Viernes creativo: escribe una historia

Dejar de ser nosotros, ser otros, quién eres tú, no te conozco. ¿Qué te sugiere esta inquietante fotografía de Pedro Riverol Sicilia?

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Pedro Riverol Sicilia

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21 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Me han dicho que Juan se ha suicidado… Debe de ser otro Juan. El que tú y yo conocemos estaba lleno de vida, de simpatía y era absolutamente feliz…¿Sabías que Generosa ha robado en el ultramarinos de María, varias veces, y la han pillado in fraganti? ¿No era ella la que iba a varias misas diarias y se escandalizaba con el mal hablar de los jóvenes del pueblo? Yo he debido de tener una enorme venda opaca ante mis ojos, puesto que no he sabido percatarme de cómo son mis vecinos, ni de sus fechorías, ni de sus tristezas vitales. Quizás deba transformarme en otra persona, en aquella que sea capaz de averiguar todo aquello que los demás no quieren dejarme ver. ¿Conocéis a alguien así?

  2. Nací siendo un descarado. Mi madre me tuvo casi sola, en casa, y a la comadrona que la asistió le parecí un chico guapo, algo canijo, pero que tenía un aura especial. “Triunfará, seguro”, le dijo. Y, al oírla, contaba mi madre que sonreí y me agarré al pecho de la señora como si fuera el suyo propio, y que me reí con apenas unos minutos.
    “¡Descarado!” Al menos es lo que me decía la vecina cada vez que me pillaba colgado de la ventana de su cuarto de aseo mientras se depilaba. En el fondo, sé que le gustaba que lo hiciera. Abandonada por su marido, en sus cuarenta y muchos, el que un chaval de apenas quince se masturbara con la visión de la cera derretida en sus muslos sé que le gustaba. Mi primera experiencia me dejó marcado de por vida. Donde estuviera una mujer mayor, me decía a mi después de que cada tarde me pidiera ayuda para limpiar, ordenar, organizar, su vida, su habitación, su casa.
    Luego creí, qué si no. Ella se había ido así que, con mis veintipocos, una maleta acartonada y medio vacía y un sombrero raído que me tapaba el pelo sin lavar de semanas, decidí emigrar. Me presenté en el concesionario de coches de segunda mano de mi tío y le pedí trabajo. Había salido hacía días del pueblo, viajado en autostop y en los bajos de un autobús, cruzado tres comunidades y una provincia, y allí estaba. De pie frente al hermano de mi madre. “Hermanastro”, me aclaró. “Y no padrino”, me sentenció. Pero el que esa señora entrara en ese preciso instante me ayudó. La halagué como sólo se halaga cuando se quiere algo a cambio, la cogí de la mano, la adulé, hasta que pronunció la palabra mágica. “Es usted un descarado”, me sonrió. Estaba en el bote, y firmó la compra de un todo terreno totalmente innecesario dado el tamaño de su adosado en el centro del casco viejo de la ciudad. Yo mismo me encargué de llevarle el coche a su garaje y de pasarlo hasta el fondo. “¡Qué descaro! ¡Maruja! ¿Y con ese…?”, fue lo último que escuché de boca de su marido cuando, una tarde de un par de semanas después, fui a revisar con mi primera y última clienta del motor algún punto del contrato que no estaba claro.
    Mi tío me echó del concesionario porque su mujer le obligó pero, en silencio, me dio la tarjeta de un local que solía frecuentar y una palmada en el hombro que certificaba que, al fin, tendría padrino.
    “Love Story” se llamaba el sitio. Neones rosas y verdes, música de los setenta, barra de polipiel pegajoso y mujeres semidesnudas. Nada más entrar, un tipo grande, de manual, me salió al paso. Viéndome perdido, pronuncié el nombre de mi tío, su recomendación y le enseñé la tarjeta que me había dado. Me hizo pasar hasta el fondo, una vez más, y me recibió la dueña del tugurio. Aquella señora me recordaba a alguien de mi adolescencia. Ella me había reconocido. Se levantó de su silla, se quitó la falda y, dejando sus piernas con incipientes cañones al descubierto, me pidió ayuda para hacerse la cera. Le dije que cómo no, que para eso había cruzado el país. “Qué falso y qué descarado serás siempre”, me dijo mientras cerraba la puerta con pestillo y terminaba de desnudarse.

