Viernes creativo: escribe una historia

 

¿Cuántos yo tiene cada yo? ¿Nuestras circunstancias son también de nuestros otros yo?  Flora Borsi no termina de aclarárnoslo, quizás tu puedas hacerlo con tu relato.

©Flora Borsi

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12 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Mascaras

    Ella callaba sus miedos e inseguridades. Sus dudas, sus porqués. Mostraba un semblante, frío y distante que a todos servía. Es bien sabido, que a veces no profundizamos más allá de la piel. Lo que proyectamos se convierte en lo que somos y a pocos importa si lo que proyectamos coincide con lo que realmente sentimos. Jamás olvidaré su rostro…

    Ella, miraba al mundo con ojos de cristal. De infinita belleza, pero falsos como su propia dureza. Es por eso, que el día que me crucé en su camino, pude constatar que tras esa mirada de cristal ocultaba el peor de los secretos. Pude sentir su angustia vital. Fue cuestión de segundos, pero no pude evitar, que tras pasar a mi lado y mostrarme su yo real, saltara al vacío. Desesperado me asomé y vi su delicado cuerpo, roto, convertido en un maniquí sin sentido. Investigué quien era. Y todos sus conocidos coincidían en decirme, que jamás observaron algún signo de dolor que anticipara el suceso acontecido.

    Desde entonces, trato de observar y traspasar los enmascarados rostros que nos rodean y en la medida de mis posibilidades, aliviar sus pesares.

  2. Siempre la misma discusión: ¿habla mi ángel?, ¿o es el demonio que hay en mí, el que me azuza? Creo que me estoy volviendo loca, con estas dos idiotas discutiendo en mi cabeza… El día que venza una de ellas, será cuando me muera, mucho me temo… Creo que voy a usar una estrategia: cuando hable mi ángel, pongo en off a mi otro yo, lo desconecto, para que me dominen los buenos sentimientos, la paz, el bienestar… Si, por casualidad, el demonio que hay en mí consigue, no sé muy bien cómo, colarse en mi beatífica quietud, le haré poco caso, es más, silbaré o me taparé los oídos, para que se entere de que no quiero sus maldades, su mezquindad, sus miserias…

    Esta mañana han hablado, entre sí, mis otros yo. Les ha costado llegar a un acuerdo, pero, finalmente, han decidido repartirse mi ser de forma equitativa: por el día, seré una malvada bruja y, por la noche, una soñadora dulce y angelical. Yo, que me mantuve al margen de su debate, he tenido que aceptar, a pie juntillas, sin rechistar.

  3. SOY LA QUE SOY

    Yo soy la que calla por no iniciar una discusión y la que comienza una bronca porque sí.
    La que deja pasar a la gente con una sonrisa y la que está harta de que los demás se le adelanten.
    La que tiene una mirada dulce y la que con sólo una mirada, asesina.
    La que sólo tiene palabras amables y la que echa sapos y culebras cuando habla.
    ¿Crees que soy bipolar? No, en absoluto.
    ¿Quieres saber quién soy realmente? ¿Qué se esconde en mi interior?
    Tú actúa y entonces lo descubrirás.

  4. INTERIORES COMPARTIDOS

    Le dije que no viniera, que se quedara, que esto lo tenía que solucionar yo sola, pero como siempre ha sido imposible.
    Intento concentrarme y responder con precisión, ella no puede callarse e intenta contestar por mí.

    El doctor me mira fijamente y me pregunta:
    – ¿En que está pensando señorita? la veo como distraída.
    A lo que respondo:
    – En nada.
    Ella tiene que intervenir y me susurra al oído:
    – Mentirosa, solo piensas en abalanzarte sobre él y clavarle tus manos en su cuello, ¡vamos lánzate! ¡cobarde!

    Pero esta vez estoy tranquila, no hay peligro, por mucho que ella insista no pasará nada, es cuestión de aguantar tan solo cinco preguntas más, además con la camisa de fuerza no puedo mover los brazos, enseguida estaremos las dos de vuelta en nuestra habitación del manicomio y ella podrá seguir viviendo su mundo en mi interior.

  5. LA OTRA EVA

    Eva siempre fue una chica tranquila, estudiosa y muy formal. Nunca defraudó a sus padres ni a sus profesores. Era un ejemplo a seguir.

    Tomaba la decisión adecuada para cada ocasión. Todo lo hacía “como Dios manda”.

    Pero su realidad era otra, luchaba cada día con “la otra Eva” que habitaba en su interior.

    Ella era inquieta, irresponsable, a veces un poco atrevida, divertida y rebelde.

    Durante años la había mantenido bajo control, a pesar de lo fuerte que era ella.

    Eva sabía que un día “la otra Eva” ganaría la batalla, rompería sus ataduras y saldría a la luz.

    Ese día había llegado…

  6. Su mirada suplicante decía todo lo que su boca -ausente- debía callar.
    Ese yo suyo se esforzaba por huir de aquella ella, que se le antojaba fría y distante; pero ella parecía tenerlo todo controlado y permanecía inmutable. No parecía darse cuenta de que era justo aquella imperturbabilidad de gélida estatua lo que lo empujaba a marchar.

