Viernes creativo: escribe una historia

Lo que ocurre no siempre es lo que ocurre. O como dice  Alfred Korzybski, fundador de la semántica general: “el mapa no es el territorio”. ¿Qué más hay en esta foto, que no podemos ver?

sombra-beso

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22 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Las sombras

    Los perros no ven los colores, pero son perfectamente capaces de intuir lo que ocurre en el mundo de las sombras. Algunos saben cuándo encaja la realidad, olfatean las paredes si encuentran piezas perdidas del puzle que forma la vida. Después, las imágenes se olvidan entre tantas otras que crea la luz de las ciudades, cuando nadie más que ellos miran.

  2. -¡Estoy harta de no poder mostrar nuestro amor en público! Esta sociedad retrógrada y anclada en unas costumbres absurdas y arbitrarias, nos está haciendo mucho daño. Cariño, ¿y si nos damos un besito rápido? Tal vez nadie se entere…
    -No sé, Celia, quizás no debamos arriesgarnos. En casa te los doy, mujer.

    Celia, en un impulso, acerca su boca a la de su amado. Sin embargo, no pudo posar sus labios en los de él. No tuvo tiempo. Un hombre, con mirada de enajenado, la apartó bruscamente de su novio y la abofeteó. El joven se quedó paralizado, sin capacidad de reacción. Al poco tiempo, dos hombres más se acercaron. Con brusquedad, se llevaron a la pareja y los metieron en un coche. Nada más se supo de ellos.

  3. EL HAMBRE

    Hay sitios vestidos de abandono y abandonos sitiados. Hay calles olvidadas en las que anida el hambre de los días y la sed no descansa. Hay, en esas calles desconocidas, sentimientos que laten, gritos que atoran las gargantas y afloran en incipientes besos que el barro no perdona. Barro en el cuerpo, barro en los ojos, barro en la boca. Solitarias preguntas que se reflejan en los muros, en la inquieta mirada de un perro que contempla unas sombras que expelen luz mientras, al acecho, siempre al acecho, el cazador observa, con la certeza del hallazgo, a su próxima presa.

  4. INOLVIDABLE

    Parecía un día cualquiera, una mañana soleada sin importancia, pero a veces la vida nos sorprende y lo hace especial.
    Decidí ir a trabajar dando un paseo, tenía tiempo y, la luz radiante invitaba a ello. Dejé mi mente libre de problemas, intentando disfrutar del ambiente matutino, donde todo el mundo anda con prisas, sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor.
    La vi venir desde lejos y llamó mi atención. Pasó por mi lado, distraída, mirando al frente, nos cruzamos sin que se diese cuenta de mi presencia. La miré, y por un segundo nuestras sombras se amaron reflejadas sobre la blanca pared.
    Un solo instante, un beso furtivo y la luz de la mañana, hicieron que fuese mágica e inolvidable.

  5. EL SÍNDROME DE LOS HUEVOS DE CRISTAL (“Manspreanding”***)

    Nos habíamos cruzado varias veces por la calle. Me gustaba su físico, y era notable que yo también le gustaba a él. El martes pasado coincidimos en el metro. Se sentó a mi lado, con las piernas bien abiertas, marcando paquete y territorio, como hacen muchos hombres cuando toman asiento, lo que provocó que yo tuviera que cruzar las mías y echarme a un lado. Habló un rato conmigo y me pidió una cita, que rechacé por principios. Yo también tengo pelotas, solo que no tan frágiles.

    *L*

    (***La explicación del título, al final de esta entrada de blog ➨ CLICK )

  6. ENTRE LAS SOMBRAS

    Mi destino es vivir entre las sombras, no sé si por timidez o porque me siento inferior a los demás.
    Todo lo que deseo se esfuma entre mis manos, nada es real, todo es efímero y producto de mi imaginación.
    Creí tener un perro, que me acompañaba a todas partes, incluso lo oía ladrar, pero como siempre todo era una simple sombra.
    Hasta mi amor por ti es solo platónico, pero siempre, aunque tú no te des cuenta, logro besarte entre las sombras.

  7. AMOR PLATÓNICO

    Iba camino del Bollywood studio cuando me crucé con ella, la nueva script. Por Shiva, qué guapa estaba aquella mañana. Y mientras un perro callejero observaba el vuelo de una paloma, yo soñaba con estar pegado a ella, con o sin el pegamento que se anunciaba en la pared.

