Viernes creativo: escribe una historia

¿Qué nostalgias se han quedado en el tren de vuestras vacaciones? A ver qué os inspira esta imagen de Juan Felipe López Arbide.

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Juan Felipe López Arbide

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13 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. -¡Qué vacaciones nos hemos dado, Juan! Hemos visto maravillas, vivido grandes aventuras, llorado, reído… Nunca habíamos compartido tantos abrazos y complicidad. Lo malo es que en algún momento tendremos que desconectar de nuestra serie favorita y apagar la tele. ¿No crees?

  2. RETORNO

    Miraba el paisaje maravillado, como si nunca antes hubiese visto la nieve en las montañas que lo vieron crecer, y volvía a oír, como si viajase junto a él, la voz de su padre diciéndole: “Algún día volverás y lo verás todo con otros ojos”.

  3. EL MAQUINISTA

    Es un tren solo de vuelta. No hay noticias de nadie que haya llegado hasta allí. Solo regresan. Lo inquietante es que el viaje no tiene destino. Ni paradas intermedias. Los viajeros permanecen con la cara pegada al cristal, mirando nostálgicamente al infinito. Quizá por eso ni siquiera se percatan cuando, tras un leve frenazo, pasa rodando por el pasillo la cabeza del maquinista.

  4. LA RENTRÉE

    Sentado en el vagón del tren de cercanías que le llevaba a su lugar de trabajo Pedro miraba por la ventanilla, con una sonrisa en los labios y la mirada fija proyectaba la película de sus vacaciones en aquel país del norte de Europa y de entre las imágenes de sitios que había visitado se le aparecía el delicado rostro de Kristin.

  5. La ventana escarchada
    Bienhallado miraba el paisaje aterido a través de la ventana escarchada del recuerdo, durante sus años de feliz adolescencia pasó sus vacaciones en la dehesa de sus abuelos, su mente sin preaviso evocó a María de Primavera, año tras año fue su dulce amor de verano en invierno, ya que durante los meses de invierno ansiaba que de nuevo llegase la época estival para volver a ver su grácil sonrisa, el remanso sosegado de sus diáfanas pupilas irisadas. Hasta que un año Bienhallado dejó de veranear en el viejo caserón de sus abuelos, y ya no volvió a saber nada más de María de Primavera, pensó en escribirle pero no lo hizo, pensó en llamarla pero no lo hizo. Su amor se fue desvaneciendo como el rocío bajo la lluvia lenta de pétalos de almendro.
    Hoy al mirar esas altivas montañas ataviadas de blanco níveo, se preguntaba que habría sido de María de Primavera. Le hubiese gustado apearse en el andén de su juventud, pero era el viaje de la vida que no permitía bajarse en la estación con destino al pasado.
    Una voz interior le susurró:-Baja en el apeadero del presente, no dejes pasar tu oportunidad.
    j. mariano seral

  6. VIAJE PLACENTERO
    –Señor Bakabulindi, nos gustaría saber su opinión sobre el viaje. ¿Le ha gustado?
    –¿El viaje? Muy bien, excelente. Se me ha pasado en un santiamén.
    –¿Qué le ha parecido el paisaje que se veía a través de las ventanas?
    –Magnífico, extraordinario. Hacía tiempo que no contemplaba montañas cubiertas de nieve. Parecían de verdad.
    –Muchas gracias, señor Bakabulindi. Desde Ganymede Travels nos alegra que su viaje a la Tierra haya sido tan placentero.

  7. RETORNO EXPRESS

    A medida que el tren se aleja, mis pensamientos navegan en la nostalgia de tus ojos. El frío de la distancia va cubriendo mi aliento de nieve por tu ausencia, mientras veo pasar, a gran velocidad, un inhóspito paisaje a través de la ventanilla, como el oscuro presagio de un futuro sin ti.

    De pronto, me levanto de mi asiento sin poder controlarme. Salgo disparado del vagón, hasta lograr accionar el freno de emergencia. El convoy se detiene después de un largo y chirriante frenazo.

    Para mi corazón no existe una urgencia mayor que la de regresar a tu lado.

  8. Ventana de emergencia

    Si te colocas frente a esa ventana, emergen tus deseos. Por eso dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque el cristal no es tan seguro: se puede romper de un simple martillazo, lo puede arañar un león hambriento o puede sepultarlo un alud de nieve. Los deseos son algo extraño que casi nadie domina. Aquí se ve todos los días. Hay personas que han huido de sí mismas o se han tirado en mitad de un paisaje, incapaces de mirar como pasa lo que quieren, solo mirar, y se diluye para siempre.

