¡Wellcome back!

Buenos días de nuevo compañer@s,

¡Qué rápido pasa lo bueno! Pero ya estamos todos o casi todos de vuelta, ¿no?

El otro día pensando y buscando alguna propuesta original para esta «vuelta al cole» me encontré con Dmitry Rogozhkin (https://www.instagram.com/r7dii/?hl=es) del que os dejo su instagram porque es una maravilla. Elegí la fotografía que os adjunto que me encantó y que puede ser una forma de volver estupenda llena de historias que desaten vuestra increíble imaginación.

Aquí os espero, con un cafelito con leche, para leeros con atención. Espero que tengamos una nueva temporada con muchas alegrías,

Un afectuoso «codazo»,

8 pensamientos en “¡Wellcome back!

  1. Martina estaba desesperada. Llevaba tanto tiempo sin ver a Pablo, que ya no sabía ni cómo soportar las ganas de salir corriendo a su encuentro, así que volviera de las largas vacaciones que el joven había tenido. Tan largas, que, en ese pueblo cántabro, había conocido a una tal Maribel. La tablet esperaba que ella la cogiera, y la pusiera en marcha. La vuelta al instituto estaba cada día más cerca. Y con un poco de suerte, el contacto, tras tantas clases por internet, les depararía a todos la ocasión de estar juntos de nuevo. Los empollones, los divertidos, los tímidos y los abusones seguramente volverían a pisar las mismas aulas. Y entre ellos, estaría Pablo. Martina habían elucubrado qué pasaba en es pueblo costero, había imaginado que ella estaba con él, que dormían juntos y miraban estrellas tumbados en un acampo verde. Había descrito los paisajes y las situaciones que inventaba, a pesar de que Pablo acabó casi mudo en sus conversaciones por chat o por videoconferencia.
    Llegó la tarde previa al inicio de clase. Sacó la tablet del cajón por confirmar cómo estaba de carga, y ya de paso, recordar un poco lo que habían estudiado en ese rimero de bachiller tan extraño. Para su sorpresa, al encenderla, empezaron a salir paisajes, las situaciones, los abrazos, los apasionados besos que imaginara. Todo estaba en ese aparato blanco que, con un botón de encendido, le permitía revivir lo que ya sintiera estos meses. Animada y feliz, preparó su mochila, sus compases y bolígrafos, su pendrive y su peluchito de pompón sonriente. No podía ser, el wasap del instituto parpadeó, casi a las diez de la noche. La directora del centro tenía Covid, y hasta nuevo aviso, las clases no se reiniciarían de manera presencial.
    Pablo siguió chateando con Maribel, su meta era poder ir a verla en Navidad y le importaba tres pitos la vuelta al cole.

  2. uff, qué palo para martina, y eso que aun no le ha llegado.
    de todos modos, este pabblo y su fasciancion por la novedad, veremos com soporta el paso de cuatro meses sin ver a matilde. le bastó uno para olvidarse de martina.
    triste y real