  8. Nuestras sombras

    Me hubiera quedado allí para siempre. Pausados en aquel instante en el que nuestras sombras se nos adelantaron. Me hubiera quedado suspendida, adherida a ti bajo el irónico anuncio de la marca de pegamento más conocida de la India. En aquella calle de Mumbai donde tus ojos me suplicaron que no siguiera mi camino, en un viaje donde todo dejó de ser como había sido.

    Me hubiera quedado allí, si tú lo hubieras hecho conmigo. Hubiera exprimido cada segundo, convirtiéndolos en horas. Hubiésemos permanecido quietos, piel con piel hasta desgastarnos.
    Volvería a Londres, formalizaríamos nuestra unión y viviríamos esa vida que soñabas en un país donde los sueños a veces se consiguen cumplir.

    Hubiese sido real y mágico. ¿Por qué no?

    Que tú me miraras, que yo siguiera caminando, que la foto la tomará mi marido, tan solo son detalles de un espacio-tiempo que no compartimos.

  9. Sombras, por Luciano Doti

    Le habían dicho que observando las cosas y sus sombras se podía ver el futuro. También que los perros pueden otear más allá de lo que ven los humanos.
    Hay momentos en que las sombras cobran vida. Ellas se separan de su modelo original y pasan a ser cosas en sí mismas.
    Cuando se cruzó con aquella joven, la miró a los ojos y sólo vio unas pupilas bonitas. Pero en la pared, sus sombras, capricho de la luz rebotada, los mostraban juntos, sensuales. Otros ojos, los de un perro vagabundo, ya oteaban el futuro.

  10. Volver a empezar

    Una mañana fría de enero, unos funcionarios del juzgado, escoltados de la policía, llamaron a mi puerta y, sin miramiento alguno, me extrajeron de mi casa a empujones. De repente me vi sentado en un parque, solo, sin hogar, sin Olga, sin Bobby, sin ilusión, sin futuro. El banco me había despojado de todo. Aquello ya es pasado y, poco a poco, voy recuperando mi condición de ciudadano. Vivo de alquiler y cada tarde procuro devolver a mi vida lo que perdí. Hoy he adoptado un labrador muy similar a Bobby. Mañana, quizás llame a Olga o a su hermana.

  11. Secretos del tiempo

    “Dicen que son nuestras sombras las que recuerdan nuestras vidas pasadas. La reencarnación de las almas que no somos capaces de ver ni siquiera de imaginar”.
    Así le habían narrado a Yamil durante toda su infancia. Ahora, de adulto, había dejado de creer en aquellas historias transmitidas por su abuela y los demás ancianos de su pueblo. Por eso cuando se cruzó con la joven hindú, si bien quedó prendado de su belleza, no fue capaz de reconocerla. Y cada uno siguió su camino sin siquiera detenerse un instante.

    Si tan sólo su sombra le hubiera avisado que ella era el amor de su vida, tal vez el desenlace hubiese sido otro. Pero las sombras estaban en su propio reencuentro en donde no hacían falta las palabras, sólo una tierna mirada de almas enamoradas, detenida en el tiempo y en el mágico conjuro de la luz y sus juegos sobre la superficie cómplice de una pared. Bajo la mirada atenta de un cancerbero, disfrazado de perro callejero, el secreto de las sombras estaría a salvo, al menos hasta que la oscuridad los devolviera al pasado y al olvido de los que crecieron y en el camino, fueron perdiendo los sueños.

    9 de Diciembre, 2016.
    Silvana Alexandra Nosach

  12. En sombras
    Ahora, cuando nos cruzamos por la calle, no me miras. Yo en cambio, te observo sin disimulo. Nada tengo que ocultar. Sigo prendado de tu mirada ofuscada. Esa que entonces era capaz de borrarte con un beso en el cuello. Esa que ahora se ha difuminado por todo tu cuerpo. Y ya eres toda enfado. Tus manos crispadas, la frente altiva, el mentón por delante, el movimiento enérgico de brazos y piernas. Y aunque no me mires, sé que me observas. Sé que notas cómo día a día la ropa se me queda más ancha, y la esperanza más angosta.
    A veces imagino que una mañana de esas en las que fuerzo nuestro encuentro, te detienes de pronto y me preguntas cómo estoy, o me exiges que te deje en paz de una vez, o me das un beso, o una buena cachetada, o me coges la mano para arrastrarme hasta la avenida y obligarme a esperar que el semáforo se ponga en verde antes de cruzar. Justo lo que no hice aquel día, cuando mi sombra se desparramó sobre la senda peatonal y no fui capaz de recogerla. El día que conseguí enfadarte tanto, como para que sigas aún sin hablarme. Y mira que ha pasado tiempo. Y mira que te cuesta disimular. Y mira que me basta con observar tu sombra, para saber que aún me sigues queriendo.

