alto nivel de glóbulos azul marino – Corre usted riesgo de que se le obstruyan los días, y de eso al infarto de amaneceres, hay un paso.
    – ¿Pero me va a recetar usted unas horas, o no? – pregunté angustiado – Mi mujer se ha marchado, harta de que no le dedicara tiempo. Es evidente que me faltan vitaminas, antioxidantes, o algo…
    El médico cogió su recetario y comenzó a escribir. Recetas y recetas, una tras otra. Con una caligrafía muy cuidada, sin levantar la vista y sin percibir mis signos de ansiedad.
    Jugueteé con el calendario que tenía sobre su mesa. Avancé de abril a diciembre, y volví a retroceder. Revisé los festivos, conté cuántos días faltaban para mi cumpleaños, calculé cuántas horas necesitaría para olvidarla, intentando comprobar si lo conseguiría antes de navidad. Y entendí que no, que si el galeno no me recetaba una buena cantidad de tiempo extra, me sería imposible.
    El doctor terminó de escribir la pila de recetas y me la acercó.
    – Haga usted autorizar estas pruebas en su seguro, y hablamos
    – ¿Pero no podrá usted recetarme mientras tanto aunque sea unos minutos?
    El médico negó con la cabeza y miró impaciente su reloj pulsera.
    Sin pensármelo dos veces, me abalancé sobre él y se lo arrebaté de la muñeca.
    Pude huir sin que me detuvieran los guardias de seguridad. Desde entonces soy un fugitivo. Me inyecto tiempo en vena con el minutero de su Rolex de alta gama. No sé cuándo terminaré por agotarlo, aunque sé que será inevitable.
    Incapaz de dosificarlo, de pensar más allá de las siguientes horas, termino sucumbiendo por una sobredosis. El tiempo no todo lo cura. Nunca prestes atención a los consejos de tus allegados.

    http://laletradepie.com/dependiente/

  8. Sicario

    A mí me contrataron para asesinar el tiempo, pero yo avisé: no puedo matarlo así, en genérico. Igual que le dije a la chica de los ojos grises que podía acabar con un amor, pero no con todo, y ella eligió que me llevara por delante el amor a lo redundante. Con el tiempo igual, puedo matar el superfluo, el peor, el presente de ahora mismo. Pero según estás matando un segundo, nace el siguiente, tan joven y preciso. Yo lo miro extasiado y espero a que me llamen otra vez, porque si no, si matara lo genérico ¿de qué iba a vivir?

  9. A LA HORA SEÑALADA
    (Homenaje a Fredric Brown)
    La sentencia tenía que ejecutarse a las doce y cuarto del miércoles 3 de febrero. El juez había sido muy claro. El reo pensó que sólo tenía que hacer todo lo posible para llegar tarde.
    Comenzó levantándose a las diez de la mañana y tardó una eternidad en tomar el último desayuno, que había hecho traer expresamente de su cafetería preferida. Luego, cuando llegó el cura, le contó todos los pecados y pecadillos que había ido acumulando desde los trece años. No acabó con el sacerdote hasta las dos de la tarde.
    Cuando lo sacaron de la celda, advirtió al alcaide que había pasado la hora de la ejecución.
    –Ya veremos.
    Subió al cadalso a las dos y media. Un alguacil leyó morosamente los diez pliegos de la sentencia. Terminó pasadas las tres.
    –Proceda –dijo el alcaide al verdugo.
    –¡Ha pasado la hora! –gritó el preso.
    El verdugo le arrancó el reloj y manipuló las manecillas.
    –Mira. Son las doce y cuarto.
    El preso iba a seguir protestando por tamaña injusticia, pero el suelo se abrió repentinamente bajo sus pies.

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