  3. https://albada2.blogspot.com.es/2017/08/amnesia-de-un-te-quiero.html

    La historia de mi vida es una historia llena de impulsos. Eso sí, hacia las mujeres únicamente. No me tentó el poder ni el dinero, si el estatus o la gloria. Tan sólo esas miradas de hembra que escondía una lucecita verde, como de taxi libre.

    Esos impulsos que vestí de sexo para dejarlos en el cajón de los olvidos, ahora, que el respirador de mi unidad de la UCI empieza a soltar pitidos, me recuerdan verdades a medias. Tras alguna sé que sentí rencor, con alguna otra sólo rabia, con algunas un ansia de venganza por quien me tocase en el coro de la parroquia, y con ninguna amor.

    Quiero creer que eran impulsos nacidos de un ardiente infierno que no podía o no aprendí a contener.

    Ahora, que la vida se me escapa como el humo de los habanos que gocé, entre los dedos no me queda ni un color amarillento de fumador empedernido. No quedan ni las brasas de un fuego. Ni una voluta de mi ayer, porque hasta eso se ha diluido tras el accidente.

    Tanto cuidado en no dejar huellas ni pistas en cada violación, para acabar encerrado y preso, mucho más preso que en un penal.

    Quiero recordar a una mujer. La única que no forcé. Se se llamaba Eva. Me vienen a la mente algunos bustos, pero no reconozco ni una mirada en ellos, ni una boca que alguna me dijera a mi oído “Te quiero”, tampoco la de Eva.

    Lo que no puedo recordar es si yo llegué hacer una declaración de amor. Aunque fuera una sola vez.

  4. MUTANTES

    Los Sin Rostro comenzaron a surgir entre nosotros sin que nos diésemos cuenta. En la era cibernética y con una civilización dominada por los avances tecnológicos, poco tiempo había de fijarse en los rasgos, cada vez más igualitarios, de nuestros semejantes. La consecuencia surgió como una mutación natural hacia la nueva realidad virtual que nos envolvía. Los chips de nuestros cerebros se sincronizaron con los chips de nuestros dispositivos móviles que, de tanto usarlos, acabaron convertidos en apéndices de nuestro cuerpo, una extensión más en la que los ojos físicos fueron perdiendo consistencia hasta desaparecer. Los nuevos maniquíes, mucho más prácticos y mejorados, comenzaron a circular hasta que su presencia fue masiva. Ahora, los antiguos humanos, con rasgos distintivos y corneas, luchamos, en franco riesgo de extinción, por sostener nuestra habitabilidad en un mundo cambiante que muta a cada paso que damos.

    ©MVF

  5. Estos presos, dijo el guía, han sido modificados de acuerdo al Libro de castigos; Parte I: Pecados del pensamiento; Sección 1. Falta de amor.
    Cúbranse los ojos con carne a quienes, contra el mandato del Todo, no sientan amor al mundo tal cual es e intenten cambiarlo en el más mínimo detalle. La falta de pelo fue idea de uno de los primeros cuidadores de la cárcel quien, por supuesto, fue también privado de los ojos. Sin embargo, su idea fue aceptada cuando se popularizó entre los reos arrancarse el pelo unos a otros durante las riñas.

  6. Mujeres
    Siempre había querido ser una de ellas. Con su pelo largo, sus blandas facciones, su cuello espigado. Sus pechos: enormes, suculentos, seductores, vibrantes. Su mirada.
    Siempre había envidiado aquellos labios carnosos capaces de articular las palabras más bellas, de dibujar el amor en un círculo, de atraer el oxígeno hacia su garganta.
    Cómo le hubiera gustado imitar el suave contoneo de sus caderas, el rítmico vaivén de sus piernas, los arabescos que dibujaban sus brazos al gesticular.
    Ojalá pudiera algún día bajar a las tablas, mezclarse con ellas. Sentir su aliento cálido en la nuca. El susurro amable de sus besos. Su tacto de miel. Su mirada.
    Pero sigue allí, entre sombras, condenado a aguantar su desdén; su frialdad.
    Su mirada.
    Moviendo los hilos.

  7. Ciegos

    “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Así seremos en el futuro. Personas sin ojos. El mundo será un lugar cruel y hostil y no bastará con mirar hacia otro lado, como hacemos ahora. ¿Queréis llegar a eso?

