Viernes creativo: escribe una historia

Este valiente funambulista caminaba sobre la cuerda floja antes de caer a unos 100 metros de altura, en el barranco de Izcagua, en La Palma. La foto es de Elmar Geissler.

Vuestro relato de hoy tiene que tratarse de un salto, real o metafórico y titularse así:

El gran salto

Elmar_vacío 1

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11 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. No debiste hacerlo, no debiste suponer que podías con todo, debiste delegar, confiar en mí, hacerlo a medias. Juntos podríamos habernos comido el mundo.
    Me forzaste a ponerme a tu altura. Para demostrarte que yo también podía. Pero yo no soy como tú y ahora descanso bajo tierra.

  2. El gran salto
    Si alguno de los que me están mirando ansiosos, quieren ponerse en mi lugar… ¡adelante! Les cedo, gustoso, el sitio. Pero tengan en cuenta que, si el salto les parece arriesgado, no lo ha sido menos la vida que me ha llevado hasta aquí. ¿Alguno de ustedes ha perdido a su mujer, embarazada de siete meses, en mitad de la guerra? ¿O ha visto cómo sus propios padres eran objeto de vejaciones y golpes, para que confesasen dónde se esconde su hijo?
    Sé que están esperando a que salte. Pero he decidido que no les voy a dar ese placer. Empújenme, si quieren. No tendrán más que usar sus hombros asesinos y esas manos crueles, con la sangre aún fresca, entre los dedos. Es muy fácil.

  3. EL GRAN SALTO

    Le costó años de entrenamientos, de duros sacrificios, horas robadas a los juegos de niños, a las fiestas de adolescentes, a las salidas nocturnas con los amigos.
    Desde lo alto del trampolín, Clara toma impulso para poder elevarse y ejecutar el salto ensayado tantísimas veces. Después de varias piruetas realizadas a la perfección entra en el agua sin salpicar apenas. El público en pie aplaude con entusiasmo, pero ella parece no oír, ni se inmuta al recibir la medalla de oro tan ansiada; al bajar del podio Clara se desploma. Su corazón se ha rendido.

  4. El gran salto, por Luciano Doti

    Aquel número iba a ser la consagración de Juan. Hacía mucho que lo realizaba con red, y hacía mucho, también, que no la necesitaba. Él tenía dos cosas en mente: ser el mejor equilibrista y conquistar a Lucía. Consideraba que lo primero estaba logrado, sólo restaba demostrarlo, y lo segundo vendría junto con ello, dando un gran salto en su carrera para impresionar a la chica.
    Caminaría de una punta a la otra sobre una delgada cuerda, todas las cuerdas son delgadas si se trata de caminar sobre ellas sin una red debajo, y Lucía estaría allí, observándolo.
    Inició la empresa con naturalidad, al menos eso aparentaba, nadie estaba dentro suyo para afirmarlo. En la mitad del periplo, se detuvo, hizo un extraño movimiento y cayó.
    No faltaron quienes especularon con un posible intento de suicidio, para alcanzar una muerte espectacular. Juan no podía responder, estaba en terapia intensiva luchando por su vida.
    Con el tiempo, se supo que había sido un accidente. Lucía mantuvo siempre contacto telefónico con él, que finalmente se había salvado, aunque no volvería a caminar. Cuando estuvo mejor, acordaron comer juntos en un restaurante.
    El día de la cita, él se apersonó antes, en principio acompañado por un familiar. Al llegar Lucía, lo halló solo en su silla de ruedas. Ella estaba nerviosa. Juan se percato rápido de su incomodidad. Pasaron el encuentro recordando anécdotas y evitando cualquier comentario personal que los involucrara; tampoco pudieron eludir algunos silencios.
    Tras los postres, ella se despidió con un sincero y amistoso beso en la mejilla. Juan envió un mensaje para que vengan por él. Sobre el plato, el almendrado que apenas había tocado comenzaba a derretirse.

  5. EL GRAN SALTO

    Siempre me dijeron: “estudia y llegaras tan lejos como quieras”. Te esfuerzas como nadie, terminas la carrera de Derecho y esperas que alguien te dé una oportunidad. Tras mucho esfuerzo consigues trabajar como abogada, lo das todo por el bufete hasta que descubres que no sirve de nada. Mientras tus compañeros se convierten en socios sin merecerlo, tus éxitos son ignorados. Sobre tu cabeza existe un techo de cristal.

    Cuando expresé que me sentía discriminada, que no recibía el mismo trato que mis compañeros de sexo masculino, fui despedida por mal comportamiento. Me fue imposible demostrar que el verdadero motivo del despido era: ser discriminada por ser mujer y luchar por mis derechos. Nadie del bufete se atrevió a testificar a mi favor.

    No gané aquella batalla, pero me impulsó a dar un gran salto al vacío y sin red. Ahora, ejerzo por mi cuenta, especializada en igualdad y en casos de discriminación por razón de género.

