Viernes creativo: escribe una historia

 

Empecemos ya a escribir con este collage de la artista gráfica Tanja Jeremić.

Tanja Jeremic

Tanja Jeremić

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14 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Déjate llevar

    Le he estado dando vueltas al tema, no creas que no. Por un lado tengo que darte la razón, nunca se nos dieron bien las acampadas, pero estarás conmigo en que, salir a hacer meditación las noches de luna llena, era todo un acierto. Otra cosa fue hacer el amor, ahí metimos la pata. Nunca nuestros cuerpos debieron abrazarse, nunca debimos traspasar esa línea tan fina entre la pasión y la sin razón.
    Pero aquellas noches, desnudos, entrelazados, y mirando embelesados la luna por tu ventana ¿Quién cambia algo así? Definitivamente tengo que dejar el tabaco, no me hace bien. Y cerrar bien la ventana, que con esa luna dando vueltas en mi cabeza ya tengo suficiente. Olvidarte, sí, ese es el siguiente paso. Olvidar tus caricias, tus besos, tus largos silencios que me erizaban la piel cuando, sin pensarlo, sentía tus dedos caminar en mi espalda, olvidar el sabor de nuestras comidas al sol, sentados en la arena, olvidar…

    – Hola ¿Cómo estás?, dije que no llamaría pero… Hoy no puedo olvidar, mañana quizás. –

  2. Las huellas que he ido borrando

    Con el paso de los daños he dejado de ser quién era, he ido borrando las huellas del tiempo. Los surcos de expresión. Las señales de un pasado que vertía ácido en lo más profundo de mi alma rota.

    Ahora con el rostro inerte, carente de sentido o emoción alguna, lo único que me queda y protejo es: mi luna. Esa que tengo dentro de la cabeza y me hace viajar a lugares inventados. Crear escenas que no he vivido, personas que no he conocido.

    Quizá alguien al verme piense que estoy loca por vivir mirando a la luna, pero loco es el que se niega a mirarla. A sentir, a soñar. A creer en un mundo que no pisamos.

    Déjalos querida, sigamos hablando.

  3. LA PELÍCULA
    Estaba harta de que le dieran papeles secundarios en el cine, que acababa por asumir también en su día a día. Había venido al mundo diez años después que su hermano menor, cuando ya no la esperaban. Si competía en algún concurso o deporte siempre quedaba a las puertas. Medalla de plata. Ni siquiera pudo ser la primera esposa de su marido. Siempre segunda. Ni madre biológica tampoco sino madre adoptiva. A los cuarenta se hartó de ser un segundo plato y lo dejó todo para ser, al fin, protagonista de su vida.
    MVF©

  4. El influjo de la luna
    El hombre lobo se había enamorado de Anaïs Ortega. Aullaba al infinito y corría por las calles buscando su rastro. Anaïs esperaba a que la luna se llenara y escapaba entre las sombras abiertas del espejo. Cada veintiocho días jugaban al gato y ratón. Anaïs tenía miedo de los lobos y de los hombres; de los ratones y de los gatos. Cansada de seguir con ese juego decidió coger el toro por los cuernos. Aunque tampoco los toros eran santo de su devoción, se armó de valor y volvió a fumar. El olor del tabaco difuminaba su estela y su recuerdo, confundía al lobo que recuperaba su forma humana cuando el satélite empezaba a menguar, antes de encontrarla. De vuelta el hombre, Anaïs dormía tranquila, porque no estaba enamorado y se entretenía jugando en otras camas.

  5. COCO

    «¡Mademoiselle Chanel!, ¿otra vez en la luna? ¿En qué estará soñando, en collares de perlas?» la reprendía la monja del orfanato. «¡Cómo siga así no hará nada bueno en la vida, una lunática es lo que es usted!». Gabrielle, acostumbrada a las reprimendas, agachaba la cabeza y con disimulo escondía sus bocetos en el pupitre.

  6. EN SUSPENSE

    Mírenla, es Olga, mi vecina de enfrente, aunque no parece ella. Esta noche ha envejecido al menos diez años. Le indicaron que la llamarían a las nueve y ya solo le resta un cigarro de los veinte que contenía la cajetilla a las ocho de la tarde. A mí me gustaría mitigar su ansiedad —quizás marcando su número de teléfono o presentándome en su apartamento— y abrazarla mientras le susurro que no se preocupe, que al final todo se arreglará, que esos compatriotas con los que trata acabarán por llamarla. Pero no lo hago, porque entonces tendría que explicarle cómo un perfecto desconocido, como yo, conoce tantos detalles de su vida y… Silencio, el teléfono suena.