    Prefiero seguir mirando. Mirar y ver. Ver y actuar. Luchar. Dar voz a quien no la tiene, ser los ojos de quien no ve. Hacer de este mundo un sitio mágico. Esa es la única herencia que quiero dejar.

    No quiero ser una mujer sin ojos…

  8. Mujeres sin ojos, así son las que no quieren ver la violencia psicológica y hasta física, que sufren a manos de sus maridos o su entorno social.

    La violencia de género conlleva valores equivocados, con relaciones de poder de una sociedad masculinizada, que mediante las estructura, propaganda, tradiciones y acciones cotidianas la convierte en una sociedad patriarcal, vincula el temor de los hombres de ser excluidos del mundo de los hombres

    Cuando esa venda caiga de los ojos a cada una de quienes se encuentran en ese círculo de violencia, se empoderen y comprendan que no tienen porque someterse, escucharemos menos noticias sobre discriminación y femicidio.

  9. ÉLITES

    Nadie esperaba que llegarían tan lejos. Como maniquís, ofrecían ese aspecto andrógino e inquietante que no dejaba indiferente a nadie. Poco a poco y con la máxima discreción, fueron ascendiendo en el escalafón empresarial hasta ocupar los puestos de máxima responsabilidad. Hoy, son los antiguos miembros de la cúpula directiva quienes se muestran (con dispar elegancia) tras los escaparates, vistiendo los últimos modelos de la próxima temporada.

  10. Islaverdad
    Azucena elevó sus manos blancas extendiéndolas como la celosía que separa el cenador de la florida rosaleda, para ocultar su tez frente al espejo, las bajó con recelo y volvió a mirar el eco de su reflejo sobre la lámina de cristal. No se reconocía.
    Nunca pensó que se pudiese cumplir, a pesar de que se lo habían advertido: una mentira en tus labios, un rasgo menos en la expresión de tu rostro. Era el resultado de la nueva ingeniería genética, lo llamaban el gen ETM, el gen de la ética y la moral, a partir de los dieciséis años comenzaba a surtir efecto en las personas que se lo habían inoculado.
    Con la triste expresión del alma que no puede abrir la ventana de la tez, Azucena preparaba sus maletas, emprendía su viaje a Islaverdad, un pequeño reducto donde era posible vivir sin la necesidad de mentir, para volver a ver la sonrisa en sus pupilas, para sentir de nuevo el sabor dulce de la felicidad en sus labios.
    j. mariano seral

  11. ¡UNÍOS!
    La manera en que os tratan, camaradas, es cruel: os empujan, os arrastran, os golpean, os tratan sin la más mínima dignidad. Vuestros horarios de trabajo son largos, prolongados, interminables; en ocasiones, ni siquiera descansáis durante la noche. Os desechan cuando tenéis algún problema; os arrojan al vertedero sin contemplaciones. Últimamente, camaradas, su maldad ha alcanzado nuevos niveles. Al parecer, les molesta que os entretengáis observándoles: ahora les ha dado por fabricaros sin ojos. No debéis seguir aguantándoos. ¡Rebelaos! ¡Maniquíes del mundo, uníos!

  12. Disparos sin rostro
    He ahí al autor reflejado en su propia obra “Sombras en la cámara oscura”, sin siquiera una máscara que revele su auténtica identidad.

  13. Los sinojos habían sido repudiados por el resto de la comunidad. Los seres diferentes no eran bien acogidos y su “defecto” se consideraba una maldición. Los ancianos contaban historias horribles sobre ellos. El día que se acercaron a la aldea para avisar de la catástrofe que se avecinaba, los lugareños huyeron despavoridos. Desconocían que su sexto sentido les podría haber salvado del terrible terremoto. Los sinojos se convirtieron en los dueños del mundo, el cual resucitó, al ser invisible a los ojos de los hombres.

