Viernes creativo: escribe una historia

Esta pobre criatura ha venido para perderse en nuestras historias. Su padre, Juancho Plaza, le prometió un microrrelato de cumpleaños hace un año y ahí sigue, esperando. ¿Quieres ayudarle? ¿Qué te sugiere esta imagen?

Bárbara Juancho

Bárbara

Anuncios

29 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Foto

    Quédate quieta, dijo papá, va a quedar una foto preciosa. Y después del click no volví a verle. Desaparecieron, él, la cámara, mamá. Y yo me quedé allí para siempre, mirando a la nada, sin poder continuar por el camino marcado.

    • Primero, perdón por el embolao Ana, y desde luego muchas gracias!!! Creo que sí, que muchas veces le gustaría que desapareciéramos, aunque luego se arrepiente enseguida, le solucionamos demasiados temas domésticos… muy bien plasmado.
      Besosss!!!

  2. Para Bárbara

    Sé que a ojos de cualquiera es una simple foto. Un viaje, una chica joven y yo, que aprieto el disparador de la cámara. Sé que otros ojos miraran el paisaje. La imponente montaña a sus espaldas. El manto verde que cubre la ladera. Quizá, alguien trate de adivinar el lugar dónde está capturado el momento.

    Yo, no puedo dejar de mirarla. El orgullo de padre recorre cada uno de mis poros. Nuestro ultimo viaje antes de que ella alce el vuelo y se vaya a vivir su vida. Nuestro último desayuno rutinario y jodidamente especial. Las noches acurrucados en el sofá viendo la serie de turno.

    Ella crece, madura y volverá a mí como adulta. Mi niña… Lo mejor que he hecho en mi vida.
    Vuela pequeña, cómete el mundo y no olvides venir y contarle a tu orgulloso padre, como este se rinde a tus pies.

    • Ana por favor, en el primer párrafo hay un traté que es trate. El corrector del móvil va por libre en cuanto a formas verbales se refiere. Si pudieras cambiarlo… Gracias.

    • Muchas gracias María!!! Depende de ella, pero ya no le queda tanto para emprender el vuelo… y sí, cuando suceda, estaré tan orgulloso de ella como lo estoy ahora. Besossss!!

      • Un beso fuerte Juancho! Un placer compartir este viernes creativo tan personal. Abrazo grande para la protagonista de nuestras historias.

  3. Bárbara
    Sólo yo sé descifrar el lenguaje de las piedras. Sólo el viento confidente vuela hasta mí a confesar los secretos que contienen. Sólo yo distingo el acento vidrioso y oscuro de granitos y basaltos, el deje inconstante y arrastrado de mármoles y pizarras, el tono fluido con el que murmuran arcillas y carbones. Sólo si vienes conmigo podrás salir de este laberinto de guijarros, desentrañar esta maraña de caminos, encontrar por fin el pasto verde, seguir el lecho de los ríos, alcanzar, entre el alboroto de los cantos rodados, el estuario. Ganar el mar en el que nadie es extranjero.

  4. -Mira que te lo he dicho mil veces, Bárbara, querida. Que en la montaña hace frío, que te lleves la rebequita que tejió para ti la abuela Rita, con tanto cariño. Pero tú, siempre rebelde, te has puesto la camiseta de manga corta. Ahora te lamentas, en la cama, con la fiebre coronando tus sienes, y un humor de perros y gatos, peleándose entre sí.
    -Vale ya, doña Rosa. ¡Que usted es la panadera del barrio! No se extralimite. No se pase. Yo misma, en cuanto me cure, me encargaré de impedir a mis padres que le compren el pan. Y haga el favor de colgar, de una vez…

  5. EL ECO DE TU VOZ

    Muchas tardes camino hasta el mirador desde donde diviso el pueblo. Subo por el sendero que bordea la montaña, entretenida con las formas caprichosas de las rocas, que en algún tramo parecen horadadas por el viento. Bajo la sombra de las encinas y entre acebos del sotobosque, siento el silencio, interrumpido a lo lejos por el rumor del agua que, en cascada, precipita su cauce. Sueño que vuelo alto como un águila, inventando piruetas con alas que arremolinan el aire, aire cálido, porque es aire enamorado. Grito tu nombre y espero el eco de tu respuesta. Entonces me parece oír tu voz cuando me dice que un día andaremos, por siempre juntos, nuestro camino hasta la cima.

  6. SELFIE

    Soy un espíritu libre deseando volar y abandonar el nido, eso sí, sin tiempo ni prisas, viviendo a mi aire. Mi naturaleza aventurera me ha traído hasta este lugar, con la intención de seguir el camino hasta lo más alto y al llegar, abrir los brazos, respirar y llenar mis pulmones de libertad.