  9. Ella

    Subió al micro, el viaje se hizo lento, tenía que llegar a su pueblo. Muchos años de ausencia, el miedo a que no la perdonara …los nervios a flor de piel. El aroma a tierra mojada endulzaba la siesta, cuando llegó ella. Porque para sí misma había perdido su nombre en la gran ciudad. Sintió un agradable cosquilleo, sus viejos huesos tenían la ilusión de volar, se acercó a la esquina y espió por las cortinas de tul azul…sobre el mostrador el viejo maniquí impúdicamente desnudo. Cuando Don Matías se asomó, se dejó llevar por la ternura y la abrazó.

    Perdón , creí que se podía hacer con cualquier im´agen ________________________________

  10. (Des) Ilusionista

    1. Horizontal: Monotonía, aburrimiento. ¿Amor? ¿Me quieres hacer el favor de escucharme?, me dijo y le miré sorprendido abandonando el crucigrama que no se dejaba rellenar. Observa, señaló con el dedo apuntando la ventana. El tren llamado AVE no volaba, parecía un caracol al que le costaba arrastrarse. ¿Qué ves? Un prado verde, le contesté con desgana, intuyendo qué vendría después. ¿Un prado verde? Sí, otro prado verde de los miles que hemos visto estos días. ¡Todo aquí es verde, verde, verde! Exagerado. ¿No es el mismo prado de hace unas horas? Deja de quejarte y fíjate bien. No, ahora no. Por favor, me suplicó. No quería discutir, no otra vez. Apoyé mi cabeza en mis manos, abrí bien los ojos y la mente como él me tenía indicado y empezó a susurrarme. Nieva, en el horizonte una bandada de mirlos dibujan un corazón. El prado se corva, se llena de vacas pardas, blancas, negras, moteadas. Se levantan montañas, montañas blancas y en el centro un muñeco de nieve nos sonríe. Alza el brazo, nos reclama, nos invita a su cabaña. Dame tu mano. Entra. Cuidado con la cabeza. ¿La ves? Es nuestra chimenea. En mi ventana el sol continuaba castigándonos con sus rayos catódicos. Sí, claro. Es mágico, le contesté igual que las últimas noches había hecho en la cama y sus palabras me resultaban eso, solo palabras. Ni siquiera se lo agradecí con un beso. En Madrid, le pedí un tiempo. No, un reloj no, le aclaré, quiero tiempo para reflexionar. No he vuelto a presenciar ningún espectáculo de magia.

  11. El tren salvavidas
    En tu vida se concentran otras muchas vidas. Demasiadas para un hombre solo. Un exceso de momentos que desearías olvidar. Por esa razón, cuando todos esos momentos y esas vidas se convierten en un lastre, en un peso difícil de soportar, tomas un tren. Uno cualquiera, el primero que salga de la estación, no importa el destino.
    Llevas en la cartera una fotografía en blanco y negro. Un niño y una niña sonrientes sentados sobre una caja de madera en un vagón de tren. Dos criaturas inocentes, que miran hacia fuera mientras en tren se pone en marcha. Y dicen adiós con la mano a alguien que no recuerdas.
    Se sientas junto a la ventanilla. Las de ahora están siempre cerradas, imposibles de abrir. Normas de seguridad. No puedes subirte al asiento y aflojar la parte superior para que descienda el cristal. Da igual. En cuanto el tren inicia su camino, escuchas el traqueteo de las ruedas sobre las vías, cierras los ojos y acaricias la fotografía. Respiras hondo. Una corriente tranquilizadora recorre tus venas. Al abrir los ojos el paisaje es el que tú quieres ver desde tu mirada infantil. Los olores, los sonidos, las voces. Cuando la carbonilla se cuela en tus pupilas, lloras. Tus vidas desaparecen, los momentos se evaporan. El tiempo retrocede. Reconoces esa sensación como lo que llaman felicidad.
    Cuando el tren se detenga y llegue a su destino, permanecerás en tu asiento. Después tomarás otro que te devuelva a tu vida para recuperar al hombre que habita en el discurso vacuo y en la mentira que te ayuda a sobrevivir en el mundo que has elegido.

  12. DE NUEVO…

    De nuevo el despertador a las seis. De nuevo el desayuno exprés. De nuevo las mismas caras. De nuevo los buenos días sin respuesta. De nuevo las cuatro, las diez, las seis… De nuevo contar las horas, los días, las semanas… De nuevo la vida muerta, plana, sin respiración. De nuevo…
    —Disculpe, señor, me dijo que le avisara cuando llegásemos a la estación cercana al balneario.
    —Gracias, estaba ensimismado en mis cosas. Vengo todos los veranos, pero de una vez a otra olvido donde debo apearme. Y eso que trabajo de camarero en el restaurante del hotel.

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