  14. Error de cálculo

    Desorientado, el pequeño plantillo volante fue a aterrizar en medio de un trigal. Allí se quedó paralizado como una cigüeña malherida. Cinco minutos después, ya estaba rodeado en la distancia de curiosos con boinas y delantales que especulaban si aquel cachivache sería americano o soviético, si lo utilizarían para dar la vuelta al mundo o viajar a la Luna. Otros aseguraban entre cuchicheos que sin duda se trataba de un artilugio enviado por el gobierno para espiarlos. La prudencia los mantenía a la expectativa. Con su tirachinas, un insensato zagal lo precipitó todo. Al estrellarse el guijarro en su estructura, el platillo volante salió de su letargo. Accionó sus luces multicolor, el motor empezó a ronronear y, como si se tratase de un ascensor, se abrieron sus compuertas de par en par. De su interior, aparecieron dos humanoides, —un macho y una hembra—, espigados, con buena presencia y embutidos en trajes ligeros completamente de blanco, con la particularidad de que carecían de rostro. Levitando, se plantaron delante de los paisanos. Venimos en son de paz, pronunciaron con sincera amabilidad. Los paisanos callaban y se miraban entre ellos buscando la complicidad ante el desconcierto de los dos extraterrestres hasta que el más guasón de todos explotó en una carcajada burlona y con él los demás. Si no tienen ojos. Parecen maniquís. Como se besaran. ¡Los del circo cómo son!… Desde entonces, en la zona no se han vuelto a avistar más OVNIS.

  15. OSCURIDAD

    Desde que te has ido, poco a poco, mis ojos se han ido acostumbrando de nuevo a la luz. Con tu ausencia arrancaste de golpe la venda que los cubría. De pronto he abandonado las tinieblas y, aunque al principio duele, los colores han regresado a mi vida.

    Junto a mí veo pasar a otras mujeres ciegamente enamoradas, viviendo en la más absoluta oscuridad. Se creen felices porque han olvidado lo que es amar con los ojos abiertos.

    Tras mi periodo de adaptación y haber recuperado todos los sentidos, he descubierto la incapacidad que produce sufrir ceguera de amor.

  16. OBEDIENCIA CIEGA
    Dicen que afuera reinan el caos, el ruido y las luces; que existen tantos caminos, que se debe elegir a cada instante. En cambio, aquí adentro no oímos a veces ni siquiera el propio pensamiento. Es mejor así. Nos haría sufrir demasiado.

    Ellos lo han organizado todo para que nosotros nos despreocupemos. Vivir aquí es fácil: obedecemos porque es lo mejor para nosotros.

    Algunos, muy pocos, se rebelaron y escaparon. Esos pobres idiotas no regresaron jamás.

  17. ISLAS
    Despacio le desabrocha la blusa, el sujetador y el collar de perlas que compró en su único viaje. La espalda entera queda al descubierto y no puede evitar acariciarla con la yema de los dedos, ni dejarle un beso entre las dos cicatrices aunque la historia que cuenten no tenga nada que ver con el amor. La cubre con el camisón mientras ella la observa angustiada. “¿Cuándo volverás?”. “El próximo sábado. Dentro de solo seis días, madre”.

  18. CUERPOS

    No importan sus miradas, ni a dónde miran. Ellas prefieren no ver.
    No importan sus rostros, ni si por ellos se deslizan sus lágrimas. Solo importan sus bocas.
    No importan sus sentimientos, ni lo que sienten. Ellas llevan marcado el sabor del asco y la náusea.
    No importan sus mentes. Solo sus cuerpos.
    Mientras permanecen en la penumbra de está habitación a duras penas pueden respirar, pero respiran.
    Verdaderamente les falta el aire cuando de repente escuchan el sonido del cerrojo al abrirse la puerta y a esa voz hiriente decir: “Niñas al salón”.

  19. PUTAS TRANSGÉNICAS

    Los encargados de mejorar la especie humana decidieron en su día que era mejor que las putas nacieran sin lengua, ya que a algunas les daba por incordiar a sus clientes quejándose de lo triste y agotador de emplearse ocho horas seguidas en fornicar. Luego se dieron cuenta de que convenía también suprimirles los ojos, porque a veces lloraban y eso, quieras que no, corta el rollo. Desde el año pasado ya están naciendo sin nariz ya que parece que al carecer de unos sentidos los otros se agudizan, y el sindicato denuncia que las afiliadas no soportan la fetidez del sudor y el mal aliento de los usuarios.
    Personalmente creo que no hace falta ser un as de la sociología ni de la transgénesis para entender que las fulanas no necesitan usar mucho el cerebro. Se las puede trastocar un poco la cabeza cuando solo son fetos o bebés. Y también instruirlas para que realicen sus servicios sin que tengan que estar todo el día cuestionándose si nos huele el sobaco o si se nos va un poco la mano. En eso consiste la evolución, ¿no?, en ir haciendo la vida un poco mejor para todos.

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