Viernes creativo: escribe una historia

Navidad, tiempo de huir o de reunir. ¿Dónde va tan deprisa el protagonista de la fotografía de Florian Imgrund?

Aprovecho para felicitaros las fiestas y deciros que volveremos después de unas merecidas vacaciones, el viernes 13 de enero como pronto.

florian-imgrund

Florian Imgrund

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13 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Siento que no valgo nada. Contemplo pasar la vida, atrapado en una vida anodina e inútil. Deseo echarme a correr, parecerme un poco a mi amigo Ramón, el iroman que tanto admiro, pero apenas puedo moverme. El peso de tantos y tantos ratos perdidos aplasta cualquier pequeño intento de sobrevivir. Una niña preciosa y desconocida me da la mano y tira suavemente de mí. Quiere jugar conmigo. Atónito, la miro con tristeza y niego con la cabeza. Ella, insiste. Es en ese preciso momento cuando veo un sol resplandeciente, que incide, travieso, en la niña y que se está girando hacia mí. Una tímida sonrisa comienza a derramarse por mi rostro…

  2. ¡¡Felices fiestas a todos!!
    Aunque haya escrito un relato triste, hoy me siento muy feliz. Está en youtube el video de la presentación de mi libro: Creaciones mínimas. El enlace es:

  3. RUNNER

    Desde esta mañana me duele el oído izquierdo y estoy esperando a que me atiendan, mientras sigo preguntándome porque cuando he escuchado “al ladrón” me he puesto a correr como alma que lleva el diablo, yo que no muevo ni un pie aunque vea el autobús en la parada, además siempre he pensado que correr es de cobardes.
    Vaya parece que por fin me toca, veo acercarse a dos vestidos con bata blanca, alguno de ellos debe ser el médico, van conversando sobre algún paciente y creo haber escuchado mi nombre.
    -“Sí, ahora le toca a este, es el individuo al que ha disparado la policía esta mañana en el asalto al banco, presenta orificio de bala con entrada por el oído izquierdo, sin salida”.
    -“Pues bien, procedamos con la autopsia”.

  4. Otros años había tratado de esconderme. Sin embargo, por muy oculto que estuviera, él siempre había acabado encontrándome. Este año he preferido salir corriendo, desaparecer. Demasiado tarde, he comprendido que no tenía dónde ir. Él está en todos lados. No hay forma de eludirle. Más tarde o más temprano, el Espíritu de la Navidad siempre acaba nos atrapa.

  5. EN SUEÑOS

    Día tras día me despertaba agotado, a pesar de lo mucho que dormía.
    Aquello empezó a preocuparme, algo iba mal. El médico me recomendó una cura de sueño. Pensó que se podía deber al estrés laboral y desconectar de todo sería la solución.
    Preparó todo para inducirme al sueño y poco a poco noté como se relajaba mi cuerpo y me sumía en un mar de tranquilidad.
    De pronto, allí estaba yo, corriendo asustado en mi sueño, huyendo de algo que me acechaba.
    Jamás conseguiré escapar, no me dejará tranquilo, hasta que confiese porqué, desde que María desapareció, florecen con ese color rojo las rosas blancas del rincón de mi jardín…

  6. Memoria

    Tan solo se trataba de una exposición. Uno de los fotógrafos de moda exponía su obra en una galería de arte del centro. La invitación era preciosa y la dedicatoria aún más.

    «No me conoces, a pesar de ser el aire que respiro. Búscame en las fotos, sabrás quien soy. Llámame por mi nombre y seremos uno de nuevo»

    No comprendía nada, no conocía al fotógrafo y menos al autor de la invitación. Cuanto más leía la dedicatoria, más convencida estaba de que debía ir. Inexplicablemente los trazos de las palabras me eran tan conocidos, tan familiares que con solo verlos me hacían sentir en casa. Algo pasaba, pero no era capaz de encontrar la respuesta.

    El día de la exposición fui sola, el cielo vestía de gris y la acera recibía las primeras hojas del otoño. Caminé despacio, observando cada obra. Ninguna me producía la reacción esperada. Fotos en blanco y negro, bonitas, algunas menos.

    Hasta que llegué a ti, y tus ojos se me clavaron como punzones en el pecho. Y tu boca se movía en mi mente y gritaba: «resiste cariño, te quiero» Y corrías, corrías desesperado a mi encuentro. Recordé, recordé de golpe el atropello. La cabeza, el dolor, el silencio.

