Viernes creativo: escribe una historia

 

¿Has oído alguna vez la expresión que dice que algo «echa humo»? Pues entonces lo tienes fácil para dejarte inspirar por esta obra de Shang Chengxiang.

©Shang Chengxiang

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

Anuncios

23 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Batallas de nubes multicolores pugnan, furiosas, buscando una salida al encierro del catre. Hace unos minutos, los dos harapientos enamorados, desfogaron su pasión, mientras los muelles oxidados ofrecían una sinfonía de crujidos y gritos, difíciles de olvidar.

    Agotados por el esfuerzo y el hambre incrustada en sus frágiles cuerpos, se levantan del sucio colchón y retornan a su esquina respectiva, en busca de algo que llevarse a la boca.

  2. ¡No te lo perdonaré jamás!
    Don Quijote derrota al Caballero de la Blanca Luna. Sus aventuras continúan. Tracia, Trapisonda, Corasmia. Por fin, después de muchos años, regresa cubierto de gloria a La Mancha. Dulcinea le ha esperado pacientemente. Se casan. Llega la noche de bodas. El caballero manchego ha soñado con este momento toda su vida. Se acuestan. Don Quijote acaricia la suave piel de Dulcinea. Va a besarla, pero no puede. Su amada se convierte repentinamente en humo. Don Quijote está asombrado. Exclama:
    –¡Maldito seas, Frestón! ¡No te lo perdonaré jamás!

  3. Cuando, de niños, le escuchábamos hablar de la explosión de colores que trae la primavera, nunca hubiéramos pensado que pudiera suceder lo que nuestros ojos han presenciado.
    Después de un mes del comienzo de una primavera que se hacía notar con un frío belicoso y lluvias incesantes, mi madre presentaba un estado de ánimo mucho más bajo de lo habitual. Llevaba encamada seis meses, debido a un agravamiento de sus males crónicos. Soñaba, ilusa, con el advenimiento del esplendor primaveral para poder salir de casa y empaparse con las bondades del buen tiempo. Esas eran sus palabras en los momentos de aturdimiento farmacológico. Nosotros sufríamos al ver su decaimiento progresivo. Al amanecer del primer día de sol de la estación, fuimos a animarla a su habitación. En su cama, nos recibió una gran nube formada de coloridas explosiones en su evanescencia. No lloramos.

  4. Ilusionista

    Ella, en la cama, quería arder en fuegos artificiales. Él solo supo fabricar humo de colores y hacerla desaparecer.

  5. NAUFRAGIO

    Los primeros rayos de sol atraviesan la ventana, bañando de luz cada rincón de nuestra habitación, iluminando nuestra cama ahora vacía.

    Hemos vivido intensamente cada momento, cada noche de pasión, incluso cada sueño compartido.

    Era nuestra isla, en medio de un mar embravecido por las obligaciones cotidianas, el cuidado de los hijos y las ganas de vivir.

    Ahora, el lecho arde de soledad emitiendo volutas de humo de colores, por todo lo que guarda, por toda la belleza que en ella vivimos.

    Nadie volverá a ocupar nuestro lugar, ahora que al naufragio de este amor sólo uno ha sobrevivido.

  6. SUEÑOS

    Cada despertar veo flotando en el techo de mi habitación todos los sueños que tengo mientras duermo.
    Fluyen de mí como nubes de colores, quedando suspendidos en el aire a la espera de cumplirlos.
    En ocasiones, cuando se amontonan, abro el ventanal para dejar escapar algunos.
    Ese día escucho sonreír a muchos vecinos de mi barrio, son felices al conseguir sueños que nunca imaginaron.

  7. Delación

    Al despertar, por pura obligación, allí estaba. Una nube de todos los colores que describía fielmente todo lo acontecido en una noche de deseos realizados dentro de un sueño más que festivo.
    He intentado aventarla pero, siendo tan espesa y recia como el anhelo que la provocaba, no se ha movido un ápice.
    Hoy, cuando venga a limpiar, creo que mi sobrina lo va a intuir todo y que yo me moriré de vergüenza.

