Viernes creativos: salvar los océanos

Buenos días,

Estos días me he enterado que los niveles de limpieza de los océanos durante la pandemia han mejorado bastante, además del medioambiente en general y esto me hace pensar que quizás sí que somos bastante perjudiciales para el Planeta Tierra.

Hoy os voy a hablar un poquito solo de «Ocean Ramsey«, si no los conoceís deberíais daros una vueltecita por su Instagram que merece mucho la pena. Esta organización, fundada en 1987, está formada por buzos profesionales y biólogos marinos y medioambientalistas y realiza una labor maravillosa de protección de los océanos y sus habitantes y, en especial, la conservación de los tiburones tan maltratados y aniquilados por diferentes motivos (pesca indiscriminada, consumo de aleta o porque equivocadamente les tenemos miedo…podeís añadir cualquier barbaridad que se os ocurra como «poderes milagrosos sobre tus articulaciones si consumes su cartílago») y que son clave para la salud de nuestros mares. Estre grupo maravilloso de gente, además de su labor y estudio de estos grandes peces, realiza unas fotografías y videos preciosos que son muy artísticos y visuales y favorecen la difusión de su mensaje.

Hace unos meses, tuvieron un encuentro extraordinario con uno de los tiburones blancos más grandes jamás filmados: Deep blue. Esta hembra de tiburón blanco mide más de 5 metros y se cree que tiene alrededor de 50 años. Y contrariamente a los que todo el mundo podría pensar, el encuentro fue calmado y pacífico sin pérdida de extremidades por parte de ninguno de los participantes en ese abrumador contacto.

Os invito a visitar su página y elegir alguna fotografía para escribir vuestro relato, poesía, historia…cuyo contenido debe tener obligatoriamente la palabra «océano». Espero que os guste la propuesta y la disfrutéis.

Feliz Fin de semana azul y profundo.

4 pensamientos en “Viernes creativos: salvar los océanos

  1. EL TIBURÓN
    Quizás te parezca un monstruo.
    Un gigantesco pez sin alma.
    Pero puedo sentir
    y me duelen tus arponazos,
    el violento brazo que zahiere.

    No eres más que un ignorante.
    Miles de años he sobrevivido
    a la incomprensión y el dolor;
    mientras, tú te morirás sin resurrección,
    ahogado por tu maldad sanguinolenta,
    en el viaje definitivo,
    en una cuenta atrás, fatídica e ineludible.

    No te guardo rencor.
    Tu ceguera es absoluta desde la cuna.
    Ojalá llegue el alba a tu vida
    y te deje apreciar mi océano,
    los astros y la tierra
    que no solo tú habitas.

  2. Recorrió el océano repartiendo amor. Besó a un delfín. Besó a un tiburón. Besó a una ballena. Besó a una tortuga. Y dio un último beso a una mantarraya.

  3. NAVEGAR
    La ilusión de su vida es ir en barco, recorrer el océano como un viejo bucanero. Sentir en su rostro las salpicaduras del agua, el sabor de la sal.
    Volar, ver la proa cortar las olas con decisión. Sujetar con mano firme el timón de un velero de enormes mástiles y grandes velas blancas.
    El horizonte infinito como meta.
    De momento se conforma con dejarse mecer por el agua y ver lo arrugadas que tiene las yemas de los dedos.
    ―Lávate bien y acaba ―le grita su madre, como siempre interrumpiendo lo mejor del baño.
    No estaría mal que aprendiera a nadar. Por ahora tendrá que seguir navegando con la imaginación y no surcar otro mar que su bañera.

  4. Javier se había propuesto desde niño ser un profesional valorado. Su madre al principio estaba muy ilusionada, eso de que quisiera ser veterinario le parecía una profesión bonita, muy del estilo del hijo, quien con las mascotas tenía buen ojo y buen corazón. Eso de que tuviera que hacer los estudios de grado en Canarias le parecía extraño en un primer momento, pero luego supo que sólo allí se curvaba Ciencias de Mar, así que, con poca alegría aceptó el plan de estudios.

    Javier fue un alumno aplicado. Su madre nunca supo el trabajo concreto que hacía, pero cuando la llamaron para avisarle de que estaba hospitalizado, se le encendieron todas las alarmas. La foto que le habían hecho antes del incidente le puso los pelos de punta. En el avión sólo dada vueltas a cómo era posible que su hijo hubiera sido tan irresponsable.

    ─Pero vamos a ver, ¿a quién se le ocurre hacer de dentista de tiburones? -preguntó así que le vio en la habitación del hospital
    ─ A mí, mamá,-respondió Javier- Parece que esas locuras solo se me ocurren a mí. Pero no sabes qué dolor parecía tener en un diente.

    Tras el incidente Javier regresó a Barcelona, y ahora ya cursa tercero de veterinaria, donde su mano biónica ya no causa curiosidad a nadie.

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