    http://laletradepie.com/en-sombras/

  13. AMORES A CONTRALUZ

    Todos los días, nuestros caminos confluyen en un mismo punto —un cartel publicitario de adhesivo para elefantes que pretenden divorciarse—, y no es el azar el que interviene, no, algunas cosas, si no las provocas, no ocurren nunca: yo, hago fluctuar la velocidad de mis pasos, para que sea aquí, y justo aquí —en este punto cardinal, para mí y sólo para mí—, en donde se sincronicen los mecanismos de nuestros corazones y suceda el flechazo, el milagro. Pero ella, que todavía me pregunto cómo se llamará —aunque creo que tiene cara de “Pocajuntas”—, pasa frente a mí como una estrella fugaz, sin saber siquiera que existo; y yo, observando su resplandor como una exhalación, la anhelo. Aunque, en los días primos, cuando la observo detenidamente, parece que algo cambia: nuestras diferencias sociales, se aúnan, y la caricia con deleite de nuestras sombras, se disuelve en un beso enamorado, y nuestros cuerpos a contraluz, se arriman, como dos adolescentes en celo; y yo, como un perro en pleno coito, me quedo amarrado al instante, que se convierte en mi dueño, hasta que baja la marea. En el resto de días, que son la inmensa mayoría, en mi particular firmamento, no ocurre nada de esto: me ignora hasta su sombra —como en realidad ocurre en todos—, aunque yo, nunca pierdo la esperanza y me agarro a un día primo o a pisar una boñiga de perro, si hace falta; incluso quisiera que fuésemos inseparables —como dos elefantes empalagosos—, pero, a veces, hay realidades que no sustentan su propio peso.

    • AMORES A CONTRALUZ

      Todos los días, nuestros caminos confluyen en un mismo punto —un cartel publicitario de adhesivo para elefantes que pretenden divorciarse—, y no es el azar el que interviene, no, algunas cosas, si no las provocas, no ocurren nunca: yo, hago fluctuar la velocidad de mis pasos, para que sea aquí, y justo aquí —en este punto cardinal, para mí y sólo para mí—, en donde se sincronicen los mecanismos de nuestros corazones y suceda el flechazo, el milagro. Pero ella, que todavía me pregunto cómo se llamará —aunque creo que tiene cara de “Pocajuntas”—, pasa frente a mí como una estrella fugaz, sin saber siquiera que existo; y yo, observando su resplandor como una exhalación, la anhelo. Aunque, en los días primos, cuando la observo detenidamente, parece que algo cambia: nuestras diferencias sociales, se aúnan, y la caricia con deleite de nuestras sombras, se disuelve en un beso enamorado, y nuestros cuerpos a contraluz, se arriman, como dos adolescentes en celo; y yo, como un perro en pleno coito, me quedo amarrado al instante, que se convierte en mi dueño, hasta que baja la marea. En el resto de días, que son la inmensa mayoría, en mi particular firmamento, no ocurre nada de esto: me ignora hasta su sombra —como en realidad ocurre en todos—, aunque yo, nunca pierdo la esperanza y me agarro a un día primo o a pisar una boñiga de perro —de éste que, todos los días, nos observa a contraluz—, si hace falta; incluso quisiera que fuésemos inseparables —como dos elefantes empalagosos—, pero, a veces, hay realidades que no sustentan su propio peso.

  14. Tu sombra me persigue, nada más levantarme, se adhiere a mis pies y por mucho que corramos mi sombra y yo, es un lastre del que no podemos desprendernos. Si me da el sol en los ojos y me vuelvo, ahí está; si la luz viene por detrás, aparece delante, siempre sombra de mi sombra, como una maldición. Mi silueta trata de sacudírsela de encima, pero ella se le pega con una testarudez impensable en ti. Si dejamos de hacerle caso, conforme pasa la mañana, va reduciéndose poco a poco, hasta que a mediodía, ese sol intenso, cenital, que se lo traga todo, nos hace creer que por fin la hemos vencido. Es el atardecer, con su traicionera luz dorada, quien la hace renacer: se desdobla desde los pies de mi propia sombra, crece hasta caminar a la par de mis piernas negras, como cuando iba a buscarte a la salida del trabajo. Y tu sombra vuelve a ofrecerme besos en las paredes y mi sombra se acerca a ti, confiada. Al caer la noche solo encontramos pintura desconchada y un sabor a cal viva que no es capaz de acabar con tu recuerdo.

