Viernes creativo: escribe una historia

Hoy os dejo esta imagen de Erik Johansson para que deis rienda suelta a vuestros sueños.

Dreamwalking erik johansson

Dreamwalking, Erik Johansson

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19 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Ernesto se despierta sudoroso. No es algo extraño en él. Siempre le ocurre, tras recorrer miles de kilómetros en sus agotadores sueños. Su psiquiatra le dice que no se preocupe, que todos soñamos que caminamos o corremos y que eso nos ayuda a estar relajados, al despertar. Ernesto piensa que esa explicación la suscribiría perfectamente Pero Grullo, si existiese.
    Cuando regresa de su caminar mental, le duele el cuerpo y el alma. Recuerda sus pesadillas durante todo el día, a pesar de los intentos de desterrarlas de su mente. Cuando más sobrecogido se siente es al recordar que ha visto a sus queridas amigas, Cristina y Sara, sonriendo benevolentes, saludándole mientras atraviesa llanos y montañas, en cuestión de milésimas de segundo. Con desasosiego, e incluso miedo, en la consciencia del despertar, recuerda que hace años que las dos han muerto. Es entonces cuando su sentimiento se transforma: agradece tener esos sueños, pues en ellos siempre estarán vivas y con una bella sonrisa adornando sus rostros.

  2. EL BUCLE

    Lo peor de morirte es que no eres consciente de ello, que tu memoria se ha borrado y que después de atravesar el dichoso túnel apareces en otra dimensión, dentro de un horrible albornoz y con una taza de quién-sabe-qué-humeante-y-asqueroso-brebaje en la mano. Para más inri solo te queda la opción de introducirte en una misteriosa estancia, considerando que si intentas regresar de donde has salido, una fuerza desconocida cerrará la puerta en tus narices y que permanecer al raso en la tormentosa penumbra de un inhóspito páramo parece poco inteligente. Lo que tampoco imaginas es que cuando traspases la nueva puerta, de la que surge una luz cegadora, quedarás instalado dentro de un útero cualquiera y varios meses después volverás a respirar autonómamente.

  3. Traspaso onírico

    Has estado todo el dia encerrado en tu estudio.
    Escribiendo.
    Llega la noche y sales de tu refugio para atravesar otro umbral.
    El que te acerca a mí.
    Al otro lado estoy impregnada de horas de ausencia.Te acercas con tu embrujo para compensar mi espera.Me has dado vida en tu imaginación. Tú tienes el poder privilegiado de la palabra con la literatura. Los demás nunca sabremos dónde está el límite de tu verdad o de tu ficción.
    Entra.
    La oscuridad de la noche envuelve el espacio pero mi luz está encendida.
    Atraviesa mi puerta.
    Puedo convencerte, de que no solo me has creado en un papel, cuando sientas mis besos.

  4. Soy un youtuber de éxito. Me gano fabulosamente la vida: cada día, situado frente a la webcam de mi ordenador, hablo sin parar de cualquier cosa durante varios minutos. Hoy se me ha ocurrido contar un sueño que tuve el viernes pasado: en medio de la noche, con chanclas y albornoz salía de una puerta y atravesando un jardín me dirigía a otra puerta. En pocos minutos, miles y miles de seguidores (que ahora se llaman followers) han escrito en mi blog todas las interpretaciones posibles de mi sueño. Pero nadie, absolutamente nadie ha sido capaz de adivinar que, en realidad, esta vida que llevo es una mierda, la soledad que siento, la ansiedad que me produce no encontrar a alguien con quien compartir el futuro. En fin, quizás en el sueño del próximo viernes…

  5. VIVO SIN VIVIR EN MÍ

    No trabajo para vivir, vivo para trabajar, dudo si debo dormir o despertar, si tengo que ir o volver, lo cierto es que no sé ni donde estoy, simplemente voy como un sonámbulo por la vida, así me va. Un día me acuesto con la vecina del quinto, y otro desayuno con la del tercero, los hijos de la del sexto me llaman papá y los míos me escriben cartas como si fuese un rey mago. ¡Ah! y mi mujer, pues ella se marchó con el marido de la del cuarto, que no trabaja y sí que sabe vivir bien.

  6. TELE TRANSPORTE

    Desde que Fernando ha descubierto cómo tele transportarse, está loco de contento, ya no sufre cada día las dos horas de atasco que le separan de su casa a la oficina y viceversa. Ahora puede vestir ropa cómoda, porque en cuanto entra por la puerta del despacho, su atuendo cambia, luce camisa, traje y corbata. Cuando finaliza su jornada laboral, al salir y encaminarse a su hogar, vuelve el pijama, la bata, las pantuflas, y en sus manos su taza de café.