    A mitad del recorrido, he querido hacerme un selfie para colgar la foto en mi Instagram, pero desde que la he subido a la red me siento rara, como congelada. No puedo moverme, ni hablar. Lo que más me extraña es que puedo ver las caras de todos los que pasan por mi cuenta y me escriben comentarios, y yo aquí sin poder decir ni mu…

  7. En compañía del miedo, por Luciano Doti

    Antes de emprender su viaje, Bárbara sacó una foto junto al camino, con las montañas como mudas testigos de ese momento.
    El camino la llevó al otro lado de esas montañas que representaban un obstáculo que pudo sortear pese a algún contratiempo. La noche ya comenzaba a cubrirlo todo.
    Armó la carpa, comió y se dispuso a dormir.
    En la madrugada despertó y notó que animales salvajes rondaban cerca. Después volvió a dormir, pero soñó con esos animales; ellos eran más monstruosos en su imaginación, la cual desató sus demonios internos, miedos y angustias.
    Despertó otra vez, nerviosa y con bruxismo, tenía la mandíbula tensa y un poco de taquicardia.
    Oyó, o creyó oír, una voz que venía de las montañas: «Este es un viaje de iniciación, has decidido emprenderlo sola, pero “ellos” te acompañarán siempre».

  8. JUNTOS
    Hacía ya años que Giosetta se había perdido en los Alpes. Ella y Luigi estaban recorriendo las faldas del Mont-Tremblant cuando desapareció. Su marido no escuchó ningún ruido, nada. Miró hacia atrás y Giosetta simplemente no estaba.
    Durante días, la guardia forestal la buscó. Peinó el monte, puso avisos en los pueblos de las cercanías. Sin embargo, no obtuvo ningún resultado. Era como si se la hubiera tragado la tierra.
    Luigi regresaba a Mont-Tremblant todos los años. Al principio tenía la esperanza de encontrarla. Imaginaba que se había caído y había sido acogida por una familia de pastores. Más tarde, le gustaba recorrer el sendero donde la había perdido. Creía que la encontraría allí, tan hermosa como siempre.
    Un año, le sorprendió un aguacero en Mont-Tremblant. Ignorando los avisos del guía local, Luigi decidió recorrer el sendero que tan bien conocía. Sucedió lo inevitable: las piedras estaban resbaladizas y Luigi cayó por un barranco. Cuando recobró la consciencia, descubrió que se había roto una pierna. Tendría que esperar a que lo rescataran.
    Estaba tratando de hacerse un torniquete cuando advirtió que alguien se acercaba. El corazón de Luigi estuvo a punto de salírsele de su pecho cuando reconoció a Giosetta. Estaba tan hermosa como siempre. Era como si el tiempo no hubiera pasado para ella. Luigi trató de incorporarse, pero ella le hizo un gesto para que no se moviera.
    Al mirarla, comprendió que ella nunca se había movido de allí. Luigi comprendió que tenía que armarse de paciencia. Pronto estarían juntos.

  9. ENTRE TIEMPO Y TIEMPO

    Hay un tiempo que mide la distancia entre tus pasos y los míos. Un tiempo que advierto en la agilidad de tus piernas, que presiento en el alcance de tu mirada, que anida bajo tus cabellos, y se agranda en el hueco que dejas cuando te levantas. Yo te miro marchar, como quien mira volar una cometa y sé que siempre serás otra cuando vuelvas, porque la vida nunca nos regresa al mismo lugar. Saco mi cámara y capturo uno de estos instantes mágicos, en el que aún eres mi niña y yo tu padre, disparándote todo mi amor.

    ©Manoli VF

  10. Hacia la aldea de Dörfli

    ♫♫♫♫♫♫ Abuelito dime tuuuuú,
    que sonidos son los que oigo yo ♫♫♫♫♫♫

    Iba Bárbara cantando feliz por el sendero de piedra. Por fin quedaban atrás los malos tiempos y se sentía adaptada viviendo con su abuelo, que, aunque huraño, la quería mucho.
    Oyó la voz que tanto esperaba.
    Se giró, pero no vio a nadie.
    Y siguió cantando:

    ♫♫♫♫♫♫ Abuelito dime tuuuú,
    porque yo en la nube voy ♫♫♫♫♫♫

    Y de nuevo, la voz.
    Esta vez, más cerca.

    ♫♫♫♫♫♫ Dime porque huele el aire así,
    dime porque yo soy tan feliz. ♫♫♫♫♫♫

    Al girarse por fin vio a Pedro y a Niebla que corrían hacia ella.
    Desde hacía unas semanas, Bárbara subía a la cima de la montaña, siempre bien acompañada.