  6. El gran salto

    Él está preparado. Nosotros abajo contemplamos la escena. Lleva toda su vida preparándose para este momento, dice el folleto. Es funambulista. Pongo la mano encima de los ojos, el sol me molesta. Le observo. Está concentrado. Lleva un artilugio alargado para mantener el equilibro, un contrapeso, oigo decir a alguien. Yo no puedo dejar de preguntarme si soñaba con ser funambulista o se ha encontrado con la profesión por el camino de la vida. Abajo, seguimos todos pendientes.

    —¡Joder! Lo que tarda. Vamos a estar aquí toda la tarde, Laura. No sé para qué cojones me has pedido que te traiga —dice alguien a mi espalda. Me giro y veo a una chica. Ella no contesta, baja la mirada. Él sigue —, te dije que quería ir a ver el partido, pero tú me obligas a tragarme esta mierda. Un cretino que se las da de héroe y va a cruzar de un lado a otro andando sobre un puto cable. No sé quién parece más imbécil, el pavo allí arriba o nosotros dejándonos el cuello para ver cómo lo hace. Cada día se te ocurren ideas más brillantes. Tonto de mí que te hago caso.

    El tipo sigue con la perorata y yo ya no veo al funambulista. No puedo dejar de mirar a la chica, Laura, que sigue cabizbaja, avergonzada.
    —Molaría que se cayera. Sería lo único interesante que podría pasar, lo único que haría que este momento mereciera la pena —dice de nuevo el energúmeno que ha conseguido que todos los presentes estemos incómodos.
    Arriba el hombre comienza a caminar. Se levanta viento de repente. Empieza a titubear, el alambre tiembla y el impresentable del muchacho de atrás ríe y jalea para que se caiga.

    Tras eso, los sucesos los recuerdo como si fueran fotogramas de una película. El funambulista se cae, o salta, no sabría decirle; todos nos apartamos, yo cojo del brazo a la chica que sigue mirando al suelo con los ojos llenos de lágrimas. El idiota del novio se ríe sin parar hasta que se le clava el contrapeso. Se le inserta como un pincho moruno. El funambulista queda suspendido en el aire y se balancea, tiene cara de terror, no podría afirmar si por el susto de la caída o por haber matado a un hombre. La chica, Laura, no llora. Mira la escena con la boca abierta.

    Yo no creo en la justicia divina, agente; no siempre los malos pierden. Tan solo le cuento lo que recuerdo, de ese fatídico día, que por primera vez yo veía un funambulista; y un hombre muerto.

  7. El gran salto
    Caminar sobre el verbo de la sirga cuyos extremos se anclan en los pernos de la Luna de candil y del Sol candente en una órbita que deambula con sigilo entre finas agujas de reloj.
    – ¡Camina! ¡Camina! -Te grita el intelecto- en eso consiste la vida en no dejar de caminar por miedo a caer.
    Sin previo aviso tus pies trastabillan, la pértiga funambulista sobre el vórtice de tu mente se desequilibra bajo el hechizo de la sonrisa almibarada de unos sensuales labios carmesí, que inclementes se despiden arrojando la dulzura de un ensueño en manos de un pretérito.
    El destino te vuelve a gritar:-¡En eso consiste la vida en saber levantarse y volver a caminar con ilusión sobre el verbo ecléctico del presente!
    j. mariano seral

  8. EL GRAN SALTO

    Había llegado el gran día que llevaba tanto tiempo esperando. Lo tenía todo estudiado. El lugar mil veces visitado. Había descartado otros de condiciones parecidas. Pero, ninguno como aquel que se adecuaba perfectamente a sus características. Sabía los pasos a realizar, la distancia correcta y dónde y cuándo debía tomar el impulso adecuado. Lo había realizado tantas veces en su mente que nada podía fallar. Estaba seguro. Su única duda era que pasaría después del salto, cuanto tiempo tardaría. Tendría que colocar los brazos, las piernas, su cuerpo de la forma correcta.
    Por fin había llegado el momento de dejar de soñar, de imaginar. Así saldría de dudas y descubriría si, como siempre había pensado, en realidad, él era un pájaro.

  9. EL GRAN SALTO

    Se trataba de vencer al miedo, de superar el pánico cada vez que realizaba una nueva proeza, cuya repercusión a nivel mediático se veía reflejada en millones de portadas de revistas que adquirían sus admiradores.
    Lo más probable es que aquel insigne aventurero anclado al grueso cable de acero permaneciera una y otra vez suspendido por el éxtasis de una nueva hazaña que balanceaba su atlética figura suspendida a cientos de metros de altitud para proceder a un nuevo salto. Sin embargo, según cuentan las crónicas de la época, aquella trayectoria épica tuvo la fatalidad de contar con un fatal obstáculo de última hora, es decir, con la presencia de una fuerte ventisca capaz de dar al traste con su reto y con su propia vida, algo que el valiente funambulista eludió desde un principio, de ahí que se convirtiera, a diferencia del resto de sus actuaciones, en su definitivo “Gran Salto Mortal”.

  10. Camino, trémula, por la cuerda floja. Abajo, el abismo me llama: ven, te espera tu merecido descanso. Mis pies suplican que ceda, que les permita parar. Pero parar es caer y no les escucho, sino que sigo, tiemblo y ando. No miro abajo, sino que grito, grito fuerte cuando ya no puedo más y entonces, doy otro paso.

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