    «Arthur» susurré, acaricié tu rostro y lloré. Lloré por las veces que lo había visto en el hospital, en la calle. En el supermercado, en la puerta de la clínica. En la acera de enfrente de la casa de mi hermana donde ahora vivo. Y no me acordé de ti. Mi mente te borró y el corazón no fue suficiente. No pudo devolverte.

    «Estoy aquí, cariño. Como siempre. Esperando a tu corazón, a que fuera más fuerte. Date la vuelta, amor.»

  7. En paralelo

    Lleva semanas preparando esta reunión. Su carrera entera depende de la aprobación del proyecto en que tanto ha trabajado. Ha llegado temprano para no dejar nada librado al azar. El proyector, las botellas de agua, su portátil conectado, la corbata bien anudada y la sonrisa adherida con firmeza sobre la boca.
    Cuando al fin todos se han sentado, los cafés han dejado de distraer las conversaciones, y un silencio de bostezos contenidos se ha apoderado de la sala, su jefe comienza a hablar. Lo presenta como el mayor experto europeo en el tema y detalla su trayectoria mientras halaga su profesionalidad. Se acerca el momento de hablar y él repite para sí las palabras con que planea empezar su intervención. Entonces, su teléfono empieza a vibrar silencioso. En la pantalla las palabras “Colegio Matías” titilan insistentes cuando comienza a hablar. Las primeras frases salen automáticas. Nerviosas, abruptas, pero coherentes. Sin embargo, cuando la pantalla negra de su teléfono vuelve a titilar con las mismas palabras, entiende que tiene que coger esa llamada. Si insisten es por algo, piensa mientras avanza la presentación sin explicar la última transparencia. Disculpen, dice. Y cogiendo el teléfono abandona la sala, mientras explica lo de los objetivos a largo plazo. No recuerda cómo ha llegado al hospital, ni es consciente de lo que sigue diciendo en aquella sala repleta de hombres trajeados y mujeres perfumadas. Los médicos dicen que la situación es crítica y que hay que esperar. Y él se sienta en una butaca de metal con la garganta anudada. Su niño no puede morir, por más que la portería se haya caído sobre él. Avanza a la siguiente transparencia mientras asegura que el margen de beneficio será del veinte por ciento solo en el primer año. Su ex mujer llora en silencio en la otra punta del pasillo. Alguien le hace la pregunta que ha previsto. Es una inversión segura y le diré por qué, asevera. Una bata blanca se acerca y pronuncia el nombre de Matías. Él y su ex se ponen en pie y se apresuran ante el hombre, ansiosos por escuchar las novedades. Observemos la evolución del mercado en los últimos cinco años, enuncia, mientras muestra la transparencia del gráfico de barras. Lo siento mucho, murmura la bata blanca. Su exmujer se deja caer de rodillas sobre las baldosas blancas. Él no sabe qué debe hacer y avanza hasta el final de la presentación. ¿Alguna pregunta?, se lee junto al logo de su empresa. ¿Alguna pregunta?, repite la bata blanca. Entiendo que es muy difícil, pero pensad que podéis salvar la vida de otro niño.
    Desconecta el ordenador y la sala se queda a oscuras. Como toda su vida.

    http://laletradepie.com/en-paralelo/

  8. En el punto de mira

    Recibí la fotografía. Un hombre con gafas de pasta negra, corriendo, un donnadie. En el dorso de la instantánea, el encargo de Morgan: ¡Mátalo! Desde entonces empecé a seguirlo, a vivir su vida. A las 7 h de la mañana compraba una chapata de pan en la panadería de su barrio. A las 8 h ya estaba delante del ordenador con sus facturas impagadas, sus balances descuadrados, sus recibos en B, así hasta las 15 horas. Su ocio lo repartía muy bien. Los lunes y los jueves practicaba yoga. Los martes aprendía arameo. Los miércoles se citaba en un apartamento del centro con la mujer de su mejor amigo. ¿El que había encargado su muerte? Los viernes escribía en un taller de poesía y los sábados y domingos perdía el tiempo en vaguedades de un hombre de treinta y muchos. Visto así, un trabajo sencillo. Bastaba con simular un atraco violento, un atropello en una paso de peatones; abordarlo en un callejón oscuro; propinarle un empujón en el puente de los Suicidas. Pero el tema se complicó cuando descubrí en que invertía las noches. El tipo es voluntario de infinidad de ONG´s. Colabora con Cruz Roja, Caritas, Payasos sin Frontera, ACNUR y, sobre todo, lee cuentos a niños enfermos de leucemia en el Hospital de San Juan de Dios, el antiguo orfelinato que conozco tan bien. Por eso, en cuanto lo tuve a tiro, me acerqué a él sigilosamente y, sin mirarle a los ojos, le apunté con el dedo para entregarle los 20000 euros que había recibido por liquidarlo. Hoy soy yo el que está en el punto de mira.