  11. Guía turística.

    – Esto es todo lo que queda de la ciudad. Y aquí mismo es donde estaba el gran edificio –explicó la guía al grupo de turistas–. Era la sede de la Organización de Planetas Unidos. Fue destruido hace unos trescientos años locales –unos dos mil terrestres–.
    – Y los habitantes del planeta, ¿qué fue de ellos? –preguntó una turista.
    – Ya quedamos muy pocos –le respondió la joven guía.
    – ¿Y quienes destruyeron la ciudad? –preguntó otro turista humano.
    – Los invasores. Vuestros antepasados. Los humanos.

  12. Fragancia a orquídeas
    Cuando las altivas montañas perdían su tilde nívea, cuando los verdes pastos acentuaban los valles con el renacer de la primavera, Bárbara visitaba a su abuelo Daniel que pastoreaba su rebaño de ovejas merinas en la sierra.
    A Bárbara le complacía detenerse en la vereda y respirar el aire puro del campo, con sus fragancias a orquídeas y a lavanda, le complacía escuchar el envolvente canturrear de los arroyos, que entonaban una alegre melodía embriagados por el deshielo; los pajarillos con su trinar hacían dudar a Bárbara, si Vivaldi se había inspirado en estas tierras para elevar en el aire su magistral batuta. Contemplaba con pasión el paisaje, con aquellas rocas calizas plomizas horadaras por el apasionado beso de la fina lluvia, que adquirían caprichosas formas abstractas, como si fuesen esculturas vivas sobre pedestal de terciopelo.
    La brisa elevaba en el aire una suave melodía campanil de esquillas y balidos, en el fondo del valle se oteaba el glauco pastizal moteado de blanco algodonado, allí se hallaba Daniel con el ajado morral al hombro, su callado de boj y su fiel ayudante Chuco, que con un par de escuetos ladridos redirigía con presteza al dócil rebaño.
    En el rostro de Daniel se dibujaba una entrañable sonrisa bañada de emotivas lágrimas al ver a su nieta. Se sentía afortunado por poder vivir en su amada montaña y tener el cariño de su familia.
    j. mariano seral

  13. Fin de ciclo
    La luna no es de queso. Yo he estado allí y es más parecida a la tierra de lo que podáis pensar, aunque, eso sí, se puede comer. Tiene el sabor de las mandarinas tempranas, un regusto ácido que, lejos de causar rechazo, te incita a tomar todavía más. Tiene montes, prados y caminos, muchos caminos que no conducen a ninguna parte. Las noches son frías y oscuras. Se escuchan ruidos de animales que nunca aparecen, pero que dan mucho miedo y no te dejan dormir. Hace pocos días llegué a Venus, tiene muchísima luz y se está más calentito.

  14. Prueba de paternidad

    Elegí su octavo cumpleaños para arrancarla de las faldas de su madre y llevarla a la montaña. Salimos de casa al alba para atravesar los campos de girasoles, los cerros, el río y, aún fuimos más allá, tomamos la vereda de los lobos. Ella iba delante y yo siempre detrás. A veces me preguntaba por qué era morena y menuda y otras me contestaba que sus andares eran los míos. Cerca del Monte Perdido, me detuve y la abandoné. No se percató. Si era mi hija, una Torrezno, regresaría a casa y si no que la naturaleza impartiese su justicia.

  15. POBRE BÁRBARA

    A ella lo que realmente le gustaba era el mar y la playa, sin embargo, un poco remolona, aceptó acompañarme a una travesía de montaña.
    Que pillara una buena bronquitis y que sus pies acabaran en sangre fue culpa mía por no avisarla de que, en las alturas, hasta en verano, es bueno llevar ropa de abrigo y calzado apropiado.

  16. POBRE BÁRBARA

    A ella lo que realmente le gustaba era el mar y la playa, sin embargo, un poco remolona, aceptó acompañarme a una travesía de montaña.
    Que pillara una buena bronquitis y que sus pies acabaran en sangre fue culpa mía por no avisarla de que, en las alturas, hasta en verano, es bueno llevar ropa de abrigo y calzado apropiado.

  17. Cada piedra, cada musgo
    alimenta el paso firme de la soledad.
    La ansiada permanencia en el instante
    que se alborozan las aves,
    y el ruido es silencio.

    Senda perdida de un paraje que se funde
    con la temprana piel de una primavera
    con sabor a tierra.

    Contorno sellado en el camino de un nombre
    que baila el agua de la inocencia.

  18. FELIZ CUMPLEAÑOS, NENA

    Tal vez la historia no es como nos la han contado. Él lo tenía todo planificado, escrito como si fuese un microrrelato y como toda buena historia tenía su inicio, nudo y desenlace.