    (també al meu blog univers madur)

  7. Todo el mundo les decía que eran como dos gotas de agua. Gemelas idénticas, nacidas hace ya veintiséis años. Gabriela siempre tomaba las decisiones de importancia y aconsejaba, en todo, a su hermana. Elena se entregó a ella. Sus padres le inculcaron, casi desde la cuna, que siempre obedeciera a su hermana, que sabría lo que había que hacer, en cualquier circunstancia. Tantos años de sometimiento llevaron a Elena a un estado de anulación total, con la aquiescencia de sus padres. En vez de dos seres diferenciados, parecieran ser uno y su inane apéndice. Tras quedarse huérfanas, Elena, cansada, trató de liberarse de la tiranía de Gabriela. Pero, tantos años de vida sojuzgada pudieron más que su deseo. Consiguió desgajarse del cuerpo de su hermana. Pero no de su voz y sus palabras.

  8. Afganistán, por Luciano Doti

    Las siamesas eran consideradas deformes en el país occidental del cual procedían, pero allí en Afganistán, la burka las preservaba de miradas indiscretas. Hasta llegaron a conocer a un muchacho que pidió permiso para visitarlas.
    “El sacrificio de convertirnos al islam y venir a vivir a este país tan inhóspito dio resultado, nuestras hijas tendrán marido y tendremos nietos”, dijeron sus padres, que no habían engendrado más hijos por consejo de los médicos, quienes les advirtieron que los siguientes podrían ser también siameses por una cuestión genética; pero ahora correrían el riesgo de que eso pase con los retoños de sus hijas, porque el deseo de reproducirse y perpetuar los genes es muy fuerte en algunas personas.
    La pareja (trío) se casó y en la alcoba nupcial el flamante marido supo la verdad. No entendía qué podría haber hecho mal para que Alá lo castigara así. Aunque tuvo que reconocer que la forma de la cabeza de su amada siempre le había resultado extraña.
    Pidió la nulidad del matrimonio y le fue rechazada. “El divorcio es pecado cuando sus mujeres no han dado ningún motivo para ello”, le dijeron.
    Pidió desposar otra mujer y se lo negaron también: “Ya tienes dos. No podrás mantener una tercera”.
    Entonces trató de verlas con cariño, de aceptar la voluntad de Dios. Recordó que la palabra “Islam” significa sumisión total a Dios.
    El cuerpo era perfecto, había esperado mucho y no tenía sentido evitar gozar con un cuerpo de mujer bello y normal. Además, contaba con el aliciente de que la siamesa que había estado oculta, la que ni siquiera solía asomarse tras el velo de la burka, lo buscaba con una mirada abrasadora.

  9. INSEPARABLES ENEMIGOS
    Siempre está al acecho. A veces consigo rehuirlo; otras, logra encontrarme y se hace empalagoso: invade mi hiperespacio e intenta apoderarse de mi centro de gravedad. Cuando lo consigue, me hace sentir la estrella más brillante de toda la galaxia y todo gira entorno a mí; haciendo a aquellos que, con luz propia, pudieran convertirse en mis amigos inseparables e inmiscuirse en nuestra relación, más terrenales. Aunque, he de confesar que, al menos yo, odio a mi ego a muerte.

  10. Rosa Isabel
    Isabel me había dicho que Rosa y ella eran inseparables. Llegué a tener extraños pensamientos. Los acabé apartando de mi cabeza. Sin embargo, tengo que confesarlo: estaba temblando mientras la esperaba en la cafetería. ¿Qué aspecto tendría? ¿Aparecería también Rosa?
    Llegué con media hora de adelanto y pedí una copa para tranquilizarme. Comencé a bebérmela. Me senté delante de la puerta y me fijé en todas las personas que entraban. Fue pasando el tiempo. Terminé la copa. Pedí un café. Agarré el periódico del mostrador y empecé a hojearlo. Pasó la hora. Siguieron trascurriendo los minutos. La gente salía y entraba en la cafetería, pero ella seguía sin aparecer. Decidí que la esperaría diez minutos más. Cogí otro periódico. Comencé a pasar las páginas.
    Estaba tan concentrado en la lectura, que no advertí que alguien había entrado en la cafetería.
    –¿Emilio?
    Levanté la cabeza.
    –¿Isabel?
    –No, no soy Isabel, sino Rosa.
    –¿Por qué no ha venido Isabel?
    –Ha venido, pero al verte se ha echado atrás. La verdad es que nunca terminaste de gustarle. En cambio, a mí me llamaste la atención desde la primera carta que nos enviaste.

  11. Silencio impuesto

    Por mucho que quiera hablar
    Por mucho que quiera expresar lo que siento
    No puedo
    No me dejan
    Desfiguran mi rostro
    Con técnicas que desconozco
    Y silencian mis palabras
    Mis sentimientos
    Todo se pierde
    Se evapora
    Y se esfuma
    Con sus técnicas útiles
    Que amordazan mis sueños

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