  8. MUTACIÓN TEMPORAL

    Era tal la pasión que se dispensaban que en sus embates amorosos el clímax que conseguían era tan poderoso que sus cuerpos entrelazados se transformaban poco a poco hasta convertirse en una gran nebuloso de colores.
    Cuando por fin volvían en sí, cada uno semejante a un zombi regresaba a su rutina diaria sin mediar ni siquiera una palabra.

  9. La mujer enamorada del vendedor de humo

    Llegó al apartamento excitado y condujo a su esposa a la habitación. «Cariño, tienes que ver esto», le dijo entusiasmado. De su gabardina extrajo una cajita metálica y la abrió con sumo cuidado. Agarró una pequeña porción de polvo dorado e, indicando a su esposa que se alejase, lo vertió sobre la cama. De repente, una nube densa emergió del colchón, con la particularidad de que dividió en diferentes figuras multicolores. «Este es un humo del desierto del Sahara; ese, de Laponia; el otro, de una paella de marisco… ¿Verdad que son fabulosas?». Su esposa sonrió como cuando le mostró la máquina del tiempo que se retrasaba, las alas de volador con las que casi se queda viuda o las gafas con las que en teoría se divisaba el futuro y abrazándole le susurró: «Sí, cariño. Nos vamos a hacer de oro».

  10. El lecho nupcial, definitivamente, está sobrevalorado.
    El tipo que dibujó este cuadro (Abraham Stanivslasky) acababa de casarse con Stella de Augsburgo 4 Sicilias, sin complejos.
    —Tú ve acicalándote en el baño que yo voy a plasmar nuestro lecho nupcial, que ya habrá tiempo para yacer en él —, dijo mientras iba colocando el caballete.
    De eso hace día y medio.
    Stella de Augsburgo 4 Sicilias se fugó con el mozo de las caballerizas en cuanto vio a su reciente esposo desplegar los utensilios de pintura. Abraham Stanivslasky continúa dando los últimos toques al lienzo..
    Lo dicho: el lecho nupcial está, definitivamente, sobrevalorado.

  11. CONSUMADO AMOR
    Su vida se desarrollaba entre tierra y nubes; aunque, a las nubes, solo ascendía en sus sueños. Cada mañana, Aurora le acechaba a través de la ventana de su habitación y, atado de pies y manos, lo descendía a la tierra -vida de sinsabores y pocas alegrías-, abandonando así de nuevo su espacio vital, para sobrevivir a su particular infierno. Pero un día, cuando conoció a Aura, todo cambió. Tras un responsable noviazgo, donde respetaron hasta su virginidad, enamorados, decidieron casarse. Esta vez, después de haber consumado su matrimonio, al sorprenderles convertidos en nubes de colores concatenados, Aurora se suicidó.