    María, quería confiar en él, por última vez y así sería, por última vez. Él le había prometido que nunca más volvería a ocurrir, que era algo que no podía evitar, pero que tenía que reconocer que ella, con aquellas faldas, aquellos escotes, lo provocaba y que desde que faltó mamá… él seguía siendo un hombre.

    Eligieron el día del cumpleaños de María, fueron a su lugar preferido, allí donde los reflejos morados lo cubren todo. Allí lo aclararían y pondrían punto final, para así comenzar una nueva relación entre padre e hija y así fue, pero cuando ella pronunció: “te denunciaré”, entonces él llevó a cabo su plan y tal cual lo ejecutó… Y lloró y se hizo enloquecer, ya que había desaparecido su niñita.

    Tan solo queda esta fotografía, sí, la misma que estás contemplando en este instante, la misma que desde hace doce meses empapela las calles de aldeas y pueblos de la comarca y en cuyo pie de foto pone: ”María, desaparecida en… su apenado padre lo agradecerá”.

  19. Magia
    ―¡Despierta! ― creyó escuchar en el eco cuando el silencioso quebrantahuesos sobrevoló el rompedero arrojando un fémur de muflón.
    El ruido blanco del valle la había desorientado adormeciendo sus sentidos. Se volvió para no encontrar al rebaño de cabras que creía haber estado pastoreando. Miró al frente y no halló al grupo de amigos con el que iba de excursión. Ladera arriba no estaba el refugio desde el que había temido despeñarse. Abajo, en el cauce del río, no la esperaba una canoa naranja para hacer rafting.
    Se sentó en una piedra con la existencia embrujada. Y pasaron segundos enteros hasta que sintió las patitas verdes trepando por su pierna y los ojos viejos del lagarto ahuyentando las nieblas de aquel hechizo de soledad.

  20. LA FOTO DE LAS MONTAÑAS

    A partir del día de su cumpleaños Bárbara se quedó a vivir en la foto de las montañas. Sus padres la tienen sobre la mesilla que hay frente al sofá para poder verla a la hora de comer y a la de cenar. Si creen que le va a gustar lo que echan por la tele la ponen de cara a la pantalla y ella se pone cómoda sentándose en el suelo, aunque haga viento o haya barro porque ha llovido y a pesar de que no puede escuchar lo que dicen.
    Cuando no la encuentran se asoman al marco, como si fuera una ventana, pero no pueden verla porque se ha alejado paseando, persiguiendo alguna mariposa o recogiendo flores silvestres, entonces le dejan un mensaje escrito y ella, cuando vuelve, lo puede leer. Pero lo mejor de todo son las noches de Perseidas, cuando ella se tumba de cara al cielo y los tres disfrutan juntos, en silencio, de un espectáculo maravilloso y sobrecogedor, casi igual como lo hacían antes de su cumpleaños.
    Cierto es que en ocasiones especiales echan un poco de menos darle besos y abrazos, pero eso ya no tiene remedio.

  21. La envenenada promesa del narrador omniscente

    Bárbara se gira. Se detiene. Espera. ¿Y ahora qué?, parece decir. Está a medio camino entre Katmandú y un ochomil cualquiera de los Andes, cuyo nombre no le importa al autor del relato en el que está atrapada, su padre, un tal Juancho.
    Es normal que el escritor, con nombre tan lagartuno, haya tirado ‘pal monte’, pero extraña mucho que deje a su hija medio tirada, sin ‘sherpas´ a la vista, cerca del Everest o del K12. Por eso, ella protesta. No me hagas esto. Me prometiste un cuento como regalo de cumpleaños, pero yo no quiero ser la protagonista. No llevo ropa adecuada, hace frío, ¿me quieres decir de una vez qué hago aquí?
    Juancho calla. Lo sabe todo, a falta de algunos detalles. Su niña es la heroína que esperan aquellas gentes subyugadas, cuya llegada predijo así el profeta: “Aparecerá un buen día una muchacha morena, renegando de sus antepasados. Vestirá con prendas ligeras y anchas, calzado extraño y sombrero desconcertante. Ropas inadecuadas para estos pagos. Pero tiene el corazón de oro y el alma de una guerrera. Ella nos llevará a la victoria con sabiduría y mano firme”.
    El cuento está escrito en tercera persona, así lo ha decidido su autor. Bárbara deberá caminar unos kilómetros más hasta que se encuentre con unos nativos, que caerán de bruces ante su presencia. Mientras tanto, a vagar sin rumbo, se siente. Así son los relatos con narrador omniscente en tercera persona.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s