Viernes creativo: escribe una historia

Hoy os propongo escribir vuestra historia a partir de esta interesante fotografía de Hajime Sawatari realizada en los años 1970’s.

Haijime sawatari - alice04

Hajime Sawatari – Alice

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5 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. LIBERACIÓN FEMENINA
    Todos se han dormido. No sé muy bien por qué. Hace tan solo un rato estaban riendo y hablando a gritos, mientras masticaban, feroces, la comida de mamá. Bebían sin apenas detenerse, supongo que eso ha sido porque estaba demasiado salada la comida. No existe otra explicación. Para decir la verdad, yo también me di una buena panzada de bistecs con patatas fritas y repetí del rico y dulcísimo flan, pero no he tomado vino, sino una deliciosa Mirinda… Creo que me voy a tumbar en la mesa, pues el suelo está muy frío. Yo también estoy cansada. ¡Pero cómo ronca el tío Pepe! ¡Menos mal que no vive con nosotros! Compadezco al primo Abel y a la tía Maruja. Por cierto, el tío ha dejado su pitillo de Celtas en el cenicero y todavía no se ha apagado… Probaré a ver qué tal sabe. A las mujeres de la familia no nos dejan fumar. Si lo hiciésemos, seríamos las que llevásemos los pantalones, según me han contado, y eso suena absolutamente terrible, aunque no entienda muy bien por qué es tan importante eso de llevar falda o pantalón.

  2. COMO A TRAVÉS DE UN ESPEJO

    Siempre que leía el cuento de Alicia,  Catalina se sentía reflejada en ella. Veía a la reina de corazones en la matriarca de la familia, dispensando órdenes a diestro y siniestro a la hora de servir la mesa; dispuesta a cortar cabezas al menor fallo. Veía al conejo blanco, en la figura de su gato, Blanquito,  aparecer en cualquier momento para recordarle con su reloj que, otra vez, había olvidado jugando los deberes de la escuela. Con todo, era en esa extraña celebración del No Cumpleaños, en la que Catalina, en su yo de Alicia, veía la celebración más absurda de los domingos en su casa, con todo el clan familiar debatiendo qué novio escogerían para ella cuando cumpliera dieciocho años.

  3. ¿Nos cambiamos los papeles?
    ¡Sí, ya sé que tan solo soy una niña!, pero los niños soñamos con ser mayores, y a veces jugamos a ser adultos, y los imitamos. Mi amiga Eritrea cuando me pregunta dónde estuve la tarde anterior y por qué no bajé al parque, me pongo un mechón de mi pelo entre los labios y la nariz simulando que es un bigote e imito a mi padre arreciando la voz: – “¡Estás castigada sin salir!, ¡a tu habitación!
    Siempre he sido una rebelde, para hacerme la dura delante de mis amigas, a veces saco un cigarrillo y le doy dos caladas, aunque me cuesta mantener las lágrimas por lo molesto que me resulta el humo y lo mal que sabe, yo no sé cómo le puede gustar a la gente, pero disimulo y sonrío, y cuando se van lo tiro.
    Eritrea me refunfuña:
    – ¡Eva, porque fumes no quiere decir que seas superior!
    – ¡Eres una mojigata! – le contesto.
    Sin embargo los mayores a veces se comportan como si fuesen niños, ayer se pusieron a dormir sobre la mesa y mi tío primero se tomo el café y después el azúcar.
    josé mariano seral escario

  4. LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD

    El prospecto lo ponía claro: “Cómase cruda, a ser posible con abundante azúcar”. Creo que hemos seguido las indicaciones correctamente. A lo mejor, para cuatro carcamales como nosotros, la dosis ha sido excesiva. Aunque, tal y cómo nos aconsejaron, hemos cogido una de no más de diez años. Pero, como la niñata no ha parado de fumar en todo el rato, eso es lo que nos ha sentado fatal.
    La cuestión es que de eterna juventud nada. El Mariano, el Jacinto y el Agustín están en el más allá y yo voy a tomar otro terroncito de azúcar para ver si los alcanzo.

  5. MEMORIA

    Toda una vida echándose de menos, intentando no olvidarse hasta que la «Memoria histórica» les diera su sitio. Fueron niños de la guerra obligados a interrumpir juegos y risas. El exilio separó sus manos y distanció sus cuerpos, pero no sus sueños, en los que se encontraban para recordar.

    Ante una mesa los reunió aquel programa solidario de «Retorno del Exiliado». No se reconocieron al verse. Habían cambiado tanto…, pero les bastó compartir platos y recuerdos para retroceder a aquel día. Descubrieron en sus ojos la misma complicidad de entonces.

    Poco a poco, la emoción dejó paso al sopor. Mientras, tumbada sobre la mesa, fumándose el tiempo que los separaba, afloró su niñez perdida.

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