Viernes creativos: ¡qué niño muerto ni qué niño muerto!

¿A quién no le encanta un niño? con su lengua de trapo, esos mofletes que dan ganas de morder, esos cuerpecitos tan rechonchos, esas preguntas transparentes, a menudo sin respuesta más la que puedas inventarte en el momento y que siempre provoca que se te queden mirando con los ojos como platos, creyendo absolutamente todo lo que quieras meter en esa respuesta alocada.

La foto que os traigo hoy, corresponde a dos niños de principios del siglo XX celebrando Halloween. Una imagen que me pone los pelos de punta y la piel de gallina pero que a esos dos infantes, seguro, les divirtió muchísimo, ese era el objetivo, ¿no?

Me encantaría que me contéis una historia que incluya un niño o niña. De miedo, de amor, un poema, un juego, un cuento infantil, os inventéis una nana…Lo que os apetezca. Aquí os espero, sentada en el suelo con las piernas cruzadas y mis calcetines de perlé, y mientras me como un chupachups os leeré con atención.

¡Feliz viernes !

3 pensamientos en “Viernes creativos: ¡qué niño muerto ni qué niño muerto!

  1. Tiempo miniatura

    Érase una vez un tiempo pequeño,
    reducido a un mínimo instante.
    Un tiempo miniatura,
    extenso en su brevedad,
    intenso por su respiración vital.

    Una niña juega con él,
    con la frivolidad de la inocencia,
    mientras su madre le lee cuentos, muy despacio,
    pasando las páginas, oliéndolas con placer,
    ávida de descubrir
    si las princesas son felices
    o si los ogros destilan, realmente, tanta maldad.
    Pero el día toca a su fin
    y la historia ha de interrumpirse
    ¡Ha llegado la hora de cenar!

    Mañana volverá a existir
    un tiempo pequeño
    para soñar.

  2. LA MÁSCARA
    La máscara sobre la mesilla parece mirarme inocente, su expresión me atrae y lo vivo de sus colores.
    La chiquilla entró encantada, «se la compró mi hija para no sé qué fiesta», rebosaba alegría con ella puesta, intentó provocar en mí el susto y la sorpresa; y sorprendido por el encuentro si lo estaba.
    La miró y la reconozco, desde que enfermé, se presenta cada noche en mis sueños. Me observa con aire desafiante para luego alejarse sin decir nada.
    Hoy tengo miedo de acostarme, está aquí y no temo por mí, si no por la niña.

  3. A TIEMPOS DESESPERADOS, MEDIDAS DESESPERADAS

    Anda un virus rondando. Poco sabemos sobre él, salvo que la gente, irremediablemente, muere al contagiarse. Y como nunca antes el contagio y el miedo han ido a la par. No me gusta ser alarmista, pero llevo noches soñando con el fin de los tiempos. Por eso prefiero ser alarmista y, cuando por fuerza mayor salimos a la calle, les pongo una máscara a mis hijos. Terrorífica. Para que nadie se les acerque. Y el que lo haga, ojalá tenga pesadillas. Hasta que todo esto pase.

    Confío en Dios que la Gripe Española sea la última pandemia que nos azote.

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