    Todo parecen ventajas, si no fuese porque, una vez superada la novedad, su vida se ha vuelto insoportable y rutinaria, de casa al trabajo y del trabajo a casa.

    No se resigna, sigue planeando cómo escapar…

  7. EL ASISTENTE

    Soy un asistente de sueños. Me paso la noche de puerta en puerta. Llevo vasos de agua a niños que la piden a gritos cuando se duermen, susurro palabras de tranquilidad a los que caen en el pozo del miedo y se asustan de las imágenes que sus temores proyectan, acaricio perros perdidos que vagan desorientados, recojo cartas que no encuentran destino y acompaño a los ancianos de vuelta a sus despertares. A veces, de madrugada, entre visita y visita, me preparo una infusión de coraje en la cocina y coincido con mi mujer que, volviendo desde el pasado, me suelta:

    –Ya estás otra vez sin dormir… ¿Cuánto hace que no tomas las pastillas?

  8. VELIS NOLIS
    En este campo oscuro, sin flores que lo adornen,
    cada noche traspaso el tiempo y el espacio infinito,
    dormido, suspendido entre la vida y la muerte
    deseando encontrar alguien con quien compartir
    sueños, caricias y,.un susurro con aroma de té,
    Con olor a jazmín o madreselva
    con canto de grillos o croar lejano de ranas en la charca.
    Pero solo encuentro puertas
    que se abren a mi paso y se cierran tras de mí
    invitándome a seguir adelante
    a no mirar atrás. Y desnudo ante el mundo
    me presento seducido por la luz
    que siempre espera al final del túnel

  9. Sueños insomnes

    Soñé con ser escritor desde que mi tía Gertrudis me regaló un ejemplar de Alicia en el País de las Maravillas. Gertru vivía en Inglaterra, se casó con un señor de buena familia que llegó a ser embajador en Londrés. Venían todos los veranos a la Costa Brava donde la abuela tenía una casita de veraneo. Gertru conducía un viejo y oxidado Volvo con el volante al lado contrario, le gustaba pisar el acelerador más de lo recomendable y la conocían en el pueblo como: la señora con cara de velocidad en el coche sin volante.

    A ella le debo mi pasión por la lectura y mi primer best seller. Fue la protagonista de mi ópera prima aunque ella no pudo disfrutar del éxito que había causado su historia. Lo peor fue que no conseguí escribir nada decente después. Finito, mi carrera como escritor fue efímera y detestable. Me fundí las ganancias en cuatro días y lo perdí todo.

    El día que tomé la decisión de terminar con mi miserable existencia, me encontré un trozo de pastel en la puerta de casa con una nota que ponía: cómeme.

    Comí y me desmayé, al despertar aparecí en la puerta de Gertrudis que me llamaba desde la cocina, con su voz chillona y ese acento inglés que conseguía que la alegría me inundara el pecho nada más oírla…

  10. OSCURIDAD
    Una profunda oscuridad tejia mis sueños cada noche, desesperadamente.
    Por eso, en cuanto sentía que el sopor amenazaba con penetrar en mi mente, intuía a la velocidad del rayo, que en algún lugar entre la vigilia y el sueño debía existir una forma de poder huir de su influjo.
    Yo temía que, en cuanto lograra atravesar aquellas puertas sin destino, acabaría diluyéndome en la nada.
    Y por eso sí que no estaba dispuesta a pasar. Jamás acabaría disolviéndome en el vacío como le ocurre a un pobre azucarillo cuando se convierte en nada al mezclarse con el café con leche.