  9. Huida hacia adelante

    «El corría, nunca le enseñaron a andar, se fue tras luces pálidas…», en la radio del coche escuchaba a Vetusta Morla, le recordaba la canción de Rosendo «Corre, corre, corre que te van a echar el guante…»; apasionado por el cine visualizaba a Tom Hanks en la película Forrest y a ese actor francés en “Sin aliento” de Jean-Luc Godard. Como ellos, él no dejaba de correr, de perseguir sueños, siempre un paso por delante de los demás con sus ideas y proyectos. A su vez eso le acarreaba cierta dificultad para relacionarse con los demás y a menudo se le veía deambulando solo hablando consigo mismo.

  10. PULP FRICCIÓN
    Eres un pulpo, en el teclado de un ordenador cualquiera, tratando de recorrer otros mundos que también forman parte del tuyo; pero, con tus dos brazos, no te alcanza para llegar al infinito y, a veces, tu mente se separa del cuerpo, y vuela; y se divide en cavilosos tentáculos que abandonan el instante presente, tratando de alcanzar un futuro posible, incierto, que se torna pasado al regresar. Otras sin embargo, ocho hombrecillos como tú, perfectamente sincronizados, forman una esfera ante tus anteojos, provocando así, una fuerza centrípeta, que atrapa el sueño y lo atrae hasta tu centro de gravedad.

  11. Espejismos
    Pasó. Una y otra y otra y otra vez. Pasó tantas veces por delante de mí que tuve que tensar la cuerda.
    Pasó que la puntera de su zapato tropezara con aquel trenzado de cáñamo, que cayera sobre el asfalto, que sus gafas de carey se partieran en dos y uno de los cristales se hiciera añicos; que su traje siempre impecable se desgarrara por el rozamiento, que la sangre manara de sus manos, de sus rodillas, de sus mejillas manchadas por la grasa y el hollín del tráfico; que un coche le arrollara, cuando se incorporaba tambaleante, incapaz de esquivarle.
    Pasó que ella desde la ventana lo viera todo, que se echara las manos a la cabeza, que su tez, habitualmente morena, pareciera recién encalada, que las lágrimas brotaran insaciables de sus ojos; que la gente se apresurara a auxiliarle, a llamar al ciento doce, a buscar responsables.
    Pasó que el vapor que emanaba del firme de la carretera aquella mañana de agosto lo desvirtuara todo; que volviera otra vez a adelantárseme, que tensara la correa de mi perro para que me siguiera mientras nos alejábamos abatidos en sentido contrario; que escuchar a mis espaldas el chirriar de aquel frenazo, me pareciera entonces la mejor banda sonora para terminar esta historia.

  12. YO, POR EJEMPLO

    Este tipo está enamorado de sí mismo. Eso no es ni bueno ni malo, aunque los que convivimos con él tengamos que sobrellevar su egocentrismo. Resulta de lo más irritante convivir con un individuo cuyas frases suelen terminar con un “Yo, sin ir más lejos…”. La fotografía es solo una instantánea de sus pensamientos cotidianos, donde siempre se ve a sí mismo corriendo, andando, jugando al scrambel o durmiendo. A este tipo todos los días le mandamos a comprar tabaco, porque ya se sabe que hay mucha gente que sale a por tabaco y no vuelve jamás. Pero él regresa siempre con el paquete de Chester en el bolsillo, para nuestra desgracia. Y siempre vuelve entusiasmado, impaciente por contarnos lo que ha sucedido por el camino. Lo que le ha sucedido a él, por ejemplo.

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