  7. Una bicicleta sin ruedas
    María de Noche fue a renovar su Documento Nacional de Identidad un martes de diciembre, el funcionario que le atendió le pidió el DNI y una fotografía.
    – ¿Y está foto…? –le inquirió el funcionario esbozando una sutil sonrisa almibarada en su semblante.
    María de Noche inmersa en su ostracismo, viajó a sus recuerdos de juventud cuando correteaba simulando ser una ameba por los pasillos del instituto, iluminados por la tenue luz de acuario tamizada por las cristaleras. O cuando fingía viajar con su bicicleta imaginaria siguiendo la órbita elíptica de la Tierra.
    Su hermana María de Día le reprendía:
    -¡Hija, estás en la higuera!
    – Más bien estoy en la Luna – contestaba María de Noche con su voz aterciopelada mientras aceleraba el pedaleo en su bicicleta sin ruedas dirección a la Luna.
    -¡Siempre igual hermanita!, a ver cuando maduras y vuelves a la realidad.
    – En la vida hay que saber romper el horizonte añil de la monotonía, es necesario soñar para vivir con el alma alegre.
    j. mariano seral

  8. Abstraída
    Coincidimos en el instituto y siempre me pareció una persona muy reflexiva para su corta edad, su manera de afrontar cada situación chocaba con la de todas las compañeras. Nosotras vivíamos el momento y actuábamos sin pensar, después si había que pedir perdón pues lo hacíamos sin más. Ella no, ella se pensaba todo minuciosamente y así siguió también durante su estancia en la Universidad.
    Después dejé de saber de ella hasta que un día, por casualidad, nos encontramos en un lugar absurdo, en una ciudad más absurda.
    Fue su pelo tan descuidado como siempre el que me llevó al pasado. Al principio me costó reconocerla, su imagen iba diluyéndose. Pero conservaba ese aire abstraído y meditabundo.
    Había adquirido el vicio de fumar, decía que le ayudaba a encontrar respuestas a sus preguntas. La dejé concentrada en sus pensamientos. Creo que ni se dio cuenta de que había desaparecido. También ella fue desapareciendo, poco a poco, desdibujándose entre el humo.

  9. DESEOS

    Siempre envidié la belleza de la luna. A todos atrae con su nívea luz y cuando provoca las mareas domina al inmenso mar. Cuando está llena, influye en el ánimo de las personas hasta el punto de hacerlas enloquecer y con sus cambios de ciclo, decide el momento en el que han de nacer los bebés. Es infalible con los enamorados, ante su belleza, los besos resultan irresistibles.

    Tras años de admiración deseé poseer su bello rostro. Frente al espejo, he descubierto que han desaparecido mis facciones. En su lugar, he amanecido con “la cara oculta de la luna”.

    Cada noche la espero desesperada. Fumando, envuelta entre volutas de humo, anhelo que todo vuelva a ser como antes mientras odio mi oscuridad al verla brillar a ella.

    Hay que tener cuidado con lo que deseas…

  10. TARDES DE VIERNES

    Añoro las tardes de los viernes de mi infancia. Cuando mi padre esperaba, fumando, sentado en el coche, a que mamá preparase todas las cosas. Entonces bajábamos, ellos se ponían a discutir por las bolsas que no cabían en el maletero, y nosotros nos aposentábamos en el interior de aquel vehículo con olor a bar y el sonido del informativo de las seis. Luego al final papá, como desahogo, sorteaba algún sopapo entre nosotros y así comenzaba mi fin de semana.

    Hoy, los viernes por la tarde, recojo mi absurda vida y la meto en la maleta del olvido, junto con cajetillas de cigarrillos y botellas de ron. Con esa compañía espero la llegada del lunes, ahogando mi mente entre vapores de tabaco y alcohol. Solo quiero perderme en la mirada de la luna y al verme en un espejo no reconocer mi reflejo, ni saber quién soy.

  11. Me has robado el rostro, maldita luna, ahora no podré reflejarme en nadie más que en ti. El sol no podrá calentar mis sonrosadas mejillas, ni hará brotar mi boca, mis ojos o mi nariz, ahora totalmente desdibujados por tu culpa. ¿Qué debo hacer para huir de tu penetrante influjo?
    Mi vigor de antaño se ha vuelto flaqueza. Me siento exhausta. Noto que me estás absorbiendo, sin poder evitarlo, que apenas queda nada de mi esencia. Has ganado la batalla. Te felicito.

  12. ESCOMBROS DE SOLEDAD

    Aquella noche no quería hablar con nadie, excepto con ella, con la única cómplice capaz de escucharme en silencio cuantas desdichas había experimentado desde que mi marido falleció en la cárcel cuando apenas le quedaba un mes para salir libre.
    Me faltaba el aire y hasta el rostro tampoco lo encontraba, más bien parecía un alma en pena, vagando entre la niebla de humo de mis cigarrillos, incapaz de sostener mi cuerpo que se inclinaba hacia un lado de la mesa donde ella, mi amiga Luna se reflejaba en aquel charco de lágrimas, fruto de mi angustia.
    Ella siempre me había mirado con un cariño especial, como nadie lo había hecho en mi vida, por eso quise hacerme su mejor amiga y consultarle a Luna mis problemas, como haberme enamorado de un tipo irresponsable sin escrúpulos, capaz de asesinar a todo aquel que se le pusiera por delante.
    El atronador silencio de la habitación a oscuras mezclado con un penetrante olor a rancio que desprendía la humedad de sus paredes me provocaba una inquietante sensación de infortunio y soledad.
    De pronto noté como los latidos de mi corazón se aceleraban con fuerza al mismo tiempo que las venas de mis sienes parecían estallar y mis oídos captaban ese chirrido agudo con los tímpanos dispuestos a reventar. Quise incorporarme pero fue inútil, mi cuerpo no respondía a mis impulsos, el tubo de barbitúricos que había tomado horas antes empezaba a tener efecto.

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