Viernes creativo: escribe una historia

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Nirav Patel

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6 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. La curiosidad me atrajo, cual imán terrible, a aquel desván polvoriento y olvidado del caserón de los abuelos. Mientras mis padres y tíos se gritaban sin tregua, en plena lectura de la herencia, yo decidí subir y abrir aquella chirriante puerta. Como era de esperar, las telarañas y una oscuridad espesa me envolvieron y dificultaron mis pasos. Una vez acostumbrada, me percaté de que había un gran libro o cuaderno sobre una pequeña mesa. Con un poco de asco, lo abrí y, para mi enorme sorpresa, un haz de luz intenso, cegador, brotó cual llamarada implacable. No entendía nada. Tras limpiarme la mano y frotarme los ojos, conseguí leer lo que decía en su portada: “Mis pensamientos”. ¡Se trataba de un diario del abuelo! La emoción se me clavó en las entrañas. Leí y releí aquellas páginas y, desde aquel momento, el abuelo dejó de ser el mismo, la abuela tampoco me pareció igual y mi padre fue el mayor de los descubrimientos: ¡hubo un día en el que fue humano!

  2. Lugares comunes

    Cuentan las medias verdades que ella lo sabía, que hizo lo que hizo con premeditación. Dicen que llevaba tiempo planeando cada paso que dio ese día. Yo no soy nadie para saber con exactitud qué sucedió, pero sabéis que escribo la crónica vecinal y en esta ocasión no podía ser de forma diferente.

    Si os parece podemos jugar todos a ese juego tan extendido de fingir ignorancia. Podemos actuar como hemos venido haciendo todos estos años y mirar hacia otro lado, ¿verdad? Los asuntos de cada casa deben quedar de puertas para dentro, aunque esos asuntos se traten en los corrillos que se forman por cada cruce de calles de este bonito pueblo que podría ser cualquiera.

    Se oyen los gritos, se ven las señales que quedan marcadas como la tinta impresa de los libros que jamás tocarán las manos de algunos que se empeñan en propagar la mugre ajena, pero no de recibir la información de forma directa.

    Todavía hay seres que justifican lo atroz enmascarándolo de una cotidianidad enfermiza. Victimizando verdugos con una serenidad abrumadora. Pero no dan para más, qué vamos a hacerle, las patatas no se convierten en litografías por arte de magia por mucho que nos empeñáramos.

    Ella prendió fuego tratando de borrar todo lo que la desgarraba por dentro y destrozaba por fuera. Ella esperó aceptando su condena. Pero el ser humano es animal de costumbres, preferimos las noticias de siempre. Salir a la plaza y condenar ese crimen tan común para aliviar nuestras conciencias. Ponernos un lazo prendido con un alfiler en el pecho y seguir cocinando las lentejas, que si no les prestamos atención, se nos queman.

  3. Herencia

    Mientras Alfonso estuvo vivo, la tía Eugenia estuvo protegida; a salvo de su enfermedad y del resto de la familia.
    Hace seis meses, cuando el abuelo murió, la tía terminó de enloquecer y se negó a abandonar la casa. Hermética a los cambios, hasta dejó de hablar y se sumió en un máximo silencio.
    Cuando los papeles de la sucesión estuvieron listos, la propiedad había perdido gran parte de su valor por el deterioro en que se encontraba.
    Por eso, no nos quedó otra que incendiar la antigua casona familiar para cobrar el seguro.
    Ante las llamas que crecían ante nuestras miradas, la tía Eugenia subió al altillo y trató en vano de protegerse del fuego. Pero cuando el humo y el ardiente resplandor surgieron por debajo de la puerta, ya no hubo escapatoria para ella.

    Los peritos forenses junto con los bomberos aún no acaban la investigación. Hasta tanto no determinen que fue un accidente provocado por el cuadro de demencia que padecía la difunta y querida tía Eugenia, no podremos cobrar el seguro.
    Espero que sea pronto…pues ya tengo reservado los pasajes para mis próximas vacaciones. Iré a España, a conocer por fin, la tierra donde nacieron mis abuelos, mi madre y sus hermanas.

  4. MOVERSE ENTRE SOMBRAS

    Nathalie estaba sola cuando escuchó ruidos en el desván. Se encaminó a la planta superior, con el miedo instalado en cada uno de sus huesos. Conteniendo la respiración abrió la puerta. Una figura se ocultaba entre las sombras.

    Otra persona, en idénticas circunstancias, una vez allí arriba, hubiera encendido la luz, pero en los ojos de Nathalie imperaba la oscuridad desde su nacimiento. Aguzó el oído y acercándose a la ventana descorrió la cortina. Entonces, Loki, saltó a sus brazos y comenzó a lamerle la cara. No era la primera vez que el gato de los vecinos se quedaba allí encerrado.

  5. ¿Me oyes? No me vas a asustar. Nunca me has asustado, lo sabes bien. No lograrás amedrentarme con tus amenazas. Recuerda lo que te hice. Podría volver a hacerlo. Así que deja de hacer ruido y de molestarme. No desordenes los muebles ni vuelvas a romperme las figurillas de porcelana. Como no me dejes en paz, escúchame bien, te vas a enterar: voy a llamar a un cazafantasmas.

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