  15. Recuerdos

    La busco entre la sombra de un recuerdo. Nunca está. Sombra antigua, efímera y burlona. Sombra dolorida, insolente y magistral. Vagabundo de sueños. Vagabundo de ilusión. Lucidez devastadora que, cruel, mi derrota murmura. Desgarro, pérdida, desesperanza. Desamparo y llanto en su recuerdo ahogado. Estrella inalcanzable. Estrella mágica y fugaz. Tenue brillo entre tanta oscuridad. Incapaz de retenerla, junto a ella mi alma siempre va. Una lágrima en mis ojos. Un recuerdo. Plomo en mi silencio.

  16. EL ROCE HACE EL CARIÑO

    Primero fueron mis calcetines. Se escapaban del canasto de la ropa sucia y se largaban a recorrer la ciudad mientras yo hacía la compra o estaba en el trabajo. Volvían por las noches plagados de agujeros y de chicles desahuciados que habían recogido del suelo. Luego mi moto tomó el testigo. Me despertaba cada madrugada cuando llegaba exhausta y sedienta de combustible.
    Ahora es mi sombra. Va por libre, se muestra extremadamente temeraria y no hace más que avergonzarme en público. Se echa en brazos de cualquier transeúnte, por lo que estamos todo el día a la greña; tanta pelea nos está distanciando. ¿Que será lo próximo? me pregunté. Temiendo por mi cartera, empecé a no dejarla sola ni siquiera cuando dormía. Me la llevé a mi cama con la única intención de aniquilar sus ansias de libertad, sin embargo, ya lo dicen, el roce hace el cariño y ahora creo que empiezo a sentir algo demasiado profundo por ella.

  17. La leyenda del beso

    En el muro de la calle Ganges, donde nos cruzábamos todos los días, hubo durante mucho tiempo un anuncio de pegamento Fevicol, único para juntar todo tipo de superficies. El adhesivo definitivo entre tú y yo hubiera sido un único beso, pero no nos lo dimos nunca. Algunas veces fue porque tú no mirabas cuando yo lo hacía y otras ocurrió al revés. Si se hubieran cruzado nuestras miradas en un instante, en ese que cambia el destino de las personas, ni la fuerza de dos tercos elefantes habría podido separarnos. Sin embargo, el perro, que se detuvo un momento para observar a los paquidermos, creyó hasta su muerte que había contemplado el negativo de una apasionante escena de amor, y corrió a ladrarla por todos los rincones de Calcuta. Fue tan convincente contando esta historia, dejó una impresión tan honda entre los de su especie, que todos los canes, aquella noche, salieron a buscar miradas, a cobrar besos por las esquinas y formar uniones indisolubles, de las que nacieron miles de cachorros felices. La leyenda del hombre y la mujer que se habían besado, después de tan solo mirarse, pasó de padres a hijos y de hijos a nietos, durante muchas generaciones. El anuncio de la pared que acogió nuestras sombras terminó decoloriéndose y los elefantes escaparon por fin, libres de sus ataduras. Contaron una versión bien diferente de lo que había pasado aquel día, pero nadie les dio crédito. Las grandes leyendas tienen más fuerza que la cruda historia.

  18. Desde el momento en que Trompi y Dumbo comenzaron a forcejear para liberarse; desde el momento en que Bobby ladró después de tantos años en silencio; desde el momento en que mi bicicleta sucumbió a las manos expertas del muchacho aquel. Desde ese momento, supe que nunca más volvería a ver tu sombra en mi muro.

  19. Si me lo permitís, quería invitaros a leer mi primer libro de Microliteratura, titulado: Creaciones mínimas. En él podréis encontrar micropoesía, microrrelatos y Cartas al Director, que he escrito entre 2015 y 2016. Hay una sección dedicada a Viernes Creativo. Saludos y gracias.

  20. ASOMBROSO

    En esta foto, fijándose un poco, hay dos sombras que van por libre. La sombra del joven que va hacia el oeste está a punto de besarse con la sombra de la joven que va hacia el este, circunstancia que no está sucediendo en la realidad. Pasa a veces que las sombras, cansadas de limitarse a imitar los movimientos de las que son reflejo, actúan por cuenta propia. Y el perro que está junto al cartel las mira, como asombrado. Lo que deberían hacer el joven que va hacia el oste y la joven que va hacia el este es hacer de sombra de sus sombras y, en el momento exacto en el que estén a la misma altura, besarse de verdad, tomarse de la mano y marchar hacia juntos hacia el sur. Y el perro seguiría ahí, mirando a la pared, incapaz de salir de su asombro.

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