  11. Puertas Mágicas SL
    Cicerone se arrellanó en el raído sillón de cuero al mismo tiempo que se acodaba sobre la mesa de nogal, el teléfono de su caótico despacho hacía ya días que no sonaba. Clavó su glauca mirada en sus tarjetas de visita: “Cicerone Garnaut, prestidigitador”. Su última actuación había sido en un pequeño pub a las afueras de Madrid el mes pasado. Hastiado cogió el periódico, lo abrió por las páginas de las ofertas de empleo, se fijó en una que decía: “Puertas Mágicas SL. Ayúdanos a abrir la puerta de la sonrisa y de la ilusión, y debajo un teléfono”. Cicerone arrojó el diario sobre una esquina de la mesa, abrió su manida agenda y miró las salas de fiestas que tenía apuntadas a las que podía llamar. Marcó el número de una al azar, mientras sonaban los adormecidos tonos, volvió a mirar la prensa que había quedado abierta por la página de las ofertas de trabajo, pero misteriosamente aquel anuncio que le había llamado la atención se había borrado, bajó la vista unos segundos la volvió a subir y aunque no daba crédito a lo que veía estaba de nuevo. Un irrefrenable impulso le incitó a llamar.
    Concertaron una entrevista para el día siguiente. Cuando se presentó le atendió Arnaut:
    -Para explicarle en que consiste la labor que desempeñamos es mejor que me acompañe.
    Cicerone le dijo que no había ningún problema, que disponía de toda la mañana.
    Arnaut le comenzó a instruir de cual sería su cometido:
    -Nos dedicamos a devolver la ilusión a las personas que la han perdido y que vuelvan a creer en ellas misas, a veces no resulta fácil, pero todos los individuos tienes una parte noble, solo hay que saber encontrarla, al fin y al cabo la vida es tener ilusión por algo, tener un sueño-. Mientras, Cicerone le escuchaba atentamente sin perder detalle.
    Arnaut continuó con su clase práctica: -Bueno ya hemos llegado, ve a ese chico, se llama Amir, a juzgar por su mirada de hiel se halla sumido en una profunda tristeza. Es poeta, a perdido la rima consonante y cree que no podrá volver a escribir sonetos, sólo hay que abrir la puerta de su mente y entre las tinieblas, ni muy cerca ni muy lejos, debemos colocar otra puerta con una fulgente luz en el quicio, eso sí, recuérdelo bien, debe estar enfrente para que escuche el canto de las musas.
    j. mariano seral

  12. Los otros mundos

    No tengo costumbre de dejar un vaso lleno de agua encima de la mesita, a pesar de que me levanto siempre con sed a mitad noche. Si lo hiciera, podría interrumpir el sueño lo mínimo posible y no abandonar la calidez del cuarto. Pero los sueños no siempre son plácidos y la sequedad de la boca sabe más a desasosiego que a calor de edredón. La habitación es, a menudo, el escenario de una posguerra nuclear, en la que las paredes callan crímenes terribles y el polvo del suelo es sospechoso de ser vida calcinada. Necesito salir y demostrarme a mí mismo que hay alguien ahí fuera, que no todo se ha perdido, pero el pasillo es más de lo mismo: naturaleza muerta, edificios vacíos, sobre las paredes; la luz amarilla, que no deja de ser un sucedáneo amargo de un sol extinguido. Por suerte, sobre el banco de la cocina siempre hay una jarra de agua y un vaso junto a ella, como preparado por alguien para mí; un reloj que muestra el avance de las horas, el resplandor del faro de un coche que recorre la avenida. Apuro de un trago el vaso y me lleno otro para el viaje de vuelta. Lo dejo en la mesita, junto a la lámpara. Me fijo otra vez en el suelo y ha crecido la yerba. Ya dentro de las sábanas, apago la luz y desaparecen las paredes. En el cielo brillan un montón de estrellas con planetas como el nuestro. Otros mundos llenos de seres buenos dispuestos a salvarnos, que deben estar de camino ahora mismo. Alguien me susurra al oído unas palabras que no entiendo. Pienso que debería tener siempre a mi lado un vaso lleno de agua, que no sé por qué me cuesta tanto cambiar de hábitos.

  13. SERVIDUMBRE DE PASO

    Solo cuando me hace efecto la tisana contra el buen criterio y la cordura me atrevo a cruzar el páramo que nos separa. Ese lugar de firmamento turbio cuya servidumbre de paso es lo único que aproxima tu mundo al mío. Atravieso tu puerta y me arrepiento pronto, cuando un frío terrible, muy parecido al pavor, me paraliza. Entonces despierto para cerciorarme de que no tuve valor y que sigo en mi orilla. Luego vuelve la noche y yo al auxilio recurrente de mi pócima de coraje. Insisto, lo intento, siempre sin éxito, siempre sin calcetines que me alivien del viento glacial que desprendes cuando me acerco a ti, incluso en mis sueños.

  14. PESARES

    A menudo soñaba que regresaba a la casa de su niñez, a la lámpara encendida que acompañaba su sueño, a las pegatinas que pegaba en las puertas, a la alfombra rasgada del pasillo. Dejaba atrás un trabajo que le agobiaba; papeles y más papeles, contratos, juicios, embargos…
    Si pudiera volver a empezar escucharía más a su corazón y elegiría otro destino.