  3. EL SEÑOR DEL PALITO INCLINADO
    El señor del palito inclinado y la cuerda colgante en su extremo espera tener suerte. Esa esperanza se traduciría en que un pez enorme ¬¬―aunque no tanto como para no caber por el contorno rectangular del lago―, picara.
    El tiburón que ronda en círculos bajo él, consiguió recientemente su título de vigilante del software, y está ansioso por hacer méritos.
    La esperanza del señor del palito inclinado no rivaliza ni remotamente con la ansiedad del tiburón. Muy al contrario; está muy seguro de sí mismo, tiene todo el tiempo del mundo; es sabedor que su naturaleza son ceros y unos, que su esencia es digital, y que para él no pasa el tiempo, ni siquiera en el mundo exterior. Su plácida y botánica barca se desplaza por la superficie del lago, rebotando lentamente en los lados de la táblet, como si fuera una bola de billar de movimiento continuo. Espera casi más, cada rebote suave y lánguido, que el sobresalto que supondría que un pez se tragara el anzuelo. A medida que transcurre el inexistente tiempo, empieza a desvanecerse la esperanza, incluso el deseo, de que algo pique; solo desea que las horas que transcurren entre cada rebote, se conviertan en días. Ya no le parece ni tan solo necesario, pescar. Su naturaleza digital le impediría comerse lo que capturara. Solo había elegido este deporte, porque en la táblet donde vivía hasta hacia unos días, había un video que le pareció de lo más relajante. Aunque para él no transcurre el tiempo, está empezando a comprender su naturaleza, al mismo tiempo que la esencia de la pesca, en la que lo menos importante es que algún pez pique; lo importante es la espera; pero no la ansiedad de la espera, ni que “el que espera, desespera”, sino el placer de la espera; esperar hasta que el tiempo se pare, pero no lo suficiente para, al menos, que una vez al mes, la barca rebote en alguno de los lados de la orilla.
    El señor del palito inclinado había sido el primero en escapar del software desde al inicio de la era digital. No tiene demasiado claro cómo lo ha conseguido. De hecho no cree que puda volver a hacerlo. Tampoco le importa ya demasiado. Lo único que le importa es que la barca no rebote en las orillas con demasiada frecuencia, que el inexistente tiempo, se alargue más entre cada sobresaltante rebote. Una vez al año no estaría mal. Esto hubiera sido impensable antes de la invención de la batería infinita.
    El tiburón, aunque joven, es paciente. Para él tampoco transcurre el tiempo. Su software de comportamiento, lo obliga a dar vueltas bajo la barca, con la esperanza de que el señor del palito inclinado se caiga de la hoja en algún momento, y vuelva a penetrar en el mundo digital. En ese momento lo capturaría y lo llevaría ante las autoridades, a no ser que su programador hubiera introducido es sus pautas de comportamiento “algo salvaje”. En ese caso, sería improbable que consiguiera capturarlo con vida de modo que su espera habría resultado baldía, y no obtendría los galones que tanto ansía.
    Fuera de este entorno, el tiempo sí que pasaba. Un día comenzó a granizar. Una de las piedras impactó sobre el botón de encendido de la táblet. El artilugio se apagó. La languidez en que se hallaba sumergido el señor del palito inclinado, se transformó en una pantalla de cristal líquido, que engulló todo lo que había en su superficie, y en cuyas aguas se halló inmerso, poco antes de ser, a su vez, engullido por el tiburón.

  4. Cabañuelas
    Las ovejas mienten, los niños cazan, las mariposas saben a jarabe de abedul. Los peces vuelan en un mar de chatarra y vino. Su oleaje de zarzas se clava en el corazón de la gaviotas. Nadie sufre ya en las axilas de la reina. Ni cuchillas ni química, solo miel y la lengua feraz de los enanos recorriendo cada gota de acné sobre la piel azul que bordan los grillos cada noche. Nadie sufre ya sobre la corriente alada del Ganges o del Nilo, sobre la cresta de los gallos, sobre el algodón que spultan las agujas del reloj. Es tiempo de cosecha y en el almanaque de todas las serpientes se adivina el cambio de camisa. Paciencia, la mejor lluvia es la que llega desde abajo y viste de pinos amarillos el rumor de las escuelas.

  5. Algunos cuerpos son casi imperceptibles, inoxidables, desventurados e impredecibles.

    Otros solo habitan en el silencio de una pantalla húmeda ante su interruptor, ante la pestaña que oscurece su vida virtual.

    Quizá sea hora de cambiar los espacios, la camiseta, la primavera, Instagram o el soporte que los mantiene, por algo más liviano.

    Quizá sea hora de ocultar cada perfil favoreciendo la imagen real.

    Quizá una sencilla hoja de loto sea nuestra verdad.

    Quizá seas tú quien decida tus tiempos y adelgace la mampara de esa entidad con una dioptría diferente.

  6. Yonkis tecnológicos

    Nos hundimos en un mar de mentiras
    esclavos de las redes sociales
    del postureo
    y los likes
    de los hastags
    y las stories
    Escuchamos las historias
    de los perfiles falsos
    de aquellos que acosan a niñas en los chats
    de aquellos que roban datos bancarios
    de aquellos que suplantan identidades…
    Seguimos publicando nuestros sueños
    aventuras
    viajes
    y logros
    Falseamos nuestras fotos
    con filtros y más filtros
    copiamos y pegamos
    de un muro a otro
    no leemos más que los titulares
    y comenzamos una guerra con desconocidos
    Todo está online
    desde quienes somos
    donde estamos
    que comemos
    y cuando cagamos
    Quizás algún día
    seremos conscientes
    Quizás algún día
    conseguiremos desengancharnos
    a la pantallita y sus secretos
    a la pantallita y sus falacias.

    https://invisiblevoyeur.blogspot.com/2020/09/yonkis-tecnologicos.html

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