  12. ALQUIMISTA

    Siempre supe que era un impostor. Desde la primera vez que lo vi, trepado sobre aquella improvisada plataforma y vociferando como un charlatán de feria, supe que algo gordo se traía entre manos y que nuestros caminos habrían de cruzarse inevitablemente.
    Aquella vez, andaba delante de una multitud de incautos, mostrando la manera de escapar de un par de esposas y grilletes de acero reforzado. El público contenía la respiración cuando él entraba en la enorme caja, amarrado de pies y manos y reaparecía al cabo de pocos segundos, tan libre y tranquilo como una mariposa en un día soleado.
    Lo de la alquimia vino después, cuando ya se hubo ganado su confianza y todos lo esperaban impacientes como cada viernes al caer la tarde. Entonces alzaba la voz y prometía mostrarles el último invento de los sabios de Grecia: la alquimia. Luego tomaba un simple trozo de metal, vertía en él unas cuantas gotas de un líquido desconocido y en un momento, tenía ante los asombrados ojos de todos un pedazo de oro, equivalente al metal que mostrara al comienzo. Un murmullo de admiración se escapaba entonces de todas las gargantas, roncas de tanto gritar su nombre.
    El los dejaba hablar, recogía sus cosas con la misma estudiada parsimonia y prometía volver el viernes siguiente: Su fama, tal y como lo tenía certeramente calculado, fue creciendo desmesurada y pronto tenia las puertas abiertas en los más exclusivos salones de la ciudad.
    Pero él no se amedrentó ante el desafío y se repitieron las mismas escenas de fanatismo que había visto antes, en los barrios del sur, cuando todos comenzaron a hablar casi con veneración de El Gran Renét, tal como se hacía llamar el muy ladino. Debí haberlo detenido entonces, claro, pero decidí ver hasta donde llegaban sus alcances: hasta que ya fue demasiado tarde, por supuesto.
    Aquella tarde llegó como siempre, vestido con su negra capa de paño artificial, sus guantes de terciopelo y su elegante sombrero de copa. Su sonrisa era la misma, de taimado timador, pero sus ojos brillaban más que de costumbre, en el momento en que alzó la voz y los murmullos cesaron y entonces anunció a los presentes algo nunca antes visto: un artificio que podría duplicar el oro y la plata hasta el infinito, si señores tal y como lo oyen, qué esperan para duplicar su dinero.
    No hubo terminado la frase cuando sus asistentes pasaban entre el público, recogiendo en unas enormes cajas todas las valiosas pertenencias de aquellos encumbrados visitantes: alhajas, relojes de oro, cadenas, anillos. Algunos, más exaltados, también arrojaban fajos de billetes y monedas de oro puro. Yo quise detenerlos, era una farsa, pues a nadie se le había ocurrido preguntar siquiera como iban a reconocer las pertenecías de cada cual en aquel desordenado maremágnum. Pero vacilé y un momento antes de que se llevaran la caja, alcancé a lanzar dentro la cadena de oro que llevaba siempre al cuello, el último recuerdo de mi santa madre.
    Fue solo hasta después, cuando el hombre entró a la enorme caja con todas las joyas y el dinero, nadando en ella como un loco y arrojando puñados de monedas al aire cuando todos nos dimos cuenta que algo no andaba bien. Aun así, contuvimos la respiración y un segundo después, él se desvaneció en medio de una nube de humo, dejando solo un inconfundible olor a azufre flotando en el aire.
    Al cabo de cinco eternos minutos, a alguien en el público se le ocurrió que la espera había sido suficiente y destapó con gesto brusco la caja. Entonces el fatídico presentimiento que todos habíamos tenido hace un momento, se convirtió en pasmosa certeza: la caja estaba vacía.
    Hubo un segundo de pavoroso silencio, como si ninguno creyera todavía en tan horrible eventualidad y entonces alguien gritó que llamaran a la policía. Yo no quise revelar que era inspector, pues todos me habrían linchado en el acto, no solo por ser tan idiota y crédulo como ellos, sino por el escándalo previo que hice para que me recibieran la medallita.
    Como un sabueso, me lancé entonces tras la presa y con la colaboración de todos los afectados, logré averiguar el nombre del hotel donde se hospedaba: hacia allí nos dirigimos, en medio de una enfurecida turba que cada vez sumaba más curiosos, hasta que la misma propietaria del hotel nos dio las llaves del cuarto y llegamos ante su puerta.
    Había subido hace poco, nos dijo ella, así que todos nos dispusimos a atraparlo, pero al abrir la puerta, sentimos una repentina ráfaga de viento que se marchaba por la ventana y alcanzamos a ver sobre su cama una estela de humo de colores y sentimos un penetrante olor a azufre, que al disiparse no mostró más que el miserable cuarto vacio.
    Las caras largas de todos mostraban el desconsuelo y la furia de aquel momento y sé que algo terrible hubiera sucedido entonces, pero un desconocido entre el tumulto lanzó de pronto una estruendosa carcajada y todos los siguieron al instante. Tal vez fue solo una reacción nerviosa ante el peligro, pero no me quedé a comprobarlo y me largué pronto de allí: por mi parte, era suficiente lección y en el fondo estaba un poco satisfecho de haber conocido por fin a un verdadero escapista.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s