  15. The show must go on

    Los días de Ernesto Calle duran 16 horas, en los especiales de Nochebuena y Año Nuevo, más. Por su estudio pasan a diario deportistas, cantantes, actores, modelos, escritores en promoción, protagonistas de dramas de actualidad o personajes de papel cuche y, últimamente también políticos y tertulianos sabelotodo. Aquellos que no visitan su apartamento repleto de cámaras saben que no existen. Él, dependiendo de la franja horaria y como buen anfitrión, les ofrece café con leche y croissants, tapas de jamón y queso, paella y salmorejo, té con pastas, ensalada rusa y tortilla francesa y gin-tonics o güisquis para los más nocturnos. Ernesto y sus invitados conversan, juegan, discuten, rememoran el pasado, divagan sobre el futuro, cantan, se odian y a veces se callan para intimar en silencio. A menudo, lee alguno de los millones de correos electrónicos que recibe al mes o permite llamadas de espectadores entregados que le agradecen su labor, su sacrificio, su compañía. Todos querrían ser Ernesto. Vivir cómo vive él, sonreír cómo sonríe él, sentir cómo siente él. Las madres de todo el país desearían casarlo con sus hijas, los padres sentarlo en sus mesas de póker, las mujeres sueñan con desnudarlo y atarlo a su cama —muchos hombres también—, y los niños lo adoran como un superhéroe. Hasta el Rey le manda un saludo en su mensaje de Navidad cada año. Ernesto es un emblema nacional, el primo segundo de cada familia, el amigo que nunca falla, la unión de innumerables parejas, el padrino de muchas criaturas, la alegría de vivir. Eso delante de las cámaras. En sus horas libres, cuando nadie le ve, Ernesto Calle regresa a su realidad penosa, a los recuerdos horrendos de infancia, a la soledad malsana, a sus infiernos y se martiriza. Por contrato recibe en su habitación a prostitutas, enanos, travestis, camellos y, últimamente, devora perros vivos por no lanzarse a las calles en busca de carne humana. Él querría abandonar, ingresar en un sanatorio, curarse, desaparecer; el país no se lo permite. The show must go on, le repiten a diario.

  16. ENCANTADOS

    Al tipo de la bata le vendieron un “Viaje con encanto” de fin de semana, para dos (¡!Qué peligro, los viajes con encanto!!). La idea es irte con tu pareja y meteros cada uno en una puerta iluminada en mitad del campo. Luego, a las doce en punto (que es la hora ceniciéntica por excelencia) ambos salís de la puerta y os besáis bajo las estrellas y la conjunción de algún astro, porque siempre suele haber un astro en conjunción a esas horas. Pero al tipo de la bata le salió mal. Detrás de su puerta iluminada solo había un recipiente de mate, que es el que lleva en la mano y con el que se consuela a sorbos. Su pareja, sin embargo, se encontró en su habitáculo con un tipo encantador y se largó con él por el otro lado de la puerta, o sea, por la puerta de atrás. Pero de todos, el más encantado es el organizador de los “Viajes con encanto”, que le ha levantado al marido 500 euros por un par de puertas de atrezzo y otras tantas bombillas en mitad del campo. Y se ha largado con su mujer que, la verdad, resultó ser encantadora.

  17. LA SIGUIENTE NOCHE
    1
    Una débil vibración le despertó. Se apresuró a cortar la alarma del móvil. Miró a su mujer: seguía dormida. Salió del dormitorio y se dirigió a la cocina. Allí envió el primer chat a B. Mientras esperaba la respuesta, se puso a hojear el Marca. Estaba en mitad de un artículo sobre Sergio Ramos cuando le llegó la respuesta de B. Él se apresuró a responder. Le preguntó qué llevaba puesto. La respuesta, que él conocía, tardó varios minutos: B. le dijo, por supuesto, que estaba desnuda. Él le pidió que le enviara una foto, aunque también sabía cuál sería su respuesta.
    Siguieron chateando durante una hora. Él envío un último mensaje y apagó el móvil sin esperar la respuesta. Siempre lo hacía así.
    2
    Su marido regresó de repente al dormitorio. Ella se pegó el móvil al pecho y fingió dormir. Él se metió en la cama y se cubrió con las sábanas. Al cabo de cinco minutos comenzaron a escucharse sus ronquidos. Ella volvió a encender el móvil. J. no había contestado su último mensaje. Quizá estaba enfadado porque tampoco esa vez le había mandado una foto. Ella se propuso enviársela la siguiente noche.

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